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Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".
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viernes, 24 de agosto de 2018
Leyendas de Abanilla: La Santa Cruz
Durante la Guerra de los Dos Pedros, la hueste aragonesa del Pedro el Ceremonioso rey de la Corona de Aragón se detuvo junto al río Chícamo, junto al huerto de Mahoya.
Entre sus tropas, había unos extraños personajes conocidos como los Custodios por su labor de protección de las reliquias que transportaban, en este caso, los fragmentos del Lignum Crucis de Nuestro Señor, que eran propiedad del Arzobispo de Zaragoza.
No se sabe si por prisas o por necesidad, los objetos custodiados fueron dejados a su suerte junto a una acequia tras la derrota de la Batalla de La Matanza en la que los de Aragón trataron de poner a salvo sus vidas.
Unos huertanos que las descubrieron se hicieron cargo de ellas y las depositaron a los pies del parróco de la Iglesia de San José que las guardó en el altar mayor del templo.
Pero cuando fueron a buscar las reliquias en su lugar de retiro se toparon con que habían desaparecido, y esto ocurrió hasta en dos ocasiones.
No sabemos por gracia de qué tipo de prodigio, las reliquias volvían de manera inexplicable a su lugar inciial junto a la acequia.
Al final, comprendieron que aquello era una señal divina y entre todos se pusieron de acuerdo en erigir una ermita en ese lugar para que sirviera de refugio a los santos objetos originándose al mismo tiempo La Hermandad de la Santa Cruz. (Se tienen registros desde 1564).
Toda la documentación original de dicha hermandad y la reliquia auténtica fue destruida durante la Guerra Civil.
Hoy día se venera una reproducción que constituye una donación personal del Papa Pío XII realizada en 1939.
domingo, 4 de junio de 2017
Leyendas de Cartagena: El Cristo Moreno
Corría el siglo XVI y en el puerto de Cartagena había un barco abandonado del que nadie quería hacerse cargo.
Se mandó una expedición al interior para tratar de encontrar cualquier cosa de valor que pudiera dar una pista de quien o quienes eran sus dueños.
Entre otras cosas de poca importancia se toparon con un cristo de tez oscura crucificado al que se empezó a venerar como Cristo del Socorro. Al pueblo le dio por llamarlo El Cristo Moreno.
Así llegamos al año 1689 en donde una terrible sequía asoló los campos de la ciudad.
El cabildo de Cartagena casi se vio en la obligación de llevar al Cristo Moreno en rogativa por las calles para ver si el milagro se producía y caía un poco de agua.
A la altura de la Plaza de San Ginés, apareció Don Pedro de Colón de Portugal y de la Cueva, el famoso duque de Veragua que era también Capitán General de las Reales Galeras de España en dirección al Cristo con un niño en brazos.
Se trataba de su propio hijo Manuel, un infante de apenas veintidós meses de edad cuya vida pendía de un hilo al estar aquejado de una enfermedad incurable.
El Duque se puso de rodillas ante la imagen santa al mismo tiempo que alzó el cuerpo del bebé hacia la figura pidiendo por su vida.
A los pocos días, sin que nadie lo entendiera, se produjo el milagro y el niño empezó a mejorar.
En agradecimiento por el fenómeno, el Duque sufragó la construcción de una capilla en la Catedral Vieja de Cartagena para que se le rindiera culto de forma permanente y fundó una cofradía formada por treintaitrés hermanos, caballeros nobles de la ciudad a la que se le denominó Muy Noble, Devota, Ilustrísima y Pontificia Cofradía de la Hermandad de Caballeros del Santísimo Cristo del Socorro de la Ciudad de Cartagena.
En la madrugada del Viernes de Dolores, el Cristo Moreno abre la Semana Santa, con un desfile penitencial, donde los silencios de la noche se mezclan con el vibrante redoble del tambor, el traquetear de las velas y el susurro del rezo de las estaciones del Vía Crucis, para llegar hasta la Basílica de la Virgen de la Caridad, donde se celebra la Eucaristía, en el día magno de la patrona de la ciudad.
Durante la Guerra Civil se intentó su destrucción en varias ocasiones, siendo intimidados los republicanos que querían demolerlo por la visión de las uñas crecidas en las manos del santo. Llegando a resultar en la oscuridad de la capilla tan tétrico como misterioso.
La imagen fue destruida finalmente en la Guerra Civil en el mes de septiembre después de una larga espera para comprobar que la leyenda de sus uñas no era cierta...
Hoy día la sustituye una réplica del autor cartagenero Manuel Ardil Pagán.
Hasta aquí la parte buena.
El caso es que el pueblo, los ciudadanos con más imaginación, se pusieron a repartir esta otra leyenda:
Finalmente el niño murió por causas desconocidas y desde entonces se advierte de que su alma sin descanso reposa en el interior del palacio de Veragua y es el causante de ciertos fenómenos indescriptibles que acontecen en las inmediaciones de las horas de mayor oscuridad.
