Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de julio de 2023

Leyendas de Valencia: La Leyenda del Dragón del Patriarca

 


En los recónditos tiempos de la ciudad de Valencia, una misteriosa historia se tejía en los susurros del viento y en las sombras de la noche. Era la leyenda del Dragón del Patriarca, una criatura que infundía temor en los corazones de los valencianos.

Cuentan las antiguas crónicas que el Patriarca, San Juan de Ribera, recibió un regalo insólito del distante Perú. El virrey de aquellas tierras le envió un caimán gigante como muestra de respeto y admiración hacia el ilustre Patriarca. El saurio fue bautizado con el nombre de "Lepanto", en honor a la famosa batalla.

Sin embargo, la criatura exótica pronto se convirtió en un símbolo inquietante. Tras la muerte del caimán en 1606, su cuerpo fue disecado y colocado en la entrada del templo del Patriarca. Allí, colgaba como un testigo silencioso y amenazante, un guardián del pasado oscuro de la ciudad.

El dragón de escamas inmóviles se erigió como un recordatorio constante para los visitantes. Su presencia imponente yace como advertencia, sus ojos vidriosos parecen vigilar cada paso que se adentra en el recinto sagrado. Se dice que aquellos que no respeten su legado serán víctimas de su cólera silenciosa.

Los niños de Valencia escuchaban la historia del dragón con ojos abiertos y corazones temerosos. Las leyendas de caballeros y bestias despertaban en ellos el deseo de valentía y heroísmo, pero también les advertían de la necesidad de respeto y prudencia en los lugares sagrados.

El tiempo pasó y la leyenda del Dragón del Patriarca se convirtió en un enigma envuelto en misticismo. Aquellos que dudaban de su veracidad solo tenían que acercarse al atrio del Colegio del Patriarca, donde la malvada bestia seguía suspendida, desafiando el paso de los años.

Hasta el día de hoy, los valencianos contemplan al dragón con reverencia y respeto. Saben que las historias pueden albergar verdades ocultas y que el misterio que envuelve al Dragón del Patriarca aún susurra sus secretos a aquellos que escuchan atentamente.



jueves, 6 de julio de 2023

El sentido de Orihuela Mágica y Rutas de Orihuela


En ocasiones, las leyendas y los hechos reales se entrelazan en una casualidad macabra, desatando una explosión de misterio que se extiende más allá de los confines de la tierra, abarcando cada alma inquisitiva que anhela descubrir los sucesos más singulares.

El destino, con su retorcida maestría, teje hilos invisibles que conectan las fábulas ancestrales con la cruda realidad. La fusión entre lo legendario y lo tangible desencadena una danza fascinante de enigmas, donde la curiosidad se convierte en el faro que guía a aquellos dispuestos a sumergirse en lo desconocido.

Esta conjunción siniestra despliega sus alas en un horizonte insondable, desafiando los límites de la comprensión humana. Un océano de incertidumbre se expande, arrastrando consigo a aquellos valientes capaces de adentrarse en las aguas tumultuosas de la curiosidad insaciable.

El misterio, como una marea indomable, trasciende barreras geográficas y temporales, envolviendo cada rincón de este vasto mundo. Aquellos que se atreven a buscar respuestas se ven cautivados por un universo en constante movimiento, donde las verdades se entrelazan con las sombras, y los secretos más profundos emergen a la superficie.

En la lejanía, más allá de lo tangible, se despliega un abanico de maravillas ocultas. La casualidad macabra despierta nuestra curiosidad innata, invitándonos a explorar los rincones más oscuros de la existencia. ¿Quién puede resistirse al llamado del misterio? ¿Qué almas valientes se sumergirán en las profundidades desconocidas, ansiosas por desvelar los enigmas que acechan en la penumbra?

Así, las leyendas y los hechos reales se entrelazan en una danza eterna, alimentando nuestra sed de conocimiento y avivando el fuego de la curiosidad. En cada alma inquieta, la llama del asombro arde intensamente, esperando ser avivada por la maravilla de los hechos curiosos que se despliegan ante nuestros ojos.

Rutas de Orihuela y Orihuela Mágica se entrelazan para llevarnos más allá de los confines de la realidad, otorgándonos el calor reconfortante y aquello que necesitamos para vivir en armonía con el enigmático mundo de los misterios.

En los caminos trazados por Rutas de Orihuela, nuestros pasos se adentran en un territorio oculto, donde la verdad se disuelve en las brumas del misterio. Sus senderos nos guían hacia lugares encantados, donde lo palpable se funde con lo inexplicable, y nuestras almas se alimentan de una esencia mágica.

Orihuela Mágica, como un velo iridiscente, nos envuelve con su hechizo. Sus encantamientos nos susurran al oído, despertando nuestra percepción más allá de lo común. Nos conecta con esa otra realidad, donde las leyes conocidas ceden paso a lo desconocido y los secretos ancestrales se revelan en cada rincón.

En este idilio con lo enigmático, encontramos el calor espiritual que anhelamos, un fuego interno que nos guía hacia la comprensión de los misterios del universo. Nos invita a explorar los límites de nuestra percepción, abriendo las puertas hacia un mundo lleno de maravillas insospechadas.

Con Rutas de Orihuela y Orihuela Mágica como guías, nos sumergimos en una danza mística, donde lo tangible se fusiona con lo etéreo. Encontramos el equilibrio necesario para vivir en consonancia con los secretos que yacen más allá de la realidad cotidiana, abrazando el poder transformador que solo el mundo de los misterios puede brindar.

Así, en cada paso, en cada suspiro, en cada conexión con la magia oculta de Orihuela, encontramos un bálsamo para nuestras almas inquietas. Nos adentramos en un sendero iluminado por la curiosidad y la búsqueda constante de la verdad más profunda, abrazando el encanto de lo desconocido y descubriendo la plenitud de vivir en armonía con los misterios que nos rodean.


lunes, 3 de julio de 2023

La verdadera leyenda de la Armengola



Había llegado el principio del siglo XIII, una época donde la ciudad de Orihuela se encontraba sumida en la opresión y el dominio musulmán. Las callejuelas empedradas resonaban con el clamor de una población cristiana que anhelaba la liberación de sus tierras. En lo más alto del imponente castillo de la ciudad, una figura destacaba entre las sombras, Benzaddon, el alcaide musulmán que ejercía su dominio con puño de hierro. Pero incluso en la oscuridad más densa, la esperanza siempre encuentra un resquicio para brillar.

En aquel castillo fortificado, vivía Benzaddon junto a su familia. Y entre los muros de piedra, ocultaba un secreto valioso y poderoso: Hermenegilda-Eugenia, conocida como "La Armengola". Ella, una mujer de sabiduría profunda y fuerza indomable, había sido designada como nodriza de los hijos del alcaide. Su posición le otorgaba acceso privilegiado a los recintos del castillo y una visión clara de las injusticias que se cometían.

Pero el destino tejía una trama más compleja. Un fatídico día, la Armengola descubrió un siniestro complot tramado entre los mudéjares locales y aquellos provenientes del Reino de Murcia. Su objetivo era desencadenar una masacre en el Arrabal Roig, donde los cristianos residían en la mozarabía. La fecha fijada para esta atrocidad era el 16 de julio, una jornada que quedaría grabada en los anales de la historia.

Aunque La Armengola era una ferviente cristiana, Benzaddon confiaba en ella y, sin sospechar su verdadera lealtad, compartió los planes maléficos en los que estaba involucrado. Conmovida por la valentía y el espíritu de justicia, la Armengola tomó una decisión audaz y peligrosa: debía advertir al pueblo cristiano del inminente peligro que los acechaba.

Llegó la noche del 16 de julio y el ambiente se teñía de misterio. La Armengola se preparó para su peligrosa misión. Disfrazó a dos jóvenes fornidos, Aruns y Ruidoms, dándoles la apariencia de sus propias hijas. Estos valientes guerreros se convirtieron en su única esperanza para llevar su mensaje y detener la masacre que se avecinaba.

Avanzando sigilosamente por las oscuras calles de Orihuela, los falsos jóvenes llegaron al imponente castillo. Empuñando sus espadas con determinación, se abrieron paso entre los soldados musulmanes, enfrentando cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino hacia la justicia. El rugir de las espadas y los gritos de batalla llenaron el aire, mientras los impostores se acercaban a su objetivo final: Benzaddon, el responsable de la inminente tragedia.

El enfrentamiento fue encarnizado, pero la determinación y el ímpetu de Aruns y Ruidoms prevalecieron. En un acto de coraje y justicia, vencieron al alcaide musulmán, asegurando la caída del tirano y su régimen opresor. El castillo resonó con el rugir de las armas y el clamor de la victoria, mientras Aruns y Ruidoms, envueltos en una aureola de gloria, proclamaban la libertad para Orihuela.

Así, con la caída de Benzaddon, los intrépidos guerreros tomaron el control del castillo de Orihuela. Su triunfo resonó en las paredes ancestrales, trascendiendo las piedras y envolviendo la noche en un aura de libertad. Pero el destino aún reservaba más sorpresas para aquel fatídico amanecer.

Al alba del día siguiente, cuando el sol dorado comenzó a asomar por el horizonte, la ciudad despertó con un aire de expectación. Era el 17 de julio, un día significativo, pues coincidía con la festividad de las Santas Justas y Rufina, las patronas de Orihuela. La ciudadanía, ansiosa por conocer el desenlace de la osadía de la Armengola, se congregó en las calles y plazas, esperando un símbolo de esperanza y redención.

Y entonces, como un rayo de luz divina que desciende sobre la tierra, dos luceros brillaron intensamente en lo más alto del castillo de Orihuela. Eran una manifestación celestial, un tributo a las Santas Justas y Rufina, pero también un llamado al pueblo oriolano. Los destellos luminosos anunciaban que el castillo había sido liberado, que la opresión había sido desterrada y que una nueva era de libertad se abría paso.

La noticia se propagó como el fuego en una pradera seca. Los corazones se inundaron de júbilo y gratitud mientras la historia de la valentía de la Armengola se contaba una y otra vez en cada rincón de Orihuela. El nombre de la Armengola resonaba en los labios de los ciudadanos, reverenciado como un símbolo de resistencia y coraje en la lucha por la libertad.

Pero el destino aún tenía preparado un último acto de justicia. En ese mismo día, el glorioso rey Jaime I de Aragón llegó a Orihuela. Con su ejército a su lado y una determinación inquebrantable, el rey se dispuso a expulsar a los musulmanes de la ciudad de una vez por todas. Era el capítulo final de la Reconquista de Orihuela.

