Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de mayo de 2023

La Araucaria por Víctor M. Ortega


Estamos en Orihuela, más concretamente en la glorieta de Gabriel Miró. Justo donde ahora hay una imponente fuente, que sustituye a otra anterior. Pero no siempre ha habido una fuente aquí.

Ahora, como si de una máquina del tiempo fuera, vamos 50 años atrás en el tiempo.


Nos encontramos una glorieta reconocible para quienes la hemos conocido al menos durante los últimos 30 años, el enlosado clásico pero, un momento… no hay fuente, y yo recuerdo al menos dos. En su lugar encontramos al protagonista de nuestra historia, una araucaria majestuosa capaz de vernos a todos desde lo más alto del lugar. Un árbol que nos ha visto desde mucho tiempo atrás, testigo del aumento de un pueblo que pasa a convertirse en ciudad, pero por desgracia, no nos ve convertirnos en gran ciudad.


Por el final de la década de los 70 hay un deslose en la zona del árbol y por el motivo que sea nuestro protagonista ve como acaba siendo desplazado de su lugar de privilegio. Toda una vida siendo testigo del discurrir de la vida de los oriolanos, de los juegos infantiles, de posibles romances fraguados en los bancos colindantes, de innumerables desfiles procesionales, conciertos musicales. Todo eso acaba abruptamente. Después la nada.

_________

Año 1995, sin saber muy bien cómo es posible, una persona encuentra a nuestro protagonista, bastante desmejorado, y se le ocurre que no se había sido justo con él, que merece algo mejor. Han pasado más de 25 años desde que le fuera arrancado de las manos a la madre naturaleza pero nuestro protagonista parece que se negara a desaparecer. Pero esto no hace más que alargar su agonía durante 20 años más.

Esta persona entonces decide que este árbol siga vivo, con la mejor de las vidas posibles, reencarnándose en el hijo de Dios. Y como bien digo, aquí sigue la agonía puesto que tienen que pasar dos décadas y por las manos de varios artesanos para finalmente un 5 de Abril del año 2015 volver a ser presentado en sociedad, esta vez como hijo de Dios resucitado, completando el círculo. 

Por desgracia, las altas exigencias de este nuevo mundo en el que le toca volver a vivir son distintas. Los cánones son otros, la exigencia del mundo es elevada. Y se le considera no apto para concurrir en las procesiones de su tierra, la que ha visto madurar. Aun así y con todo, hoy día se le puede visitar en un rinconcito de la iglesia de Santa Justa y Rufina. Y sigue siendo testigo, más que nunca del discurrir de un pueblo. En su nuevo rinconcito puede ver a los síndicos del oriol inclinarlo ante su padre, es uno más en las celebraciones del testamento de nuestro padre Jesús nazareno. Su vida anterior discurrió en el centro social de Orihuela, su nueva vida hace lo propio en el centro espiritual.


Bendecido por el padre Don José Luis Satorre, pertenece a la Hermandad de la Resurrección. Los artesanos oriolanos que consiguieron resucitar a nuestro protagonista fueron José Antonio Sánchez Martínez y Antonio Peñalver Cases. Donde alguien podía ver un viejo tronco o donde ahora se puede ver una escultura fea y desproporcionada, otros pueden ver historia viva de Orihuela. Las apariencias siempre engañan.


                                                                                                                        Víctor M. Ortega



domingo, 26 de septiembre de 2021

El milagro de la Palmera



A comienzo de los años cincuenta del siglo pasado, algún niño de la vereda del Palomaré, vereda que acompaña, en las inmediaciones del Palmeral, desde hace mil años, a la roba del mismo nombre, desde que se desgaja de la roba de Masquefa, se atrevía a imaginar la escena del milagro de la palmera. Por el huerto de doña Filomena Mejías, en un recodo del camino que repasó tantas veces Miguel Hernández, había una palmera verdal, que sigue estando allí, de dátiles dulcísimos. Esa palmera, símbolo del amor, que todavía no era muy alta y podía llegar hasta el suelo con la punta de sus palmas, fue la que realizó el milagro. El niño de la vereda conserva en su memoria, como entre las brumas de un día de baria, el ruido del tropel de los soldados, que llegaban de Sanantón. Los fugitivos se arrimaron al tronco hirsuto de la palmera, conteniendo la respiración. 

El Niño no lloró, ni la burra rebuznó. La palmera, decididamente, aplachó sus ramas frondosas sobre los viajeros. Los perseguidores pasaron, sin darse cuenta del prodigio, hacia el Escorratel, venga a preguntar por el Niño.

La visión del niño huertano fue mucho más real que la que tuvo la beata Ana Catalina Emmerich y dejó por escrito: "Bajo una palmera había dos carteles sostenidos por ángeles. Por encima de la palmera estaba arrodillada una Virgen que parecía salir del tallo y cuyo traje flotaba en el aire. Vi al Padre Eterno, en la forma que siempre lo veo, acercarse a la palmera por encima de unas nubes, y quitar una gruesa rama que tenía la forma de una cruz y colocarla sobre el Niño".


MIGUEL RUIZ MARTÍNEZ
ORIHUELA. LITERATURA Y PATRIMONIO

sábado, 11 de febrero de 2017

Concurso de Relatos de Terror: 8. "Villa Vera" de Efrén Pamies



-"Disfrutad”, chicos!! Que algún día echareis de menos estos momentos".... decía mi padre en aquellos años, donde tuvimos la fortuna de poder veranear mientras mi madre y él, montaban un modesto negocio de calzados en época estival. 

