Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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jueves, 23 de noviembre de 2023

El Misterioso Oficio de los "Acabadores" en la Vega Baja: Entre la Tradición y el Misterio

 

En la apacible región de la Vega Baja, donde los campos extensos y la historia se entrelazan, se encuentra un oficio antiguo que ha dejado una huella misteriosa en la memoria de sus habitantes: el oficio de los Acabadores

Un Encuentro Casual con la Tradición:

En una investigación sobre hechizos y brujería en la Murcia medieval, el  arqueólogo colegiado en el colegio de arqueólogos de Murcia, Santi García Lorca,  rebuscando en los documentos históricos legados por los hisrtoriadores Juan Blázquez y Torres Fontes tropezó con un rastro intrigante: "los Acabadores". Este grupo, que se remonta al menos al siglo XVI en el Reino de Murcia, tenía un papel singular en la sociedad, marcando el fin de la vida de aquellos que estaban agonizando.

La Figura del Acabador: Más Allá de la Imagen Errónea:

Contrario a la imagen equivocada que se puede encontrar al buscar "acabador" en la historia, estos no eran ejecutores de muerte, sino individuos protegidos por el Santo Oficio y la Iglesia. Esencialmente, los Acabadores eran personas con dones especiales, vinculados estrechamente tanto con el cielo como con el infierno. (Un acabador debe de demostrar que la gracia de Dios está con él y que además tiene que tener una serie de características las cuales le ayuden en su en su quehacer).

Rituales y Pruebas: El Camino del Acabador:

Un Acabador debía demostrar su conexión divina, teniendo contacto directo con entidades como la Virgen María y Jesucristo. Además, debían conocer a la perfección el cuerpo humano y las artes de la medicina, aunque no fueran médicos en el sentido convencional. Sus rituales implicaban pruebas como encender fuegos rituales, bendecir objetos y recitar oraciones específicas. 

Las oraciones desempeñaban un papel crucial en este proceso. Ejemplos de estas oraciones incluyen expresiones como "Santa Madre del Señor, te devuelvo a este niño, acógelo en tu corazón" y la invocación a los antepasados, seres que los antiguos romanos denominarían dioses hermanos, pidiéndoles que vengan y acojan al alma como uno más.

Mantenían una estrecha vinculación con la iglesia, llegando incluso al punto en que la propia institución eclesiástica ocasionalmente les otorgaba bulas papales. Estas autorizaciones les permitían llevar a cabo acciones letales sin que, al fallecer, sus almas fueran condenadas al infierno, ya que desempeñaban un servicio específico.

Poseían un profundo entendimiento del cuerpo humano. Esta afirmación se fundamenta en el hecho de que, al final, su objetivo era poner fin a la vida de una persona, ya fuera un niño, una niña, un hombre, una mujer, un anciano o una anciana, mediante un golpe certero. Este golpe no podía ser ni doble ni triple, sino único. Además, en la parte más fundamental de la nuca, debían conocer a la perfección el lugar preciso donde infligir el golpe mortal con la maza.


Casos Reales en la Vega Baja: Juana la Macha y Dorotea la Bruja:

En la ciudad de Cartagena, Juana la Macha (1847-1942) se destacó como una Acabadora peculiar, utilizando mezclas de leche y huevos para aliviar el sufrimiento de los enfermos. Por otro lado, Dorotea la Bruja, conocida en Lorca, tuvo un encuentro único con la Inquisición que dejó a todos perplejos.

Juana la Macha

Ella nació en una familia de escasos recursos en una pedanía de Cartagena llamada Molinos Marfagones. Desde joven, se dedicaba a la recuperación y venta de gallinas y huevos en las casas locales. El apelativo "La Macha" le fue otorgado cuando, siendo aún muy joven, se enfrentó a un toro que se había escapado de un redil y se dirigía hacia el pueblo. Enfrentándose valientemente al toro, logró aturdirlo, proporcionando tiempo para que los adultos pudieran capturarlo.

A partir de ese momento, esta mujer fue conocida como Juana "La Macha". Nació en un Jueves Santo, un detalle característico de los acabadores. Tenía lunares dispuestos en forma de cruz y una llaga en el paladar, también en forma de cruz.

Prestaba sus servicios a La Casa de Misericordia en la ciudad de Cartagena a finales del siglo XIX o principios del siglo XX. En ese período, la ciudad estaba plagada de enfermedades como la tuberculosis, la malaria y el cólera. Incluso, se enfrentaron a la devastación de la gripe española en 1920. Durante esos momentos difíciles, muchos niños y personas en la Casa de Misericordia se encontraban en estado crítico, llegando al punto de agonizar.

