Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de noviembre de 2017

Leyendas de Orihuela: La Leyenda de las Cadenas


En la Plaza de las Salesas, en tiempos más tempranos, vivía un hombre acaudalado al que apodaban Juan “el Moro” o “el Mozo” según la versión.

Cuentan los más ancianos que aprendieron de sus abuelos y estos de sus bisabuelos que cuando este sujeto vino a vivir a tierras oriolanas trajo consigo a una niña cuyo nombre se pierde en el tiempo pero a la cual no dejaba de agasajar y mimar por el grande cariño que le tenía.

Como no podía ser de otra manera, los años fueron pasando para esta dichosa familia y aquella que había llegado como niña ya se mostraba a las gentes como una hermosa mujer cuya fama de preciosa se extendió por toda la comarca hasta el punto de que los pretendientes a su mano venían desde lugares inhóspitos y alejados.

Juan el Moro no quiso saber nunca jamás nada de tales pretensiones ya que según sus propias palabras su linda hija ya estaba comprometida con un próspero comerciante argelino.

Por ello debía de cuidar de ella con feroz celo hasta el día en que fuera entregada a su prometido.

Pero quiso el amor hacer acto de presencia en forma de un joven de nombre Andrés que era hijo de Pedro el Espartero.

Un muchacho que compartía con ella edad y aficiones y sin que la chica se percatara dejó que su mente se turbara por el fervor del enamoramiento.

Así que los días pasaban entre cálidos deseos de conocer a aquella muchacha que le arruinaba el sueño ya que deseaba abrazarla, besarla.

Cada vez que podía, se acercaba entre las sombras a la puerta a observar a su amada, noche tras noche, hasta alcanzar la madrugada. Y esto hizo mella en ella que fue dando paso de la curiosidad al cariño, de este al amor y finalmente al deseo.

Un día, la joven decidió que ya era hora de conocer a aquel que la observaba siempre escondido pero con la mirada cándida y dulce. Bajó disimuladamente y como quien no quiere la cosa, se hizo la distraída y consiguieron mantener una conversación.

Aquella fue la chispa que lo inició todo.

Desde aquel día, los encuentros en la Plaza de las Cadenas se sucedían cada vez con más frecuencia y la pasión que ambos sentían mutuamente iba creciendo sin control.

Y como es moneda de cambio en nuestra polémica ciudadela, la envidia, los celos, e incluso, las ganas de fastidiar al prójimo, hicieron su aparición a través de una anciana con aspecto de bruja que vivía por las cercanías de la Plaza de las Cadenas.

Dicha anciana malévola y sin corazón, fue a advertir al padre de la muchacha que quedó impresionado por tales noticias.

Así que entre ambos urdieron un plan.

El tutor de la muchacha se escondería en lugar seguro al acecho de que el pretendiente de su hija apareciese y en cuanto se observase algún comportamiento no deseado se produciría una reacción ante tal afrenta.

Una mañana, Juan permanecía oculto esperando ser testigo de la visita casual de su “enemigo”.

El joven apareció con una enorme sonrisa y la muchacha se arrojó a sus brazos.

El padre entró en cólera y sacó su espada.

Cuando todo pasó, el hombre se dio cuenta de la tragedia ya que con su propia arma había asesinado a los dos enamorados.

Un gran charco de sangre manchaba el suelo mientras él permanecía en pie aturdido por lo que acababa de hacer.

La pena fue más grande que su regocijo y acabó sacando uno de sus puñales y se lo clavó para acabar también con su propia vida.

Lo último que recuerdan las sabias gentes de Orihuela es que de la noche a la mañana apareció un caballero vestido de negro al que nadie conocía pero cuyas intenciones fueron en seguida supuestas. Había venido a llevarse consigo a la bruja, la verdadera culpable de aquel trágico asunto.

Poco tiempo después, en el día de Nuestra Patrona la Virgen de Monserrate, un barullo descomunal y ensordecedor atrajo las miradas de las gentes que vivían en la calle de La Feria.

El escándalo fue tal que los vecinos que se encontraban en la Catedral, salieron para saciar su curiosidad y pudieron contemplar un hecho que aún hoy día se recuerda.

Un gato negro enorme perseguía a una anciana con tal ferocidad y violencia que la acorraló en el recinto de las cadenas de la catedral que estaba considerado desde tiempos inmemoriales como lugar sagrado para los oriolanos.