Tuvimos la suerte de estar a pie de playa, en una antigua casa que podías perderte en ella. Era enorme, con su gran salón, su salita de estar, un lujoso aseo interior y cuatro habitaciones de altos techos con armarios de época, además de una cocina donde podíamos juntarnos toda la familia y amigos, una despensa con sus lejas de almacenamiento de alimentos y un patio que a veces improvisaba mi propia cancha de baloncesto, soñando con ser un verdadero "all star". Además había un segundo aseo exterior, con un "plato" de ducha que usábamos para quitarnos la sal y la arena después de disfrutar del mar y la playa. 

La casa también contaba con una galería para lavar la ropa, otra habitación para almacenar enredos con un altillo que guardaba periódicos viejos y un pozo junto a la ventana de una habitación. Como bien he dicho, se trataba de una enorme morada de las de principio del siglo XX hecha a conciencia y muy señorial en su día. El tiempo ha pasado y este pueblo costero, hoy se ha convertido en una gran ciudad. 

En 1983 la casa estaba disponible para alquilar y doña María, la dueña, una señora muy mayor y dependiente de su hija, llegó a un acuerdo con papá y firmaron el contrato. Mis padres se embarcaron en lo que sería un negocio que no les haría ricos, pero sí felices, porque fueron los mejores veranos de nuestras vidas. El negocio se montaba a principios de Junio y se cerraba a finales de Septiembre y mientras tanto mi hermano y yo solo teníamos en mente disfrutar del verano como niños que éramos. El lugar era muy turístico y cualquier día de la semana tenía vida propia, con cientos de personas paseando por las calles y principalmente la nuestra, sintiéndonos privilegiados y que ahora estoy seguro y convencido de que así fue… Uffff qué recuerdos.....


Diecisiete años se dice pronto, pero fueron diecisiete veranos de risas, alegrías, llantos, "cafetitos", juegos de mesa, cartas, tertulias y confesiones y como no, "guitarrita" con alguna ranchera que bien improvisaba mi padre en las calurosas noches de Julio y Agosto. La casa de verano, además de la nuestra, era la casa de los amigos de mis padres, porque así se sentían ellos y así lo fue. Y con el paso de los años fueron transcurriendo mil anécdotas y mil historias.

Mi habitación asignada, era la más alejada del resto, que daba al patio y desde mi ventana podías levantar la tapa metálica del pozo y mirar el fondo, con sus aguas transparentes que en horas determinadas de sol, se podían ver objetos sin determinar en lo más profundo y cubiertos de lodo, que seguramente alguien lanzaría desde la boca del pozo y que ni a saber cuándo.

La casa estuvo cerrada muchos años antes de que fuera alquilada por mis padres. Qué curioso, nadie quería mi habitación porque quedaba demasiado apartada y encima, junto al patio. Era como aislarte del resto de la casa y a mí me pareció estupenda. Cuantas noches de insomnio escribiendo poemas y mis primeras canciones de desamor. Y la lámpara del techo?? Súper "cutre", un cable eléctrico de tela que no tenía fin, con una vieja bombilla que encendía con un interruptor antiquísimo. Realmente toda la casa, sus muebles y sus instalaciones eran arcaicas, pero todo estaba bien cuidado y nosotros no íbamos a ser menos cuidadosos. De todas formas mi madre siempre estuvo encima para que no tocásemos nada de la casa ya que esta guardaba desde vajillas completas hasta objetos personales de los antiguos moradores.....Menudo tesoro para los más curiosos, pero hasta el momento no tuvimos, ni mi hermano y yo, la necesidad de escarbar y mirar aquellos cajones y armarios.

Hasta retratos de gente desconocida adornaban las paredes, posiblemente antepasados que habitaron la casa. A mí me impresionaba una en especial y por supuesto en blanco y negro, la de un niño pequeño junto a un señor mayor que le cogía del brazo. Sus rostros lo decían todo, jamás vi caras tan serias. Daba escalofríos mirar esa foto y yo me preguntaba: Quién serán estos??.....vivirá ese niño??.....será un señor mayor en la actualidad??.........


Los años fueron pasando y como siempre, cada verano volvíamos a la misma casa, ya era como nuestra y que ilusión volver a disfrutar del mar, el paseo marítimo, las noches de fiestas con los amigos y alguna locura adolescente como la de bañarnos en pelotas en la madrugada, mientras nos observaba algún escandalizado turista. Pero no pasaba nada.....Unas risas y a casa. Aquella noche llegue sobre las 4:00 de la madrugada y sin hacer mucho ruido salí al patio en dirección a la ducha y tras esta me fui a la cama. Me puse a leer mientras me vencía el sueño en el silencio de la noche y de pronto: "CHOF""CHOF" sentí un chapoteo como de agua y que venía del suelo, giré la mirada hacía la ventana que también parecía venir de allí, pero como muy profundo. Me quedé confuso y pasados unos minutos afinando mis sentidos auditivos, no escuché nada más......que raro!! Me dije... Minutos después, me dormí.


A la mañana siguiente me levanté tarde, pues era lo normal después de trasnochar y más aún en un pueblo donde siempre es fiesta en verano. Pero no siempre era así, a veces mi padre nos hacía trabajar ayudando en la tienda, haciendo el recuento del calzado y quitando el polvo de las estanterías. Era lo más lógico, aunque entonces me fastidiaba bastante perderme algún bañito en la playa y no poder acompañar a los amigos. Pero bueno, "esta noche saldré con ellos y me divertiré un rato", pensaba, mientras pasaba el trapo al zapato de "tafilete", el "rey" de la casa.