En ese contexto, ella aprovechaba su comercio de huevos para llevar un alivio a través de una práctica singular. Preparaba una mezcla especial en grandes ollas, combinando litros y litros de leche con una docena de huevos para cada niño enfermo. Este brebaje, que se administraba varias veces al día, proporcionaba una fuente de nutrición crucial.

Cuando un niño entraba en la fase terminal, ella se presentaba en su habitación. Rezaba a la Virgen María, colocaba una bolsa de tierra en los pies del niño y permanecía a su lado hasta que fallecía. La ingesta de este batido generaba aumentos significativos en los niveles de glucosa en sangre, lo que, paradójicamente, resultaba fatal para aquellos con antecedentes diabéticos. En los casos de aquellos sin esta condición, la mezcla provocaba enfermedades renales y pancreáticas asombrosas, llevando finalmente al fallecimiento.

Antes de partir, ofrecía a los niños moribundos un último sorbo de esta bebida caliente para calmarlos y facilitar un sueño tranquilo, permitiéndoles dejar este mundo sin apenas dolor.

En el Valle de Valentín, en dirección a la zona de Lorca. La imagen que les presento es la de Dorotea, conocida como "la bruja", una figura destacada en la ciudad de Lorca. En calidad de acabadora, recibió el encargo de asistir a una persona que residía en Almería. Dorotea se trasladó a Almería y, aparte de su labor como acabadora, se dedicaba a la venta de verduras.

Sin embargo, el Santo Oficio de Almería la acusó de brujería, resultando en su encarcelamiento. Si mal no recuerdo, la retuvieron en las proximidades de las instalaciones en Cabo de Gata. Cuando iban a aprehenderla para llevar a cabo su auto de fe, su cuerpo desapareció misteriosamente. Nadie volvió a tener noticias de él. Lo intrigante es que, días o semanas más tarde, Dorotea apareció en la residencia del corregidor de Lorca.

Cabe destacar que, sorprendentemente, no había sufrido ninguna transformación ni alteración. La Inquisición de Lorca, o el Santo Juicio de Lorca, había enviado un equipo, por así decirlo, para rescatar a Dorotea la bruja, ya que ella trabajaba para el Santo Oficio del Reino de Murcia.


La Perpetuación de un Oficio Único:

Aunque la tradición de los Acabadores parece cosa del pasado, algunos informes sugieren su presencia hasta tiempos recientes. En la Vega Baja, entre los años 40 y 90, las dificultades de acceso a la medicina llevaron a que familias solicitaran la intervención de un Acabador como último recurso.

El Debate Contemporáneo: ¿Eutanasia o Justicia Divina?

Aunque algunos podrían ver a los Acabadores como practicantes de eutanasia, es crucial entender que su acción no se llevaba a cabo por solicitud del enfermo, sino más bien por un deseo de la familia de aliviar el sufrimiento. El Acabador solo intervenía como último recurso, después de agotar todas las opciones de curación.

Imaginemos la situación en la que un ser, ya sea un perro o un lobo, muerde a alguien y le transmite la rabia. En este caso, similar al ejemplo que les he compartido previamente sobre la familia y el niño que regresa a casa o es localizado, se presentan dos opciones. Una de ellas consiste en permitir que la naturaleza siga su curso, esperando que la víctima fallezca a causa de la rabia, dado que en el siglo XIX no existía cura para esta enfermedad. Esto implicaba enfrentar los gritos insoportables de la criatura, observar la espuma en la boca, entre otros síntomas.

La otra alternativa era llamar a un acabador, siempre y cuando tuvieran la fortuna de contar con uno en su ciudad o territorio, o de que el acabador estuviese cerca en ese momento. En caso contrario, la familia debía esperar semanas, incluso meses o años, hasta que uno de estos especialistas pasara por su localidad para solicitar sus servicios.

Primero, para acceder a esta práctica, debe ser considerada como la última opción. Antes de llegar a este punto, se debe haber intentado curar a la criatura o persona hasta agotar todas las posibilidades.

Segundo, el acabador debe demostrar que cuenta con la gracia divina. Una prueba común consistía en apagar un fuego hecho con ciprés de un solo golpe. Este rito era esencial, y si no se completaba, no se podía continuar con el proceso; era necesario esperar otro momento o día propicio. Cuando el acabador bebía agua y el fuego no se apagaba al escupir, indicaba que Dios o la Virgen María no deseaban que el alma emprendiera el viaje hacia el otro lado.

Una vez superadas estas pruebas y certificada la gracia divina, se obtenía, por así decirlo, la "bula papal" que permitía al acabador realizar la tarea de "Acabación". 

Para invocar a un acabador, se debían cumplir ciertos criterios, como la agonía de la persona, una enfermedad incurable (lo que hoy llamaríamos eutanasia, aunque los acabadores no la practicaban), un accidente mortal e incurable, o la posibilidad de estar en contacto con el más allá, entre el cielo y el infierno. En este último caso, se presumía que debían llamar a las almas de los difuntos de esa generación o familia.