Leyendas de Cartagena: La Cara de Cartagena
En la calle Sor Francisca Armendariz, pegado al colegio de La Milagrosa,
Donde hoy hay un solar, hace cuarenta años se elevaba un pequeño edificio que hacía las veces de hospedería.
La dueña se encargaba de acoger y asistir a los viajeros que imperaban de sus servicios en el descanso de sus largos viajes, como muchos marineros que se quedaban allí por tiempo indefinido, hasta que la mar les brindaba una nueva oportunidad con la que ejercer su profesión, y para acumular el dinero suficiente bien para sus juergas o bien para propósitos más nobles.
Esta señora tenía una hija que era inválida de nacimiento.
Los únicos divertimientos que podía permitirse dicha muchacha eran los de asomarse por un balcón hacia la calle que daba a Sor Francisca Armendariz desde donde podía contemplar a la perfección la salida de los niños que estudiaban en el colegio de La Milagrosa. O incluso el patio donde pasaban las horas de diversión en los recreos algunos de los niños.
Un día, llegó un marinero jubiloso, de buen carácter y amigo de todo el mundo que enseguida reparó en la niña y se hizo amigo de ella.
La vida de la niña, a pesar de su nuevo compañero, iba apagándose lentamente y así un triste día dejó de existir.
El hombre, muy afligido y desconsolado por la pérdida quiso hacerle un homenaje, una especie de tributo que sirviera para que todo el mundo la recordara tal como era.
Con una habilidad asombrosa dibujó el rostro de la niña en la pared del balcón hacia la parte de fuera.
Pasados ya unos años y con el marinero muy lejos de allí, la madre decidió borrar la cara.
Con un trapo húmedo y un poco de jabón alargó el brazo y lo pasó sobre la imagen.
Pero el trazo seguía intacto.
Viendo que no conseguía ningún resultado, decidió entonces, hacer un nuevo intento rascando la pared.
Ya con el trabajo terminado y con la satisfacción de ver la imagen borrada, la madre ya iniciaba su caminar hacia el interior de la vivienda cuando algo le llamó la atención.
No era posible que aquello estuviera sucediendo, pues ante sus propios ojos, aquella imagen que unos pocos segundos antes había desaparecido, volvía a estar tan fresca como en un principio.
No sabemos los intentos por hacer desaparecer aquel rostro mágico del balcón de la casa.
Lo cierto es que pasados unos años más, la vivienda fue dejada en abandono con la particularidad de que la cara seguía allí.
Con evidentes señales de rascado, incluso de haber pintado encima, pero la imagen de la niña permanecía intacta, con sus ojos penetrantes que parecían gozar con la visión de cualquier cosa viva que transitara delante de ella.
Así cuentan los testigos que antaño fueron niños y que con gran valentía se introdujeron en aquel caserón abandonado para retar a aquella expresión extraña que los seguía mirando desafiante.
Finalmente, el edificio fue demolido y con ello desapareció para siempre el Misterio de la Cara de Cartagena.
Con evidentes señales de rascado, incluso de haber pintado encima, pero la imagen de la niña permanecía intacta, con sus ojos penetrantes que parecían gozar con la visión de cualquier cosa viva que transitara delante de ella.
Así cuentan los testigos que antaño fueron niños y que con gran valentía se introdujeron en aquel caserón abandonado para retar a aquella expresión extraña que los seguía mirando desafiante.
Finalmente, el edificio fue demolido y con ello desapareció para siempre el Misterio de la Cara de Cartagena.
jueves, 1 de junio de 2017
La Leyenda de Alicante: La Cara del Moro
Desde hace muchísimo tiempo, hay algo en la cabeza de los alicantinos que no les deja dormir.
Se preguntan a diario si ese rostro formado de forma caprichosa
en el monte Benecantil que está originado por grandes rocas en la misma
naturaleza no es más que una mala jugada que les hace su propia mente.
El autor de la naturaleza y criador del Universo, firmó una cabeza o una cara para que le sirviese de marca o señal.
Lo cierto es que en casi todas las fotos que en la
actualidad se toman de ese lugar, todos los que las ven, coinciden que es exactamente
eso, el rostro de una persona.El autor de la naturaleza y criador del Universo, firmó una cabeza o una cara para que le sirviese de marca o señal.
Hay también quien dice, que Alicante no debe su nombre a la
antigua denominación islámica (Al-Laqant), sino a una hermosa princesa árabe
cuyo padre era el caudillo de la medina musulmana. Este y su hija vivían en la
imponente fortaleza del Benacantil, rodeados de abrumadoras riquezas e
infinitos manjares traídos de recónditos lugares de todo el mundo.
Cántara, que así se llamaba la hija del califa, crecía y su
belleza empezaba a ser abrumadora.
Cientos de pretendientes surgían cada día con las
pretensiones de hacerla suya.
Su padre, observaba con paciencia desde la distancia la
actitud tanto de su hija como de aquellos futuros esposos que la deseaban.
Pronto llegaría el adecuado, el que fuera más fuerte, más rico y más apuesto.
El tiempo pasaba y no aparecía el candidato merecedor de la
mano de la muchacha.