La batalla que siguió fue épica, una lucha feroz que sacudió los cimientos de la ciudad. El clamor de las espadas, el crujir de las armaduras y los rugidos de guerra resonaron en el aire. La Armengola, ahora reconocida y aclamada como heroína, se unió a las fuerzas cristianas, liderando con valentía y sabiduría.

Con el sol alcanzando su punto más alto en el firmamento, el destino se decidió. Las tropas musulmanas, agotadas y superadas en número, se vieron obligadas a ceder ante la fuerza arrolladora de Jaime I y su ejército cristiano. Orihuela, una vez sometida, ahora se alzaba victoriosa.

Desde aquel día, el 17 de julio se convirtió en una fecha sagrada en la historia de Orihuela. Es el día en que se conmemora la valentía y la resistencia de la Armengola, así como la liberación de la ciudad del dominio musulmán. Cada año, en el aniversario de aquella gesta heroica, la ciudad de Orihuela se viste de gala. Las calles se engalanan con banderas y estandartes, mientras que el sonido de tambores y trompetas llena el aire. Una procesión solemne recorre las principales arterias, rindiendo homenaje a la valentía de la Armengola y a todos aquellos que lucharon por la libertad de la ciudad.

En lo más alto del castillo de Orihuela, dos luceros brillan como faros de esperanza, recordando a todos los ciudadanos la importancia de preservar los valores de justicia y libertad. Es un recordatorio de que la lucha por la libertad es constante y que cada generación debe mantener viva la llama de la resistencia.

La figura de la Armengola se ha convertido en un emblema de la ciudad. Su valentía y sacrificio son recordados en monumentos y estatuas erigidas en su honor. En cada rincón de Orihuela, su legado se entrelaza con la historia y el espíritu de su pueblo.

Pero la leyenda de la Armengola trasciende los límites de Orihuela. Su historia ha sido contada y reverenciada en todas las tierras de España. Es un símbolo de la lucha contra la opresión y de la resistencia ante la adversidad. Su nombre es mencionado en susurros de inspiración y en canciones de valentía que resuenan en los corazones de aquellos que anhelan la libertad.

Y así, la leyenda de la Armengola y la Reconquista de Orihuela perdura a lo largo de los siglos. Es una historia de coraje, sacrificio y triunfo sobre la injusticia. Cada vez que los oriolanos se reúnen para conmemorar esta hazaña legendaria, se renueva el compromiso de defender los ideales por los que lucharon sus antepasados.

Que la historia de la Armengola y la Reconquista de Orihuela sirva como un recordatorio perenne de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre habrá una llama de esperanza y valentía que guíe a aquellos que se alzan en busca de la libertad.




La leyenda del pajaro Oriol y la ciudad que fue fundada en su nombre

 


En las eras ancestrales, cuando la tierra aún se moldeaba bajo la creación divina, existía un pájaro humilde, cuya belleza quedaba eclipsada por su aspecto modesto. Este ser alado compartía su destino con un grupo de criaturas que, a los ojos del mundo, carecían de esplendor.

Reflejándose en las aguas serenas del río, estos animales desencantados contemplaban su propia imagen con desaliento, envidiando las tonalidades vibrantes que embellecían al resto de las criaturas.

Cansados de su apariencia, estos seres insatisfechos se congregaron en secreto, ocultando sus intenciones a espaldas de los dioses, susurros de descontento llenando la oscuridad de la noche. Maquinaron la audaz idea de solicitar una audiencia divina, buscando expresar su disgusto ante la aparente fealdad que creían poseer.

Ante su llamado, Dios compareció, concediéndoles la palabra. Sin embargo, en lugar de expresar sus inquietudes con sabiduría, sus quejas y lamentos resonaron en el firmamento como un estruendo discordante.

El Todopoderoso escuchó en silencio, permitiendo que sus palabras flotaran en el aire como nubes de inquietud, a la espera de que reflexionaran sobre lo que estaban demandando.

Mas, incapaces de captar la magnitud de su desatino, sus corazones llenos de orgullo y descontento, provocaron que el Creador moviera su mano con firmeza, y una fuerza implacable arrebató la vida a aquellos seres que habían albergado tales pensamientos oscuros.

No obstante, entre la multitud desvanecida, los ojos divinos se fijaron en un pájaro de plumaje discreto, de tonos gris ceniza y negro, quien en silencio había evitado involucrarse en el alboroto. Este ser alado, satisfecho con el don de la existencia, había mostrado humildad y gratitud por su propia creación.

Entonces, el Altísimo señaló con su dedo a la criatura y pronunció palabras de trascendental significado:

"¡Tú, pájaro virtuoso! A partir de este momento, te convertirás en mi mensajero, portador de los rayos divinos que enfrentarán a las fuerzas tenebrosas. Serás símbolo del pensamiento entre los hombres, y a través de ti, Yo les hablaré. 
Tu presencia en los cielos será la señal de esperanza y buena nueva."


Con estas palabras, Dios partió, y los rayos del sol bañaron con su resplandor el plumaje del pájaro elegido. Su cuerpo se tiñó con un fulgor dorado, un símbolo de la gracia divina que ahora lo acompañaba.

El pájaro alzó el vuelo, deleitándose con el canto maravilloso de la naturaleza, y se posó en la cúspide de un majestuoso árbol, junto a un río sereno.

Los habitantes del lugar quedaron deslumbrados ante la asombrosa belleza del ave y decidieron honrarla adoptando un nombre similar. Desde aquel momento, la región entera fue conocida como Oriola, en honor al espléndido pájaro que había sido tocado por la mano divina.

Desde entonces, El pájaro Oriol se convirtió en un símbolo de gracia y sabiduría, portando en su plumaje los destellos del poder celestial. Cuando surcaba los cielos, su mera presencia era señal de buenas nuevas, disipando las sombras de la desesperanza y despertando la esperanza en los corazones de aquellos que lo avistaban.

Este mensajero alado emprendió su misión con fervor, erigiéndose como intermediario entre los hombres y los designios de lo divino. A través de su belleza y canto melódico, hablaba a los corazones y transmitía las enseñanzas celestiales.

Cuando las tinieblas amenazaban con envolver el mundo, el pájaro Oriol desplegaba sus alas resplandecientes y se alzaba valientemente contra las fuerzas del mal. Con su mirada penetrante y su canto poderoso, ahuyentaba las sombras y restauraba la armonía perdida.

La fama del Oriol se extendió por todas las tierras, y aquellos que buscaban guía y protección acudían a su presencia. Los sabios y gobernantes solicitaban su consejo, pues se decía que sus melodías ocultaban secretos ancestrales y revelaban la voluntad divina.

Generaciones tras generaciones, el linaje de Oriol continuó su legado de luz y sabiduría. Cada nuevo pájaro que nacía bajo su estirpe heredaba la nobleza de su misión y la magnificencia de su plumaje dorado.

Hasta el día de hoy, Oriol vuela con majestuosidad en los cielos imaginados de los habitantes de Oriola, deslumbrando a aquellos que tienen el privilegio de contemplarlo. Su canto resuena en valles y montañas, llevando consigo la esperanza y el recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, la luz siempre prevalecerá.

La leyenda del Oriol perdura como un testimonio de la humildad, la gratitud y el poder transformador de la voluntad divina. Es un recordatorio de que la verdadera belleza radica en el interior, y que aquellos que aceptan su esencia con humildad y gratitud serán agraciados con dones inimaginables.

Así, la leyenda de Oriola se entrelaza con la historia misma, y su presencia continúa iluminando los corazones y las mentes de quienes anhelan la conexión con lo divino.


jueves, 8 de junio de 2023

Leyendas de Orihuela: La Leyenda de la Diablesa de Orihuela

 


Según la tradición local de Orihuela, la figura del demonio que aparece en la base de "la Cruz de los Labradores" tiene una historia detrás. Se dice que durante la construcción de la talla, un monje fue requerido para ayudar en la construcción, pero éste se negó a colaborar.

Debido a su negativa, el monje fue condenado por Dios a permanecer atrapado en la madera de la obra para siempre, como una especie de castigo divino. Desde entonces, la figura del monje atrapado en la Diablesa se convirtió en una especie de leyenda local y se incorporó a la simbología de "la Cruz de los Labradores".

Lamentablemente, no existe una versión única y verificable de la leyenda del monje atrapado en "la cruz de los labradores" de Orihuela que incluya fechas y nombres precisos. Lo que se sabe es que la leyenda ha sido transmitida oralmente a lo largo de los años y se ha incorporado en la tradición local de Orihuela.

Según la versión más extendida de la leyenda, durante su construcción a finales del XVII ordenada por el gremio de Labradores de Orihuela, se pidió la ayuda a un hombre relacionado con el Convento de San Juan de la Penitencia (covento de clausura femenino) para que colaborara en su construcción. El monje, llamado fray Miguel de la Hoz, se negó a prestar su ayuda alegando que no quería involucrarse en algo tan mundano y material y fue castigado por Dios por esta actitud soberbia y falta de humildad.

El gremio de labradores se sintió traicionado por la actitud del monje, pero decidieron continuar sin tomar ningún tipo de represalia. Sin embargo, cuando la obra estuvo terminada por el escultor fray Nicolás de Bussy en 1695, descubrieron con horror que algo extraño había sucedido: en la base de la cruz, se podía ver claramente la figura del monje atrapado en la base en una mueca de terror terrible.

Al principio, todos creyeron que era una ilusión óptica, pero al acercarse se dieron cuenta de que era cierto: el monje había quedado atrapado en la madera para siempre. Cuenta la leyenda que, desde ese día, su alma atormentada habita junto a la cruz, y que en ciertas noches se puede escuchar su lamento aterrador resonando por toda la ciudad. Sea cierto o no, sí son reales los problemas que la alarma del museo ha dado a sus gestores a lo largo de mucho tiempo. Disparándose de forma inexplicable a altas horas de la noche y obligando a distintos sujetos a acudir con el susto en el cuerpo para asegurarse de no estar sufriendo un robo o un allanamiento. 

En algunas versiones de la leyenda, se dice que el monje fue castigado por blasfemo, mientras que en otras se dice que fue castigado por no cumplir con su deber. En cualquier caso, el castigo divino consistió en que su alma quedara atrapada para siempre en la figura que representa a un fraile demonio en la talla.

La leyenda ha sido transmitida de generación en generación y se ha convertido en parte del folclore y la tradición local de Orihuela. La figura del monje atrapado en la Diablesa se ha convertido en un símbolo de la ciudad y una atracción turística.

Algunas personas muy supersticiosas evitan estar cerca de la talla porque muchos aseguran haber visto la figura del monje moviéndose y gesticulando dentro. 