El hábito que llevaban, como el vestido enlutado que se menciona, era original y formaba parte de la tradición. 

El rito de la Acabación no se transmitía de padres a hijos, al menos según la práctica en la región de Murcia. Un acabador formaba a otro.

Cuando los acabadores accedían a la casa, solicitaban dos habitaciones: una para colocar sus utensilios y otra donde yacía la persona agonizante. La petición de una habitación para sus utensilios indicaba que operaban de incógnito, ya que el acabador se mantenía desconocido y cubría su rostro todo el tiempo. La única persona que veía su rostro era la que se encontraba al borde de la muerte.

Mientras preparaba sus utensilios en una habitación, que luego bendeciría uno por uno, la familia del enfermo eliminaba cualquier rastro de ropa y dejaba solo una sábana a modo de mortaja. Retiraban todos los objetos metálicos y de hierro de la habitación, considerando la creencia local de que el hierro ahuyentaba a los malos espíritus.

En los siglos XVI, XVII y XVIII, se colocaba un ladrillo en lugar de una bolsa de tierra en los pies de la persona agonizante. Este gesto tenía raíces tradicionales, ya que en esta zona se creía que el hierro alejaba a los malos espíritus, y colocar un ladrillo se interpretaría como un sustituto. Una vez hecho esto, se notificaba al acabador, quien rezaba en otra habitación para protegerse antes de entrar en la sala donde ocurriría la muerte.

Cuando llegaba el momento, el acabador obligaba a la familia a abandonar la casa y se encerraba con la persona agonizante. Si era un sanador, intentaba curar a la persona; de lo contrario, preparaba una bebida con centeno, belladona, mandrágora o cicuta, nunca en dosis mortales, solo para adormecer al moribundo.

Luego, realizaba dos oraciones: una para los familiares y otra para la Virgen María, quien acogería el alma a punto de partir. Después, purificaba la habitación con incienso y aceite de romero, ofrecía la bebida al moribundo, esperaba a que hiciera efecto y, con un golpe certero, acababa con su vida. Colocaba nuevamente el ladrillo en los pies para anclar el cuerpo a la tierra, facilitando el tránsito del alma.

La acabadora o acabador salía de la habitación, informaba a la familia que la persona ya no sufría y había partido. En la región de Murcia, la práctica implicaba el uso de una masa, y en el Levante, se compartían incluso un par de oraciones.


En la región del Arco Mediterráneo, donde se han identificado la mayoría de los acabadores, se conoce la práctica de utilizar un martillo. Por otro lado, en la zona de Galicia, los acabadores preferían emplear un trabuco o una escopeta en lugar de ese instrumento. La familia reconocía que el trabajo había concluido cuando, desde fuera de la casa, resonaba el disparo, seguido de un repentino y absoluto silencio.


Conclusión: Un Oficio Entre la Luz y la Sombra:

Los Acabadores de la Vega Baja han dejado un legado intrigante, revelando una conexión única entre lo divino y lo terrenal. Aunque suene a relato de otra época, la historia de estos personajes sigue resonando en los recuerdos de aquellos que han compartido su espacio con estas figuras misteriosas.



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Fuente: Conferencia "Los Acabadores de Murcia: Guardianes de una Tradición Misteriosa" del arqueólogo Santi García Lorca

miércoles, 5 de julio de 2023

La leyenda murciana del autobús fantasma

 

A través de las épocas, se tejían leyendas oscuras en las entrañas ocultas de Murcia. Susurros sombríos susurraban sobre el regreso periódico de un misterioso autobús fantasmal que emergía de los abismos más allá, sediento de diez inocentes infantes. Absurdo y escalofriante, así se forjó la inspiración del cronista oficial para tejer un capítulo macabro en su novela "Cuando vengan a por ti".

La Murcia oculta, sumida en la penumbra, albergaba secretos tan profundos como el abismo mismo. Susurros de antaño evocaban una sombra impenetrable que revivía en intervalos desconocidos. En aquel misterioso trasfondo, un enigmático vehículo de pasajeros, envuelto en un velo etéreo, surcaba los dominios mortales. Su único propósito: arrebatar a diez pequeños almas, sin dejar rastro alguno. ¿Cómo era posible? ¿Qué trato oscuro se había entrelazado en los hilos del destino?

El cronista, al amparo de las sombras y con ojos despiertos a lo paranormal, se adentró en las profundidades de aquel relato. Como un arqueólogo de la macabra verdad, desveló susurros de voces fantasmales y se sumergió en la angustia del inexplicado fenómeno. Su novela, un compendio de pesadillas y enigmas, llevaba a los lectores a cuestionar su propia realidad, enfrentándolos a un siniestro destino que acechaba en cada esquina.


