Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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jueves, 8 de junio de 2023

Leyendas de Orihuela: La Leyenda de la Diablesa de Orihuela

 


Según la tradición local de Orihuela, la figura del demonio que aparece en la base de "la Cruz de los Labradores" tiene una historia detrás. Se dice que durante la construcción de la talla, un monje fue requerido para ayudar en la construcción, pero éste se negó a colaborar.

Debido a su negativa, el monje fue condenado por Dios a permanecer atrapado en la madera de la obra para siempre, como una especie de castigo divino. Desde entonces, la figura del monje atrapado en la Diablesa se convirtió en una especie de leyenda local y se incorporó a la simbología de "la Cruz de los Labradores".

Lamentablemente, no existe una versión única y verificable de la leyenda del monje atrapado en "la cruz de los labradores" de Orihuela que incluya fechas y nombres precisos. Lo que se sabe es que la leyenda ha sido transmitida oralmente a lo largo de los años y se ha incorporado en la tradición local de Orihuela.

Según la versión más extendida de la leyenda, durante su construcción a finales del XVII ordenada por el gremio de Labradores de Orihuela, se pidió la ayuda a un hombre relacionado con el Convento de San Juan de la Penitencia (covento de clausura femenino) para que colaborara en su construcción. El monje, llamado fray Miguel de la Hoz, se negó a prestar su ayuda alegando que no quería involucrarse en algo tan mundano y material y fue castigado por Dios por esta actitud soberbia y falta de humildad.

El gremio de labradores se sintió traicionado por la actitud del monje, pero decidieron continuar sin tomar ningún tipo de represalia. Sin embargo, cuando la obra estuvo terminada por el escultor fray Nicolás de Bussy en 1695, descubrieron con horror que algo extraño había sucedido: en la base de la cruz, se podía ver claramente la figura del monje atrapado en la base en una mueca de terror terrible.

Al principio, todos creyeron que era una ilusión óptica, pero al acercarse se dieron cuenta de que era cierto: el monje había quedado atrapado en la madera para siempre. Cuenta la leyenda que, desde ese día, su alma atormentada habita junto a la cruz, y que en ciertas noches se puede escuchar su lamento aterrador resonando por toda la ciudad. Sea cierto o no, sí son reales los problemas que la alarma del museo ha dado a sus gestores a lo largo de mucho tiempo. Disparándose de forma inexplicable a altas horas de la noche y obligando a distintos sujetos a acudir con el susto en el cuerpo para asegurarse de no estar sufriendo un robo o un allanamiento. 

En algunas versiones de la leyenda, se dice que el monje fue castigado por blasfemo, mientras que en otras se dice que fue castigado por no cumplir con su deber. En cualquier caso, el castigo divino consistió en que su alma quedara atrapada para siempre en la figura que representa a un fraile demonio en la talla.

La leyenda ha sido transmitida de generación en generación y se ha convertido en parte del folclore y la tradición local de Orihuela. La figura del monje atrapado en la Diablesa se ha convertido en un símbolo de la ciudad y una atracción turística.

Algunas personas muy supersticiosas evitan estar cerca de la talla porque muchos aseguran haber visto la figura del monje moviéndose y gesticulando dentro. 

En alguna ocasión, y esto ha sido corroborado por uno de los empleados del Museo Arqueológico donde reposa la figura, alguna persona valiente se ha acercado a la Diablesa para intentar liberar al monje tirando sobre él una pizca de sal, pero siempre fracasan en el intento salvo en una ocasión donde una mujer consiguió realizar el conjuro y salir pitando de allí ante las narices del sorprendido empleado del museo.



miércoles, 13 de diciembre de 2017

Leyendas de Murcia: El Diablo a las Espaldas


Cuentan los murcianos que a la actual calle de Polo de Medina se la conocía antiguamente con el nombre de calle del Cabrito desde el día en que sucedieron los hechos que aquí voy a relatar.

Juana, la mujer del zapatero, se encontraba atareada con la preparación de la cena por el día de San Crispín, patrón del gremio mientras rezaba para que su marido llegara a tiempo de acompañarla a la mesa.

El artesano del calzado, entró en casa y rechazó la cena alegando que el gremio lo había invitado a dar cuenta de unas cabezas de cordero asadas en la calle del Horno.