El colérico animal se movía de un lado para otro sin querer penetrar en el recinto santificado.

Entonces, se detuvo en seco, se transfiguró en un ser humano de carne y hueso pero de aspecto extraño que recordaba a uno de esos seres malditos que viven en las entrañas de la tierra. Empezó a girar sobre sí mismo y como si un torbellino fuese, arrancó las cadenas con su fuerza y se llevó a la vieja con él y nunca más se supo de ella.


FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)

miércoles, 5 de julio de 2017

Leyendas de Orihuela: El Origen de la Aparecida


* Todo lo que aparece a continuación es una mezcla entre realidad y ficción que algunos vecinos de La Aparecida relataron en sus alocados viajes por la península del investigador alicantino Pedro Amorós. Estoy a la espera del texto basado en fuentes históricas que sustituya esta entrañable leyenda.

En una de las zonas agrícolas más ricas de la provincia de Alicante se encuentra una pedanía correspondiente al término municipal de Orihuela llamada La Aparecida.

En el año 1736 hubo una explosión en el cielo que sorprendió a varios testigos que dejaron su testimonio estampado en las páginas de la historia.

En el cielo se formó lo que les dio por comparar con un racimo de uva con varias luces misteriosas que se posaron sobre el Olivar Viejo.

A tan solo 5 km de Orihuela se encuentra esta localidad cargada de historias y leyendas.

Una de las más famosas relata que durante los tiempos de los moros, una familia humilde que vivía en el barrio de los Esparragales tenía un cuadro de la Virgen con facultad de obrar milagrosos prodigios.

Asustados por si algún forastero se enterara de la existencia de su tesoro y quisiera robárselo, lo enterraron en un bancal.

Pasado mucho tiempo, un labrador de nombre Jayme Trigueros se encontraba en casa en compañía de su mujer e hijas y un ayudante llamado Ginés Sanz.

En un momento dado, alarmados por una luz exterior que les llamó la atención pudieron contemplar en el cielo doce estrellas que se dirigían directamente hacia el suelo y que cayeron en la zona del Olivar Viejo.

Se dirigieron allí todo lo rápido que pudieron y se lo comunicaron a los propietarios del lugar donde se había producido el suceso.

Entre las miradas de curiosos y escépticos, hubo muy pocos que los tomaron en serio.

Llegados al 13 de mayo de 1736 a las tres y media de la tarde, estaban labrando cerca de un peñasco en el interior de sus tierras cuando notaron que las rejas del arado se engancharon en algo muy duro.

Detuvieron a los bueyes y observaron.

Les pareció que la causa del tropiezo había sido lo que parecían unas maderas viejas.

Forzaron a los animales a continuar y consiguieron extraer del suelo las maderas que eran de olivo y que ocultaban tras de sí algo mucho más increíble.

Ante sus desorbitados ojos apareció una especie de bóveda antigua.

Dentro de esta había un paño atado con una cuerda. Sucio y húmedo.

Se acercaron a un agujero que contenía algo de agua limpia y allí lo lavaron.

De repente, cuentan las antiguas crónicas, el lienzo empezó a emitir un brillo extraño. Como un halo resplandeciente y luminoso que rodeaba la figura de una mujer, la imagen de una virgen dando el pecho al niño Jesús.

Al día siguiente llevaron la buena nueva ante los oídos del obispo José Flores Osorio y este con una muestra de respeto y veneración ante la imagen concedió cuarenta días de indulgencia a quien se encomendase a ella con sus oraciones atribuyéndole una antigüedad de varios siglos.

Jayme Trigueros se la llevó a su casa y avisó a un habilidoso pintor para que la restaurara.

Se le ajustó un marco de madera y se hizo sitio en la casa para una improvisada capilla en donde el cuadro sería mostrado a la ciudadanía.

Los ruegos y peticiones no se hicieron esperar y más aún cuando parecía que todo lo que se pedía era concedido.

El rumor se corrió como la pólvora y los visitantes crecían y crecían cada día.

El reverendo de la Iglesia de Santiago de Orihuela se enteró del prodigio y acudió en busca de Jayme para reclamarle un lugar mejor de custodia para la imagen.

Usando todo su poder e influencias consiguió arrancarla de manos del agricultor y llevársela a su parroquia.

Pero el honrado trabajador no se detuvo ahí e interpuso una reclamación ante los tribunales de Orihuela que hicieron oídos sordos.