"Cuando vengan a por ti" se convirtió en un portal hacia lo desconocido, una ventana hacia el abismo mismo. Las líneas impregnadas de un misticismo inquietante arrastraban a los lectores hacia un viaje sin retorno. ¿Quiénes eran los elegidos? ¿Qué oscura conexión se alzaba entre los diez niños y el autobús de ultratumba? Preguntas sin respuesta, secretos sin desvelar, enigmas que amenazaban con sumir a los curiosos en un abismo eterno de incertidumbre.

En las calles silenciosas de Murcia, el eco de susurros ancestrales persiste, alimentando la leyenda. El autobús fantasma, como un presagio sombrío, espera pacientemente en la frontera entre la vida y la muerte. ¿Acaso te atreverás a adentrarte en sus tinieblas? "Cuando vengan a por ti" es solo el comienzo de un viaje sin retorno, donde el misterio místico se despliega con crueldad y los secretos más profundos se aferran a tu ser, eternamente.


En las sombras de la ciudad de Murcia se teje una leyenda misteriosa: la del "autobús fantasma". En las noches envueltas en niebla, dicen que este misterioso autobús surge de las tinieblas para transportar a pasajeros de otro mundo.

Según cuenta la leyenda, el autobús se materializa en paradas solitarias, donde aguarda a aquellos incautos que buscan el transporte público. Sus puertas se abren con un crujido siniestro, revelando un interior oscuro y silentes figuras. Los pasajeros fantasmales, vestidos con ropas antiguas, irradian una presencia escalofriante, sus ojos sin vida fijos en un horizonte invisible.

Se susurra que aquellos valientes que se atreven a subir a bordo del autobús nunca regresan. Desaparecen en la niebla de la noche, condenados a vagar eternamente en el reino de lo desconocido. Historias sombrías se cuentan de almas perdidas que se adentraron en el autobús y nunca más fueron vistas entre los vivos.

Durante el enigmático año de 2017, se llevó a cabo una reunión extraordinaria a bordo de un autobús para recrear la leyenda que envolvía a Murcia. Los participantes recibieron una misteriosa invitación que les instaba a vestirse completamente de blanco, como si fueran sombras pálidas deslizándose en la oscuridad. Un concurso literario de relatos de terror se puso en marcha, despertando la imaginación de aquellos valientes dispuestos a explorar los abismos de lo sobrenatural.

El 10 de agosto, un día marcado por los astros, llegó la "abducción" grupal en el autobús. Los pasajeros, con sus prendas albas y corazones acelerados, se adentraron en el vehículo con un sentido de expectación mezclado con temor. El susurro del viento acompañaba las lecturas de microrrelatos, que destilaban el miedo y lo desconocido.

En medio de esta atmósfera cargada de misterio, un invitado especial apareció: el aclamado escritor Jerónimo Tristante, quien asumió el misterioso nombre de Don Phantom Bus. Su presencia añadió un toque de intriga y sabiduría al evento, como si fuera un guía en el mundo de las sombras.

Esa tarde, mientras el autobús recorría las calles de Murcia, las almas inquietas compartieron sus relatos tenebrosos, tejiendo una red de historias que dejaban huellas en la psique colectiva. La noche se desvaneció, pero los ecos de aquel encuentro único perduraron en la memoria de quienes osaron enfrentarse a lo desconocido.

Desde entonces, la quedada en el autobús, el concurso literario y la figura de Don Phantom Bus se han convertido en leyendas dentro de la leyenda, añadiendo una capa más de misterio a la historia del "autobús fantasma de Murcia". En los anales del folclore local, este evento singular sigue vivo, recordándonos que el velo entre la realidad y la fantasía es más delgado de lo que podemos imaginar.


Lamentablemente, dos meses después de aquel evento memorable, un incidente trágico sacudió a la comunidad. Un autobús que transportaba escolares del colegio El Buen Pastor de Murcia hacia Caravaca de la Cruz se incendió en la autovía "Noroeste-Rio Mula", en las proximidades del Niño de Mula. Afortunadamente, no se reportaron heridos, pero el autobús quedó completamente consumido por las llamas. Las causas de este devastador fuego permanecen desconocidas, envueltas en un misterio oscuro.

En ese fatídico viaje se encontraban 48 estudiantes de primero de la ESO, jóvenes de apenas 12 años. Sorprendentemente, su reacción frente al suceso fue extraordinariamente calmada y controlada. Fueron ellos mismos quienes alertaron al profesor que los acompañaba de un olor a quemado en el interior del autobús, según relató en una entrevista a Onda Regional.

Este trágico episodio ha dejado una profunda impresión en la comunidad escolar y en la sociedad murciana en general.