Mi madre, como todas las mañanas, se levantaba bien temprano para dejar el portal de la casa bien reluciente y a las 8:00 en punto ya podías sentir el olor a café recién hecho y a pesar de no gustarme su sabor, su olor siempre me pareció maravilloso........umm que bien huele mamá, me pones un café?? - vamos calla!!...tú café?? El café es malo!, me decía siempre.

Todas las mañana venían a tomar café algunas amigas que también regentaban negocios vecinos y como decía antes, nuestra casa estuvo abierta a todo el mundo. Hasta recuerdo una señora de pelo rubio y que debió ser muy guapa de joven, venir a tomar café junto con una amiga de la familia y escuchar afirmarse a sí misma de que era pitonisa o medio bruja, amante del tarot y la quiromancia y a mí me incomodaba como me miraba continuamente y sin disimulo. Por qué me miraría así??......Estoy seguro que no era atracción física lo que le llamaba mi atención, a no ser que le gustarán bien jovencitos o igual intentaba "hacerme un mal de ojo", en fin, no me fiaba un pelo de esas miradas tan penetrantes.  

Terminé mi desayuno, cogí mi cubo y mi caña de pescar, a la que apodaba "la matona" y despidiéndome del personal, me marché un rato de pesca. Rara vez no sacaba menos de diez piezas, casi todos "sargos", "vidriadas” “lisas", alguna "doncellas" y por supuesto, la famosa cagona "salpa", que una vez la sacabas del agua, te ponía perdida la mano.....puagg!!

De vuelta a casa, mataba el tiempo hasta la hora de comer o bien tocando la guitarra o en el patio improvisando con una vieja rueda de bicicleta y sin radios, lo que sería una canasta de básket, lanzando de todos los ángulos imaginados y con un buen porcentaje de acierto. Era el "Petrovic" en versión modesta.

Finalizado el juego, dejaba la pelota junto a la tapa metálica que cerraba el pozo, pero antes y casi siempre, lo abría para mirar en su interior y disfrutar del eco mientras gritaba dentro o hacía voces extrañas.

El pozo debió de estar toda la vida en la casa, porque parecía muy antiguo también, con sus paredes de piedras oscuras y una cavidad interna que no podías adivinar el alcance. Lo que si me percaté rápidamente es que el hueco del pozo entraba hacía mí habitación. Por tanto, debajo del suelo de mi cuarto, estaba parte del fondo del pozo. Cerré la tapa, dejé la pelota y volví a la cocina,… era la hora de comer.

Los días transcurrían como de costumbre y aquella noche mis padres habían salido a cenar con unos conocidos, yo ya estaba en casa y más pronto de lo habitual, me fui a dormir, quería madrugar y hacer un poco de deporte y no busqué esta vez el libro que leía para no desvelarme. Apagué la luz y cerré los ojos y minutos después sentí un PLOFF!!! Que me sobresaltó, Madre mía!! Qué susto me dio ese ruido en el silencio de la noche, un sonido metálico que retumbo todo el suelo. El ruido venía de la ventana, encendí la luz y miré hacia esta asomándome al patio y que curioso, la tapa del pozo estaba abierta y nunca lo estaba.

Sinceramente me "acojoné" y salí rápidamente a mirar. No vi nada raro, a pesar de no atreverme a entrar ni al lavadero ni al cuarto de enredos. Me centré en el pozo y deje caer la tapa dejando que golpeara con su propia inercia, y que casualidad, el sonido que me sobresaltó hacia unos minutos, era exactamente el mismo......uffff....el vello se me puso de punta. Tampoco me atreví a mirar nuevamente el pozo. Esperaría a la mañana siguiente y rápido me fui sin dudarlo al salón. Me dormí en el sofá más incómodo que existe en el mundo. Qué dolor de espalda, Dios santo!!


ME DESPERTÉ ANSIOSO..........................

Los años pasan y el negocio empieza a flojear por el abaratamiento del calzado oriental que comienza a abrir mercado en España, importándole poco al consumidor, sus productos de bajas calidades y mirando solo el bolsillo, pero aun así, vamos sobreviviendo y al final de temporada cubrimos gastos y veraneamos. A fin de cuentas, ganábamos en calidad de vida y mis padres felices de ello.

Típico el olor de aquella casa cuando regresamos cada temporada. Era abrir la puerta en Junio y notar esa invasión de sensaciones y recuerdos en todos los sentidos. Todas ellas placenteras. Por supuesto que las habitaciones de cada uno seguían siendo las de siempre y yo volvía a la habitación con la ventana junto al pozo y que daba al patio.

La tarde que me dio por curiosear el cuarto de enredos, se me hizo cortísima, los antiguos propietarios guardaban cronológicamente periódicos de la época y hasta del año 1909. Qué pasada!! Pensé....Muchos ya carcomidos y amarillentos por el paso del tiempo, pero que contaban sucesos locales y nacionales de la época. No tardé mucho en devorarlos visualmente, aunque había demasiados y me lo tomé con calma.