No hubo más remedio que acudir a la Real Audiencia de Valencia que finalmente devolvió la imagen a su legítimo propietario.

Fue colocada una vez más en la capilla primitiva de la casa y desde allí siguió obrando milagros.

Con el tiempo se determinó construir una ermita pero cono nadie se ponía de acuerdo en el lugar donde era más favorable se optó por montar la imagen en una burra y hacerla caminar hasta que el animalico se detuviera.

La burra llegó sin parar hasta el barrio de los Esparragales y allí se edificó la ermita.

Con el paso del tiempo el nombre se fue cambiando por el de La Aparecida.

El nombre de la ermita es el de Nuestra Señora del Belén y consta como ampliación de la parroquia de Santiago.

Las atrocidades de la Guerra Civil Española acabaron con la imagen al ser quemada la reliquia por manos enemigas de la fe y la cultura.


FUENTE: 
GUIA DE LA ESPAÑA MISTERIOSA de Pedro Amorós

domingo, 4 de junio de 2017

Leyendas de Cartagena: La Cara de Cartagena


En la calle Sor Francisca Armendariz, pegado al colegio de La Milagrosa,

Donde hoy hay un solar, hace cuarenta años se elevaba un pequeño edificio que hacía las veces de hospedería.

La dueña se encargaba de acoger y asistir a los viajeros que imperaban de sus servicios en el descanso de sus largos viajes, como muchos marineros que se quedaban allí por tiempo indefinido, hasta que la mar les brindaba una nueva oportunidad con la que ejercer su profesión, y para acumular el dinero suficiente bien para sus juergas o bien para propósitos más nobles.

Esta señora tenía una hija que era inválida de nacimiento.

Los únicos divertimientos que podía permitirse dicha muchacha eran los de asomarse por un balcón hacia la calle que daba a Sor Francisca Armendariz desde donde podía contemplar a la perfección la salida de los niños que estudiaban en el colegio de La Milagrosa. O incluso el patio donde pasaban las horas de diversión en los recreos algunos de los niños.

Un día, llegó un marinero jubiloso, de buen carácter y amigo de todo el mundo que enseguida reparó en la niña y se hizo amigo de ella.

La vida de la niña, a pesar de su nuevo compañero, iba apagándose lentamente y así un triste día dejó de existir.

El hombre, muy afligido y desconsolado por la pérdida quiso hacerle un homenaje, una especie de tributo que sirviera para que todo el mundo la recordara tal como era.

Con una habilidad asombrosa dibujó el rostro de la niña en la pared del balcón hacia la parte de fuera.

Pasados ya unos años y con el marinero muy lejos de allí, la madre decidió borrar la cara.

Con un trapo húmedo y un poco de jabón alargó el brazo y lo pasó sobre la imagen.

Pero el trazo seguía intacto.

Viendo que no conseguía ningún resultado, decidió entonces, hacer un nuevo intento rascando la pared.

Ya con el trabajo terminado y con la satisfacción de ver la imagen borrada, la madre ya iniciaba su caminar hacia el interior de la vivienda cuando algo le llamó la atención.

No era posible que aquello estuviera sucediendo, pues ante sus propios ojos, aquella imagen que unos pocos segundos antes había desaparecido, volvía a estar tan fresca como en un principio.

No sabemos los intentos por hacer desaparecer aquel rostro mágico del balcón de la casa.

Lo cierto es que pasados unos años más, la vivienda fue dejada en abandono con la particularidad de que la cara seguía allí.

Con evidentes señales de rascado, incluso de haber pintado encima, pero la imagen de la niña permanecía intacta, con sus ojos penetrantes que parecían gozar con la visión de cualquier cosa viva que transitara delante de ella.

Así cuentan los testigos que antaño fueron niños y que con gran valentía se introdujeron en aquel caserón abandonado para retar a aquella expresión extraña que los seguía mirando desafiante.

Finalmente, el edificio fue demolido y con ello desapareció para siempre el Misterio de la Cara de Cartagena.




viernes, 27 de enero de 2017

Concurso de Relatos: 5. "El Legado" de Juan Miguel Pérez Gutierrez



Objetivo; arrasar la Vega Baja. Protocolo activado, a la hora establecida y en el minuto concreto, todo ser –vivo o muerto- será exterminado.