Se determinó entonces organizar un gran banquete en el
castillo al que asistiera todo pretendiente en condiciones aceptables a
considerar.
Fue un rotundo éxito el banquete ya que el califa, se prendó
de dos de aquellos jóvenes que vinieron a conocer a la muchacha.
Ambos, adversarios en el amor por la joven, derrochaban
galanterías hacia la princesa desde el inicio mismo de la gala.
El padre se sintió satisfecho y a la vez indeciso. Y por
ello propuso una dura prueba para cada uno de los pretendientes.
A Alí se le encomendó la misión de traer el agua del Tibi al
castillo, con la construcción de una acequia tan larga y robusta como
requiriese la empresa.
A Almanzor, se le mandó viajar a las Indias para que buscara
allí las mejores especias para deleitar a la joven princesa.
Los dos jóvenes empezaron las duras pruebas con mucha
decisión, pero Alí, que era el que más cerca permanecía de la princesa, empezó
a verse con ella a escondidas.
Al poco, se sintió correspondido por la muchacha y ambos se
enamoraron.
Bajo ese amor, dejaban volar su imaginación planeando lujos
y vástagos.
Absorto estaban los enamorados que habían olvidado la tarea
que les había encomendado el califa y cuando ya creían que nada les podía
volver a separar, apareció una mañana Almazor, que venía de las Indias cargado
con todo aquello que le habían encomendado y por tanto con su tarea completada.
El padre de Cántara, obligado por la promesa que había
realizado, por no romper su palabra e ignorando los ruegos de su hija, que ya
había hecho su elección, entregó la mano de esta al competente Almanzor, para
disgusto de los amantes.
Alí se sintió afligido y desposeído de su amada y no halló
mejor remedio para su pena que quitarse la vida saltando desde lo alto de la
sierra de Tibi, creando un inmenso socavón en el lugar de su caída.
La princesa, al ver perecer a su amado, y no pudiendo
contener la pena, se dirigió al cerro de San Julián y, ensimismada en su
desdicha, saltó mortalmente al vacío.
El emir sintió entonces tal amargura por haber sido el
causante de tanta desdicha que rogó a Alá que le hiciera sufrir bajo el peor de
los castigos.
La mano ajusticiadora de Dios alcanzó al emir y desde ese
mismo día quedó petrificado bajo la fortaleza de Benicantil.
Hoy día se puede perfectamente recrear con la vista el rostro
afligido de un hombre si miramos a poniente.
Desde aquel entonces, los habitantes de Al-Laquant,
conmovidos por la trágica historia, decidieron rebautizar la ciudad con el
nuevo nombre de Alicántara, por la memoria de la princesa árabe.
Y de ahí supuestamente, procede la denominación actual de la
ciudad.
"Obra primorosa de la que debe estar siempre orgullosa
Alicante, en la que se combinaron la Naturaleza ofreciendo la materia, el sílice
de un magnífico e inexpugnable monte, los primorosos pinceles del mismo Dios dibujando
la cara de un guerrero y el arte humano fabricándole un Castillo a modo de casco."
http://sendasyleyendas.com/2016/01/la-cara-del-moro-en-el-monte-benacantil-alicante/
LIBRO ALICANTE ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA de Manuel Martínez López
lunes, 13 de febrero de 2017
Leyendas de Murcia: La Leyenda del Ángel de Salzillo
No son pocas las obras conocidas que
parió este Murciano y que realizó con sus propias manos.
Un hombre que parece que ha dejado
huella en la Semana Santa de casi toda España.
La perfección en el detalle, la pureza
de los rostros, son sus características principales.
De sobra es conocido el Cristo de la
Agonía del Convento de San Francisco de Orihuela que está
considerada como una de las más memorables obras de este artista
dedicada al tema de la Crucifixión de Cristo.
Podemos sentirnos privilegiados.
Durante la Guerra Civil fueron muchas
las obras del escultor murciano que fueron destruidas o que a día de
hoy permanecen en paradero desconocido.
Un ejemplo de ello es La Magdalena que
se puede apreciar en la foto pero que ya no existe por la barbarie de
la guerra.
Muchas leyendas giran alrededor de la
figura de este personaje que como corresponde a este blog vamos a
desvelar para el gusto de nuestros lectores.
Ya que los cronistas e historiadores de
Orihuela no parecen muy amigos de las leyendas fabulosas tendremos
que recurrir a las que circulan por nuestra ciudad vecina, Murcia, en
donde llevan siglos contándolas de padres a hijos.
Una de las más conocidas, con más de
dos siglos de antigüedad, es la que se refiere a una talla que con
mucho cariño guardan en la ciudad de Murcia y que algunos autores se
han atrevido a comparar con las inmaculadas obras de Miguel Ángel o
del mismísimo David de Florencia. Y que la tratan como si fuera un
icono de importancia mundial.
La Oración en el Huerto.
Salzillo quería crear un ángel
perfecto pero no era capaz de encontrar la inspiración.