Esta mañana volvió a visitar mi casa la señora rubia que muy simpáticamente, le apode la "bruja", claro, a ella no se lo iba a decir, no fuera que me hiciera magia negra.....Pero no tardó en dirigirme la palabra y me preguntó si había notado en algún momento algo extraño. No sé a qué se refería hasta que muy atrevidamente le dije: "Pues sí, la noto a usted bastante rara por su manera de mirarme". Y ella me respondió: "me dejas ver tu mano"??, usando siempre un tono suave y muy pausado. "Por supuesto!!", le dije: "La derecha o la izquierda"??..."La izquierda, por favor", me respondió.....Que acento más refinado tenía esta señora. Me cogió la palma de la mano y sentí como se le erizaba la piel de su brazo al mismo tiempo que me decía: "Estás ardiendo!!....cuanta energía desprendes" ... Yo bastante escéptico a lo que decía pero bueno, pensé que era su momento. De repente se puso pálida como la pared de la casa y apartó su mirada de mis manos y me soltó bruscamente. E hizo una especie de sollozo. Mi madre comenzó a incomodarse, lo podía sentir y yo me sonreía. Ella me miró muy seriamente y me dijo: " No es de risa!!" tendrás que aprender a vivir con ello y aceptarlo"....Menuda loca, pensé. Pero que habrá visto en mis manazas??.

"Tú tienes luz y vendrán a ti, lo sabía" "tú puedes sanar con solo tocar a alguien".....Menuda locura y menudo rollo tiene la "bruja" esta.  


Lo peor de todo es que mi madre si creía en estas cosas y yo muerto de risa interiormente. También me vaticinó algo no muy bueno que digamos: "vas a sufrir una pérdida importante, pero no puedo decirte más"....Eso ya no me hizo tanta gracia.

Hoy me levanté con dolor de cabeza, creo que el día anterior me pasé tomando el sol, pero he quedado con los amigos y me voy al puerto. Son las 10 de la mañana y el calor pega fuerte. Será otro día insoportable, pero no importa. Salgo al patio en busca del baño para mi aseo personal y una vez acicalado mi pelo rizado, abro la puerta y salgo. Por un momento echo en falta mi pelota de basket que siempre estaba a la vista y junto a la tapa metálica del pozo. Bueno, estará por un rincón, pensé. Finalmente salí de casa después de que pasaran a buscarme los amigos. De vuelta tenía para comer unas papas fritas con huevo y salchichas y de postre una buena y fresca tajada de sandía. Me puse las "botas" y me fui a reposar a mi cuarto.

A veces solía hacer la siesta y aquella tarde no iba a escaparme de ella. Tumbado en la cama y casi relajado del todo, volvieron a sorprenderme unos ruidos. Esta vez el chapoteo de agua era más repetitivo y más fuerte. Sin duda, parecía venir de todas partes y sobretodo del suelo......choff, choff, choff, choff, choff... seguidamente los chapoteos dejaron de oírse, pero que raro. Debajo de la cimentación de mi habitación se supone que está parte del pozo....y mi cabeza sin parar de darle vueltas a esos ruidos.

Como no era de noche y uno se siente más atrevido a plena luz, salí de la habitación hacia el patio y nuevamente me dispuse a mirar el dichoso pozo. Abrí la tapa y miré el fondo. Misteriosamente el agua estaba entumecida, como si la hubieran removido y todavía se apreciaban ondulaciones. Esto sí que era raro, creo que un animal anda merodeando o se ha quedado atrapado en el interior. Me quedé rato observando e intentando escuchar algún sonido al tiempo que gritaba: HOLAAAA!!! Pero nada, no se oía más que el retumbar de mi eco.... Se me pasó por la cabeza bajar al interior, parecía no tener mucha profundidad de agua, pero así tan turbia, daba "yuyu". De todas formas no era tan fácil bajar sin cuerdas ni material para ello, pero claro, yo soy bastante cabezón y empezaba a sentir algo más que curiosidad. Intriga??, tal vez.


sta noche me toca hacer nuevamente el recuento, mañana mi padre necesita reponer calzado del almacén. Irá a Elche temprano y me llevará un buen rato. Nosotros almacenamos las reservas de calzado en una gran sala, que acondicionamos cada verano para ello y no veas el trabajo. Contamos uno a uno y anotamos en una libreta. Mientras él apunta yo le voy contando los pares de cada modelo y así hasta terminar el recuento. Nos puede llevar horas, pero lo hacemos sin prisas. Un viejo mueble es lo único que acompaña a nuestras estanterías y mientras hicimos un vale, sentí la curiosidad de comprobar que había en el interior.

Esperé a que mi padre saliera a fumarse un cigarrillo y con disimulo giré la única llave que abría una de las puertas....las otras dos estaban cerradas y no había llave para abrir. Cada cerradura era distinta..... Ostras!!....eran cartas antiguas junto a cacharros plateados y una pequeña cajita de metal. Por lo que vi era antigua y se podía abrir fácilmente, pensé y así lo hice. Un reloj de pulsera de caballero bastante corroído y con salitre guardaba la cajita. En las zonas costeras es muy normal que los metales se dañen por la humedad salada. El reloj marcaba las 2:45 y las manecillas seguramente se pararon hace años, quedando el tiempo en el olvido. Volví a dejarlo en su caja y cerré nuevamente la puerta con llave.  


Esta vez era mi madre quién andaba cerca y no quería que me sorprendiera trasteando nada de la casa. En eso era muy estricta. Me reprochó que dejara la tapa del pozo abierta, “yoooo”??? Le dije, "yo no he sido, habrá sido mi hermano, pregúntale a él". Pero él negó también los hechos. Salimos al patio y encendimos la luz para verificar que el pozo estaba abierto. Mi pelota de basket tampoco estaba encima. Y hacia un rato que la había dejado allí. Nadie sabía nada. Cogí una linterna y alumbre el interior del pozo, MIERDA!!! Mi pelota estaba dentro, flotando en el agua. Menuda rabieta pillé. "Quién ha sido"??? NADIE!!