La inescrutable casualidad ha urdido un siniestro plan, en el que el destino nos ha jugado una oscura partida. La proximidad del día de la celebración que se convirtió en leyenda a los hechos casi trágicos ha tejido un entramado de misterio y desasosiego en torno a esta antigua leyenda urbana, cuyo alcance se ve potenciado.

El universo caprichoso ha entrelazado los hilos del destino de manera perversa, conduciéndonos hacia un abismo de incertidumbre. La cercanía entre la leyenda ancestral y los acontecimientos casi funestos ha dotado a este relato urbano de un aura aún más enigmática. Susurros nocturnos se propagan, cargados de un temor latente, mientras la leyenda se expande, alimentándose de cada sombra y ampliando su alcance ominoso.

La maldición del azar ha trazado un vínculo indescifrable entre la trágica realidad y el velo de la fantasía. El misterio se adhiere a los cimientos de esta vieja historia urbana, enredando sus raíces en el tejido mismo de la incertidumbre. Cada paso en la senda de esta leyenda implica adentrarse en un abismo de interrogantes, donde la verdad y la ficción se entrelazan en una danza perversa.

Las sombras se alzan, estrechando su abrazo en cada esquina oscura, mientras la leyenda se fortalece en su influjo perverso. El destino, cómplice del enigma, se burla de nuestras expectativas, atrapándonos en su telaraña retorcida. La magnitud de lo desconocido se expande, envolviendo cada aspecto de esta narrativa macabra.

En los rincones olvidados, la leyenda se nutre de nuestra propia inquietud, creciendo en poder y misterio. El influjo de los acontecimientos desafortunados y las casualidades malignas añade un sabor amargo a esta historia urbana, avivando el fuego de la incertidumbre. ¿Quién sabe qué sombras ocultas aguardan en las penumbras, mientras la leyenda se extiende más allá de lo imaginable?

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En el 2023 también se reprodujo la maldición:





viernes, 24 de agosto de 2018

Leyendas de Abanilla: La Santa Cruz


Durante la Guerra de los Dos Pedros, la hueste aragonesa del Pedro el Ceremonioso rey de la Corona de Aragón se detuvo junto al río Chícamo, junto al huerto de Mahoya.

Entre sus tropas, había unos extraños personajes conocidos como los Custodios por su labor de protección de las reliquias que transportaban, en este caso, los fragmentos del Lignum Crucis de Nuestro Señor, que eran propiedad del Arzobispo de Zaragoza.

No se sabe si por prisas o por necesidad, los objetos custodiados fueron dejados a su suerte junto a una acequia tras la derrota de la Batalla de La Matanza en la que los de Aragón trataron de poner a salvo sus vidas.

Unos huertanos que las descubrieron se hicieron cargo de ellas y las depositaron a los pies del parróco de la Iglesia de San José que las guardó en el altar mayor del templo.

Pero cuando fueron a buscar las reliquias en su lugar de retiro se toparon con que habían desaparecido, y esto ocurrió hasta en dos ocasiones.

No sabemos por gracia de qué tipo de prodigio, las reliquias volvían de manera inexplicable a su lugar inciial junto a la acequia.

Al final, comprendieron que aquello era una señal divina y entre todos se pusieron de acuerdo en erigir una ermita en ese lugar para que sirviera de refugio a los santos objetos originándose al mismo tiempo La Hermandad de la Santa Cruz. (Se tienen registros desde 1564).

Toda la documentación original de dicha hermandad y la reliquia auténtica fue destruida durante la Guerra Civil.

Hoy día se venera una reproducción que constituye una donación personal del Papa Pío XII realizada en 1939.

domingo, 11 de febrero de 2018

EL FENÓMENO PARANORMAL MÁS DESCONCERTANTE DE LA HISTORIA DE ESPAÑA: Sucesos Extraños en el Cabezo del Plomo de Mazarrón


En la región de Murcia, más precisamente en Mazarrón, se encuentra un lugar de singular encanto: el Cabezo del Plomo. Aunque este sitio podría pasar desapercibido para aquellos que no comparten un interés en la arqueología o la investigación, un acontecimiento excepcional ocurrió en este enclave en un día caluroso del año 1982, lo que lo convierte en un punto de mayor atención.

Este sitio histórico representa uno de los principales asentamientos del Neolítico final y el Calcolítico en toda la península ibérica, abarcando una superficie de 3200 metros cuadrados. Durante su antigua ocupación, el poblado estuvo resguardado por una muralla, especialmente en las zonas más vulnerables.

En ese memorable día, aproximadamente una veintena de personas se encontraba en el lugar, dedicándose a sus tareas relacionadas con la arqueología, cuando se toparon con un enigma que, hasta el momento, permanece sin resolver.