El primer muerto-viviente un agricultor de la Murada. Un mordisco asegura el contagio. En los primeros instantes 12 infectados, en tres horas 1.700 no muertos, holocausto caníbal.

Orihuela, Almoradi, Torrevieja, el territorio está militarmente sitiado. Nada ni nadie saldrá nunca.
En el instante determinado el estallido desintegró la comarca. La pandemia ha sido extinguida.

El virus brotó en los lixiviados del vertedero y ahora avanza por las entrañas de la tierra. El apocalipsis zombi es nuestro destino.



Juan Miguel Pérez Gutierrez


jueves, 3 de noviembre de 2016

Relatos de Ruta VIII: Mis dos terribles experiencias



Relato 1:

Yo era pequeña.

A puntito de hacer la comunión

Como es por costumbre en mi familia católica, fuimos a misa un domingo y en esta ocasión elegimos la del Colegio Santo Domingo.

El sacerdote terminó la homilía y empezamos a salir ordenadamente del interior de la iglesia.

Justo al lado de la puerta de salida, vimos otra puerta pequeña que nos llamó mucho la atención.

Observamos una especie de ojal grande por donde pudimos asomarnos para ver lo que había más allá.

Con los ojos adaptándose a las circunstancias pudimos descubrir al fondo un pequeño ventanuco por  donde se filtraban los rayos de luz de un sol tempranero.

A los pies de donde caía el rayo, vimos a un hombre encapuchado con aspecto de monje.

Nosotras sabíamos que en el colegio no había monjes, sí sacerdotes, pero no monjes.

Pero aquel sujeto era extraño. No parecía humano.

No podíamos apreciar los rasgos de su rostro.

Las manos era lo que más nos llamaba la atención pues alzadas al cielo parecían brillar como si se tratase de una figura de cera o de otro material sintético que no nos pareció en ningún momento humano.

El hombre permanecía arrodillado con la vista al frente, mirando la ventana.

Permanecí varios minutos al acecho, observando aquella cosa siniestra que en mi corta edad me pareció fascinante y aterrador a la vez.

Quise que mi amiga lo viera también, así que me aparté a un lado.

Ella lo miró y su experiencia fue similar a la mía.

Cuando me dejó libre otra vez el sitio, lo contemplé por última vez.

Entonces es cuando sentí un escalofrío. Pues el monje sintético había cambiado su posición. Sus manos adoptaban ahora otra perspectiva y su nariz que de pronto se me hizo visible aparecía en otro lugar.

Esto nos impresionó mucho.

Desde aquel día, ya no quisimos volver por allí a escuchar misa.



Relato 2:

Recuerdo, como te dije, que mi abuelo tuvo un aparatoso accidente de tráfico.

Un día, antes del incidente, nos dimos cuenta de que nuestro perro, con el que mi abuelo mantenía un vínculo enorme, empezó a aullar de una forma terrible que parecía taladrarnos los oídos.

Era tal la potencia del aullido que mi familia no se explicaba cómo podía salir del cuerpo de un animal tan pequeño un sonido tan estrepitoso y desgarrador.

Lo extraño es que era siempre a la misma hora, todos los días.

Tuvo que venir la fatalidad en forma de suceso trágico a mi querido abuelo y quiso también la casualidad que se produjese a la misma hora en la que el perro solía volverse loco aullando como si lo estuviese viendo venir de cerca.

Esto ocurría siempre de noche.

Mi madre no recordaba que jamás el animal hubiese actuado de aquella forma y tuvimos miedo de que su hubiera puesto enfermo.

Era un perro muy ladrador pero nunca había soltado el más mínimo chillido.

El mismo día que mi abuelo finalmente tuvo el accidente y que mi madre estaba hablando con el medico del SAMU, el perro ya hacía unos diez minutos que estaba aullando sin parar.

Nos asustamos mucho y mi pobre abuelo consiguió sobrevivir alrededor de quince días sufriendo los dolores de su cuerpo magullado y con todos los cuidados que la familia le proporcionaba.

El perro siguió aullando todos los días a la misma hora mientras el anciano seguía con vida.

Cuando falleció el moribundo, el perro, misteriosamente dejó de aullar.

Como si de una parte del animal se hubiese marchado, este fue perdiendo vitalidad lentamente y pasados unos nueve meses aproximadamente, el animal enfermó y murió también.

Fue muy extraño sentir en el salón de mi casa la presencia y el olor característico de mi abuelo unos días antes de que el animal nos dejara.

