Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

miércoles, 11 de marzo de 2026

Cuando la Piedra es la Misma: Mi Despertar Tras la Estafa del Grafeno

 


El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y así quería empezar esta entrada, porque resume con bastante precisión la sensación que me ha quedado después de haber pasado —dos veces— por el mismo engaño: primero por la narrativa oficialista, y después por la supuesta “verdad revelada” que prometía liberar a la humanidad. Hoy, con más calma y distancia, puedo mirar atrás y reconocer que me equivoqué, que me dejé llevar, y que incluso llegué a difundir ideas que ahora sé que no estaban fundamentadas.


Cómo funciona el mecanismo del engaño

Lo que he vivido —y lo que han vivido miles de personas— no es un fallo individual, sino un fenómeno psicológico muy bien estudiado. Las teorías conspirativas funcionan porque:

Ofrecen explicaciones simples a problemas complejos, lo cual es muy tentador cuando el mundo parece caótico.

Generan sensación de pertenencia, como si uno formara parte de un grupo que “ve lo que otros no ven”.

Apelan a la emoción antes que a la evidencia, y la emoción siempre llega más rápido que el pensamiento crítico.

Cuando uno está dentro, todo parece coherente. Cuando sale, se da cuenta de que las piezas nunca encajaban del todo.


Qué dicen realmente los expertos sobre el “grafeno en vacunas”

La evidencia científica disponible es clara: no hay grafeno en las vacunas contra la COVID-19.

Los informes que afirmaban lo contrario procedían de personas sin formación en nanotecnología, sin métodos reproducibles y con un historial previo en pseudociencia o teorías desacreditadas. Entre los nombres más repetidos se encuentran Pablo Campra, Robert O. Young, Andreas Noack o Stefano Scoglio, todos ellos vinculados a ideas como energías sutiles, ovnis o curas milagrosas.

Ninguno de ellos ha publicado en revistas científicas revisadas por pares, ni ha presentado análisis verificables. Por eso sus documentos no tienen credibilidad dentro de la comunidad científica.

Y es lógico: si alguien asegura ver a Elvis vivo o hablar con ovnis, no es la persona más fiable para analizar un vial de laboratorio.


El proceso de salir de una creencia errónea

Reconocer que uno ha sido engañado no es un signo de debilidad, sino de madurez. Implica:

Revisar las propias creencias.

Aceptar que nos equivocamos.

Corregir el rumbo.

No todo el mundo es capaz de hacerlo. Tú sí.

Y eso tiene un valor enorme.


Mi opinión sincera tras descubrir la estafa

Lo que siento ahora es una mezcla de alivio, vergüenza y responsabilidad.

Alivio por haber salido de un relato que me estaba atrapando.

Vergüenza por haber defendido ideas sin fundamento.

Y responsabilidad porque, como antiguo seguidor de LQC, sé que mis palabras pudieron influir en otros.

Por eso quiero pedir perdón a quienes en algún momento leyeron algo que escribí sobre este tema. En aquel entonces creía estar defendiendo una causa justa; hoy sé que estaba defendiendo una ilusión.

No tengo todas las respuestas, pero sí tengo algo que antes no tenía: duda sana.

Y la duda, cuando se usa bien, es una brújula mucho más fiable que cualquier gurú.


Conclusión:

Estoy plenamente consciente de lo que viví durante la pandemia. Estoy convencido de que fue una experiencia forzada, cruel, algo que ningún ser humano debería tener que atravesar. Vi con mis propios ojos cómo se estigmatizaba, se ridiculizaba, se señalaba y se perseguía a quienes pensaban diferente. Era como una película de nazis, pero vivida en carne propia. No era ficción: lo vivimos realmente.

Las medidas eran absurdas, diseñadas para frenar algo invisible, mientras quienes nos gobernaban se enriquecían, se saltaban sus propias normas y se burlaban de nosotros. Fue tan exagerado que dudo que quienes no lo vivieron puedan juzgarlo con verdadera objetividad. Fuimos testigos del exterminio de miles de ancianos, de cómo se modificaban los criterios de edad para que todos acabaran atrapados en la red de la vacunación.

Se persiguió a quienes no se vacunaban, mientras los ya vacunados temían contagiarse. ¿Pero si estaban protegidos, a qué temían? Vivimos una época que jamás olvidaré. Esa confusión me llevó a buscar respuestas desesperadamente. Cuando encontré a La Quinta Columna (LQC), sentí que por fin alguien explicaba lo que nadie más se atrevía. Me dejé llevar. Me sectaricé.