La atmósfera se caracterizaba por una calma apacible, apenas un suave soplo de viento y un sol radiante. Fue en ese momento cuando se hallaban específicamente en el tholos del Cabezo del Plomo, un monumento funerario situado al pie del poblado y que constituye el único vestigio conservado de lo que alguna vez fue la necrópolis.

De manera abrupta y de manera única sobre ese punto, el cielo se oscureció súbitamente, cubriéndose de una densa nube negra, y se desató un vendaval con vientos que superaron los 110 kilómetros por hora. Con escaso margen para reaccionar, los presentes apenas lograron mantenerse sujetos al suelo, refugiándose tras las piedras para resistir el embate del viento caprichoso, mientras la luz solar desaparecía casi por completo.

Este extraño fenómeno persistió durante más de 60 segundos. Los testigos, cuyos testimonios gozan de plena credibilidad debido a su pertenencia al ámbito académico y a la alta cantidad de personas que lo experimentaron y sufrieron, se esforzaron por encontrar una explicación lógica que arrojara luz sobre lo que habían vivido.

La consulta realizada a los vecinos locales no condujo a ninguna respuesta esclarecedora. Nadie en la zona había experimentado algo similar en su vida.

FUENTE:
MITOS Y LEYENDAS DE LAS CUEVAS Y YACIMIENTOS PREHISTÓRICOS DE MURCIA
Esmeralda Mengual Roca y Ricardo Montes Bernárdez (presidente de la Asociación de Cronistas de la Región,Director de la Fundación de Estudios Murcianos Marqués de Corvera y Presidente de la Federación Cultural “Pedro Serna") 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Leyendas de Murcia: El Diablo a las Espaldas


Cuentan los murcianos que a la actual calle de Polo de Medina se la conocía antiguamente con el nombre de calle del Cabrito desde el día en que sucedieron los hechos que aquí voy a relatar.

Juana, la mujer del zapatero, se encontraba atareada con la preparación de la cena por el día de San Crispín, patrón del gremio mientras rezaba para que su marido llegara a tiempo de acompañarla a la mesa.

El artesano del calzado, entró en casa y rechazó la cena alegando que el gremio lo había invitado a dar cuenta de unas cabezas de cordero asadas en la calle del Horno.

La mujer indignada ante tal humillación intentó detenerlo pero un forcejeo con su marido provocó su caída al suelo mientras el marido le espetaba con sarcasmo:

- ¡Quédate con Dios, mujer!


Ella todavía en el suelo le replicó:

- ¡Y tú, vete con el demonio!


La fiesta se alargó hasta lo indescriptible y las rondas de vino y comida parecían querer acabar con las existencias del establecimiento.

Pero finalmente se dio por terminada la velada y cada uno de ellos fue volviendo a sus casas.

El maestro zapatero Juan, regresaba a la suya con el miedo a las represalias por parte de su mujer por el trato que le había dado y sumergido en sus pensamientos no fue consciente de lo oscura que era la noche.

Las campanadas de la Catedral sonaron y marcaron las tres de la mañana, la hora maldita en la que dicen que ocurren todas las cosas demoníacas.

A pocos metros de sus pies, algo le llamó la atención.

Primero pensó que podría ser un animal de compañía e intentó espantarlo con alguna que otra pedrada que lanzó al azar sobre las sombras.

Pero luego se percató que se trataba de algo más inocente y suculento.

Un pequeño cabrito le salió al paso manso y soberbio.

El zapatero dudaba si llevárselo consigo o dejarlo allí mismo.

Pero el animalico le seguía y le cerraba el paso.

Así que finalmente, con la alegría que regala el vino en las entrañas, no pensó en otra cosa que en echárselo a los hombros para llevárselo a su casa.

Aún no había salido del callejón del Horno cuando sintió que el peso del animal había aumentado. Parecía que con cada paso que daba, el peso subía.

Como la noches anteriores habían sido húmedas y algo lluviosas, se habían formado algunos charcos, al pasar sobre uno de ellos, vio en el reflejo del agua que lo que tenía a las espaldas difería completamente de un animal inocente, un hombre vestido de negro con un rostro monstruoso y cornudo había ocupado el lugar del animalico.

El susto fue tan horrible que el mozo perdió el sentido y cayó de bruces.

No despertó hasta que lo encontraron mal herido pero vivo a la mañana siguiente.

Pero la anécdota se propagó por toda la región y pocos días después la Calle del Horno fue llamada La calle del Cabrito y así consta desde 1760 en los viejos documentos.


lunes, 4 de diciembre de 2017

Leyendas de Murcia: Los Espíritus de la Calle de la Sal


El 7 de noviembre del año de 1894, los murcianos dieron el grito de alarma.

En esta calle conocida como Federico Balart en la actualidad se sucedieron una serie de fenómenos de lo más extraño.