Me acosté cabreado, pero mañana intentaré sacarla de allí con un cubo y una cuerda. Me dormí buscando la fórmula de cómo hacerlo, pero el calor me hizo despertarme en la madrugada además de las ganas de ir al servicio y siempre iba al baño del patio por la cercanía con mi habitación. Justo en el momento en el que abrí la puerta, me quedé petrificado......la pelota estaba junto a mis pies chorreando de agua y del sobresalto, casi me orino encima.

Aquí estaba pasando algo muy raro y era cuestión de saber que ocurría. Ese pozo comenzaba a incomodarme bastante. El miedo empezó a hacerme mella y casi me daba pánico apagar la luz. Me quedé un rato observando desde la cama y me pareció oír voces pasados unos minutos. Creí que era la gente de la calle hasta que sentí la voz de un niño llamar a alguien...."Lolita....lolita" al tiempo que pedía ayuda...."Ayúdame"!! Lo escuché claramente y salí rápidamente de esa habitación en busca del cuarto de mi hermano que ya dormía. Me acosté en el suelo sobre una manta, pero no me importaba. Estaba muerto de miedo.

Al despertar no me lo pensé dos veces y pedí ayuda a mi hermano. Le dije que tenía que bajar al pozo como fuera. "Tú estás loco", me dijo. "Si se entera el papá te mata". Me daba igual. Bajaría durante la siesta, que era el único momento en el que no me pillaría. Mi padre era un amante de las siestas y mi madre aprovechaba un rato para ir a tomar el sol antes de abrir la tienda por la tarde. Busqué en el trastero y encontré una cuerda que me podría servir. Yo estaba bastante ágil y creí que podría bajar sin problema. Hice varios nudos en esta para facilitar mis puntos de apoyo y mi hermano se encargaría de aguantarla y controlar que no se soltara de donde la sujetaba. La introduje en el pozo y comencé a bajar apoyando mis pies en cada nudo. Bajo se veía todo muy oscuro y llegue al nivel del agua y salté!!

El agua estaba fría, muy fría y me llegaba al cuello. Conforme pisaba, notaba objetos duros, como piedras, pero seguí observando lo inmenso que era aquello. Pude comprobar que sí se adentraba hacía mi cuarto y seguí caminando con el agua, esta vez a la altura del mentón.

Necesitaba luz, porque no veía nada si me alejaba mucho y retrocedí para pedirle a mi hermano que buscara la linterna de papá. Tardó dos minutos en traerla y la hizo llegar con el cubo de sacar agua.  


Por fin podía ver con claridad. Recorrí todo el espacio y llegué hasta el final. Creo que el diámetro del pozo ocupaba mi habitación completa. Y seguía pisando objetos que se desplazaban y me hacían perder el equilibrio. Algunos pesados y otros no tanto. De pronto enredé mi pie derecho con algo y al levantar este, pude cogerlo con la mano. Era una especie de cuerda llena de lodo. La saqué completamente del agua y parecía ser una soga con un nudo de ahorcado...La hice subir y me acordé de mis gafas de bucear. Le dije a mi hermano que las buscara, que las necesitaba.  


Era hora de bucear y ver que más había en el fondo. Debía de andar despacio para no remover el lodo y no enturbiar el agua. Me sumergí sin dudarlo y comencé la exploración. Casi todo eran piedras, las mismas que se habían desprendido de las paredes con el paso de los años y lo primero que encontré fueron dos llaves antiguas y ya oxidadas.


Wauuu!!...lo siguiente que encontré parecía un juguete. Le quité por encima el lodo y efectivamente, era un juguete de época. Un camioncito de la cruz roja que aún conservaba los colores originales. Impresionante!!.  


Seguí sacando piedras y más piedras hasta que me cansé. Lo último que encontré fue un zapato de niño casi deshecho.


Se hacía tarde y debía salir de allí. Con un poco de esfuerzo, trepé por la cuerda y una vez fuera, tapamos nuevamente la boca del pozo. De momento ya sabía el alcance de este y no imaginé que fuera tan grande. Debía seguir investigando y ahora si tenía interés por investigar la casa y todos sus armarios y rincones. La tarde pasó rápida y esta noche no saldré con los amigos, esperaré a que se acuesten todos y me pondré a curiosear el armario del almacén. Las llaves que encontré en el pozo son idénticas a la que hay puesta en una de las cerraduras. Estaba deseando probarlas y ver que escondía en su interior.

Son las 2 de la mañana y mi padre ya terminó de anotar las ventas del día, está fumando su último cigarrillo antes de acostarse y yo estoy esperando en mi cuarto. Parece que ya se acuesta, estoy listo para probar suerte. Muy despacio y sin hacer ruido salí hacía el almacén. Solo me alumbraba con una vela de cera, en casa siempre había por si la luz se iba, llegue junto al antiguo armario y saqué de mi bolsillo las llaves que encontré en el pozo, metí una de ellas en una cerradura y no giró, probé suerte con la siguiente y bingo!!. La llave giró y la puerta se abrió....Estaba repleta de ropa antigua de niño, además de varios pares de zapatos. Probé con la otra llave la última puerta y también abrió. Más ropa, esta vez de hombre y de la misma época. Había un cajón repleto de objetos, una navaja para afeitar, unas gafas, una pipa y varias fotos. Las miré por encima y casi se me hiela el alma.....Había una foto de un niño muerto junto a un recorte de periódico que hablaba de un niño ahogado en un pozo.

*SUCESOS LOCALES: El pasado 12 de Abril de 1.909, Manuel Vera, un niño de 7 años muere ahogado en el pozo de su casa. Todo apunta a que el niño fue empujado por su hermana, mientras jugaban en el patio. El joven, no pudo ser rescatado a tiempo y murió. Roguemos por su alma. D.E.P..... 