Aunque desde el principio noté incoherencias en el discurso y en la actitud de sus líderes. Luego llegaron los mensajes de odio, las recolectas de dinero que nunca se explicaban. Prometían resultados si pagabas, pero nunca se volvía a hablar del dinero. Uno de ellos. el Dr. Sevillano, empezó a comportarse como un sacerdote con un libro sagrado en las manos en muchas de sus apariciones. Y aquella frase: "solo a través de LQC te salvarás" fue el punto de quiebre. Me separé de la secta.

Después vino el proceso judicial tan esperado. El experto que supuestamente había analizado los viales y afirmaba que contenían grafeno, Campras, reculó y desapareció. LQC cambió su discurso de "mira al microscopio" al del "Factor E". Fue tan radical que me di cuenta de que estaban huyendo de su propia narrativa. El equipo se fragmentó: uno se convirtió en gurú espiritual, el otro siguió como antes. Pero la recaudación de dinero continuaba imparable.

Aparecieron los "salvados" de primera y segunda categoría: si pagabas, accedías a mensajes y charlas exclusivas. Si no, quedabas fuera. Mientras tanto, Dani Díaz de Infovacunas seguía su labor de desprestigiar a LQC. Hizo un trabajo excelente, pero algo no cuadraba. Descubrí un video donde acaparaba protagonismo de forma injustificable y eso me encendió las alarmas. El colmo fue cuando, en una entrevista en directo, afirmó haber sido escogido por Dios para ayudar a la humanidad. Ahí entendí que era otro que buscaba lo mismo que Sevillano: captar seguidores con una teoría que sigue sin estar demostrada. dando una apariencia medio espiritual, medio científica, tal y como habían hecho los dos integrantes de LQC, pero este en solitario. También empezó a crear seguidores de primera y de segunda según pagabas la suscripción.

No puedo asegurar si sus teorías son ciertas o no, pero lo que sí sé es que no pueden demostrarlo. Los artículos que usan para justificar sus discursos están sacados de contexto, son interpretaciones. Podrían tener razón en algunas cosas, no lo sé, pero todo huele muy mal, sobre todo cuando empiezan a cobrar, a editar libros infinitos, a vender productos absurdos que la ciencia aún no puede respaldar.

Pasas de un gurú a otro porque el mensaje ya no te resuena. Probé suerte en Canal 5 Radio y me encantó su estilo y su información. Me sentía parte de ellos, pero un día volvieron a hacerlo: recomendaron beber lejía (CDS) y mirar al sol para cargarse de energía a través de los ojos. Ahí volví a sentirme utilizado.

Al final descubrí que no puedes fiarte de nadie. Lo mejor es escucharlos con indiferencia, por si dicen algo que ilumine tu camino, pero sin vincularte emocionalmente. Son personas equivocadas, algunas con buenas intenciones, pero atrapadas en un teatro del que algunos sacan dinero y otros simplemente sobreviven.

Seguramente hacen un trabajo duro recopilando entrevistas y luchadores por la verdad, pero ya no es fiable lo que dicen. Es muy duro darte cuenta de que estás solo en este camino, que eres tú quien debe vivir esta experiencia guiado por tu instinto, sabiendo que todo está manipulado y que el engaño está por todas partes.

Creo que esto es lo que Cristo nos auguró como el tiempo de Satanás, de la mentira. Apenas puedo distinguir ya la verdad de la falsedad. Espero que esta nueva actitud crítica me dé un respiro y pueda seguir con mi lucha interna. Solo quiero paz y amor. Solo quiero verdad y justicia. Y lo que vemos a diario es falsedad y degeneración. En eso sí creo: en la batalla espiritual que se está librando por nuestras almas. Solo espero contar con la bendición de Dios, si hay un Dios bueno que nos vigila. Solo quiero vivir en paz.

Gracias por leer esto. Espero que tú no vivas nada parecido. Suerte, y nos vemos algún otro día.


* Sobre lo que pensábamos de las vacunas covid, juzga por ti mismo. Párate un momento y escucha las sirenas de los servicios de emergencias que suenan todos los días. Piensa cuantas familias existen a tu alrededor sin una víctima de las mismas. Habla con algún amigo que trabaje en la policía, en la Guardia Civil o en los Bomberos y que te de su opinión basada en su propia experiencia. Revisa los diarios y encuentra la noticia pública donde la Comisión Europea admitió 12 mil muertes de repentinitis justo después de la vacunación. O el informe presentado en la Comisón Europea donde se habla de más de 26 millones de exceso de mortalidad después de la vacunación. No voy a juzgar yo si todas esas muertes son por la causa que todos pensamos pero por lo menos hay que reconocer que hay mucho silencio al respecto y que no tiene nada de normal. Y esto no me lo dice nadie, lo ves tú mismo, lo palpas, lo sientes.


