Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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jueves, 8 de junio de 2023

Leyendas de Orihuela: La Leyenda de la Diablesa de Orihuela

 


Según la tradición local de Orihuela, la figura del demonio que aparece en la base de "la Cruz de los Labradores" tiene una historia detrás. Se dice que durante la construcción de la talla, un monje fue requerido para ayudar en la construcción, pero éste se negó a colaborar.

Debido a su negativa, el monje fue condenado por Dios a permanecer atrapado en la madera de la obra para siempre, como una especie de castigo divino. Desde entonces, la figura del monje atrapado en la Diablesa se convirtió en una especie de leyenda local y se incorporó a la simbología de "la Cruz de los Labradores".

Lamentablemente, no existe una versión única y verificable de la leyenda del monje atrapado en "la cruz de los labradores" de Orihuela que incluya fechas y nombres precisos. Lo que se sabe es que la leyenda ha sido transmitida oralmente a lo largo de los años y se ha incorporado en la tradición local de Orihuela.

Según la versión más extendida de la leyenda, durante su construcción a finales del XVII ordenada por el gremio de Labradores de Orihuela, se pidió la ayuda a un hombre relacionado con el Convento de San Juan de la Penitencia (covento de clausura femenino) para que colaborara en su construcción. El monje, llamado fray Miguel de la Hoz, se negó a prestar su ayuda alegando que no quería involucrarse en algo tan mundano y material y fue castigado por Dios por esta actitud soberbia y falta de humildad.

El gremio de labradores se sintió traicionado por la actitud del monje, pero decidieron continuar sin tomar ningún tipo de represalia. Sin embargo, cuando la obra estuvo terminada por el escultor fray Nicolás de Bussy en 1695, descubrieron con horror que algo extraño había sucedido: en la base de la cruz, se podía ver claramente la figura del monje atrapado en la base en una mueca de terror terrible.

Al principio, todos creyeron que era una ilusión óptica, pero al acercarse se dieron cuenta de que era cierto: el monje había quedado atrapado en la madera para siempre. Cuenta la leyenda que, desde ese día, su alma atormentada habita junto a la cruz, y que en ciertas noches se puede escuchar su lamento aterrador resonando por toda la ciudad. Sea cierto o no, sí son reales los problemas que la alarma del museo ha dado a sus gestores a lo largo de mucho tiempo. Disparándose de forma inexplicable a altas horas de la noche y obligando a distintos sujetos a acudir con el susto en el cuerpo para asegurarse de no estar sufriendo un robo o un allanamiento. 

En algunas versiones de la leyenda, se dice que el monje fue castigado por blasfemo, mientras que en otras se dice que fue castigado por no cumplir con su deber. En cualquier caso, el castigo divino consistió en que su alma quedara atrapada para siempre en la figura que representa a un fraile demonio en la talla.

La leyenda ha sido transmitida de generación en generación y se ha convertido en parte del folclore y la tradición local de Orihuela. La figura del monje atrapado en la Diablesa se ha convertido en un símbolo de la ciudad y una atracción turística.

Algunas personas muy supersticiosas evitan estar cerca de la talla porque muchos aseguran haber visto la figura del monje moviéndose y gesticulando dentro. 

En alguna ocasión, y esto ha sido corroborado por uno de los empleados del Museo Arqueológico donde reposa la figura, alguna persona valiente se ha acercado a la Diablesa para intentar liberar al monje tirando sobre él una pizca de sal, pero siempre fracasan en el intento salvo en una ocasión donde una mujer consiguió realizar el conjuro y salir pitando de allí ante las narices del sorprendido empleado del museo.



viernes, 1 de enero de 2016

Las extrañas visitas a Fray Juan Mancebón


Son pocos los oriolanos que pueden presumir de haber sido testigos de hechos sobrenaturales como el que les voy a describir y que cuenta la tradición.

Aunque no es precisamente eso de presumir lo que más le preocupaba al misterioso personaje de nuestra historia.

Un niño nacido en estas tierras, orihuelica del señor, fue tocado con el soplo de la virtud y la bondad.

Con tan sólo 9 años hacía todo lo posible por esconderse de sus hermanos para que no descubrieran que dormía a los pies de la cama en una estera y se entregaba a la vida austera.

Su vida parecía regida por la disciplina y la penitencia constante.

Así nos cuentan las crónicas, que con tan sólo 12 años, recibió una visita inesperada.

La Virgen hizo acto de aparición ante él y cogiéndolo de la mano lo bendijo diciéndole que mantendría un vínculo eterno con él.

Su vida fue un constante suplicio regido por la mortificación de su cuerpo.

Para no dejarse llevar por las tentaciones y sentirse más próximo a Dios, mezclaba hiel con pimienta molida y se la bebía para que el amargor de la bebida le recordara siempre su propósito.

Vestía un sayo de mallas que pesaban media arroba y siempre tenía a mano silicios de púas de hierro.

Y de hierro también era la cadena que se colocaba sobre su cuerpo en la cintura tan apretada que en una ocasión hubo que cortarle la carne para poder quitársela.

Cuando llegaba la noche se mortificaba con la penitencia del sufrimiento.

Así llegó el 8 de septiembre de 1606 fecha importante en su vida pues se convirtió en novicio franciscano.

En 1650 se encontraba orando a solas en la capilla de la comunión cuando Jesús se le apareció, se pasó la mano por su costado sangrante y con los dedos recogió tres gotas que hizo pasar por los labios de fray Juan al mismo tiempo que le dijo:

“Fuego vine a traer a la tierra: ¿y qué otra cosa he de querer, sino que se prenda y arda?”

Dejado el mensaje, el Señor desapareció y el fraile cayó al suelo desmayado.

Durante 15 días, permaneció el franciscano con un calor tan intenso en su interior que en pleno invierno se quitaba la ropa y se exponía a la intemperie para sofocar el abrasante calor.

Durante el resto del año volvió a ser bendecido con una aparición de la Virgen acompañada del Niño Jesús junto a un pino

En esta ocasión hubo un testigo ya que el fraile que guardaba la puerta del convento los vio.

El milagro se corrió como la pólvora y el pino fue convertido en cientos de reliquias que los curiosos que acudieron se llevaron para sí.

En recuerdo, se construyó una ermita en este lugar.

La última visita que recibió de Jesús, la Virgen, san José, san Joaquín y santa Ana fue para recibir la noticia de que su fallecimiento estaba muy próximo.

En su habitación se extendió un aroma agradable y se escuchó un cántico celestial que lo acompañó hasta su último aliento.

Murió el 29 de abril de 1650.

Fue enterrado en el Monasterio de la Abuela Santa Ana de Jumilla.

Animo a los lectores a visitar este Monasterio en donde se conserva la figura del Cristo Crucificado de la Reja. Y en donde podrán admirar uno de los relicarios más importantes de Europa.

Las crónicas cuentan que en una ocasión el brazo derecho del Cristo se desclavó de la cruz y se movió para bendecir por tres veces a los franciscanos que se encontraban presentes, entre ellos Fray Juan Mancebón, dejando gotas de sangre sobre el suelo.

Un monasterio situado en un entorno natural muy hermoso y que ha sido protagonista de cientos de misterios y milagros sobrecogedores.


MILAGROS DE ORIHUELA