Manuel Vera???.....Esta casa se llama VILLA VERA......que coincidencia, pensé. No puede ser. Ese niño vivió en esta casa??*


Hubo otra foto macabra que también me estremeció....parecía el velatorio de un hombre muerto y la habitación me era conocida.....El pánico se apoderó de mí y dejé todo en su sitio, cerré las puertas y salí del almacén. 


Tenía las dos llaves en el bolsillo nuevamente y no me lo pensé dos veces. Salí al patio, abrí la tapa del pozo y las tiré. Sentí la voz de un niño llamar a alguien nuevamente....."Lolita.....lolita". Me estaba volviendo loco? o que pasaba en aquella casa??......Quién era Lolita??

De pronto y en el reflejo tenue de la luz del patio, surgió del mismo espejo del baño, cuya puerta estaba abierta, el rostro de un niño con la mirada más penetrante que jamás había visto. Nuevamente quedé sin aliento.....Era él. Estaba seguro, era Manuel Vera, el niño que murió ahogado en el pozo y cuya imagen aparecía por todos los rincones de la casa.......


Qué maldición pesa sobre él o sobre mi persona?? Por qué me persigue??. "Moría" de terror y me acordaba de la "bruja" y de sus palabras, de aquella frase que me dijo, sobre que vendrían a mí..... La imagen del espejo se esfumó y todo quedó en silencio......Respire profundo y me llené de valor volviendo a mirar el fondo del pozo y finalmente me convencí a mí mismo, que un niño murió ahogado ahí dentro, podía sentir su agonía.


Tenía la sensación de que intentaba utilizarme para poder descansar en paz. Qué pasó realmente en Villa Vera?? De toda esta historia nunca dije nada a nadie excepto a mi hermano, que por desgracia, él se llevó consigo el secreto......MI SECRETO!

Tenía que hablar con la señora María como fuera, seguro que ella sabría qué pasó en esa casa y quién era o fue lolita....Necesito verla antes de que se vaya de este mundo.

Septiembre del 99, esa sería nuestra despedida con VILLA VERA. Aproveché el día que mi padre fue a entregarle las llaves y cerrar los últimos pagos. Debía de tener noventa y muchos años y ya postrada en su cama, su hija se encargaría de arreglar cuentas con papá como en los últimos años. Pedí permiso a su hija para acompañar un rato a su madre, mi familia era de confianza como siempre demostramos durante estos diecisiete años y no habría problema. La habitación de la señora María era pequeñita, nada que ver con las enormes habitaciones de VILLA VERA, pero se veía muy acogedora. Olía muy extraño, como a ungüentos hechos con plantas aromáticas y me encantó esa sensación de estar como en otra época. La saludé y se sobresaltó… Quién eres??, Me dijo, mientras giraba la cabeza buscándome con la mirada. Le respondí y sin acabar de terminar de hablar, me dijo: “Sé lo que quieres, hijo y no me iré de este mundo sin contártelo”. “Mi Manolito tiene que descansar de una vez por todas y perdonar a mi padre”. Me quedé desorientado en un primer momento, y le pregunté por la casa, por su familia y por la misteriosa Lolita. Necesitaba saber que pasaba en su casa y porque ocurrían cosas paranormales. Ella comenzó a contarme su historia: "Mi padre siempre fue un hombre muy severo y nosotros le teníamos miedo e incluso pánico. Nos castigaba por cualquier cosa y a veces nos pegaba duro. Mi madre era una mujer de su casa que no tenía ni voz ni voto, vivía amargada y solo recibíamos el cariño de ella en contadas ocasiones. Mi hermana era muy pequeña cuando pasó todo y yo apenas tenía cumplidos los seis años. Pepito era un niño retraído con muchas fobias. Sufría enuresis nocturna y sobre todo tenía pánico al agua. El más terrorífico castigo de mi padre era asustarlo con meterlo en el mar o sumergirle la cabeza bajo el agua. Recuerdo ver a mi hermano orinarse encima mientras mi padre le amenazaba con hacerlo.

Aquella tarde jugábamos en el patio y mi padre llegó a casa antes de lo normal, había discutido en el trabajo y sus ojos estaban llenos de odio. Gritó a mi madre desconociendo el motivo y Manuel, me había subido sobre el pozo jugando y en casa, acercarse al pozo estaba prohibido. Mi padre salió de pronto al patio y nos sorprendió. A mí me bajó de los pelos y a Pepito lo cogió con tal fuerza que lo volteó de los pies, abrió la tapa del pozo e hizo amago de arrojarlo dentro. Todavía escucho sus gritos y sus suplicaciones. Mi padre lo sujetaba de los pies y en un balanceo se le escapó una pierna perdiendo el equilibrio y cayó de cabeza al pozo. Mi padre se quedó con una de las botas de Manuel en las manos. Mientras mi hermano se ahogaba mi padre buscó la forma de saltar al pozo, pero demasiado tarde. Cuando consiguió bajar, mi hermano ya no respiraba. Mi madre salió a la calle gritando y pidiendo auxilio y un vecino entró rápidamente a ayudarnos. Desgraciadamente Manuel ya se había ahogado. Tenía siete añitos.

Tuvimos que cambiar la versión de los hechos y oficialmente fui yo quién jugando, lo empuje y cayó al pozo. Tuve que vivir toda mi vida con esa maldita carga por mi familia. El caso se publicó hasta en los periódicos de la época y mi madre guardó en casa todos los malos y buenos recuerdos.