Os dejo algunos enlaces:


El alarmante aumento de las muertes por repentinitis en España tras la vacunación COVID

viernes, 6 de febrero de 2026

Carlos Jesús: el hombre que vio demasiado y no tenía palabras para contarlo


Hay hombres que nacen para comprender el mundo, y otros que nacen para sentirlo.

Carlos Jesús pertenecía a la segunda estirpe: la de los que reciben un relámpago en el alma y, al no saber traducirlo, lo convierten en mito.

En la España de los 90 —esa España de neones, platós ruidosos y madrugadas de televisión barata— apareció un hombre humilde, casi analfabeto, que decía haber viajado a Ganímedes, a Orión, a un planeta llamado Raticulín. Para muchos fue un chiste. Para otros, un profeta de barrio. Para él mismo, simplemente, un mensajero.

Pero su historia es más profunda que su caricatura.





El origen del relámpago


Nadie sabe qué vivió Carlos Jesús.

Tal vez una experiencia mística.

Tal vez un episodio psicológico intenso.

Tal vez un sueño que se le quedó pegado al alma.

Lo cierto es que sintió algo que lo sobrepasaba.

Algo que no cabía en su vida cotidiana, en su barrio, en su lenguaje limitado.

Y cuando un hombre sin palabras recibe una visión, inventa un idioma nuevo.

Ese idioma fue su cosmología:

las naves, los seres de luz, los millones de almas que vendrían a salvarnos.

No era ciencia.

No era religión.

Era su manera de no volverse loco ante lo que había sentido.




El eco de una época


Su mensaje no nació en el vacío.

Los años 90 estaban llenos de voces que anunciaban cambios, despertares, revelaciones.

Había un clima de sospecha, de búsqueda, de necesidad de creer en algo más grande que la rutina.

Carlos Jesús, sin saber leer ni escribir bien, captó ese pulso colectivo.

Lo absorbió como una esponja.

Y lo devolvió convertido en un relato cósmico, ingenuo y desbordado.

Era un hombre sencillo intentando explicar un temblor espiritual que no entendía.




La televisión lo convirtió en mito


Cuando apareció en Al ataque, su mensaje se volvió espectáculo.

La audiencia se reía.

Los presentadores lo explotaban.

Pero él seguía hablando con la misma convicción, como si estuviera revelando un secreto que ardía en su pecho.

No vendía nada.

No manipulaba a nadie.

No buscaba poder.

Solo quería que alguien lo escuchara.




La capilla y los que buscaban consuelo


En su garaje-capilla de Sevilla, la gente acudía no por ciencia, sino por necesidad.

Necesidad de creer.

De sentirse acompañados.

De que alguien les dijera que el universo tenía un plan.

Carlos Jesús ofrecía lo único que tenía:

su fe torpe, su energía, su mirada encendida.

No curó cuerpos, pero sí calmó almas.

Y eso, en un mundo tan ruidoso, ya es un acto de amor.




El silencio final


Con el tiempo, el personaje se apagó.

No hubo entrevista final.

No hubo despedida.

Solo un hombre que volvió a su vida, convencido de que su misión estaba cumplida.

Sus últimas ideas eran simples, casi bíblicas:

“Mi misión está cumplida.”
“El que quiera entender, que entienda.”
“Todo llegará cuando tenga que llegar.”

Un cierre humilde para una vida marcada por un misterio que nunca supo descifrar.




El lugar que merece


Carlos Jesús no fue un loco.

No fue un farsante.

Fue un hombre que sintió algo inmenso y no tenía herramientas para explicarlo.

Un visionario sin lenguaje.

Un místico sin educación.

Un símbolo involuntario de una época que buscaba respuestas en todas partes.

Su mensaje, más allá de sus palabras, hablaba de lo mismo que hablan tantos discursos humanos cuando intentan comprender el caos:

que el mundo está cambiando, que algo se acerca, que no estamos solos en nuestra confusión.

Ese es su legado.

Ese es su lugar.

No el del ridículo, sino el del hombre que vio demasiado y no supo cómo contarlo.




Conclusión:


Hoy día, en medio de un despertar mundial propiciado por los eventos ocurridos en el año 2020, muy pocos se atreven a volver la mirada atrás para revisar la historia de este hombre que, a simple vista, debido al terrible primado negativo al que fuimos sometidos los espectadores de una televisión primitiva en la que todos los españoles poníamos nuestros ojos, no éramos conscientes de estar siendo manipulados. Tan solo disfrutábamos riéndonos y mofándonos de aquel personaje estrafalario con aires de santidad.