La mujer indignada ante tal humillación intentó detenerlo pero un forcejeo con su marido provocó su caída al suelo mientras el marido le espetaba con sarcasmo:

- ¡Quédate con Dios, mujer!


Ella todavía en el suelo le replicó:

- ¡Y tú, vete con el demonio!


La fiesta se alargó hasta lo indescriptible y las rondas de vino y comida parecían querer acabar con las existencias del establecimiento.

Pero finalmente se dio por terminada la velada y cada uno de ellos fue volviendo a sus casas.

El maestro zapatero Juan, regresaba a la suya con el miedo a las represalias por parte de su mujer por el trato que le había dado y sumergido en sus pensamientos no fue consciente de lo oscura que era la noche.

Las campanadas de la Catedral sonaron y marcaron las tres de la mañana, la hora maldita en la que dicen que ocurren todas las cosas demoníacas.

A pocos metros de sus pies, algo le llamó la atención.

Primero pensó que podría ser un animal de compañía e intentó espantarlo con alguna que otra pedrada que lanzó al azar sobre las sombras.

Pero luego se percató que se trataba de algo más inocente y suculento.

Un pequeño cabrito le salió al paso manso y soberbio.

El zapatero dudaba si llevárselo consigo o dejarlo allí mismo.

Pero el animalico le seguía y le cerraba el paso.

Así que finalmente, con la alegría que regala el vino en las entrañas, no pensó en otra cosa que en echárselo a los hombros para llevárselo a su casa.

Aún no había salido del callejón del Horno cuando sintió que el peso del animal había aumentado. Parecía que con cada paso que daba, el peso subía.

Como la noches anteriores habían sido húmedas y algo lluviosas, se habían formado algunos charcos, al pasar sobre uno de ellos, vio en el reflejo del agua que lo que tenía a las espaldas difería completamente de un animal inocente, un hombre vestido de negro con un rostro monstruoso y cornudo había ocupado el lugar del animalico.

El susto fue tan horrible que el mozo perdió el sentido y cayó de bruces.

No despertó hasta que lo encontraron mal herido pero vivo a la mañana siguiente.

Pero la anécdota se propagó por toda la región y pocos días después la Calle del Horno fue llamada La calle del Cabrito y así consta desde 1760 en los viejos documentos.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Leyendas de Orihuela: La Leyenda de las Cadenas


En la Plaza de las Salesas, en tiempos más tempranos, vivía un hombre acaudalado al que apodaban Juan “el Moro” o “el Mozo” según la versión.

Cuentan los más ancianos que aprendieron de sus abuelos y estos de sus bisabuelos que cuando este sujeto vino a vivir a tierras oriolanas trajo consigo a una niña cuyo nombre se pierde en el tiempo pero a la cual no dejaba de agasajar y mimar por el grande cariño que le tenía.

Como no podía ser de otra manera, los años fueron pasando para esta dichosa familia y aquella que había llegado como niña ya se mostraba a las gentes como una hermosa mujer cuya fama de preciosa se extendió por toda la comarca hasta el punto de que los pretendientes a su mano venían desde lugares inhóspitos y alejados.

Juan el Moro no quiso saber nunca jamás nada de tales pretensiones ya que según sus propias palabras su linda hija ya estaba comprometida con un próspero comerciante argelino.

Por ello debía de cuidar de ella con feroz celo hasta el día en que fuera entregada a su prometido.

Pero quiso el amor hacer acto de presencia en forma de un joven de nombre Andrés que era hijo de Pedro el Espartero.

Un muchacho que compartía con ella edad y aficiones y sin que la chica se percatara dejó que su mente se turbara por el fervor del enamoramiento.

Así que los días pasaban entre cálidos deseos de conocer a aquella muchacha que le arruinaba el sueño ya que deseaba abrazarla, besarla.

Cada vez que podía, se acercaba entre las sombras a la puerta a observar a su amada, noche tras noche, hasta alcanzar la madrugada. Y esto hizo mella en ella que fue dando paso de la curiosidad al cariño, de este al amor y finalmente al deseo.

Un día, la joven decidió que ya era hora de conocer a aquel que la observaba siempre escondido pero con la mirada cándida y dulce. Bajó disimuladamente y como quien no quiere la cosa, se hizo la distraída y consiguieron mantener una conversación.

Aquella fue la chispa que lo inició todo.