Tenía ya representado a Cristo en
actitud de oración en el Huerto de los Olivos y quería que la
figura del ángel cobrara todavía mayor importancia.
Pero ¿Cómo retratar a un ángel? Si,
nadie ha sido capaz de haberlo hecho nunca.
Así pasaron los días, los meses, y la
obra quedaba sin finalizar.
Este hombre se atormentaba al mirar
hacia el lugar vacío en donde debía de estar la figura del ángel.
Fueron muchos los bocetos que desestimó
porque consideraba que no reflejaban el rostro perfecto de la
criatura más importante de la creación.
Un día, alguien llamó a la puerta de
su casa. (como habitualmente sucedía como se refleja en las crónicas
que hablan de su vida).
Al abrirla, Salzillo se encontró
frente al rostro desatendido de un harapiento desfallecido de hambre
que solicitaba su piedad.
Salzillo, se sintió conmovido y lo
hizo pasar dándole una hogaza de pan y dejando que se acomodara en
su taller para resguardarse del frío del exterior. Y a continuación
se subió a su aposento para descansar.
A la mañana siguiente, Salzillo ya
vestido bajó al taller para ver como estaba el desprotegido que
había recogido.
Pero se encontró con que se había
marchado.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo
cuando descubrió que la puerta estaba abierta.
Se dirigió para cerrarla y cuando
volvía contrariado por no saber del paradero del mendigo, sus ojos
se posaron sobre algo de color claro que permanecía sobre la mesa de
su taller de trabajo.
Se acercó hasta allí y al
contemplarlo más detenidamente descubrió un boceto que el mismo
desconocía su procedencia y que instantáneamente lo atribuyó al
mendigo al que de una manera desinteresada y piadosa había acogido y
alimentado por una noche.
Y así es como la caridad de Salzillo
atrajo los pasos de un ángel del cielo que había bajado para probar
su fidelidad a los buenos preceptos y que como premio le había
obsequiado con la imagen verdadera del rostro y cuerpo de un ser
perfecto que no es hombre ni tampoco mujer.
sábado, 7 de enero de 2017
El Demonio del Palacio de la Baronesa de la Linde
Estamos a los pies del palacio de la baronesa de la linde, un palacio de estilo neogótico que fue construido entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
Su fachada es bastante interesante ya que es de estilo neogótico como he dicho antes y es única en toda la ciudad de Orihuela y se pueden ver con claridad unas ventanas ojivales con escudos nobiliarios y en la portada vemos un arco con baquetones estilo gótico sin ojiva.
Bueno, vamos a contar la leyenda que conocemos sobre este lugar según nos consta a través de los testimonios de algunas personas que han participado en la ruta.
El Palacio, por la descripción que nos hacen de cómo es por dentro, yo no he llegado a verlo, con una armadura a cada lado de una larga escalera preciosa atravesada de una alfombra roja y un jardín enorme que llega hasta la otra calle.
Una de las personas que vinieron a la ruta era una una enfermera y esta mujer había estado al cuidado de una de las últimas supervivientes de la familia noble dueña del palacio.
Esta mujer mayor llegó hasta los 90 años más o menos y cuenta la enfermera que se encontraba de servicio acompañada de su hija y una amiga de esta.
La anciana, persona de sangre noble, no era de contar historias banales, misteriosas o bromas.
Su forma de hablar era muy peculiar porque ella no decía parrafadas, lo que hacía era recitar dulces frases que más bien parecían poemas.
Esta sabia y respetada mujer contó que en el lugar donde actualmente reside el palacio, antes de haber sido construido, ya se comentaba sobre una presencia maligna en aquel lugar y de hecho cuando el palacio fue ocupado por sus familiares se producían una serie de extraños fenómenos como desaparición o cambio de lugar de algunos objetos y sonidos de origen desconocido que en la oscuridad de la noche helaban la sangre a cualquiera.
Como las niñas no la creyeron, la mujer hizo que entraran a una estancia que permanecía cerrada y abandonada y les dijo que trajeran ante su presencia una silla de aspecto napoleónico.
En la base de la silla, dónde se ponen las posaderas, había la forma de una garra como si se hubiera quedado una mano diabólica marcada a fuego en la silla.
...
Una leyenda de este lugar más conocida en Orihuela por todos, es que el barón tenía en el jardín un huerto y en él tenía árboles frutales como podrían ser Higueras.
Las Higueras daban unos frutos de agradable aspecto y espectacular sabor.
Todos sabían de las excelencias de sabor de aquellos productos cuidados a mano por el servicio del Palacio.
Pero como el hambre está por todas partes, resulta que algunos niños con el estómago vacío escuchaban la llamada de sus desnutridos organismos a devorar aquellas delicias.
Algunos vecinos del barrio se colaban sin que se dieran cuenta y robaban algunos higos.
El barón estaba ya cansado de estos pequeños granujillas y ordenó a sus criados que por favor si algún día veían a alguno de aquellos pequeños rateros en el interior de su huerto que lo avisaran.
Y eso es lo que ocurrió.