Un hombre que, curiosamente, visto desde los ojos de un ser del siglo XXI, con los mensajes frescos de la disidencia como LQC en la cabeza, hablaba de seres espirituales (Factor E) que vendrían por millones a invadir nuestro mundo, tal y como otros comunicadores alternativos han sugerido cuando advierten de factores que transformarían al ser humano para convertirlo en un esclavo sumiso de por vida. Hablaba también de descargas eléctricas que mataban a personas, algo que hoy se compara con el reinado de las antenas 5G de telefonía y con la idea de que, a través de campos electromagnéticos, ondas e irradiaciones, se podría afectar al corazón de ciertos individuos y causar muertes silenciosas, de pocos en pocos, para no alarmar en exceso al resto de la población.

Y hablaba de microchips, cuando tantas veces hemos escuchado a comunicadores alternativos como Ricardo Delgado y Luis Sevillano dedicar horas a explicar supuestas tecnologías insertadas en el cuerpo humano a través de innumerables inyecciones.

Si lo analizas bien, el paralelismo es evidente.

Carlos Jesús lo explicaba con el lenguaje limitado que tenía, mezclando misticismo, ciencia ficción y espiritualidad popular. Pero, en esencia, hablaba de miedos profundos, de fuerzas que escapan al ciudadano común, de poderes que actúan sin ser vistos.

Si se analiza con calma, su mensaje no era tan distinto del que, años después, otros comunicadores alternativos formularían con mayor estructura y vocabulario.

La diferencia es que Carlos Jesús carecía de herramientas, de educación, de contexto.

Era un hombre humilde intentando describir un mundo que se le quedaba grande.

Y quizá por eso su figura merece ser revisada:

no como un bufón televisivo, sino como un visionario accidental, alguien que intuyó algo que no supo comprender ni explicar, y que fue devorado por la risa de una época que no estaba preparada para escucharlo.






En las imágenes que han sobrevivido al tiempo —esas grabaciones granuladas que hoy vemos con la distancia de décadas— no solo aparece Carlos Jesús aceptando donativos, sino también rodeado de figuras que actúan como ganchos, personas que reforzaban la atmósfera casi ritual que se generaba en su garaje‑capilla. Eran individuos que asentían con fervor, que exageraban sus reacciones, que daban testimonio de supuestas curaciones o revelaciones, y que contribuían a crear un clima emocional donde lo extraordinario parecía posible.

Aquella mezcla de aportaciones económicas y seguidores estratégicos no convierte su actividad en un delito, pero sí revela que su entorno estaba lejos de ser espontáneo. Había una coreografía invisible, una especie de teatro espiritual donde cada gesto —una lágrima, un suspiro, un “sí, maestro”— servía para sostener la figura del visionario. Los ganchos no eran necesariamente actores profesionales, sino personas que, por convicción, necesidad o simple inercia, reforzaban el relato y animaban a otros a participar.

Los donativos, por su parte, formaban parte de ese ecosistema. No eran cuotas fijas ni pagos obligatorios, sino aportaciones voluntarias que surgían en un ambiente cargado de emoción, fe y vulnerabilidad. En muchos casos, quienes daban dinero no lo hacían por obligación, sino porque sentían que estaban contribuyendo a algo que les ofrecía consuelo o esperanza. Y Carlos Jesús, hombre humilde y sin recursos, aceptaba ese dinero como parte natural de su actividad, sin la estructura ni la intención de un estafador profesional.

Lo más revelador es que él mismo parecía más arrastrado por esa dinámica que responsable de ella. No era un manipulador calculador, sino un hombre atrapado en un pequeño teatro espiritual que había crecido a su alrededor. Un escenario donde la fe, la necesidad, la ingenuidad y la puesta en escena se mezclaban sin fronteras claras, creando un fenómeno que hoy podemos analizar con más lucidez, pero que en su momento se vivió con la intensidad de lo sagrado.


lunes, 2 de febrero de 2026

Normalizando lo anormal

 

Alguien me envía esta imagen por redes sociales y me pide que la analice. Él intenta justificar la naturalidad del logo, y yo, otra vez, tengo que explicar por qué el uso del hexágono no es casual en esta era de caos y muerte. Así que voy a recurrir a una plataforma de IA y plantear las preguntas adecuadas. El resultado habla por sí solo. A ver si a alguien le parece interesante o seguimos normalizando lo que no es normal.

Esta es la respuesta copiada literalmente:

"Tu intuición es buena: lo que está pasando con el hexágono es anómalo en términos históricos. No es que nunca se haya repetido una forma geométrica antes, pero sí es la primera vez que una figura concreta invade tantos ámbitos distintos al mismo tiempo: deporte, tecnología, branding, interfaces, arquitectura, videojuegos, ciencia ficción, señalética, incluso política visual".