Desde aquel día, los encuentros en la Plaza de las Cadenas se sucedían cada vez con más frecuencia y la pasión que ambos sentían mutuamente iba creciendo sin control.

Y como es moneda de cambio en nuestra polémica ciudadela, la envidia, los celos, e incluso, las ganas de fastidiar al prójimo, hicieron su aparición a través de una anciana con aspecto de bruja que vivía por las cercanías de la Plaza de las Cadenas.

Dicha anciana malévola y sin corazón, fue a advertir al padre de la muchacha que quedó impresionado por tales noticias.

Así que entre ambos urdieron un plan.

El tutor de la muchacha se escondería en lugar seguro al acecho de que el pretendiente de su hija apareciese y en cuanto se observase algún comportamiento no deseado se produciría una reacción ante tal afrenta.

Una mañana, Juan permanecía oculto esperando ser testigo de la visita casual de su “enemigo”.

El joven apareció con una enorme sonrisa y la muchacha se arrojó a sus brazos.

El padre entró en cólera y sacó su espada.

Cuando todo pasó, el hombre se dio cuenta de la tragedia ya que con su propia arma había asesinado a los dos enamorados.

Un gran charco de sangre manchaba el suelo mientras él permanecía en pie aturdido por lo que acababa de hacer.

La pena fue más grande que su regocijo y acabó sacando uno de sus puñales y se lo clavó para acabar también con su propia vida.

Lo último que recuerdan las sabias gentes de Orihuela es que de la noche a la mañana apareció un caballero vestido de negro al que nadie conocía pero cuyas intenciones fueron en seguida supuestas. Había venido a llevarse consigo a la bruja, la verdadera culpable de aquel trágico asunto.

Poco tiempo después, en el día de Nuestra Patrona la Virgen de Monserrate, un barullo descomunal y ensordecedor atrajo las miradas de las gentes que vivían en la calle de La Feria.

El escándalo fue tal que los vecinos que se encontraban en la Catedral, salieron para saciar su curiosidad y pudieron contemplar un hecho que aún hoy día se recuerda.

Un gato negro enorme perseguía a una anciana con tal ferocidad y violencia que la acorraló en el recinto de las cadenas de la catedral que estaba considerado desde tiempos inmemoriales como lugar sagrado para los oriolanos.

El colérico animal se movía de un lado para otro sin querer penetrar en el recinto santificado.

Entonces, se detuvo en seco, se transfiguró en un ser humano de carne y hueso pero de aspecto extraño que recordaba a uno de esos seres malditos que viven en las entrañas de la tierra. Empezó a girar sobre sí mismo y como si un torbellino fuese, arrancó las cadenas con su fuerza y se llevó a la vieja con él y nunca más se supo de ella.


FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)

lunes, 23 de enero de 2017

LA DIABLESA sigue fascinando al mundo entero



Como suele ocurrir habitualmente, buscando otro tipo de cosas, me he topado de bruces con una nueva emisión en audio que destaca la figura de LA DIABLESA de Orihuela.

Parece ser que fuera de nuestra ciudad, el resto de habitantes siente una sincera curiosidad morbosa por uno de los atractivos mediáticos más importantes del mundo y que por suerte podemos disfrutar en Orihuela.



martes, 15 de diciembre de 2015

Orihuela misteriosa. LA DIABLESA Masónica

1958
Este es el famoso documento en el que se basaron los investigadores de MILENIO 3 el año 2014 cuando hablaron en antena de uno de los misterios más mediáticos que tenemos en nuestra querida ciudad.




DIcho documento fue publicado en la revista pro nuevo paso de la Cofradía del Perdón de Orihuela en diciembre de ese mismo año.


            La sintomatología heterodoxa de La Diablesa es demasiado evidente como para escapar aún hoy de nuestra curiosidad sin que intentemos indagar en las causas que motivaron la génesis creativa de este conjunto escultórico y en su sentido: en el significado oculto que se esconde tras la apariencia). Con sólo contemplar la inquietante figura de ese ser manifiesta­mente andrógino (parte hombre, parte mujer; entre humano y animal; terrenal e infernal a la vez) surge una expectación que pone en duda o, al menos, permite sospechar que su autor, Nicolás de Bussy (1650 - 1706), en torno a 1694 - 1695 pretendió esbozar algo más; quizás entre guiños y pistas dejó traslucir una secuela de su ilustración filosófica (y teológica) para que los iniciados en su ciencia artística y en su corriente de pensamiento valoraran la valentía de un atrevimiento tal como el de someter las formas cristianas a otra retórica, como alegoría de unas creencias profanas.