Un día, un grupo de pequeñuelos con malas intenciones penetraron en el recinto y se acercaron con sigilo al huerto en donde se erguían las higueras luciendo sus frescos frutos.
Uno de los criados se dio cuenta de lo que estaba pasando y acudió con presteza a avisar al patrón.
Entre varios del servicio, bajo las órdenes de capturar al granujilla dadas, fueron rodeando a uno de estos chicos y por sorpresa lo acorralaron.
El niño asustado e inquieto empezó a golpearlos y a mover las piernas en todas direcciones intentando escapar.
El Barón se acercó a él y le dirigió una severa mirada que dejó al niño completamente paralizado.
Cuenta la tradición que aquel hombre sin escrúpulos colocó la mano del niño sobre una superficie y de un golpe seco y rápido lo dejó manco de un hachazo.
(Creo que esto también podría explicar lo de la mancha de la mano en la silla).
NUEVAS INVESTIGACIONES
Tras muchos papeles y libros ojeados tuve la suerte de descubrir entre los millones de documentos editados por ilustres oriolanos uno que me pareció muy destacable.
No tanto por el hecho que relata en sí que coincide con extrema exactitud con lo contado en este blog salvo pequeños detalles sino por la importancia de su autor en cuanto a prestigio y renombre internacional.
En la obra teatral "El labrador de más aire" de nuestro autor más carismático y conocido en el mundo, Miguel Hernández hay una referencia a este hecho:
Fue éste el caso: le dio a cierta
rapazuela candorosa
por cosechar una rosa
cada día en una huerta.
La huerta pertenecía
al dominio del señor
que advirtió lo de la flor
de la niña cierto día.
Y cuando llegó al siguiente
ella de un modo sencillo
al rosal, salió un cuchillo
colérico y reluciente
al encuentro de su mano;
y con los dedos partidos
quedó, pegando alaridos
y desangrándose en vano.
Juan
¿Pero es posible? ¡Canalla!
Si fuera el suceso cierto,
merecería estar muerto
hace ya mucho tiempo.
Podríamos considerar este relato como fruto de la
imaginación propagandística de un escritor con ansias revolucionarias: un aristócrata, harto de ver que una niña ha
cogido la costumbre de cortar una flor de su huerto cada vez que pasa
por delante, le rebana los dedos con un cuchillo.
Per lamentablemente, el suceso ocurrió realmente en la ciudad de Orihuela por obra y
gracia del ciudadano Antonio de Piniés y Roca de Togores, barón de
La Linde, casado con la marquesa de Rubalcába. y jefe local de
Falange. Al estallar la Guerra Civil se le imputó concretamente este
cargo y juzgando que, efectivamente, «merecería estar muerto», fue
fusilado. (Según investigaciones realizadas por Eutimio Martín para su obra EL OFICIO DE POETA.
Josefina Manresa, en su autobiografía RECUERDOS DE LA VIUDA DE MIGUEL HERNÁNDEZ alude al siniestro suceso protagonizado por el Barón de la Linde que, obviamente quedó anclado en la memoria colectiva de Orihuela.
Cita textualmente:
"En Orihuela, entre los marquesados que abundan, estas casas preciosas, con sus jardines que yo recuerdo volteándose por sus tapias las ramas verdes y sus flores. En una de ellas habitaba un barón que vivía feliz con su huerto y su jardín, pero, harto el hombre de que los chiquitos se subieran a las tapias a coger ese capricho de colores que a ellos les llamaba la atención, salió un día entre las ramas el titulado y, con la tijera de podar, le cortó la mano a un niño".
Josefina Manresa, en su autobiografía RECUERDOS DE LA VIUDA DE MIGUEL HERNÁNDEZ alude al siniestro suceso protagonizado por el Barón de la Linde que, obviamente quedó anclado en la memoria colectiva de Orihuela.
Cita textualmente:
"En Orihuela, entre los marquesados que abundan, estas casas preciosas, con sus jardines que yo recuerdo volteándose por sus tapias las ramas verdes y sus flores. En una de ellas habitaba un barón que vivía feliz con su huerto y su jardín, pero, harto el hombre de que los chiquitos se subieran a las tapias a coger ese capricho de colores que a ellos les llamaba la atención, salió un día entre las ramas el titulado y, con la tijera de podar, le cortó la mano a un niño".
viernes, 25 de noviembre de 2016
Anécdotas de nuestros cines: El Riacho
* Sólo se trata de una anécdota, no entro a valorar quien tiene razón ni tampoco quiero que se convierta esta entrada en un panfleto político de ningún color. Sólo reflejo las dos versiones que me han llegado hasta los oídos.
La marcha de clausura que debía terminar en el cementerio de Orihuela fue terminantemente prohibida.
La versión de la Derecha:
Si aquello era un movimiento social que buscaba el reconocimiento de nuestra figura literaria más importante de la historia, no se sabe qué pintaban allí aquellas menciones tan especiales como la que iba encaminada a marcar las excelencias de Ho Chi Minh (El revolucionario vietnamita).
Por eso hubo censura y detenciones con registros.
