Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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jueves, 9 de noviembre de 2017

Leyendas de Bigastro: La Leyenda del Pueblo del Saco


¿Quién no recuerda de pequeñito cuando nuestras madres intentaban darnos de comer y nosotros mostrábamos una actitud obstinada y reticente y nos poníamos de morros?

Nuestras madres no tenían más remedio que amenazarnos y nos decían que si no éramos buenos y nos comíamos toda la comida, vendría el hombre del saco y nos llevaría?

Este término del “Saco” viene acompañando a los vecinos de Bigastro desde tiempos que ya no se recuerdan.

Pero a diferencia de la auténtica historia del hombre del saco, basado en los sucesos acontecidos en el pueblo de Gádor en la provincia de Almería en 1910 promovidos por un curandero conocido como Leona y que acabó con la vida de un niño de la que se extrajo su fluido vital para intentar curar los males de un tuberculoso, en nuestra localidad vecina no tiene un origen tan dramático.

Resulta que después de la guerra española, la gente se vio obligada ante la necesidad, a robar el sustento más básico para no perecer. El alimento.

Quiso la causalidad o bien, la fatalidad para aquellos que eran capturados con las manos en la masa, que todos ellos fueran vecinos de Bigastro. Parece ser que los demás chorizos tenían mejor facultades para salir a la carrera y que no fueran sorprendidos.

Así, poco a poco, fue extendiéndose la mala fama de que todos los de Bigastro eran unos ladrones y como siempre que eran detenidos tenían el botín de sus incursiones en el interior de sacos, corrió como la pólvora el rumor.

Así de este modo, el pueblo pasó a conocerse por toda España como el Pueblo del Saco.


FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)

martes, 19 de julio de 2016

Leyendas de Bigastro: La Visita de San Joaquín




Hace mucho tiempo, en la ladera que desciende desde el pintoresco pueblo de Bigastro hasta la fértil huerta, una mujer observó desde su casa a un anciano que llevaba de la mano a una pequeña niña. Intrigada por la presencia de este hombre mayor, cuyo rostro le resultaba desconocido, la habitante de Bigastro decidió abordarlo con delicadeza para conocer su identidad.

La persistencia de la mujer llevó al anciano a detener su paso, y al darse la vuelta, reveló su identidad diciendo:

"Todos me conocen como San Joaquín, y desearía que aquí, donde me habéis detenido, se erija una imagen de mí en el interior de la iglesia."

Tras la partida del Santo, la mujer descendió al pueblo para compartir la extraordinaria noticia. El Alcalde, tomando la situación en serio, envió a un perito para realizar bocetos en presencia de la testigo. Después de varios intentos y siguiendo las indicaciones de la mujer, finalmente encontraron el dibujo adecuado.

El boceto fue llevado ante los ojos del destacado imaginero de la zona, conocido como Salzillo, quien materializó la imagen que aún perdura en la actualidad. Sin embargo, el prodigio no concluyó ahí.

El día en que colocaron la imagen en la iglesia, el Santo volvió a aparecer para impartir su bendición y transmitir el mensaje de que, a partir de ese día, él sería el Patrón y Protector de Bigastro. Desde entonces, la leyenda de San Joaquín ha perdurado como un testimonio eterno de la conexión entre el anciano misterioso y el pueblo de Bigastro.




LEYENDAS CERCANAS


jueves, 28 de abril de 2016

Leyendas de Bigastro : El Niño Perdido


Hoy es día ideal para que les cuente el relato que un ciudadano de Orihuela me acaba de contar.

Un hecho tan hermoso y cándido que les aseguro les hará sentir un escalofrío cargado de ternura.

Es la historia de un infante de Bigastro que acompaña a sus familiares a una finca de Rebate para recoger olivas que estaban poniéndose hermosas.

Los padres dejan a cargo de una sobrina la custodia del niño de 2 años y medio.

Ya por la tarde, siguen con la recogida mientras el niño apartado en un rincón juega con su imaginación entre piedras y ramitas que recoge del suelo.

Pronto, una lluvia atronadora los hace que desistan de seguir con sus labores y uno a uno se van retirando del campo para resguardarse en lugar seguro para no sufrir la chanza de verse mojados hasta los huesos.

Pero algo no está como debiera. La madre se da cuenta entonces de que su hijo no está con ellos y empieza a llamarlo a gritos por todas partes aún calándose viva.

El día se transforma en una búsqueda incansable en la que todos los que allí se encontraban reunidos participan para ver si dan con el paradero del niño.

Lo buscan durante horas y horas y nada. El niño se ha perdido.

Buscan ayuda en San Miguel, acuden a la Guardaia Civil de Jacarilla en donde les preguntan si el niño está rollizo, por si algún desalmado quiere hacer negocio con su cuerpecito.

El día se va acabando y al llegar la oscuridad de la noche todos se sienten cansados y desesperados.

La madre no ha cesado de llorar por su niño.

-         ¿Dónde está mi hijo? 

Se aferra a estas palabras como si no hubiese nada más importante en su vida. Siente el vacío de la pérdida. Sus ojos llenos de ojeras y enrojecidos por el llanto ya no tienen el brillo que solían tener apenas unas horas antes.

Los buscadores han recorrido el campo de punta a punta cientos de veces y el niño no ha aparecido.

Incluso con luz artificial sigue la incansable búsqueda sin dar ningún resultado.

Deciden parar para descansar y seguir al día siguiente con los primeros rayos de luz.

Por supuesto que la madre se niega entre llantos desconsolados.

Pero entre todos la acurrucan y con promesas que nadie sabe si se cumplirán consiguen llevársela para que descanse.

Al día siguiente entre las 10 y media y las once se descubre un montículo, una maraña llamada por los lugareños como "un chaparro", por los huecos se ve lucir la capica azul que el niño llevaba puesta y al acercarse aquellos que lo buscan encuentran en su interior al infante perdido en buen estado y sin sentimiento alguno de culpa o miedo.
La noticia vuela por toda la comarca y el niño es llevado ante su madre ante sus ojos bañados en lágrimas por la alegría que aflora de su corazón.

Madre e hijo se abrazan durante un tiempo que nadie se atreve a interrumpir.

A ellos se suman el resto de familiares.

No dan crédito a esta desagradable aventura que parece que Dios haya puesto en su camino como prueba de amor infinito.

Y es entonces en casa cuando el niño se da cuenta de una pequeña estampa con la imagen de la Virgen de la Fuensanta que hay encima en la pared y señalándola les dice a todos los que asisten atónitos a la escena:

-         ¡Agua! - Como queriendo indicarles que esa figura que aparece en la imagen es la que lo ha cuidado y protegido dándole agua y alimento.

A partir de aquel día todos elogiaron el milagro llevando al niño a la Fuensanta en donde celebraron misas y actos de reconocimiento.

Y así termina esta bonita historia. Con un final feliz que nos llena a todos de alegría y de buenas emociones.

Y lo mejor de todo, es que este hecho le ocurrió a alguien que todos seguramente conocemos y que podemos preguntar cualquier día cuando nos lo tropecemos por las calles de Orihuela.