En alguna ocasión, y esto ha sido corroborado por uno de los empleados del Museo Arqueológico donde reposa la figura, alguna persona valiente se ha acercado a la Diablesa para intentar liberar al monje tirando sobre él una pizca de sal, pero siempre fracasan en el intento salvo en una ocasión donde una mujer consiguió realizar el conjuro y salir pitando de allí ante las narices del sorprendido empleado del museo.



lunes, 22 de mayo de 2023

La leyenda del árbol que quiso ser Dios

 

Había una vez un majestuoso árbol, una araucaria, que creció orgullosa en la tierra de Orihuela. Durante años, sus ramas se alzaron hacia el cielo, observando con ternura el crecimiento de la ciudad y los sueños de su pueblo. Pero el destino tenía reservado un giro inesperado y doloroso.

Un día, sin razón ni piedad, el hacha del ser humano cortó su tronco, dejando cicatrices profundas en su esencia. El árbol lloró en silencio mientras sus lágrimas de savia manchaban el suelo. Sintió el sufrimiento de ser arrancado de sus raíces, la soledad de ser despojado de su hogar y la angustia de no saber qué le deparaba el futuro.

Sin embargo, veinticinco años después, en medio de su desgarradora experiencia, apartado del mundo en un oscuro almacén, una chispa de esperanza iluminó su camino. Alguien, con visión y compasión, decidió que no debía terminar así, que merecía una segunda oportunidad. 

Con habilidad y devoción, intentó tallar en el tronco la figura de un Cristo de madera, con el propósito de honrar su grandeza y convertirlo en una pieza única para las procesiones de Orihuela.

Pero a medio camino le fallaron las fuerzas o el empuje para hacerlo. Y el destino cruel y caprichoso volvió a relegarlo al olvido.

Volvieron los tristes días de la desesperanza, de la soledad y la agonía después de haber acariciado un desenlace mejor.

Veinte años después, por fin llegó el día en que el árbol, ahora transformado en la imagen sagrada por las hábiles manos de los artesanos oriolanos José Antonio Sánchez Martínez y Antonio Peñalver Cases, fue presentado ante la comunidad. Sin embargo, el corazón del pueblo no pudo comprender su belleza singular. Fue rechazado y excluido de las procesiones, sumergiendo al árbol en una profunda tristeza. Sus ramas imaginadas parecían caer, sus hojas invisibles se marchitaron y su espíritu se debilitó.

Años pasaron y el árbol, convertido en Cristo, guardó silencio en la Iglesia de Santa Justa y Rufina. Pero la vida es un viaje de sorpresas y segundas oportunidades. Un grupo de jóvenes visionarios, con ojos capaces de ver más allá de las apariencias, descubrió su historia olvidada y se conmovió hasta lo más profundo de su ser.


Con amor y respeto, los jóvenes se propusieron devolverle el honor que merecía. Comenzaron a contar su historia a aquellos que visitaban la iglesia, compartiendo el dolor del árbol al ser cortado y su grandeza al convertirse en el Cristo de madera. Las lágrimas de tristeza y emoción brotaban de los ojos de quienes escuchaban, sintiendo la angustia y el sufrimiento que el árbol había soportado.

Poco a poco, la ruta turística que incluía al árbol sagrado se convirtió en un testimonio de esperanza y superación. Las lágrimas amargas se transformaron en lágrimas de alegría y gratitud. Los visitantes, conmovidos por la historia y el sacrificio del árbol, encontraron consuelo en su resiliencia y se inspiraron en su capacidad de renacer desde el sufrimiento.

El árbol, rebautizado en un símbolo de fortaleza y redención, se convirtió en el centro de un abrazo colectivo. Los corazones se llenaron de emoción, y las lágrimas que antes reflejaban tristeza ahora eran lágrimas de pura felicidad. El árbol había encontrado su lugar en el mundo, y su historia trascendió más allá de lo físico, tocando las almas de aquellos que se dejaron llevar por su relato conmovedor.

Así, en la Iglesia de Santa Justa y Rufina, el árbol sagrado se convirtió en un faro de esperanza y reconciliación. Su sufrimiento y grandeza se entrelazaron en una narrativa que tocó los corazones de todos aquellos que tuvieron el privilegio de escucharla. Y así, el árbol que alguna vez fue despreciado, encontró su propósito finalmente: ser el catalizador de lágrimas que transforman la tristeza en alegría, y el sufrimiento en una poderosa lección de vida.



___________

Basado en el relato histórico de Víctor M. Ortega que conmovió los corazones de los asistentes a la inolvidable Ruta de Los Misterios de Santa Justa, actividad realizada en el 2019 por RUTAS DE ORIHUELA con la asistencia de Pascual Segura, Cronista Oficial de Bigastro y representantes de las Asociaciones de Santa Justa y Amigos del Castillo de Orihuela, además de celebridades internacionales como Marta Ruiz "Martuja", experta en temas de misterio y colaboradora de la cadena norteamericana de televisión HBO.

Uno de los carteles del 2019





domingo, 26 de septiembre de 2021

El milagro de la Palmera



A comienzo de los años cincuenta del siglo pasado, algún niño de la vereda del Palomaré, vereda que acompaña, en las inmediaciones del Palmeral, desde hace mil años, a la roba del mismo nombre, desde que se desgaja de la roba de Masquefa, se atrevía a imaginar la escena del milagro de la palmera. Por el huerto de doña Filomena Mejías, en un recodo del camino que repasó tantas veces Miguel Hernández, había una palmera verdal, que sigue estando allí, de dátiles dulcísimos. Esa palmera, símbolo del amor, que todavía no era muy alta y podía llegar hasta el suelo con la punta de sus palmas, fue la que realizó el milagro. El niño de la vereda conserva en su memoria, como entre las brumas de un día de baria, el ruido del tropel de los soldados, que llegaban de Sanantón. Los fugitivos se arrimaron al tronco hirsuto de la palmera, conteniendo la respiración. 

El Niño no lloró, ni la burra rebuznó. La palmera, decididamente, aplachó sus ramas frondosas sobre los viajeros. Los perseguidores pasaron, sin darse cuenta del prodigio, hacia el Escorratel, venga a preguntar por el Niño.

La visión del niño huertano fue mucho más real que la que tuvo la beata Ana Catalina Emmerich y dejó por escrito: "Bajo una palmera había dos carteles sostenidos por ángeles. Por encima de la palmera estaba arrodillada una Virgen que parecía salir del tallo y cuyo traje flotaba en el aire. Vi al Padre Eterno, en la forma que siempre lo veo, acercarse a la palmera por encima de unas nubes, y quitar una gruesa rama que tenía la forma de una cruz y colocarla sobre el Niño".


MIGUEL RUIZ MARTÍNEZ
ORIHUELA. LITERATURA Y PATRIMONIO

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Leyendas de Murcia: El Diablo a las Espaldas


Cuentan los murcianos que a la actual calle de Polo de Medina se la conocía antiguamente con el nombre de calle del Cabrito desde el día en que sucedieron los hechos que aquí voy a relatar.

Juana, la mujer del zapatero, se encontraba atareada con la preparación de la cena por el día de San Crispín, patrón del gremio mientras rezaba para que su marido llegara a tiempo de acompañarla a la mesa.

El artesano del calzado, entró en casa y rechazó la cena alegando que el gremio lo había invitado a dar cuenta de unas cabezas de cordero asadas en la calle del Horno.

La mujer indignada ante tal humillación intentó detenerlo pero un forcejeo con su marido provocó su caída al suelo mientras el marido le espetaba con sarcasmo:

- ¡Quédate con Dios, mujer!


Ella todavía en el suelo le replicó:

- ¡Y tú, vete con el demonio!


La fiesta se alargó hasta lo indescriptible y las rondas de vino y comida parecían querer acabar con las existencias del establecimiento.

Pero finalmente se dio por terminada la velada y cada uno de ellos fue volviendo a sus casas.

El maestro zapatero Juan, regresaba a la suya con el miedo a las represalias por parte de su mujer por el trato que le había dado y sumergido en sus pensamientos no fue consciente de lo oscura que era la noche.

Las campanadas de la Catedral sonaron y marcaron las tres de la mañana, la hora maldita en la que dicen que ocurren todas las cosas demoníacas.

A pocos metros de sus pies, algo le llamó la atención.

Primero pensó que podría ser un animal de compañía e intentó espantarlo con alguna que otra pedrada que lanzó al azar sobre las sombras.

Pero luego se percató que se trataba de algo más inocente y suculento.

Un pequeño cabrito le salió al paso manso y soberbio.

El zapatero dudaba si llevárselo consigo o dejarlo allí mismo.

Pero el animalico le seguía y le cerraba el paso.

Así que finalmente, con la alegría que regala el vino en las entrañas, no pensó en otra cosa que en echárselo a los hombros para llevárselo a su casa.

Aún no había salido del callejón del Horno cuando sintió que el peso del animal había aumentado. Parecía que con cada paso que daba, el peso subía.

Como la noches anteriores habían sido húmedas y algo lluviosas, se habían formado algunos charcos, al pasar sobre uno de ellos, vio en el reflejo del agua que lo que tenía a las espaldas difería completamente de un animal inocente, un hombre vestido de negro con un rostro monstruoso y cornudo había ocupado el lugar del animalico.

El susto fue tan horrible que el mozo perdió el sentido y cayó de bruces.

No despertó hasta que lo encontraron mal herido pero vivo a la mañana siguiente.

Pero la anécdota se propagó por toda la región y pocos días después la Calle del Horno fue llamada La calle del Cabrito y así consta desde 1760 en los viejos documentos.


jueves, 9 de noviembre de 2017

Leyendas de Bigastro: La Leyenda del Pueblo del Saco


¿Quién no recuerda de pequeñito cuando nuestras madres intentaban darnos de comer y nosotros mostrábamos una actitud obstinada y reticente y nos poníamos de morros?

Nuestras madres no tenían más remedio que amenazarnos y nos decían que si no éramos buenos y nos comíamos toda la comida, vendría el hombre del saco y nos llevaría?

Este término del “Saco” viene acompañando a los vecinos de Bigastro desde tiempos que ya no se recuerdan.

Pero a diferencia de la auténtica historia del hombre del saco, basado en los sucesos acontecidos en el pueblo de Gádor en la provincia de Almería en 1910 promovidos por un curandero conocido como Leona y que acabó con la vida de un niño de la que se extrajo su fluido vital para intentar curar los males de un tuberculoso, en nuestra localidad vecina no tiene un origen tan dramático.

Resulta que después de la guerra española, la gente se vio obligada ante la necesidad, a robar el sustento más básico para no perecer. El alimento.