Pero es difícil Contentar a todos: a los creyentes en Dios Padre y su Hijo Jesucristo y a los crédulos en las leyes de la naturaleza a través de la alquimia. Mas la sabiduría popular fue intuitiva: a los piadosos labradores de la Orihuela del XVII y a sus rectores eclesiásticos no les convencieron las formas externas, aunque ignoraron las funciones alegóricas soterradas de un complejo quizás herético. Por ello nunca se permitió la entrada de La Diablesa -ni se permite hoy- al recinto sagrado de la iglesia. (De haber captado el sentido profundo o el tras-fondo de las figuras esculpidas -de ser acertada la hipótesis que refundimos- quizás se hubiera anatematizado sin paliativos).

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            La explicación sencilla desde la ortodoxia cristiana de La Cruz de labradores obedece al "triunfo de la Cruz sobre el Mundo, Muerte, Demonio y Carne", según reza el cartel que identifica este "paso" de nuestra Semana Mayor en el Museo Oriolano de Semana Santa (sito en la antigua iglesia de la Merced)[i]. Apréciese cómo a los tradicionales (ortodoxos) enemigos del alma -Mundo, Demonio y Carne- se les suma la Muerte; la fusión en maldita simbiosis de carne y demonio en una Diablesa (tan gesticulante, lasciva e intencionadamente ambigua con cara de fraile y chivo al unísono, tonsurado y cornudo a la vez, atormentado y libidinoso en suma), como explicación habitual y la incorporación a idéntico nivel de expresión del esqueleto (la Muerte) -lo que secularmente debía haber sido la propia carne- nos sorprende y nos sobrecoge. (En el Auto Sacramental de Miguel Hernández el Demonio toma apariencia de chivo -macho- y la Carne de mujer provocativa). Todo ello nos invita a recoger otra formulación explicativa de sus componentes y sus relaciones (en la línea de T. y M. Martínez Blasco, cuya hipótesis interpretativa adaptamos) que haga transparente la gran expresividad que se focaliza en la figura emblemática de la Diablesa.

            Es posible que hubieran sido tan sólo las señas de identidad sexual, masculinas y femeninas, de la Diablesa o la propia aparición de este atormentado Lucifer las que impidieran su entrada en los templos católicos...: otras victorias sobre dragones y monstruos de los infiernos, empero, hay hermosamente retratadas en cuadros en el propio Museo Catedralicio de Orihuela (como el magnífico San Miguel de Pablo de San Leocadio[ii], de hacia 1480), y con­creciones de Vírgenes mártires que exhiben -eso sí, pulcramente- sus senos.

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            N. de Bussy había nacido en Estrasburgo, sobre 1650. Ésta ciudad de origen germánico (en la actual Francia) se hallaba próxima a la cuna donde bullían ideas heréticas lejanas a Roma e inmersa a la vez en una tradición medieval de hondas raíces profanas emanadas de la intenci6n de encontrar solución a los males de la existencia mundana del hombre: con la alquimia se desarrolla el arte quimérico y químico que procura la búsqueda de la Piedra Filosofal (la que convertirá artificialmente en oro todos los metales) y del Elixir de la eterna juventud, esto es, domeñar el tiempo y conseguir riquezas para disfrutar de la vida. Además de esta faceta de laboratorio hubo una rama dentro de los adeptos a estas ideas y pesquisas (es decir de que la felicidad eterna era terrenal y el sentido de la vida del hombre consistía en investigar y sufrir hasta alcanzar el éxito de su descubrimiento y gozar eternamente): esta facción de "alquimistas místicos", al ser especialmente del oficio de la cantería y de la albañilería (albañil en francés es “maçon”) recibirá el nombre de lo que poco después se conocerá en Francia como una secta, la francmasonería (palabra procedente de la deformaci6n de la voz inglesa 'freeston mason' -tallista de piedra calcárea para esculpir- luego “fremason" y en Francia 'francmaçon'). La majestuosa catedral de Estrasburgo contiene numerosas mani­festaciones de esta tradición con vírgenes locas y elogios magnificados de ciertas prácticas y motivos alquimistas.