VILLA VERA y nuestra familia cayó en desgracia. Dos meses después mi madre encontró a mi padre ahorcado. Su reloj marcaba siempre las 2:45, hora en el que Manuel moriría ahogado en el pozo. Sé que no fue la intención de mi padre hacer lo que hizo pero.....(La señora María hizo un silencio mientras las lágrimas empapaban su arrugado rostro) Que Dios lo tenga en su Gloria!!".....”Quieres saber quién es Lolita??.....YO SOY LOLITA!!!, sí, la señora, María Dolores.... Ahora me puedo morir tranquila”.


Esa fue la última despedida de la señora María Dolores con nosotros y jamás volvimos a abrir las puertas de VILLA VERA, siempre quedará en el recuerdo de nuestros corazones......”Hasta siempre Lolita y hasta siempre VILLA VERA”!!!


Efrén Pamies



-* El autor no se hace responsable de cualquier coincidencia con nombres de personas, imágenes y datos que se describen en este relato......Esta es mi historia y este fue mi secreto durante años...............📝


miércoles, 1 de febrero de 2017

Concurso de Relatos: 7. "De la nada hacia algún lugar" de Víctor Navarro



No sé que hago aquí.

Me duele la cabeza y siento como si alguien me hubiese golpeado por atrás.
Tan metido estoy en mi papel de víctima que no me acabo de dar cuenta de lo oscuro que está.

Mis oídos escuchan un sonido relajante, es como si me encontrase cerca del mar. Y las olas al moverse produjeran ese sonido tan característico que hace que me sienta mucho mejor.

Tengo el cuerpo empapado y me siento helado de frío.
Aunque la temperatura es buena, mi cuerpo húmedo siente escalofríos.

Muevo las manos sobre la superficie en donde estoy descansando y agarro con ellas un buen puñado de arena.

Parece que estoy en una playa.

No recuerdo una playa tan oscura en ninguna de mis otras aventuras.

Me abrazo para mitigar un poco esta sensación de frio.

Un débil resplandor me hace mover la cabeza hacia el sur y allí atisbo el reflejo de la luna sobre el inconfundible océano.

Algunos árboles, eso me parece, sumergen sus raíces en las aguas de este siniestro mar azul.

Me duele la cabeza pero cada vez menos.

Mis ojos se van acostumbrando a la escasa luz y empiezo a hacerme una idea de donde estoy.

Es como la típica isla desierta de la serie “Perdidos”.

Me levanto con decisión y empiezo a caminar en busca de algo que me ayude a orientarme.

Camino y camino pero no encuentro señales de vida. No hay nada que me resulte familiar.

Mis pies descalzos no han sentido nada mientras caminaba por la arena de la playa. Pero ahora que he salido de ella me estoy clavando ciertos guijarros.

Las piedras están por todas partes. Debo llevar cuidado para no herirme.

Me agacho para coger una de ellas y la miro con detenimiento.

La suelto con rapidez.

No son piedras, o por lo menos lo que acabo de tirar al suelo no es una piedra. Es un trozo de hueso.

Me agacho otra vez para agarrar con toda la mano un puñado de esas cosas y descubro para mi horror que verdaderamente he acertado, que todo parecen ser restos de huesos.

No tengo el conocimiento suficiente para saber si son restos de esqueleto humano o de animal, pero algo en mi interior me pone en alerta y tengo la corazonada de que efectivamente se trata de huesos humanos y que tengo que darme prisa en salir de aquí.

Aumento el ritmo y camino más deprisa. Sin rumbo, sin saber a donde dirigirme.

El miedo ha hecho que ya no sienta el frío.

Muevo la cabeza de un lado para otro para ver si puedo encontrar algo que me ayude en esta desesperada misión que me he auto impuesto y que mi instinto me dice constantemente que es un asunto de vida o muerte.

Me vais a llamar paranoico pero después de lo que viví ayer con el tiburón me siento en peligro constante.

Ayer os conté que Dios estaba de mi lado y que me había dado una oportunidad de sobrevivir frente al monstruo marino.

He de reconocer que también tuve suerte y pude acabar con él.

Pero lo que ocurrió después...

¡Espera! Eso es, ¿Qué ocurrió después?

Recuerdo vagamente que alguien me sujetó y me subió a bordo de una embarcación de aspecto extraño.

Y mis ojos fueron testigos de los seres más abominables y horrorosos que nadie haya podido contemplar jamás.

Y eso es todo.

Luego me he despertado en este lugar con un buen chichón y un molesto dolor de cabeza.

Sigo caminado y de repente oigo crujir algo detrás de mi.

Miro hacia la negrura de lo que hay tras mi espalda y no consigo ver nada.

Empiezo a correr para salvar mi vida. Aunque no tengo la certeza de que realmente esté en peligro, de que no estoy viviendo una pesadilla y me encuentro en realidad durmiendo cómodamente en mi casa dentro de la protección de mi hogar, dulce hogar.

Me imagino que es por la ansiedad y por la desesperación pero estoy empezando a escuchar a lo lejos como si sonaran lo que parecen unos tambores.

Por el rabillo del ojo me ha parecido ver que algo se movía arrastrándose por el suelo.

¿Dónde diablos estoy? ¿Qué lugar maléfico es este?

¡No puede ser! ¡Quiero despertarme ya!

Unas rocas allá a lo lejos, tengo que dirigirme hacia ellas. Buscar cobijo bajo sus sombras, encontrar un lugar seguro en forma de cueva o algo así.

Casi me doy de bruces contra una de las piedras pero me agarro a tiempo y no me golpeo.