Quizás vino para llevárselo con él al otro mundo.



jueves, 27 de octubre de 2016

Relatos de Ruta VI: Mi vida no es como las demás


Este es un testimonio curioso de una persona especial que vino a una de mis rutas.

Algunos dicen de ella que es un gran ángel de luz.


A mí me parece muy curioso, pero no daría mi brazo a torcer de que se tratase de fenómenos paranormales. Aun así, lo publico en el blog en honor a ella.

Dedicado a María José.

Estas son algunas de las cosas extrañas que han pasado en mi casa:

Un día que me encontraba sola en el comedor, escuché el ruido de los platos que estaban en la cocina secándose. 

Como si se moviesen empujados por fuerzas invisibles.

En otra ocasión, me encontraba concentrada en el estudio de unas materias pues tenía examen al día siguiente.
Yo estudio en mi escritorio y junto a él hay una mesa auxiliar con unos simpáticos peluches.

El flexo estaba apagado porque en ese instante estaba usando la luz principal de la habitación.

De repente, el flexo se encendió solo y me pegó un gran susto.

En mi cuarto había un tocador en donde en una ocasión dejé posado un papel.

Escuché un curioso sonido y al levantar la vista pude observar con mis propios ojos que la hoja de papel salió volando y caía al suelo sin que hubiese ningún tipo de corriente de aire pues estaba la ventana cerrada.

Recuerdo que esto ocurrió el año pasado por estas fechas, muy cerca de Halloween.

Lo más terrorífico que me ha pasado es el haber escuchado claramente como alguien susurra mi nombre.

Me iba a buscar a mi madre para preguntarle y ella siempre me contestaba que no, que ella no había sido.

Una vez, estaba hablando por video llamada con el Skype, la persona que estaba al otro lado de la línea me dijo todo extrañada que en mi casa estaban pasando cosas muy raras, pues desde su monitor, estaba viendo claramente como los posters que tengo puestos en la pared, se movían solos.

También me ocurren fenómenos en mi casa de campo.
Una ocasión, me quedé allí a dormir y pude ser testigo del fenómeno conocido como parálisis del sueño o como dicen en Hispanoamérica, “Se me subió el muerto”.

La segunda vez que me pasó este hecho, oía claramente en estado de sueño, como unas voces me ordenaban que tirara a la perra por el balcón.

Desperté entonces aterrada e intenté moverme pero algo me lo impedía, no era capaz de realizar movimiento alguno.

Cuando conseguí calmarme un poco y dejar pasar un tiempo prudencial ya pude continuar con mi vida normal. Fui a ver a mi perra y estuve acariciándola con cierto temor.

También he tenido mis más y mis menos con los llamados viajes astrales.

Recuerdo una vez que estaba dormida y mi cuerpo dejó de serlo. Me sentí por los aires y pude escuchar claramente la música que salía de la radio.

Luego de golpe, regresé a mi estado normal y con una sensación de vértigo me desperté sudorosa. Esto fue en el 2014.





martes, 18 de octubre de 2016

Relatos de Ruta: Varias Historias


Doy paso a estas curiosidades tan interesantes que algunos de los que han participado ya en las Rutas del Miedo de Orihuela me han contado en un momento mágico en el que se pierde la vergüenza por el que dirán y la amistad y el buen hacer cobran protagonismo.

Es un momento que te atrapa sin remedio y hace que las palabras broten de la boca de los intervinientes como chorros de agua dorada que brilla en la oscuridad.

Pasamos agradables minutos escuchando los relatos de cada uno.

Y os aseguro que todos tienen algo curioso o anecdótico que contar:


Yo tengo en mi casa una lejica junto al fregadero con una llave suelta que sirve para abrir o cerrar una puertecica que da al patio, que no lleva llavero ni nada.

Yo estaba sola fregando con la tele encendida.

Entonces escucho como si cerquita de mí, se hubiese caído una llave al suelo, pero pegado a mí.

Claro, yo pienso, jolín, se ha caído la llave.

Me pongo a buscarla y nada que no la encuentro en el suelo. 

Me tiré un buen rato buscando la llave que supuestamente había escuchado al golpear el suelo y por allí nunca apareció.

La llave seguía allí en su sitio y no sé, ni idea de lo que fue.


En mi casa, una noche, estábamos mi mujer y yo entretenidos con la televisión, cuando de repente escuchamos allí mismo en la habitación donde estábamos, un estridente sonido como de algo de cristal estallando en pedazos.