Aquello fue una provocación.
La versión de la Izquierda:
En 1971, un grupo de jóvenes cargados de ilusión y optimismo, forman un pequeño grupo cultural en la calle de la corredera. El Club Tháder.
En 1971, un grupo de jóvenes cargados de ilusión y optimismo, forman un pequeño grupo cultural en la calle de la corredera. El Club Tháder.
Allí se reunieron de vez en cuando para tratar temas de
relevancia.
Uno de sus actos más importantes fue el Primer Homenaje en
la Historia de Orihuela a Miguel Hernández en el aniversario de su muerte.
Durante una semana (del 22 al 27 de Marzo de 1971) se
celebraron en el local del cine Riacho, una serie de actos tales como
conferencias, teatro, música y poesía.
El lleno fue absoluto.
El pueblo oriolano participó activamente de estos actos y
fue una alegría comprobar que la memoria de nuestro poeta no había caído en el
olvido.
Para costear la carga económica que supuso este esfuerzo
extra se propusieron varias soluciones:
La primera de ellas era una rifa de un viaje a través de la
venta de las típicas papeletas. Pero fue desechado por el escaso margen de beneficio.
Entonces, sus cabezas fueron iluminadas por la llama de la
sabiduría y optaron por cambiar el premio del viaje por regalar las Obras Completas
de Miguel Hernández.
Fue tal el éxito de la rifa que tuvo que volver a repetirla.
Así fueron sufragados la mayor parte de los gastos.
Con toda la programación de los distintos actos ya
programada, vino para desmoralizarlos el problema de la censura.
El grupo ilicitano escogido que iba a realizar una
escenificación poética basada en las poesías de Miguel Hernández era “La
Carátula” y los folios en donde estaban escritos los versos aparecían llenos de
sucios tachones impuestos desde la Censura de la Gobernación.
Obligados por ley estaban de presentar los folios que
componían el programa al Cuartel de la Guardia Civil de Orihuela.
Cuando fueron a recogerlo dos horas antes del inicio del
evento, desde el despacho del teniente de la Guardia civil les hicieron saber
que la censura había hecho desparecer de golpe y porrazo de la función mucho
más material dejando la duración de la misma a tan solo una hora.
Estos jóvenes mantuvieron en secreto este hecho y no se lo hicieron
saber a la Comisión de los actos ni a “La
Carátula”.
Durante la función que transcurrió con normalidad, se presentaron
unos sujetos que aun tratando de pasar desapercibidos todos supieron que se
trataba de la policía secreta.
Y también ocurrió lo mismo al día siguiente en la función de
los cantantes.
Lo más reseñable fue que en el cartel que se realizó para
pedir la ayuda económica del resto de vecinos, se había destacado en rojo la
palabra “Socorro” que no escondía ningún propósito oculto. Pero algunos de los
fotógrafos dejaron constancia en sus fotografías que aquello era intencionado y
que se trataba de una señal suspicaz que sólo algunos podían descubrir entre
aquellas letras rojizas disfrazadas de mensaje subversivo.
A raíz de aquello, varios de los integrantes del grupo
cultural Tháder fueron interrogados entre ellos su Presidente, José Martínez
Carmona y José Cases además de otros de los organizadores del evento que
tuvieron que presentarse en el cuartel de la Guardia Civil de Orihuela mientras
sus domicilios eran registrados
La marcha de clausura que debía terminar en el cementerio de Orihuela fue terminantemente prohibida.
La versión de la Derecha:
Fue un abuso del grupo de la izquierda que descaradamente pisoteaba su propio discurso sobre la libertad
aprovechándose de la buena voluntad del pueblo, los dirigentes y las
autoridades de la ciudad de Orihuela que habían dado su permiso para que se
celebrara el evento, en un momento delicado de la historia de España, convirtiendo
lo que iba a ser un acto conmemorativo y pacífico hacia la figura de Miguel Hernández
en una reunión de carácter político con llamadas sutiles pero visibles por
todos a simple vista a la subversión, como el ejemplo del famoso cartel en
donde de miles de colores se eligió el rojo distintivo del movimiento de la
izquierda para rotular la palabra “Socorro”.
¡Qué casualidad tan generosa!, ¡La
palabra más importante de la sala y en el color más característico del
movimiento comunista!
Con un matiz en sus discursos cargado de mensajes que iban
más allá de lo puramente cultural como eran las continuas alusiones a intelectuales
que comulgaban con sus ideas políticas (Antonio Gramsci, Rafael Alberti, sí, aquel que lo echó de su casa allá en Madrid, a nuestro querido poeta) o dirigentes
extranjeros pertenecientes a la izquierda más radical.
Por eso hubo censura y detenciones con registros.
Aquello fue una provocación.
jueves, 3 de noviembre de 2016
Relatos de Ruta VIII: Mis dos terribles experiencias
Relato 1:
Yo era pequeña.
A puntito de hacer la comunión
Como es por costumbre en mi familia católica, fuimos a misa
un domingo y en esta ocasión elegimos la del Colegio Santo Domingo.