Quiso la causalidad o bien, la fatalidad para aquellos que eran capturados con las manos en la masa, que todos ellos fueran vecinos de Bigastro. Parece ser que los demás chorizos tenían mejor facultades para salir a la carrera y que no fueran sorprendidos.

Así, poco a poco, fue extendiéndose la mala fama de que todos los de Bigastro eran unos ladrones y como siempre que eran detenidos tenían el botín de sus incursiones en el interior de sacos, corrió como la pólvora el rumor.

Así de este modo, el pueblo pasó a conocerse por toda España como el Pueblo del Saco.


FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Leyendas de Dolores: La Leyenda de los Santos


Nadie parece querer recordar que no hace mucho tiempo los seres humanos, esos que eran nuestros vecinos, nuestros propios hermanos y familiares, dejaron que la neblina de la barbarie les cegara y se dejaran llevar por un ambiente anti eclesiástico que se propagó por toda España como la pólvora en los días que precedieron a la contienda que enfrentó y dividió a nuestro país en dos partes.

Los milicianos la tomaron con las iglesias y con todo el patrimonio que había en su interior y en las fachadas y el daño artístico que provocaron no puede medirse o tasarse con una cantidad de dinero porque algunas de las obras que destruyeron no tienen precio.

Por eso, fruto de aquellos días salvajes, nos han llegado cientos de historias, unas en forma de leyendas, otras con visos de realidad vestidas con un fino manto de misticismo de la que voy a destacar una.

Cuentan del pueblo de Dolores, que en una de estas ocasiones, un grupo de milicianos estaban sacando a la fuerza y contra la voluntad del pueblo las figuras de los santos que se guardaban en su iglesia.

Un miliciano se quedó mirando de frente la talla de San Juan y con rebeldía le escupió estas palabras:

- ¿Tú que señalas?

Y justo después le rompió el brazo que había permanecido hasta ese día en posición semi horizontal con un dedo extendido.

Pocos días después se supo que aquel hombre se había marchado a combatir a la guerra y que en ella había perdido justamente el mismo brazo que le había roto a la figura.

Aquel mismo día de la barbarie, otro miliciano que se fijó en la talla de nuestro Señor Jesucristo observó que las piernas le sobresalían y de igual modo que a San Juan le habían roto el brazo, a Cristo le rompieron las piernas.

Pues bien, se sabe que este hombre regresó herido del frente en una camilla y sin piernas.

Los actos vandálicos de aquel día no se habían terminado, ya que uno de los milicianos que jugaba con una pistola se enfrentó a la talla de la Virgen y retó a los demás a que tuviesen el valor de dispararle a la frente.

Como nadie quiso hacerlo, él mismo apuntó hacia la figura y dejó que el arma descargara una bala que impactó sobre la zona de los ojos.

Y poco después sabemos por él mismo que regresó arrepentido y pidiendo perdón por haber dañado la figura de la Virgen que tanto adoraba y amaba el pueblo y que por ello se le había castigado y privado del don más preciado que podamos tener las personas, la capacidad de ver.



FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)



lunes, 6 de noviembre de 2017

La Leyenda de Los Desamparados: El Condenado


Por boca de una anciana me llegan los ecos de una antigua leyenda en Los Desamparados.

Dicen que por las estrechas calles del pueblo, en una época no muy lejana, el espíritu de un hombre vagaba deambulando de un lugar a otro encadenado.

Su alma fue castigada por un crimen fortuito que había cometido tras un pequeño y lamentable malentendido.

Su muerte sucedió tan rápido que no le dio tiempo para ni siquiera sentir arrepentimiento de lo que había sucedido.

Por las noches oscuras, los vecinos escuchaban aterrorizados las voces fantasmales de un alma atormentada que gritaba incesantemente pidiendo auxilio y perdón por sus pecados.

Con un lamento quejicoso y un llanto desconsolado repetía una y otra vez que por favor rezaran por él.

El rozamiento de las cadenas contra el suelo y los lamentos duraban toda la noche y sólo al amanecer volvía la quietud y el silencio.

Su macabro trayecto le llevaba del pueblo al cementerio y de este otra vez al pueblo.

Seguramente porque un alma caritativa y buena se apiadó de la suya, ofreciéndole una oración, la maldición se rompió y desde hace más de ciento cincuenta años ya no ha vuelto a escucharse en la noche el ruido molesto y los gritos proferidos por aquel maldito que con su lento caminar y su viaje hacia ninguna parte trataba de exculpar sus pecados.



El pueblo permanece en paz en la actualidad. Pero no sabemos cuánto durará.

FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)


domingo, 5 de noviembre de 2017

Leyendas de Orihuela: La Leyenda del cerdo de San Antón


A falta de unos pocos días de la típica Feria de San Antón de Orihuela, uno de los protagonistas de dicha fiesta, el cerdo, se movía libremente por las calles en donde las familias de vecinos lo cuidaban y alimentaban antes de que llegara el día de la celebración en donde el animalico era sorteado.

Era costumbre en aquellos tiempos dejar al marranico que disfrutase de sus últimos momentos de libertad antes de que pasara a manos de algún agraciado que hubiese apuntado su nombre en los pliegos de papel que permanecían colocados sobre las mesas que estaban dispuestas para recoger la limosna que entregaban los interesados en participar en la rifa.

El animal que había sido expuesto con anterioridad en el mercado de los martes o algún domingo en alguna que otra calle céntrica de nuestra ciudad había atraído las miradas curiosas y algunas perversas de ciertos personajes que entre las sombras tramaban su fechoría.

Así, un día cualquiera, el aroma de los romeros y tomillos del monte de San Antón acompañaba las vibrantes y melodiosas notas de una guitarra.

En este idílico ambiente se produjo un hecho extraordinario.

Una serie de personajes de muy malas intenciones aprovecharon un descuido para sustraer al animalico y llevárselo lejos, al monte para matarlo.

Como si de un ángel guardián se tratase, una estrella brillante y poderosa apareció en el cielo emitiendo un gran resplandor.

Los criminales, asustados apretaron el paso sin comprender lo que estaba sucediendo. Ya que allá por dónde iban, aquella misteriosa luz les seguía.

Llegados a un lugar que consideraron seguro finalizaron su macabra obra dando muerte al cerdo y salieron por pies de allí.

Poco después, los vecinos enterados del asunto, corrieron al rescate del animal sustraído y se dirigieron a la sierra para constatar que ya no se podía hacer nada por el animalico.

Su conversación se centró en la aparición de aquella misteriosa estrella que algunos decían haber visto sin que nadie encontrara una explicación.

Un susto más sufrieron cuando encontraron una piedra en la montaña con una enorme mancha negra en forma de estrella y muy cerca de esta, otra piedra con una mancha similar pero con forma de cochino.

A su lado, las pruebas de la barbarie, la sangre del cerdo que aún goteaba caliente.

Cuentan algunos ancianos que todavía puede localizarse este lugar en la sierra de San Antón, las dos piedras con tan curiosas manchas que aparecieron de la nada en aquella no olvidada velada de San Antón en la que nunca pudieron consumar la rifa del cochino
.

FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)

sábado, 4 de noviembre de 2017

Leyendas de Orihuela: La Leyenda de las Cadenas


En la Plaza de las Salesas, en tiempos más tempranos, vivía un hombre acaudalado al que apodaban Juan “el Moro” o “el Mozo” según la versión.

Cuentan los más ancianos que aprendieron de sus abuelos y estos de sus bisabuelos que cuando este sujeto vino a vivir a tierras oriolanas trajo consigo a una niña cuyo nombre se pierde en el tiempo pero a la cual no dejaba de agasajar y mimar por el grande cariño que le tenía.

Como no podía ser de otra manera, los años fueron pasando para esta dichosa familia y aquella que había llegado como niña ya se mostraba a las gentes como una hermosa mujer cuya fama de preciosa se extendió por toda la comarca hasta el punto de que los pretendientes a su mano venían desde lugares inhóspitos y alejados.

Juan el Moro no quiso saber nunca jamás nada de tales pretensiones ya que según sus propias palabras su linda hija ya estaba comprometida con un próspero comerciante argelino.

Por ello debía de cuidar de ella con feroz celo hasta el día en que fuera entregada a su prometido.

Pero quiso el amor hacer acto de presencia en forma de un joven de nombre Andrés que era hijo de Pedro el Espartero.

Un muchacho que compartía con ella edad y aficiones y sin que la chica se percatara dejó que su mente se turbara por el fervor del enamoramiento.

Así que los días pasaban entre cálidos deseos de conocer a aquella muchacha que le arruinaba el sueño ya que deseaba abrazarla, besarla.

Cada vez que podía, se acercaba entre las sombras a la puerta a observar a su amada, noche tras noche, hasta alcanzar la madrugada. Y esto hizo mella en ella que fue dando paso de la curiosidad al cariño, de este al amor y finalmente al deseo.

Un día, la joven decidió que ya era hora de conocer a aquel que la observaba siempre escondido pero con la mirada cándida y dulce. Bajó disimuladamente y como quien no quiere la cosa, se hizo la distraída y consiguieron mantener una conversación.

Aquella fue la chispa que lo inició todo.

Desde aquel día, los encuentros en la Plaza de las Cadenas se sucedían cada vez con más frecuencia y la pasión que ambos sentían mutuamente iba creciendo sin control.

Y como es moneda de cambio en nuestra polémica ciudadela, la envidia, los celos, e incluso, las ganas de fastidiar al prójimo, hicieron su aparición a través de una anciana con aspecto de bruja que vivía por las cercanías de la Plaza de las Cadenas.

Dicha anciana malévola y sin corazón, fue a advertir al padre de la muchacha que quedó impresionado por tales noticias.

Así que entre ambos urdieron un plan.

El tutor de la muchacha se escondería en lugar seguro al acecho de que el pretendiente de su hija apareciese y en cuanto se observase algún comportamiento no deseado se produciría una reacción ante tal afrenta.

Una mañana, Juan permanecía oculto esperando ser testigo de la visita casual de su “enemigo”.

El joven apareció con una enorme sonrisa y la muchacha se arrojó a sus brazos.

El padre entró en cólera y sacó su espada.

Cuando todo pasó, el hombre se dio cuenta de la tragedia ya que con su propia arma había asesinado a los dos enamorados.

Un gran charco de sangre manchaba el suelo mientras él permanecía en pie aturdido por lo que acababa de hacer.

La pena fue más grande que su regocijo y acabó sacando uno de sus puñales y se lo clavó para acabar también con su propia vida.

Lo último que recuerdan las sabias gentes de Orihuela es que de la noche a la mañana apareció un caballero vestido de negro al que nadie conocía pero cuyas intenciones fueron en seguida supuestas. Había venido a llevarse consigo a la bruja, la verdadera culpable de aquel trágico asunto.