            En realidad los francmasones de la rama mística como N. de Bussy fueron seguramente unos idealistas de la perfecci6n que anhelaban en la tierra, en el mundo de los vivos más que en el de los muertos. (Frente a la concepción mitológica clásica -pagana- del Elíseo o del cielo cristiano, ya para los muertos ya para el alama respectivamente). A los alquimistas la purificación de la materia (lo que para los cristianos sería la purificación del cuerpo) les conduce a la búsqueda de la pureza inmaculada del más noble material, el oro (o la piedra filosofal que todo lo convertiría en oro; algo así como aquel frondoso jardín de las Hespérides que cosechaba manzanas de oro); esa perfección material equivalía en los alquimistas místicos a la liberaci6n del alma, 'el volar tan alto hasta dar a la caza alcance tras un ardoroso lance' de sufrimiento, sacrificio y marginación en una sociedad que poco necesitaba para anatematizar y tachar a algunos de antipapistas o luteranos.

            Pensó el científico de la época -y el artista- que el hombre podía ser el creador de la felicidad, el dueño y señor de la vida sin tener que esperar o confiar en el más allá; creó una necesidad -la inmortalidad- y confió en poder saborearla en el mundo de los sentidos. En una sociedad de rígidas normas y de severas persecuciones religiosas resultaba una osadía hacer partícipes a los demás de los pensamientos propios, en especial si se apartaban -aunque un ápice- de lo Católico, apostólico y Romano. (Se bautizó esta filosofía con el nombre de 'hermética' en homenaje a Hermes el dios pagano de las Ciencias).

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            Con La Diablesa se rompen los moldes de la imaginería religiosa española; un aire de cierta iconografía hermética se vislumbra debajo de la alegoría ortodoxa del triunfo de la Cruz: y es que ese lenguaje esotérico (resultado de la interrelación de medicina, experimentaci6n química, moral, especulaciones filosóficas y ritos) supone en sí solo una (manifestación de) creencia sino también una ascesis o una técnica de salvación: el hombre que buscara la perfecci6n de lo material (a través de la alquimia o del arte) moriría con su espíritu sosegado por haber colaborado en el proceso que llevaría al género humano a conseguir el éxito de la Piedra Filosofal y/o del Elixir de la eterna vida.

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La Diablesa es un conjunto escultórico de madera, policromado, de algo menos de tres metros de altura (teniendo en cuanta que la cruz que domina ocupa la mitad aproximadamente del alzado total).


Sobre una base de madera, a modo de humus o tierra fecundada y fecundante, descansan dos figuras antropomórficas: un esqueleto, cuyo color hueso -blanquecino- contrasta con el de la segunda figura, la diablesa, marrón oscuro; ambos personajes -sentados- se entrelazan en posici6n frontal y actitud ambiguamente libidinosa. El esqueleto reposa sobre un reloj mientras la diablesa apoya su codo izquierdo en un libro abierto y tiene asida una manzana en su mano derecha tras la cabeza; un enorme sexo animal y un rostro espeluznante bestializan a este híbrido y enigmático ser que posee senos femeninos, cuernos y alas. Del punto de conexión entre esta­dos imágenes brota un gran globo terráqueo abarcado por dos cintas/arcos de color oro; mar azul y continentes cobrizos son rodeados, en su parte superior por unas nubes plateadas y algodonosas que acogen un coro de angelitos en derredor: seis de ellos, de cuerpo entero, exhiben instrumentos de la Pasión de Cristo mientras ocho más sólo asoman con sus rostros. De las nubes, en perfecto equilibrio y simetría, se yergue una cruz negra con velorios blancos (sin la efigie de Cristo).

domingo, 20 de septiembre de 2015

Orihuela misteriosa: La Diablesa


Cuentan algunas leyendas antiguas, que los Demonios eligieron un hermoso lugar en la tierra para alojarse.

Así es como decidieron quedarse en Orihuela.(Según aparece relatado en la novela DE ORIHUELA A BUENOS AIRES CON ÁNGELES Y DEMONIOS del señor Hilarion Lillo Roche)

La ciudad mágica que tiene a su alrededor más sectas satánicas de toda Europa. (Según el psiquiatra y profesor de la Universidad de Cádiz Leonardo Casais).