Los tambores siguen sonando y esta vez mucho más cerca.

Sigo a la deriva y en busca de una salida a este laberinto de incongruencias y misterios sin sentido.

Y como en la vez anterior, me siento como un hombre con suerte pues sin apenas buscarla hallo un orificio de gran tamaño en la roca.

Sí, es una cueva, un refugio en donde podré resguardarme del peligro que me acecha.

Me introduzco en la penumbra del gran orificio y me dejo guiar por el instinto hacia lo más profundo de sus entrañas.

Como no soy capaz de ver nada, me voy guiando con el apoyo de mis manos que van rozando la pared constantemente para orientarme. No quiero más sustos.

Ya no oigo los tambores. Este lugar me acoge de manera amigable y me da un atisbo de esperanza.

Pero algo me dice que no debo confiarme, que tengo que seguir penetrando el lugar para poder sentirme por fin a salvo de todo mal.

Sigo caminado, bordeando paredes naturales de piedra, sintiendo el frio contacto con la roca.

Y llego por fin hasta un lugar en donde parece abrirse una abertura hacia la luz.

No puedo creerlo. Resulta que es cierto lo que se dice, que hay una luz al final del túnel.

Me acerco con muchas dudas pero sintiendo que atravesando hacia esa zona por fin podré sentirme en paz y a salvo.

La luz de lo que me parece el sol, mi querido y maravilloso sol me deja cegado por unos instantes.

Mientras repaso mentalmente todo lo que he vivido durante estas últimas horas me voy acostumbrando a la luz cegadora.

Lo que veo me deja tan aterrado como anonadado.

Esta zona la conozco bien.

¿Qué sentido tiene?

Vengo de un lugar en donde se escucha el agua del mar, donde he podido ver los rayos de la luna reflejándose sobre el piélago.

Y ahora de repente me encuentro aquí, en el Horno de Bustamante de Orihuela.

¡Qué alguien me lo explique!

Miro hacia atrás para buscar el lugar de donde vengo pero no hay nada. Tan sólo lo que suelo encontrarme cuando me aventuro a pasar por estos lares.

Es muy extraño y me siento muy confuso.

Pero lo que más miedo me da, lo que no consigo quitarme de la cabeza es que si yo he llegado de manera tan fácil aquí a San Antón, esas cosas que yo vi tan horripilantes, tan extrañas y de aspecto tan aterrador están también muy cerca de aquí.

Y siento que en cualquier momento van salir en nuestra busca por toda Orihuela.


Víctor Navarro

viernes, 27 de enero de 2017

Concurso Relatos de Terror: 1. "El Dibujante" de José A. Grau


Como cada noche, cogió su lápiz carbón B, de la marca Conte, y un cuaderno Frost que utilizaba para sus carboncillos. En aquel lugar encontraba la tranquilidad que no podía hallar en ningún otro sitio. El plano inclinado de cada uno de sus objetivos facilitaba su trabajo. Al estar tras un cristal, no podía tocar ni acercarse mucho hasta su inmortal futuro dibujo. Como cada noche, hacía un frío enorme, pero no parecía molestarle. Él seguía con su labor de inmortalizar en arte su propósito.
La madrugada siguiente, a la misma hora, volvió a clavarse frente al cristal. Esta vez, otro modelo le inspiraba, distinto al anterior. El lápiz Conte que portaba no había menguado de tamaño. Sus pies, helados, lo estaban menos que la noche anterior.
Y así sucedió la jornada siguiente. Los pies menos fríos, el lápiz igual y una nueva hoja en blanco. El modelo, distinto. Siempre jóvenes. Apenas podía ver el rostro.
De la noche siguiente recuerda mirar el reloj. La una y quince de la madrugada. Mucho frío.
La siguiente velada se percató que los administrativos que estaban en la entrada no levantaron la cabeza cuando entró al edificio y eligió la escalera de la derecha para subir a la sala superior. El frío iba menguando con los días. La punta del lápiz, no. “Qué buena compra”, pensó.
Ahora sí que estaba claro. Los vigilantes eran groseros, pues no le miraban. Esta vez, ni siquiera respondieron a su saludo. En la sala, siempre vacía, un fuerte olor a flores frescas, como cada noche había sucedido. Los pies helados, el lápiz exactamente igual que los días anteriores y nadie alrededor. Tras el cristal, siempre alguien nuevo. La hora, la de siempre, la una y cuarto.
Y llegó la siguiente noche donde, al sentarse, como cada noche, frente al cristal que le separaba de su objetivo, nada fue como antes. Tras el cristal vio algo que le llamó la atención profundamente. Echó un vistazo a su cuaderno, el mismo que los días anteriores, que se encontraba extrañamente sin estrenar. Al acercar su cara al cristal, vio el pelo, los ojos, la boca, las manos, la ropa, los zapatos, del cadáver que esta vez tenía enfrente. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Aquel cadáver era él. Miró el reloj, y era la una y cuarto de la madrugada.
La noche siguiente, cerró la puerta de su casa. Como de costumbre, miró su reloj antes de ir a hacer bocetos al tanatorio de su localidad, siempre de madrugada, para bocetear los cadáveres frescos de los difuntos recientes. Era la una y tres minutos de la madrugada. Arrancó el coche, metió primera y salió. Paró en el stop y giró a la derecha. Pronto, se incorporó a la carretera general que le llevaría al tanatorio. A lo lejos, veía unas luces largas acercarse cada vez más. Cada vez más cerca. Miró el reloj. El impacto fue brutal. Eran la una y cuarto de la madrugada.


José A. Grau