Poco tiempo después, en el día de Nuestra Patrona la Virgen de Monserrate, un barullo descomunal y ensordecedor atrajo las miradas de las gentes que vivían en la calle de La Feria.

El escándalo fue tal que los vecinos que se encontraban en la Catedral, salieron para saciar su curiosidad y pudieron contemplar un hecho que aún hoy día se recuerda.

Un gato negro enorme perseguía a una anciana con tal ferocidad y violencia que la acorraló en el recinto de las cadenas de la catedral que estaba considerado desde tiempos inmemoriales como lugar sagrado para los oriolanos.

El colérico animal se movía de un lado para otro sin querer penetrar en el recinto santificado.

Entonces, se detuvo en seco, se transfiguró en un ser humano de carne y hueso pero de aspecto extraño que recordaba a uno de esos seres malditos que viven en las entrañas de la tierra. Empezó a girar sobre sí mismo y como si un torbellino fuese, arrancó las cadenas con su fuerza y se llevó a la vieja con él y nunca más se supo de ella.


FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)

lunes, 26 de junio de 2017

Gabriel Miró: El Narrador de la Muerte


Imagínense ustedes con que inquietud, con qué tristes y melancólicos recuerdos miraría hacía atrás hacia su tortuoso pasado este hombre de alma pura, de espíritu de escritor, sensible al dolor, al sufrimiento, a todos aquellos hechos que desde niño lo atormentaron.

Huellas que dejaron marcadas una sombra oscura en su alma como novelista y en cuya obra bibliográfica podemos encontrar cientos de ejemplos.

Hijo de la provincia de Alicante, nacido de una mujer guerrera como pocas en España pero muchas en Orihuela.

No obstante su madre fue la hija de aquella que lidiaba cada día con los hombres que a su posada acudían en el mismo lugar donde hoy se encuentra el puente nuevo y el casino pero que hace años estuvo situada la famosa posada de Pizana protagonista de cruentos hechos.

De esa noble chiquilla nació el humilde escritor, el hombre que hablaba con los espíritus, soñaba a diario con la muerte y se juntaba con compañeros para participar de siniestros pactos con el otro lado que le hicieron según cuenta en sus propios libros ser visitado por el mismísimo maligno.

Recordamos a sus tres compañeros del alma cuando estudiaba en el colegio Santo Domingo.

Como recorría sus pasillos acompañado de esas tres figuras menudas con las que reía, jugaba pero sobre todo lloraba.

No en vano, fue uno de estos tres amigos el que decidió sin previo aviso abandonar el grupo sin dejar ni rastro.

Aquel al que llamaban Señor Cuenca de tez pálida, aquejado siempre de extraños y desconocidos dolores.

Así que no sabemos que pudo sentir este chico al saber por un cambio en el discurrir habitual del cada día, que en vez de seguir con las horas de sueño profundo fue despertado, vestido casi a la fuerza a una hora muy temprana y llevado hasta la presencia de la mismísima muerte delante de la tumba de su amigo.

Un ataúd blanco abierto y colocado en su interior su compañero, su hasta hace unas pocas horas, uno de los que jugaba con él.

Ocupaba todo lo largo del ataúd pero su mirada no era la de un muerto pues según cuenta el propio Gabriel, ese sujeto inerte lo miraba desafiante como si sonriera.

Por eso nos preguntamos qué clase de huella dejó marcada esa visión en su delicado corazón, en el corazón del hombre sensible que escribe sin parar hasta hartarse afables argumentos en novelas que han llegado a nuestros días llenas de pasión pero también de mucha oscuridad, con un sentimiento de tristeza y camufladas bajo un lenguaje que a veces resulta un tanto tedioso como si estuvieran escritas en clave.

Yo siempre les cuento a aquellos que me escuchan que este hombre se merece un programa en Cuarto Milenio, pues si García Lorca fue el poeta del misterio por su habilidad para hablar con los animales, de contactar y sentir a los muertos, de entrar en un profundo trance en donde sus ojos permanecían en blanco durante minutos hasta que regresaba de la otra orilla, imagínense al novelista de la muerte, a un Gabriel Miró que pasó su vida aferrado a sus creencias más tenebrosas, a aquel que incluso el día de su muerte dedicó unas palabras a la Parca.

Y es que este hombre dejó un legado, una siniestra leyenda urbana de las más famosas de la Comunidad Valenciana.

Pero que con poco que investiguemos nos daremos cuenta de que de leyenda no tiene nada.

Fueron hechos que ocurrieron en la más pura realidad y que fueron recogidos por el mismísimo autor en varias de sus obras autobiográficas.

Pero una cosas son sus relatos y otra muy distinta los hechos que surgen de la imaginería popular.

Un ejemplo de esto es la historia que ahora les voy a contar.

¿Quién no conoce la leyenda del maestro que se queda hasta tarde trabajando y que cuando se va a marchar a casa ve una luz en una de las aulas?

Del hombre que sube e intenta abrir la puerta pero está cerrada.

Al día siguiente lo comenta con el resto de compañeros y acude en busca del encargado de las llaves poniendo en su conocimiento el hecho extraordinario.

Es imposible le dice el otro, todo está cerrado a esas horas y por supuesto apagado.

Como una petición personal el maestro le pide las llaves del aula y el otro se las presta por un día.

Llega una nueva tarde y esta vez el maestro se acerca al aula, abre la puerta y observa junto a uno de los pupitres a lo que parece ser un alumno rodeado de una luz extraña que no es la habitual del aula.

Hay algo que no cuadra en esa escena y el hombre cuando consigue romper su propio miedo le interroga sobre qué hace allí y cómo se llama.

El alumno le responde con una voz tan débil, tan carente de fuerza que recuerda más las palabras grabadas en una cinta producto de una psicofonía que la voz de un ser vivo.

El caso es que solo un apellido llega hasta los oídos del profesor, le parece haber escuchado la palabra “Cuenca”.

Y con ese nombre resonando en su cabeza y con un sentimiento de angustia que no comprende pero que asimila decide abandonar a ese sujeto y marcharse de allí lo más rápido posible.

Al día siguiente en el aula de profesores le aclaran que eso no es posible, que nadie en todo el recinto se llama o tiene de apellido esa palabra que sigue vibrando en su cerebro como una mancha que no quiere irse.

Cuenca, cuenca, cuenca.

Atormentado por una culpabilidad auto inducida decide investigar en los libros que registran los nombres de todos los alumnos que el colegio ha tenido a lo largo de muchos años e incluso siglos.

Hasta que por fin encuentra lo que tan ansiosamente estaba buscando.

Resulta que un tal Cuenca estuvo allí estudiando por el año 1889, y según consta en el registro, este alumno falleció siendo un niño.

¿Todo cuadra verdad?

Es justo en la época en la que Gabriel Miró estuvo internado en ese mismo colegio.

El maestro se da cuenta de que todo no es más que una broma macabra de un alumno interno descarado y decide acudir en su busca al día siguiente para echarle una reprimenda y a lo mejor hasta un castigo.

Pero el nuevo día presenta un cuadro distinto cuando el hombre se acerca a esa figura semitransparente que lo mira desafiante con un rostro carente de vida y con una inquietud que parece salida de la mismísima muerte.

A las pocas horas, el maestro es encontrado de forma inesperada, sobre el suelo, con su cuerpo que muestra unos movimientos en forma de espasmos, tirando espumarajos por la boca y diciendo y citando cosas extrañas.

Fantasma, fantasma, muerte, muerto….

Son las únicas, las últimas palabras que le escuchan sus compañeros pues tienen que llevárselo de urgencia a la enfermería y de allí al hospital.

Lo último que se recuerda de aquel hombre que quiso desafiar al espíritu del Señor Cuenca que vaga por las aulas del Colegio Santo Domingo en las noches más solitarias es que acabó en un centro psiquiátrico.

Y esta es la relación que tiene el famoso escritor alicantino, Gabriel Miró con una de las leyendas más famosas de la comunidad valenciana.


Víctor Navarro para CUARTO MILENIO.




domingo, 4 de junio de 2017

Leyendas de Cartagena: La Cara de Cartagena


En la calle Sor Francisca Armendariz, pegado al colegio de La Milagrosa,

Donde hoy hay un solar, hace cuarenta años se elevaba un pequeño edificio que hacía las veces de hospedería.

La dueña se encargaba de acoger y asistir a los viajeros que imperaban de sus servicios en el descanso de sus largos viajes, como muchos marineros que se quedaban allí por tiempo indefinido, hasta que la mar les brindaba una nueva oportunidad con la que ejercer su profesión, y para acumular el dinero suficiente bien para sus juergas o bien para propósitos más nobles.

Esta señora tenía una hija que era inválida de nacimiento.

Los únicos divertimientos que podía permitirse dicha muchacha eran los de asomarse por un balcón hacia la calle que daba a Sor Francisca Armendariz desde donde podía contemplar a la perfección la salida de los niños que estudiaban en el colegio de La Milagrosa. O incluso el patio donde pasaban las horas de diversión en los recreos algunos de los niños.

Un día, llegó un marinero jubiloso, de buen carácter y amigo de todo el mundo que enseguida reparó en la niña y se hizo amigo de ella.

La vida de la niña, a pesar de su nuevo compañero, iba apagándose lentamente y así un triste día dejó de existir.

El hombre, muy afligido y desconsolado por la pérdida quiso hacerle un homenaje, una especie de tributo que sirviera para que todo el mundo la recordara tal como era.

Con una habilidad asombrosa dibujó el rostro de la niña en la pared del balcón hacia la parte de fuera.

Pasados ya unos años y con el marinero muy lejos de allí, la madre decidió borrar la cara.

Con un trapo húmedo y un poco de jabón alargó el brazo y lo pasó sobre la imagen.

Pero el trazo seguía intacto.

Viendo que no conseguía ningún resultado, decidió entonces, hacer un nuevo intento rascando la pared.

Ya con el trabajo terminado y con la satisfacción de ver la imagen borrada, la madre ya iniciaba su caminar hacia el interior de la vivienda cuando algo le llamó la atención.

No era posible que aquello estuviera sucediendo, pues ante sus propios ojos, aquella imagen que unos pocos segundos antes había desaparecido, volvía a estar tan fresca como en un principio.

No sabemos los intentos por hacer desaparecer aquel rostro mágico del balcón de la casa.

Lo cierto es que pasados unos años más, la vivienda fue dejada en abandono con la particularidad de que la cara seguía allí.