Primero nos fijamos en la pantalla para ver si venía de alguna emisión, pero no.

Estábamos viendo un debate que estaban emitiendo por un determinado canal y allí no había sucedido nada, ni se había escuchado tampoco nada.

Nosotros podríamos jurar que lo escuchamos en nuestra habitación, o sea, en el comedor que es donde tenemos la tele y donde estábamos entretenidos.

Me levanté del sillón y me di un garbeo por toda la casa para averiguar si había pasado algo en alguna otra habitación, pero nada. 

No encontré en mi ronda nada sospechoso, ninguna rotura, ni una sola astilla de cristal.

La verdad es que nos quedamos con cierto mosqueo que aún nos dura.


A mi este verano del 2016, haciendo una guardia en el hospital, me llamaron de la Vega Baja, y me tocó hacerla con un enfermero.

Ya sabes que cuando se está de guardia, se duerme a trompicones, entre aviso y llamada, se pueden robar algunas horas y eso es lo que intentamos en un cuartito en donde los médicos se reúnen para tratar los cambios de turno, como la sala de profesores de los colegios.

Y a mí me tocó quedarme en la parte donde tenemos el Office, acondicionado con un sofá.

Me improvisé una medio cama e intenté dormir un ratito, pero era imposible porque vaya noche pasamos.

Empecé a escuchar sonidos de todo tipo que me impidieron pegar ojo.

Yo nunca he creído en fantasmas, pero te aseguro que aquella noche no lo dudé ni un instante que aquello que escuchábamos no era natural.

Primero se escuchaban por encima de nuestras cabezas como carros o camillas que se movían solas. Las ruedas trepidaban sobre el suelo mientras su giro fantasmal nos hacía la vida imposible.

Luego claramente, escuché el llanto de un niño en una sala que estaba vacía.

El enfermero que era muy serio, y el ambiente que yo viví aquella noche fue como una pesadilla en vida.

Por fin me quedé profundamente dormida durante un rato.

Detrás del respaldo del sofá en donde yo estaba que hacía las veces de almohadón, tenía un cable que bajaba así con un interruptor de luz y como una lamparucha que mira hacia arriba. Una luz muy rara que tienen puesta ahí.

Detrás hay como una ventanita de cristal con una puerta que se corre para permitir la comunicación entre dos habitaciones. Por si tienen que hablar desde una habitación a otra o pasarse algo.

Total, cuando estoy durmiendo profundamente, empieza a oírse un ruido castañeante:

Cloc, cloc, cloc, cloc, muy rápido.

Me despierto sobresaltada.

¿Qué es esto, qué es esto?

Y me veo el cable con el interruptor que estaba toc, toc, toc, moviéndose sólo.

Ya no pude conciliar el sueño y me pasé el resto de la noche entre que llamaban al timbre de las habitaciones y en que tal, asustada tratando de averiguar por qué se movía solo.

Llegué a comprobar que el cable estaba bastante rígido y te aseguro que era casi imposible moverlo con las manos.

En el otro lado de la habitación no había nadie y no podía ser la causa de que golpearan el cristal, así que la razón tenía que ser a la fuerza el cable. Que curiosamente tardó bastante en pararse.

Unos golpes contra el cristal tan fuertes, que así, por su culpa me desperté yo.

Fue una noche horrible, de esas que te toca el interno que está todo el rato pulsando para que lo visites y escuches sus quejas porque no le deja dormir el compañero de la cama de al lado.

Yo me ponía en su lugar pero también les decía que se pusieran ellos en el mío:

Si tú has pasado mala noche, no sabes la noche que he pasado yo.

Se me han dado casos de habitaciones donde suenan pasos o ruidos muy raros, me hacen ir allí para ver qué ocurre y me encuentro que allí no hay nadie.

Los hospitales tienen muchas anécdotas de esta índole.


Pues yo una vez soñé con la muerte de mi abuelo y vi claramente como le cerraban los ojos.

Lo hablé con mi madre y mi madre se quedó extrañada de que yo le contara con tanta exactitud los detalles de tan innombrable momento.

Mi madre me decía que era imposible, que mi abuelo había fallecido hacía muchos años y que yo no había vivido ese acontecimiento, que cómo podía dar ese tipo de detalles tan claros que sí ocurrieron en realidad...