El sacerdote terminó la homilía y empezamos a salir ordenadamente
del interior de la iglesia.
Justo al lado de la puerta de salida, vimos otra puerta pequeña
que nos llamó mucho la atención.
Observamos una especie de ojal grande por donde pudimos
asomarnos para ver lo que había más allá.
Con los ojos adaptándose a las circunstancias pudimos
descubrir al fondo un pequeño ventanuco por
donde se filtraban los rayos de luz de un sol tempranero.
A los pies de donde caía el rayo, vimos a un hombre
encapuchado con aspecto de monje.
Nosotras sabíamos que en el colegio no había monjes, sí
sacerdotes, pero no monjes.
Pero aquel sujeto era extraño. No parecía humano.
No podíamos apreciar los rasgos de su rostro.
Las manos era lo que más nos llamaba la atención pues
alzadas al cielo parecían brillar como si se tratase de una figura de cera o de
otro material sintético que no nos pareció en ningún momento humano.
El hombre permanecía arrodillado con la vista al frente,
mirando la ventana.
Permanecí varios minutos al acecho, observando aquella cosa
siniestra que en mi corta edad me pareció fascinante y aterrador a la vez.
Quise que mi amiga lo viera también, así que me aparté a un
lado.
Ella lo miró y su experiencia fue similar a la mía.
Cuando me dejó libre otra vez el sitio, lo contemplé por
última vez.
Entonces es cuando sentí un escalofrío. Pues el monje
sintético había cambiado su posición. Sus manos adoptaban ahora otra perspectiva
y su nariz que de pronto se me hizo visible aparecía en otro lugar.
Esto nos impresionó mucho.
Desde aquel día, ya no quisimos volver por allí a escuchar
misa.
Relato 2:
Recuerdo, como te dije, que mi abuelo tuvo un aparatoso
accidente de tráfico.
Un día, antes del incidente, nos dimos cuenta de que nuestro
perro, con el que mi abuelo mantenía un vínculo enorme, empezó a aullar de una
forma terrible que parecía taladrarnos los oídos.
Era tal la potencia del aullido que mi familia no se
explicaba cómo podía salir del cuerpo de un animal tan pequeño un sonido tan
estrepitoso y desgarrador.
Lo extraño es que era siempre a la misma hora, todos los
días.
Tuvo que venir la fatalidad en forma de suceso trágico a mi
querido abuelo y quiso también la casualidad que se produjese a la misma hora
en la que el perro solía volverse loco aullando como si lo estuviese viendo
venir de cerca.
Esto ocurría siempre de noche.
Mi madre no recordaba que jamás el animal hubiese actuado de
aquella forma y tuvimos miedo de que su hubiera puesto enfermo.
Era un perro muy ladrador pero nunca había soltado el más
mínimo chillido.
El mismo día que mi abuelo finalmente tuvo el accidente y
que mi madre estaba hablando con el medico del SAMU, el perro ya hacía unos diez minutos que estaba
aullando sin parar.
Nos asustamos mucho y mi pobre abuelo consiguió sobrevivir
alrededor de quince días sufriendo los dolores de su cuerpo magullado y con
todos los cuidados que la familia le proporcionaba.
El perro siguió aullando todos los días a la misma hora mientras
el anciano seguía con vida.
Cuando falleció el moribundo, el perro, misteriosamente dejó
de aullar.
Como si de una parte del animal se hubiese marchado, este
fue perdiendo vitalidad lentamente y pasados unos nueve meses aproximadamente,
el animal enfermó y murió también.
Fue muy extraño sentir en el salón de mi casa la presencia y
el olor característico de mi abuelo unos días antes de que el animal nos
dejara.
Quizás vino para llevárselo con él al otro mundo.
martes, 18 de octubre de 2016
Relatos de Ruta: Varias Historias
Doy paso a estas curiosidades tan interesantes que algunos
de los que han participado ya en las Rutas del Miedo de Orihuela me han contado
en un momento mágico en el que se pierde la vergüenza por el que dirán y la amistad
y el buen hacer cobran protagonismo.
Es un momento que te atrapa sin remedio y hace que las
palabras broten de la boca de los intervinientes como chorros de agua dorada
que brilla en la oscuridad.
Pasamos agradables minutos escuchando los relatos de cada
uno.
Yo tengo en mi casa una lejica junto al fregadero con una llave
suelta que sirve para abrir o cerrar una puertecica que da al patio, que no
lleva llavero ni nada.
Yo estaba sola fregando con la tele encendida.
Entonces escucho como si cerquita de mí, se hubiese caído
una llave al suelo, pero pegado a mí.
Claro, yo pienso, jolín, se ha caído la llave.
Me pongo a buscarla y nada que no la encuentro en el suelo.
Me tiré un buen rato buscando la llave que supuestamente había escuchado al
golpear el suelo y por allí nunca apareció.
La llave seguía allí en su sitio y no sé, ni idea de lo que
fue.