Con evidentes señales de rascado, incluso de haber pintado encima, pero la imagen de la niña permanecía intacta, con sus ojos penetrantes que parecían gozar con la visión de cualquier cosa viva que transitara delante de ella.

Así cuentan los testigos que antaño fueron niños y que con gran valentía se introdujeron en aquel caserón abandonado para retar a aquella expresión extraña que los seguía mirando desafiante.

Finalmente, el edificio fue demolido y con ello desapareció para siempre el Misterio de la Cara de Cartagena.




viernes, 2 de junio de 2017

Leyendas de Alicante: La Leyenda de Mariola


Haz de saber ciudadano que triste es la historia que te voy a contar.

Pues es la verdadera historia de una hermosa joven y su padre al que los ciegos celos por la riqueza de un malvado y avaricioso romano les llevó hacia la desdicha.

Esta leyenda pertenece a la Sierra de Mariola, situada en la provincia de Alicante, y está ambientada en los años 42 A.C - 37 D.C, durante la época de Tiberio Claudio Nerón.

Se hablaba por aquel entonces de un hombre rico, de nombre Sexto Mario, uno de los más poderosos de Hispania. En sus posesiones había una mina de oro que era la que mayor riqueza le había proporcionado.

Dicha mina, se encontraba en el interior de una montaña.

La ambición de Tiberio le obligó a requisar dichas minas para que pasaran a formar parte de su patrimonio.

El plan era bien sencillo, tenía que conquistar a la hija de Sexto de nombre Mariola, excelente ciudadana y bellísima mujer.

La muchacha acostumbraba a dar largos paseos por la montaña en compañía de una pantera que su padre le había regalado de uno de sus viajes a África.

El romano, cargado de poder y de autoestima era rechazado una y otra vez por la hispana.

Y entonces decidió cambiar de planes e iniciar una venganza acongojado por aquella desazón amarga de ser rechazado por la mujer de sus sueños.


Nerón, mintió al pueblo utilizando todos los recursos que tenía a su alcance y acusó a Sexto y a Mariola de practicar incesto.

Ambos, fueron arrestados y trasladados a Roma donde fueron condenados a ser despeñados de la Roca Tarpeya. Una roca situada al S.O. del Capitolio desde donde se despeñaba a algunos condenados a muerte y que vio correr a través de sus vetas la sangre de los dos inocentes de Cocentaina.

Desde aquel día, cuenta la leyenda que la Sierra que está considerada la más bella de la provincia recogió el nombre de la inocente muchacha que fue asesinada vilmente por aquel caprichoso gobernante romano que no tenía suficiente con su imperio.
Jamás se volvió a saber sobre las minas de oro.

En el año 1965, los espeleólogos del Centro Excursionista de Alcoy tuvieron una agradable sorpresa al encontrar en el interior de una Cueva de Bocairent una serie de huesos que más tarde se determinó por los especialistas que pertenecían a una pantera africana.

Desde los alrededores se cuentan historias basadas en testimonios de personas que en las altas horas del crepúsculo han podido observar la figura evanescente de una hermosa mujer envuelta en unos ropajes de color blanco que semejan la mismísima niebla acompañada de una forma felina que ruge en la oscuridad de la noche..






sábado, 11 de febrero de 2017

Concurso de Relatos de Terror: 8. "Villa Vera" de Efrén Pamies



-"Disfrutad”, chicos!! Que algún día echareis de menos estos momentos".... decía mi padre en aquellos años, donde tuvimos la fortuna de poder veranear mientras mi madre y él, montaban un modesto negocio de calzados en época estival. 

Tuvimos la suerte de estar a pie de playa, en una antigua casa que podías perderte en ella. Era enorme, con su gran salón, su salita de estar, un lujoso aseo interior y cuatro habitaciones de altos techos con armarios de época, además de una cocina donde podíamos juntarnos toda la familia y amigos, una despensa con sus lejas de almacenamiento de alimentos y un patio que a veces improvisaba mi propia cancha de baloncesto, soñando con ser un verdadero "all star". Además había un segundo aseo exterior, con un "plato" de ducha que usábamos para quitarnos la sal y la arena después de disfrutar del mar y la playa. 

La casa también contaba con una galería para lavar la ropa, otra habitación para almacenar enredos con un altillo que guardaba periódicos viejos y un pozo junto a la ventana de una habitación. Como bien he dicho, se trataba de una enorme morada de las de principio del siglo XX hecha a conciencia y muy señorial en su día. El tiempo ha pasado y este pueblo costero, hoy se ha convertido en una gran ciudad. 

En 1983 la casa estaba disponible para alquilar y doña María, la dueña, una señora muy mayor y dependiente de su hija, llegó a un acuerdo con papá y firmaron el contrato. Mis padres se embarcaron en lo que sería un negocio que no les haría ricos, pero sí felices, porque fueron los mejores veranos de nuestras vidas. El negocio se montaba a principios de Junio y se cerraba a finales de Septiembre y mientras tanto mi hermano y yo solo teníamos en mente disfrutar del verano como niños que éramos. El lugar era muy turístico y cualquier día de la semana tenía vida propia, con cientos de personas paseando por las calles y principalmente la nuestra, sintiéndonos privilegiados y que ahora estoy seguro y convencido de que así fue… Uffff qué recuerdos.....


Diecisiete años se dice pronto, pero fueron diecisiete veranos de risas, alegrías, llantos, "cafetitos", juegos de mesa, cartas, tertulias y confesiones y como no, "guitarrita" con alguna ranchera que bien improvisaba mi padre en las calurosas noches de Julio y Agosto. La casa de verano, además de la nuestra, era la casa de los amigos de mis padres, porque así se sentían ellos y así lo fue. Y con el paso de los años fueron transcurriendo mil anécdotas y mil historias.

Mi habitación asignada, era la más alejada del resto, que daba al patio y desde mi ventana podías levantar la tapa metálica del pozo y mirar el fondo, con sus aguas transparentes que en horas determinadas de sol, se podían ver objetos sin determinar en lo más profundo y cubiertos de lodo, que seguramente alguien lanzaría desde la boca del pozo y que ni a saber cuándo.

La casa estuvo cerrada muchos años antes de que fuera alquilada por mis padres. Qué curioso, nadie quería mi habitación porque quedaba demasiado apartada y encima, junto al patio. Era como aislarte del resto de la casa y a mí me pareció estupenda. Cuantas noches de insomnio escribiendo poemas y mis primeras canciones de desamor. Y la lámpara del techo?? Súper "cutre", un cable eléctrico de tela que no tenía fin, con una vieja bombilla que encendía con un interruptor antiquísimo. Realmente toda la casa, sus muebles y sus instalaciones eran arcaicas, pero todo estaba bien cuidado y nosotros no íbamos a ser menos cuidadosos. De todas formas mi madre siempre estuvo encima para que no tocásemos nada de la casa ya que esta guardaba desde vajillas completas hasta objetos personales de los antiguos moradores.....Menudo tesoro para los más curiosos, pero hasta el momento no tuvimos, ni mi hermano y yo, la necesidad de escarbar y mirar aquellos cajones y armarios.

Hasta retratos de gente desconocida adornaban las paredes, posiblemente antepasados que habitaron la casa. A mí me impresionaba una en especial y por supuesto en blanco y negro, la de un niño pequeño junto a un señor mayor que le cogía del brazo. Sus rostros lo decían todo, jamás vi caras tan serias. Daba escalofríos mirar esa foto y yo me preguntaba: Quién serán estos??.....vivirá ese niño??.....será un señor mayor en la actualidad??.........


Los años fueron pasando y como siempre, cada verano volvíamos a la misma casa, ya era como nuestra y que ilusión volver a disfrutar del mar, el paseo marítimo, las noches de fiestas con los amigos y alguna locura adolescente como la de bañarnos en pelotas en la madrugada, mientras nos observaba algún escandalizado turista. Pero no pasaba nada.....Unas risas y a casa. Aquella noche llegue sobre las 4:00 de la madrugada y sin hacer mucho ruido salí al patio en dirección a la ducha y tras esta me fui a la cama. Me puse a leer mientras me vencía el sueño en el silencio de la noche y de pronto: "CHOF""CHOF" sentí un chapoteo como de agua y que venía del suelo, giré la mirada hacía la ventana que también parecía venir de allí, pero como muy profundo. Me quedé confuso y pasados unos minutos afinando mis sentidos auditivos, no escuché nada más......que raro!! Me dije... Minutos después, me dormí.


A la mañana siguiente me levanté tarde, pues era lo normal después de trasnochar y más aún en un pueblo donde siempre es fiesta en verano. Pero no siempre era así, a veces mi padre nos hacía trabajar ayudando en la tienda, haciendo el recuento del calzado y quitando el polvo de las estanterías. Era lo más lógico, aunque entonces me fastidiaba bastante perderme algún bañito en la playa y no poder acompañar a los amigos. Pero bueno, "esta noche saldré con ellos y me divertiré un rato", pensaba, mientras pasaba el trapo al zapato de "tafilete", el "rey" de la casa.


Mi madre, como todas las mañanas, se levantaba bien temprano para dejar el portal de la casa bien reluciente y a las 8:00 en punto ya podías sentir el olor a café recién hecho y a pesar de no gustarme su sabor, su olor siempre me pareció maravilloso........umm que bien huele mamá, me pones un café?? - vamos calla!!...tú café?? El café es malo!, me decía siempre.

Todas las mañana venían a tomar café algunas amigas que también regentaban negocios vecinos y como decía antes, nuestra casa estuvo abierta a todo el mundo. Hasta recuerdo una señora de pelo rubio y que debió ser muy guapa de joven, venir a tomar café junto con una amiga de la familia y escuchar afirmarse a sí misma de que era pitonisa o medio bruja, amante del tarot y la quiromancia y a mí me incomodaba como me miraba continuamente y sin disimulo. Por qué me miraría así??......Estoy seguro que no era atracción física lo que le llamaba mi atención, a no ser que le gustarán bien jovencitos o igual intentaba "hacerme un mal de ojo", en fin, no me fiaba un pelo de esas miradas tan penetrantes.  

Terminé mi desayuno, cogí mi cubo y mi caña de pescar, a la que apodaba "la matona" y despidiéndome del personal, me marché un rato de pesca. Rara vez no sacaba menos de diez piezas, casi todos "sargos", "vidriadas” “lisas", alguna "doncellas" y por supuesto, la famosa cagona "salpa", que una vez la sacabas del agua, te ponía perdida la mano.....puagg!!

De vuelta a casa, mataba el tiempo hasta la hora de comer o bien tocando la guitarra o en el patio improvisando con una vieja rueda de bicicleta y sin radios, lo que sería una canasta de básket, lanzando de todos los ángulos imaginados y con un buen porcentaje de acierto. Era el "Petrovic" en versión modesta.