Era habitual y así contaban los huertanos vecinos próximos de la zona que todos los martes, los duendes tomaban posesión de aquella casona en la que se escuchaban ruidos misteriosos y se veían luces extrañas.

Según algunos de los testimonios, a las doce de la noche, una paloma blanca se introducía por la chimenea acompañada por una legión de espíritus que cantaban una oración. Llamas rojizas y azuladas se movían mientras sobre ellas giraban las almas de los condenados.

Incluso aseguraban que el ambiente se viciaba con un olor insoportable a azufre.

Y de ellos se hicieron eco varios diarios de la época aunque tachándolo de analfabetismo y superstición.

Las Noticias de Levante o el Diario de Murcia son dos de los periódicos en los que aparecieron los hechos relatados.

Avisando de un acontecimiento que no hizo sino añadir más leña al fuego al dejar constancia de que uno de los agentes del orden público, sacó su arma reglamentaria para intentar poner orden y al hacerlo un golpe brusco que lo dejó de piedra sonó en el interior de la vivienda.




lunes, 13 de febrero de 2017

Leyendas de Murcia: La Leyenda del Ángel de Salzillo



No son pocas las obras conocidas que parió este Murciano y que realizó con sus propias manos.

Un hombre que parece que ha dejado huella en la Semana Santa de casi toda España.

La perfección en el detalle, la pureza de los rostros, son sus características principales.

De sobra es conocido el Cristo de la Agonía del Convento de San Francisco de Orihuela que está considerada como una de las más memorables obras de este artista dedicada al tema de la Crucifixión de Cristo.


Podemos sentirnos privilegiados.

Durante la Guerra Civil fueron muchas las obras del escultor murciano que fueron destruidas o que a día de hoy permanecen en paradero desconocido.

Un ejemplo de ello es La Magdalena que se puede apreciar en la foto pero que ya no existe por la barbarie de la guerra.


Muchas leyendas giran alrededor de la figura de este personaje que como corresponde a este blog vamos a desvelar para el gusto de nuestros lectores.

Ya que los cronistas e historiadores de Orihuela no parecen muy amigos de las leyendas fabulosas tendremos que recurrir a las que circulan por nuestra ciudad vecina, Murcia, en donde llevan siglos contándolas de padres a hijos.

Una de las más conocidas, con más de dos siglos de antigüedad, es la que se refiere a una talla que con mucho cariño guardan en la ciudad de Murcia y que algunos autores se han atrevido a comparar con las inmaculadas obras de Miguel Ángel o del mismísimo David de Florencia. Y que la tratan como si fuera un icono de importancia mundial.

La Oración en el Huerto.


Salzillo quería crear un ángel perfecto pero no era capaz de encontrar la inspiración.
Tenía ya representado a Cristo en actitud de oración en el Huerto de los Olivos y quería que la figura del ángel cobrara todavía mayor importancia.

Pero ¿Cómo retratar a un ángel? Si, nadie ha sido capaz de haberlo hecho nunca.

Así pasaron los días, los meses, y la obra quedaba sin finalizar.

Este hombre se atormentaba al mirar hacia el lugar vacío en donde debía de estar la figura del ángel.

Fueron muchos los bocetos que desestimó porque consideraba que no reflejaban el rostro perfecto de la criatura más importante de la creación.

Un día, alguien llamó a la puerta de su casa. (como habitualmente sucedía como se refleja en las crónicas que hablan de su vida).

Al abrirla, Salzillo se encontró frente al rostro desatendido de un harapiento desfallecido de hambre que solicitaba su piedad.

Salzillo, se sintió conmovido y lo hizo pasar dándole una hogaza de pan y dejando que se acomodara en su taller para resguardarse del frío del exterior. Y a continuación se subió a su aposento para descansar.

A la mañana siguiente, Salzillo ya vestido bajó al taller para ver como estaba el desprotegido que había recogido.

Pero se encontró con que se había marchado.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando descubrió que la puerta estaba abierta.

Se dirigió para cerrarla y cuando volvía contrariado por no saber del paradero del mendigo, sus ojos se posaron sobre algo de color claro que permanecía sobre la mesa de su taller de trabajo.

Se acercó hasta allí y al contemplarlo más detenidamente descubrió un boceto que el mismo desconocía su procedencia y que instantáneamente lo atribuyó al mendigo al que de una manera desinteresada y piadosa había acogido y alimentado por una noche.

Y así es como la caridad de Salzillo atrajo los pasos de un ángel del cielo que había bajado para probar su fidelidad a los buenos preceptos y que como premio le había obsequiado con la imagen verdadera del rostro y cuerpo de un ser perfecto que no es hombre ni tampoco mujer.