…
En mi casa, una noche, estábamos mi mujer y yo entretenidos con la televisión, cuando de
repente escuchamos allí mismo en la habitación donde estábamos, un estridente
sonido como de algo de cristal estallando en pedazos.
Primero nos fijamos en la pantalla para ver si venía de
alguna emisión, pero no.
Estábamos viendo un debate que estaban emitiendo por un
determinado canal y allí no había sucedido nada, ni se había escuchado tampoco
nada.
Nosotros podríamos jurar que lo escuchamos en nuestra
habitación, o sea, en el comedor que es donde tenemos la tele y donde estábamos
entretenidos.
Me levanté del sillón y me di un garbeo por toda la casa
para averiguar si había pasado algo en alguna otra habitación, pero nada.
No
encontré en mi ronda nada sospechoso, ninguna rotura, ni una sola astilla de cristal.
La verdad es que nos quedamos con cierto mosqueo que aún nos
dura.
…
A mi este verano del 2016, haciendo una guardia en el
hospital, me llamaron de la Vega Baja, y me tocó hacerla con un enfermero.
Ya sabes que cuando se está de guardia, se duerme a
trompicones, entre aviso y llamada, se pueden robar algunas horas y eso es lo
que intentamos en un cuartito en donde los médicos se reúnen para tratar los
cambios de turno, como la sala de profesores de los colegios.
Y a mí me tocó quedarme en la parte donde tenemos el Office,
acondicionado con un sofá.
Me improvisé una medio cama e intenté dormir un ratito, pero
era imposible porque vaya noche pasamos.
Empecé a escuchar sonidos de todo tipo que me impidieron
pegar ojo.
Yo nunca he creído en fantasmas, pero te aseguro que aquella
noche no lo dudé ni un instante que aquello que escuchábamos no era natural.
Primero se escuchaban por encima de nuestras cabezas como
carros o camillas que se movían solas. Las ruedas trepidaban sobre el suelo
mientras su giro fantasmal nos hacía la vida imposible.
Luego claramente, escuché el llanto de un niño en una sala
que estaba vacía.
El enfermero que era muy serio, y el ambiente que yo viví
aquella noche fue como una pesadilla en vida.
Por fin me quedé profundamente dormida durante un rato.
Detrás del respaldo del sofá en donde yo estaba que hacía
las veces de almohadón, tenía un cable que bajaba así con un interruptor de luz
y como una lamparucha que mira hacia arriba. Una luz muy rara que tienen puesta
ahí.
Detrás hay como una ventanita de cristal con una puerta que
se corre para permitir la comunicación entre dos habitaciones. Por si tienen
que hablar desde una habitación a otra o pasarse algo.
Total, cuando estoy durmiendo profundamente, empieza a oírse
un ruido castañeante:
Cloc, cloc, cloc, cloc, muy rápido.
Me despierto sobresaltada.
¿Qué es esto, qué es esto?
Y me veo el cable con el interruptor que estaba toc, toc,
toc, moviéndose sólo.
Ya no pude conciliar el sueño y me pasé el resto de la noche
entre que llamaban al timbre de las habitaciones y en que tal, asustada
tratando de averiguar por qué se movía solo.
Llegué a comprobar que el cable estaba bastante rígido y te
aseguro que era casi imposible moverlo con las manos.
En el otro lado de la habitación no había nadie y no podía
ser la causa de que golpearan el cristal, así que la razón tenía que ser a la
fuerza el cable. Que curiosamente tardó bastante en pararse.
Unos golpes contra el cristal tan fuertes, que así, por su
culpa me desperté yo.
Fue una noche horrible, de esas que te toca el interno que
está todo el rato pulsando para que lo visites y escuches sus quejas porque no
le deja dormir el compañero de la cama de al lado.
Yo me ponía en su lugar pero también les decía que se pusieran
ellos en el mío:
Si tú has pasado mala noche, no sabes la noche que he pasado
yo.
Se me han dado casos de habitaciones donde suenan pasos o ruidos
muy raros, me hacen ir allí para ver qué ocurre y me encuentro que allí no hay
nadie.
Los hospitales tienen muchas anécdotas de esta índole.
…
Pues yo una vez soñé con la muerte de mi abuelo y vi
claramente como le cerraban los ojos.
Lo hablé con mi madre y mi madre se quedó extrañada de que
yo le contara con tanta exactitud los detalles de tan innombrable momento.
viernes, 22 de julio de 2016
Leyendas de Rojales: El hombre que se convirtió en cerda
Es cuento de viejas cuando afirman haber conocido a un
pariente suyo al que veían de uvas a peras.
Y cuando venía lo hacía agarrado a un libro.
El hombre leía y leía sin parar hasta que un día se convirtió
en cerda.
Y el animalico llevaba siete crías detrás.
Pero la cerda era peligrosa pues por la boca escupía fuego y
con sus ojos podía convertirte en piedra.
La abuela le tenía miedo y rezaba para que se fuera.
Y por fin un día, desapareció la cerda con todas sus crías.
Pero en Rojales aún quedan,
quien visto lo visto,
piden y rezan,
que no vuelva la cerda.
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