Finalizado el juego, dejaba la pelota junto a la tapa metálica que cerraba el pozo, pero antes y casi siempre, lo abría para mirar en su interior y disfrutar del eco mientras gritaba dentro o hacía voces extrañas.

El pozo debió de estar toda la vida en la casa, porque parecía muy antiguo también, con sus paredes de piedras oscuras y una cavidad interna que no podías adivinar el alcance. Lo que si me percaté rápidamente es que el hueco del pozo entraba hacía mí habitación. Por tanto, debajo del suelo de mi cuarto, estaba parte del fondo del pozo. Cerré la tapa, dejé la pelota y volví a la cocina,… era la hora de comer.

Los días transcurrían como de costumbre y aquella noche mis padres habían salido a cenar con unos conocidos, yo ya estaba en casa y más pronto de lo habitual, me fui a dormir, quería madrugar y hacer un poco de deporte y no busqué esta vez el libro que leía para no desvelarme. Apagué la luz y cerré los ojos y minutos después sentí un PLOFF!!! Que me sobresaltó, Madre mía!! Qué susto me dio ese ruido en el silencio de la noche, un sonido metálico que retumbo todo el suelo. El ruido venía de la ventana, encendí la luz y miré hacia esta asomándome al patio y que curioso, la tapa del pozo estaba abierta y nunca lo estaba.

Sinceramente me "acojoné" y salí rápidamente a mirar. No vi nada raro, a pesar de no atreverme a entrar ni al lavadero ni al cuarto de enredos. Me centré en el pozo y deje caer la tapa dejando que golpeara con su propia inercia, y que casualidad, el sonido que me sobresaltó hacia unos minutos, era exactamente el mismo......uffff....el vello se me puso de punta. Tampoco me atreví a mirar nuevamente el pozo. Esperaría a la mañana siguiente y rápido me fui sin dudarlo al salón. Me dormí en el sofá más incómodo que existe en el mundo. Qué dolor de espalda, Dios santo!!


ME DESPERTÉ ANSIOSO..........................

Los años pasan y el negocio empieza a flojear por el abaratamiento del calzado oriental que comienza a abrir mercado en España, importándole poco al consumidor, sus productos de bajas calidades y mirando solo el bolsillo, pero aun así, vamos sobreviviendo y al final de temporada cubrimos gastos y veraneamos. A fin de cuentas, ganábamos en calidad de vida y mis padres felices de ello.

Típico el olor de aquella casa cuando regresamos cada temporada. Era abrir la puerta en Junio y notar esa invasión de sensaciones y recuerdos en todos los sentidos. Todas ellas placenteras. Por supuesto que las habitaciones de cada uno seguían siendo las de siempre y yo volvía a la habitación con la ventana junto al pozo y que daba al patio.

La tarde que me dio por curiosear el cuarto de enredos, se me hizo cortísima, los antiguos propietarios guardaban cronológicamente periódicos de la época y hasta del año 1909. Qué pasada!! Pensé....Muchos ya carcomidos y amarillentos por el paso del tiempo, pero que contaban sucesos locales y nacionales de la época. No tardé mucho en devorarlos visualmente, aunque había demasiados y me lo tomé con calma.

Esta mañana volvió a visitar mi casa la señora rubia que muy simpáticamente, le apode la "bruja", claro, a ella no se lo iba a decir, no fuera que me hiciera magia negra.....Pero no tardó en dirigirme la palabra y me preguntó si había notado en algún momento algo extraño. No sé a qué se refería hasta que muy atrevidamente le dije: "Pues sí, la noto a usted bastante rara por su manera de mirarme". Y ella me respondió: "me dejas ver tu mano"??, usando siempre un tono suave y muy pausado. "Por supuesto!!", le dije: "La derecha o la izquierda"??..."La izquierda, por favor", me respondió.....Que acento más refinado tenía esta señora. Me cogió la palma de la mano y sentí como se le erizaba la piel de su brazo al mismo tiempo que me decía: "Estás ardiendo!!....cuanta energía desprendes" ... Yo bastante escéptico a lo que decía pero bueno, pensé que era su momento. De repente se puso pálida como la pared de la casa y apartó su mirada de mis manos y me soltó bruscamente. E hizo una especie de sollozo. Mi madre comenzó a incomodarse, lo podía sentir y yo me sonreía. Ella me miró muy seriamente y me dijo: " No es de risa!!" tendrás que aprender a vivir con ello y aceptarlo"....Menuda loca, pensé. Pero que habrá visto en mis manazas??.

"Tú tienes luz y vendrán a ti, lo sabía" "tú puedes sanar con solo tocar a alguien".....Menuda locura y menudo rollo tiene la "bruja" esta.  


Lo peor de todo es que mi madre si creía en estas cosas y yo muerto de risa interiormente. También me vaticinó algo no muy bueno que digamos: "vas a sufrir una pérdida importante, pero no puedo decirte más"....Eso ya no me hizo tanta gracia.

Hoy me levanté con dolor de cabeza, creo que el día anterior me pasé tomando el sol, pero he quedado con los amigos y me voy al puerto. Son las 10 de la mañana y el calor pega fuerte. Será otro día insoportable, pero no importa. Salgo al patio en busca del baño para mi aseo personal y una vez acicalado mi pelo rizado, abro la puerta y salgo. Por un momento echo en falta mi pelota de basket que siempre estaba a la vista y junto a la tapa metálica del pozo. Bueno, estará por un rincón, pensé. Finalmente salí de casa después de que pasaran a buscarme los amigos. De vuelta tenía para comer unas papas fritas con huevo y salchichas y de postre una buena y fresca tajada de sandía. Me puse las "botas" y me fui a reposar a mi cuarto.

A veces solía hacer la siesta y aquella tarde no iba a escaparme de ella. Tumbado en la cama y casi relajado del todo, volvieron a sorprenderme unos ruidos. Esta vez el chapoteo de agua era más repetitivo y más fuerte. Sin duda, parecía venir de todas partes y sobretodo del suelo......choff, choff, choff, choff, choff... seguidamente los chapoteos dejaron de oírse, pero que raro. Debajo de la cimentación de mi habitación se supone que está parte del pozo....y mi cabeza sin parar de darle vueltas a esos ruidos.

Como no era de noche y uno se siente más atrevido a plena luz, salí de la habitación hacia el patio y nuevamente me dispuse a mirar el dichoso pozo. Abrí la tapa y miré el fondo. Misteriosamente el agua estaba entumecida, como si la hubieran removido y todavía se apreciaban ondulaciones. Esto sí que era raro, creo que un animal anda merodeando o se ha quedado atrapado en el interior. Me quedé rato observando e intentando escuchar algún sonido al tiempo que gritaba: HOLAAAA!!! Pero nada, no se oía más que el retumbar de mi eco.... Se me pasó por la cabeza bajar al interior, parecía no tener mucha profundidad de agua, pero así tan turbia, daba "yuyu". De todas formas no era tan fácil bajar sin cuerdas ni material para ello, pero claro, yo soy bastante cabezón y empezaba a sentir algo más que curiosidad. Intriga??, tal vez.


sta noche me toca hacer nuevamente el recuento, mañana mi padre necesita reponer calzado del almacén. Irá a Elche temprano y me llevará un buen rato. Nosotros almacenamos las reservas de calzado en una gran sala, que acondicionamos cada verano para ello y no veas el trabajo. Contamos uno a uno y anotamos en una libreta. Mientras él apunta yo le voy contando los pares de cada modelo y así hasta terminar el recuento. Nos puede llevar horas, pero lo hacemos sin prisas. Un viejo mueble es lo único que acompaña a nuestras estanterías y mientras hicimos un vale, sentí la curiosidad de comprobar que había en el interior.

Esperé a que mi padre saliera a fumarse un cigarrillo y con disimulo giré la única llave que abría una de las puertas....las otras dos estaban cerradas y no había llave para abrir. Cada cerradura era distinta..... Ostras!!....eran cartas antiguas junto a cacharros plateados y una pequeña cajita de metal. Por lo que vi era antigua y se podía abrir fácilmente, pensé y así lo hice. Un reloj de pulsera de caballero bastante corroído y con salitre guardaba la cajita. En las zonas costeras es muy normal que los metales se dañen por la humedad salada. El reloj marcaba las 2:45 y las manecillas seguramente se pararon hace años, quedando el tiempo en el olvido. Volví a dejarlo en su caja y cerré nuevamente la puerta con llave.  


Esta vez era mi madre quién andaba cerca y no quería que me sorprendiera trasteando nada de la casa. En eso era muy estricta. Me reprochó que dejara la tapa del pozo abierta, yoooo”??? Le dije, "yo no he sido, habrá sido mi hermano, pregúntale a él". Pero él negó también los hechos. Salimos al patio y encendimos la luz para verificar que el pozo estaba abierto. Mi pelota de basket tampoco estaba encima. Y hacia un rato que la había dejado allí. Nadie sabía nada. Cogí una linterna y alumbre el interior del pozo, MIERDA!!! Mi pelota estaba dentro, flotando en el agua. Menuda rabieta pillé. "Quién ha sido"??? NADIE!!

Me acosté cabreado, pero mañana intentaré sacarla de allí con un cubo y una cuerda. Me dormí buscando la fórmula de cómo hacerlo, pero el calor me hizo despertarme en la madrugada además de las ganas de ir al servicio y siempre iba al baño del patio por la cercanía con mi habitación. Justo en el momento en el que abrí la puerta, me quedé petrificado......la pelota estaba junto a mis pies chorreando de agua y del sobresalto, casi me orino encima.

Aquí estaba pasando algo muy raro y era cuestión de saber que ocurría. Ese pozo comenzaba a incomodarme bastante. El miedo empezó a hacerme mella y casi me daba pánico apagar la luz. Me quedé un rato observando desde la cama y me pareció oír voces pasados unos minutos. Creí que era la gente de la calle hasta que sentí la voz de un niño llamar a alguien...."Lolita....lolita" al tiempo que pedía ayuda...."Ayúdame"!! Lo escuché claramente y salí rápidamente de esa habitación en busca del cuarto de mi hermano que ya dormía. Me acosté en el suelo sobre una manta, pero no me importaba. Estaba muerto de miedo.