Desde ese día, no son pocos los que se quedan maravillados ante la visión de esta talla que puede contemplarse en Murcia durante las procesiones de Semana Santa o en el propio museo dedicado a la obra del escultor.


martes, 3 de enero de 2017

Relatos de Ruta X: La Comitiva



No es que yo crea mucho en estas cosas, si he venido a participar de esta ruta ha sido cosa de mi pareja.

A mí todo esto me da un poco de "Yuyu" y pocas cosas tengo que contar al respecto.

A lo largo de mi vida y ya ves que son años, sólo he tenido dos roces con los extraño.

Ambas ocasiones cuando mi padre ya no vivía.

Teníamos por costumbre cuando trabajábamos con dureza en nuestras tierras, hacer unas pequeñas hogueras para quemar rastrojos y malas hierbas.

A veces, la hoguera la dejamos durante bastante tiempo encendida e incluso nos marchábamos a nuestra casa no sin echarle un ojo de vez en cuando y nunca nos acostábamos a dormir sin haberla sofocado del todo.

No queríamos sustos ni contratiempos.

Pero el turno pasó para todos, mi padre envejeció y le llegó su hora.

Después de un entierro memorable lo sigo recordando como lo que fue, un hombre fuerte y siempre atareado con sus cosas del campo en donde yo de joven le echaba una mano.

Lo que ocurrió fue lo siguiente:

Un día en el que me encontraba quemando unas cosas en pleno invierno me sentí desfallecer por el esfuerzo y decidí marcharme a casa con la intención de volver poco después a asegurarme de que el fuego no seguía encendido.

Ya en casa, las horas pasaban despacio y el frio en el exterior se hacía más afanoso.

Tapado con una manta y abrigado bajo el calor del otro fuego que tenía en la chimenea no tuve ningunas ganas de salir a apagar el del exterior cuando llegó el momento.

Tenía los ojos cargados de pesadez y estaba casi dormido.

De repente escuché un brusco sonido como si algo hubiese golpeado a lo lejos por la zona en donde tenía que acudir pero la pereza no me dejaba.

Alarmado por si el fuego hubiese causado algún tipo de catástrofe o accidente, me vestí de mala gana y me dirigí en busca del fuego.

Al llegar allí, no comprendí lo que había pasado.

Pues donde antes lucía una gran llama, ahora no había nada. Lo extraño es que no quedaban ni las brasas de la hoguera.

Y lo más raro de todo es que apenas unos minutos antes, yo desde casa aún podía ver la imagen lejana del fuego ardiendo a través de mis ojos.

Ni una pizca de humo, nada, como si allí nunca se hubiese encendido una hoguera.

Y lo más chocante de todo fue aquel penetrante aroma, aquel olor inconfundible y familiar a mi padre, que había fallecido un año antes pero que su esencia se sentía como si hubiese estado allí mismo y se hubiera encargado él de apagar la lumbre.

Es algo que no me puedo quitar de la cabeza pero imagino que es producido por el dolor y el recuerdo al haber perdido a un ser querido.

Lo otro que me sucedió de una manera indirecta lo vivió mi ex-mujer.

Cuando estaba casado con ella, antes de que los problemas se agravaran y se convirtieran en detestables e inaguantables, dormíamos una noche en la misma cama de matrimonio.

Al día siguiente, al despertar la encontré algo alterada. Sus nervios estaban a flor de piel.

Me contó lo que le había sucedido aquella misma noche.

Y yo la reprendí porque no me había llamado y despertado para que yo mismo hubiese podido ser testigo de lo que ella afirmaba haber visto con sus propios ojos.

Según me contó, ella descansaba plácidamente cuando de repente algo la hizo despertar.

Con los ojos adormilados y entra las sombras de la noche vio con toda claridad como un grupo de personas en comitiva entraban en nuestra habitación y se acercaban a donde estábamos.

Los sujetos se colocaron frente a nosotros a los pies de la cama y mantenían sus rostros ocultos pues se quedaron de espaldas a nosotros.

Entre ellos, apareció una cara sonriente y de sobra conocida.

Era mi padre que había fallecido como dije antes hacia un par de años.

El caso es que el hombre, o mejor su espíritu dejó un mensaje en el aire:

Si llego a saber qué voy a estar tan bien me habría muerto antes.

Con esas palabras me dijo mi mujer que había sido agraciada por la voz del difunto.

Dicho esto, sonrió, hizo un gesto con la mano y se marcharon o desaparecieron, no lo recuerda.

Ya te digo que a mí las cosas de los difuntos me dan mucho miedo y sólo yo y ella fuimos protagonistas en aquella ocasión.

Me hubiese gustado haber podido ser parte de su visión, de todo lo que ella me contó al día siguiente que había presenciado.

Pero lo único que puedo darte es su testimonio y te aseguro que su rostro lucía un color grisáceo y tuvieron que pasar varios días para que ella se sintiera más calmada y a salvo.