Y la única ciudad del mundo en donde se conserva un paso de semana santa que desde 1695 pasea por las calles la imagen de una diablesa.

Incluido este popular hecho en el libro: 99 LUGARES EN DONDE PASAR MIEDO de Lorenzo Fernández Bueno, según me contó en mi primera visita a Toledo, Luis Rodríguez Bausá (Colaborador de MILENIO 3 y CUARTO MILENIO y autor de los libros TOLEDO INSÓLITO, TEMPLARIOS EN TOLEDO).


Esta escultura bien conocida entre los oriolanos es única en su género.
El paso se compone de una cruz en donde se sujetan unas toallas descolgadas y unas nubes con cinco ángeles la rodean mientras portan un martillo, una corona de espinas, una escalera, unas tenazas, y la cruz que emerge de la bola del mundo que un esqueleto abraza en posición de descanso. Frente a él, un diablo con pechos mantiene en su mano una manzana.

Existe una representación similar del diablo en la Columna de la Peste de Viena, una escultura realizada en 1682 por Johann Bernard Fiseher Von Erlach.

El paso camina con lentitud a través de las calles oriolanas y se detiene ante las puertas de las iglesias de la ciudad a las que no tiene permitido su entrada.

Parece ser que los documentos que nos hablan de su origen ponen a este en el siglo XVII cuando varias cofradías que se agrupaban bajo el nombre de Cofradía del Santísimo Sacramento, realizaron obras de carácter piadoso como la sepultura de personas sin hogar que vagabundeaban por las calles o algunos de los criminales que eran ajusticiados.

A finales del siglo XVII tras la primera procesión, los labradores encomendaron al artista Nicolás de Bussy un nuevo paso iconográfico que salió a las calles por primera vez en procesión en 1695.

Los agricultores del Arrabal de San Agustín tuvieron que endeudarse para poder pagar la obra como se ve reflejado en antiguos manuscritos.

Sobre este paso y especialmente sobre la figura de este demonio corren cientos de oscuros rumores y leyendas.

Se ha llegado a decir por algunos oriolanos que cuando han pasado junto a la escultura de la diablesa han podido escuchar voces que parecían provenir de su interior.

Pero eso ya lo contaré en próximas entradas…

domingo, 6 de septiembre de 2015

Orihuela Milagrosa: La endemoniada de Orihuela

Representación Teatral Infantil

Partiendo el Padre Vicente Ferrer de nuestro pueblo vecino Beniel en donde venía de realizar un milagro que le devolvió el habla a una chica que no podía hablar, siente este el deseo de volver a pisar Orihuela de donde tuvo que partir con prisas al haberse convertido en el objetivo de las envidias que el prior de un convento le dedicó.

El demonio bajo la forma de una joven llamada Remei intenta por todos los medios impedir que el padre llegue a Orihuela.

Pero el santo que está tocado por la mano de Dios, consigue sortear todos los obstáculos que Satanás pone en su camino hasta llegar a la ciudad que le espera con los brazos abiertos.

Una vez allí, impone su voluntad sobre la de los demonios que poseen el cuerpo de una Oriolana a través de un exorcismo.

La gente clama y alaba el milagro y entonces el prior que con anterioridad lo había expulsado de nuestra ciudad, lo visita para pedirle perdón.

Vicente Ferrer le otorga el perdón pero dejando constancia de que no es él el que lo perdona sino el mismísimo Dios al haber mostrado arrepentimiento.

Y añade que ha obrado bien al buscar el perdón divino ya que su vida se está acortando con presteza y que no le queda mucho tiempo para que la muerte se lo lleve del mundo de los vivos.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Orihuela curiosa: La Beata que derrotó al Demonio



Orihuela es una ciudad maravillosa que tiene tantos años de existencia que no es difícil encontrar entre sus páginas de la historia un hecho extraordinario o una vida ejemplar que nos llamase la atención.

Un caso para estudio es la ejemplar vida de Antonia Corrover, una religiosa Agustina del convento de San Esteban nacida en Orihuela en el último tercio del siglo XVII.
Esta mujer fue bautizada en la “Pìla de los bordes”.
Y las pocas crónicas que nos llegan nos narran que llevaba una vida tan santa que hasta el demonio dijo de ella estas palabras:


¡Ay de mí, esta beata me destruye!