Al despertar no me lo pensé dos veces y pedí ayuda a mi hermano. Le dije que tenía que bajar al pozo como fuera. "Tú estás loco", me dijo. "Si se entera el papá te mata". Me daba igual. Bajaría durante la siesta, que era el único momento en el que no me pillaría. Mi padre era un amante de las siestas y mi madre aprovechaba un rato para ir a tomar el sol antes de abrir la tienda por la tarde. Busqué en el trastero y encontré una cuerda que me podría servir. Yo estaba bastante ágil y creí que podría bajar sin problema. Hice varios nudos en esta para facilitar mis puntos de apoyo y mi hermano se encargaría de aguantarla y controlar que no se soltara de donde la sujetaba. La introduje en el pozo y comencé a bajar apoyando mis pies en cada nudo. Bajo se veía todo muy oscuro y llegue al nivel del agua y salté!!

El agua estaba fría, muy fría y me llegaba al cuello. Conforme pisaba, notaba objetos duros, como piedras, pero seguí observando lo inmenso que era aquello. Pude comprobar que sí se adentraba hacía mi cuarto y seguí caminando con el agua, esta vez a la altura del mentón.

Necesitaba luz, porque no veía nada si me alejaba mucho y retrocedí para pedirle a mi hermano que buscara la linterna de papá. Tardó dos minutos en traerla y la hizo llegar con el cubo de sacar agua.  


Por fin podía ver con claridad. Recorrí todo el espacio y llegué hasta el final. Creo que el diámetro del pozo ocupaba mi habitación completa. Y seguía pisando objetos que se desplazaban y me hacían perder el equilibrio. Algunos pesados y otros no tanto. De pronto enredé mi pie derecho con algo y al levantar este, pude cogerlo con la mano. Era una especie de cuerda llena de lodo. La saqué completamente del agua y parecía ser una soga con un nudo de ahorcado...La hice subir y me acordé de mis gafas de bucear. Le dije a mi hermano que las buscara, que las necesitaba.  


Era hora de bucear y ver que más había en el fondo. Debía de andar despacio para no remover el lodo y no enturbiar el agua. Me sumergí sin dudarlo y comencé la exploración. Casi todo eran piedras, las mismas que se habían desprendido de las paredes con el paso de los años y lo primero que encontré fueron dos llaves antiguas y ya oxidadas.


Wauuu!!...lo siguiente que encontré parecía un juguete. Le quité por encima el lodo y efectivamente, era un juguete de época. Un camioncito de la cruz roja que aún conservaba los colores originales. Impresionante!!.  


Seguí sacando piedras y más piedras hasta que me cansé. Lo último que encontré fue un zapato de niño casi deshecho.


Se hacía tarde y debía salir de allí. Con un poco de esfuerzo, trepé por la cuerda y una vez fuera, tapamos nuevamente la boca del pozo. De momento ya sabía el alcance de este y no imaginé que fuera tan grande. Debía seguir investigando y ahora si tenía interés por investigar la casa y todos sus armarios y rincones. La tarde pasó rápida y esta noche no saldré con los amigos, esperaré a que se acuesten todos y me pondré a curiosear el armario del almacén. Las llaves que encontré en el pozo son idénticas a la que hay puesta en una de las cerraduras. Estaba deseando probarlas y ver que escondía en su interior.

Son las 2 de la mañana y mi padre ya terminó de anotar las ventas del día, está fumando su último cigarrillo antes de acostarse y yo estoy esperando en mi cuarto. Parece que ya se acuesta, estoy listo para probar suerte. Muy despacio y sin hacer ruido salí hacía el almacén. Solo me alumbraba con una vela de cera, en casa siempre había por si la luz se iba, llegue junto al antiguo armario y saqué de mi bolsillo las llaves que encontré en el pozo, metí una de ellas en una cerradura y no giró, probé suerte con la siguiente y bingo!!. La llave giró y la puerta se abrió....Estaba repleta de ropa antigua de niño, además de varios pares de zapatos. Probé con la otra llave la última puerta y también abrió. Más ropa, esta vez de hombre y de la misma época. Había un cajón repleto de objetos, una navaja para afeitar, unas gafas, una pipa y varias fotos. Las miré por encima y casi se me hiela el alma.....Había una foto de un niño muerto junto a un recorte de periódico que hablaba de un niño ahogado en un pozo.

*SUCESOS LOCALES: El pasado 12 de Abril de 1.909, Manuel Vera, un niño de 7 años muere ahogado en el pozo de su casa. Todo apunta a que el niño fue empujado por su hermana, mientras jugaban en el patio. El joven, no pudo ser rescatado a tiempo y murió. Roguemos por su alma. D.E.P....

Manuel Vera???.....Esta casa se llama VILLA VERA......que coincidencia, pensé. No puede ser. Ese niño vivió en esta casa??*


Hubo otra foto macabra que también me estremeció....parecía el velatorio de un hombre muerto y la habitación me era conocida.....El pánico se apoderó de mí y dejé todo en su sitio, cerré las puertas y salí del almacén. 


Tenía las dos llaves en el bolsillo nuevamente y no me lo pensé dos veces. Salí al patio, abrí la tapa del pozo y las tiré. Sentí la voz de un niño llamar a alguien nuevamente....."Lolita.....lolita". Me estaba volviendo loco? o que pasaba en aquella casa??......Quién era Lolita??

De pronto y en el reflejo tenue de la luz del patio, surgió del mismo espejo del baño, cuya puerta estaba abierta, el rostro de un niño con la mirada más penetrante que jamás había visto. Nuevamente quedé sin aliento.....Era él. Estaba seguro, era Manuel Vera, el niño que murió ahogado en el pozo y cuya imagen aparecía por todos los rincones de la casa.......


Qué maldición pesa sobre él o sobre mi persona?? Por qué me persigue??. "Moría" de terror y me acordaba de la "bruja" y de sus palabras, de aquella frase que me dijo, sobre que vendrían a mí..... La imagen del espejo se esfumó y todo quedó en silencio......Respire profundo y me llené de valor volviendo a mirar el fondo del pozo y finalmente me convencí a mí mismo, que un niño murió ahogado ahí dentro, podía sentir su agonía.


Tenía la sensación de que intentaba utilizarme para poder descansar en paz. Qué pasó realmente en Villa Vera?? De toda esta historia nunca dije nada a nadie excepto a mi hermano, que por desgracia, él se llevó consigo el secreto......MI SECRETO!

Tenía que hablar con la señora María como fuera, seguro que ella sabría qué pasó en esa casa y quién era o fue lolita....Necesito verla antes de que se vaya de este mundo.

Septiembre del 99, esa sería nuestra despedida con VILLA VERA. Aproveché el día que mi padre fue a entregarle las llaves y cerrar los últimos pagos. Debía de tener noventa y muchos años y ya postrada en su cama, su hija se encargaría de arreglar cuentas con papá como en los últimos años. Pedí permiso a su hija para acompañar un rato a su madre, mi familia era de confianza como siempre demostramos durante estos diecisiete años y no habría problema. La habitación de la señora María era pequeñita, nada que ver con las enormes habitaciones de VILLA VERA, pero se veía muy acogedora. Olía muy extraño, como a ungüentos hechos con plantas aromáticas y me encantó esa sensación de estar como en otra época. La saludé y se sobresaltó… Quién eres??, Me dijo, mientras giraba la cabeza buscándome con la mirada. Le respondí y sin acabar de terminar de hablar, me dijo: “Sé lo que quieres, hijo y no me iré de este mundo sin contártelo”. “Mi Manolito tiene que descansar de una vez por todas y perdonar a mi padre”. Me quedé desorientado en un primer momento, y le pregunté por la casa, por su familia y por la misteriosa Lolita. Necesitaba saber que pasaba en su casa y porque ocurrían cosas paranormales. Ella comenzó a contarme su historia: "Mi padre siempre fue un hombre muy severo y nosotros le teníamos miedo e incluso pánico. Nos castigaba por cualquier cosa y a veces nos pegaba duro. Mi madre era una mujer de su casa que no tenía ni voz ni voto, vivía amargada y solo recibíamos el cariño de ella en contadas ocasiones. Mi hermana era muy pequeña cuando pasó todo y yo apenas tenía cumplidos los seis años. Pepito era un niño retraído con muchas fobias. Sufría enuresis nocturna y sobre todo tenía pánico al agua. El más terrorífico castigo de mi padre era asustarlo con meterlo en el mar o sumergirle la cabeza bajo el agua. Recuerdo ver a mi hermano orinarse encima mientras mi padre le amenazaba con hacerlo.

Aquella tarde jugábamos en el patio y mi padre llegó a casa antes de lo normal, había discutido en el trabajo y sus ojos estaban llenos de odio. Gritó a mi madre desconociendo el motivo y Manuel, me había subido sobre el pozo jugando y en casa, acercarse al pozo estaba prohibido. Mi padre salió de pronto al patio y nos sorprendió. A mí me bajó de los pelos y a Pepito lo cogió con tal fuerza que lo volteó de los pies, abrió la tapa del pozo e hizo amago de arrojarlo dentro. Todavía escucho sus gritos y sus suplicaciones. Mi padre lo sujetaba de los pies y en un balanceo se le escapó una pierna perdiendo el equilibrio y cayó de cabeza al pozo. Mi padre se quedó con una de las botas de Manuel en las manos. Mientras mi hermano se ahogaba mi padre buscó la forma de saltar al pozo, pero demasiado tarde. Cuando consiguió bajar, mi hermano ya no respiraba. Mi madre salió a la calle gritando y pidiendo auxilio y un vecino entró rápidamente a ayudarnos. Desgraciadamente Manuel ya se había ahogado. Tenía siete añitos.

Tuvimos que cambiar la versión de los hechos y oficialmente fui yo quién jugando, lo empuje y cayó al pozo. Tuve que vivir toda mi vida con esa maldita carga por mi familia. El caso se publicó hasta en los periódicos de la época y mi madre guardó en casa todos los malos y buenos recuerdos.

VILLA VERA y nuestra familia cayó en desgracia. Dos meses después mi madre encontró a mi padre ahorcado. Su reloj marcaba siempre las 2:45, hora en el que Manuel moriría ahogado en el pozo. Sé que no fue la intención de mi padre hacer lo que hizo pero.....(La señora María hizo un silencio mientras las lágrimas empapaban su arrugado rostro) Que Dios lo tenga en su Gloria!!".....”Quieres saber quién es Lolita??.....YO SOY LOLITA!!!, sí, la señora, María Dolores.... Ahora me puedo morir tranquila”.


Esa fue la última despedida de la señora María Dolores con nosotros y jamás volvimos a abrir las puertas de VILLA VERA, siempre quedará en el recuerdo de nuestros corazones......”Hasta siempre Lolita y hasta siempre VILLA VERA”!!!


Efrén Pamies



-* El autor no se hace responsable de cualquier coincidencia con nombres de personas, imágenes y datos que se describen en este relato......Esta es mi historia y este fue mi secreto durante años...............📝