Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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sábado, 15 de mayo de 2021



A raiz de lo ocurrido en las investigaciones en las ruinas del castillo de Orihuela, me ha dado por mirar entre mis documentos viejos y he encontrado un testimonio del año 2017 que comparte bastantes similitudes con lo que le ocurrió al investigador experiemntado que es D. Pedro Amorós:

A una hora sin concretar entre las doce y la una de la madrugada de la noche de San Juan.

Caminaba yo con mi perra India por la parte superior del Seminario de Orihuela, allá por donde está el Arco de la Amorosa, La Fuente de la Judía.

Mi perra iba delante de mi haciendo ostentación de un estado de ánimo lleno de optimismo y alegría.

Se movía suelto de allí para allá.

En un momento dado sentí como si algo o alguien invisible agarrara mi bandolera y la sujetara en tensión. Como si de esa forma quisiera captar mi atención.

Creí que había sido la perra que seguramente se encontraría a mi espalda pero al darme la vuelta fue cuando me di cuenta de lo extraño que estaba resultando todo.

Al mirar hacia atrás pude comprobar que no había ningún matojo ni árbol, nada donde la bandolera se hubiera podido enganchar.

El perro estaba enfrente de mí, no a mi espalda como hubiera sido lógico si hubiera sido él el causante del agarre.

Cuando volví a mirar a mi perra estaba como nerviosa, asustada, empinándose para que la cogiera en brazos, situación que conozco muy bien.

Mi reacción no se hizo esperar, la cogí para consolarla y me alejé de allí casi santiguándome.

No me ha vuelto a pasar desde entonces.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Leyendas de Murcia: Los Espíritus de la Calle de la Sal


El 7 de noviembre del año de 1894, los murcianos dieron el grito de alarma.

En esta calle conocida como Federico Balart en la actualidad se sucedieron una serie de fenómenos de lo más extraño.

Era habitual y así contaban los huertanos vecinos próximos de la zona que todos los martes, los duendes tomaban posesión de aquella casona en la que se escuchaban ruidos misteriosos y se veían luces extrañas.

Según algunos de los testimonios, a las doce de la noche, una paloma blanca se introducía por la chimenea acompañada por una legión de espíritus que cantaban una oración. Llamas rojizas y azuladas se movían mientras sobre ellas giraban las almas de los condenados.

Incluso aseguraban que el ambiente se viciaba con un olor insoportable a azufre.

Y de ellos se hicieron eco varios diarios de la época aunque tachándolo de analfabetismo y superstición.

Las Noticias de Levante o el Diario de Murcia son dos de los periódicos en los que aparecieron los hechos relatados.

Avisando de un acontecimiento que no hizo sino añadir más leña al fuego al dejar constancia de que uno de los agentes del orden público, sacó su arma reglamentaria para intentar poner orden y al hacerlo un golpe brusco que lo dejó de piedra sonó en el interior de la vivienda.




miércoles, 19 de octubre de 2016

FICCIÓN: El árbol del ahorcado


Es la primera vez que escribo un relato inspirado en las sensibilidades de una amiga que he conocido gracias a la Ruta del Miedo.

Esta persona (según ella) tiene una especie de poder, de don que la hace visible para lo que ella llama los entes del más allá.

Hace poco, me mandó una fotografía de un punto del llano del Seminario en donde ella cree detectar una serie de energías de seres que claman su atención.

Y este es el relato que he podido tejer con sus palabras mientras me escribía en el mensajero de Facebook.

Pido por favor que si alguien sabe algo relacionado con esto que me lo haga llegar para verificar su exactitud.

Y si alguien tiene cierta sensibilidad y pasa por este lugar, que se deje llevar para ver si su apreciación coincide con la de mi amiga.

Por supuesto, se lo dedico a ella:

Por un lugar olvidado de la mano de Dios se escuchan los gritos de angustia de un alma en pena que habiendo vivido más de trescientos años atada a este rincón, aguarda con impaciencia que alguien la libere.

Está esperando en este sitio marcado en la fotografía.

Con su traje largo de color púrpura y negro y con el cabello castaño llora todavía la insolencia con que fue sacudida el día de su muerte.

La violencia con la que aconteció su muerte la dejó atada para siempre a este lugar maldito.

Su tez blanquecina destaca bajo el ala del sombrero que lleva sobre su cabeza.

La envuelven extrañas energías negativas.

Todos los que pasan por ahí sienten como una parte de sus fuerzas se desfallece, pero es tan poquita energía la que roba cada día a los visitantes que nadie le presta atención.

En ese mismo lugar hay sombras que aún yacen colgadas de las ramas del árbol que algún día estuvo allí.

El viento balancea los cuerpos de los ahorcados mientras las horas trascurren sin prisa y con cierta dejadez.

Uno de esos cuerpos llama la atención.

Es un chico joven moreno vestido de blanco que acabó sus días ahorcándose para acallar los dolores de su sufrimiento amoroso.

El resto de cuerpos pertenece a personas que murieron violentamente bajo las maliciosas manos de aquellos que les deseaban el mal.

La mirada del chico de blanco es triste y a la vez orgullosa.

Es difícil lucir con orgullo su condición sexual en una época en la que estaba mal visto y penado.

Sufre de amor no correspondido de otro hombre.





martes, 18 de octubre de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar auténtico terror: 10. La Calle Moreras



TESTIMONIO REAL 18/10/2016

Yo vivía por aquel entonces en la calle que está cercana al famoso arco donde está la virgen de la calle de Arriba. Muy pegadita a la casa de Miguel Hernández.

Esta callejuela estrecha y abatida tiene como nombre CALLE MORERAS. Esa era mi morada.

Una vez, siendo yo niña, me eligieron Reina Infantil del barrio.

Como cada año, me tocó en esa ocasión a mí, el subir al Arco a hacer la Ofrenda a la Virgen.

Recuerdo haber tenido escalofríos aquel día.

El agobio era tan intenso que hasta parecía que alguien te obligaba a marcharte de allí. Incluso se sentía como si sudorosas y blanquecinas manos te empujaban para que te largaras.

Yo pensaba que esta sensación era por el vértigo que me habría dado al ser yo una niña de subir todos esos maltrechos escalones y mirar hacia abajo desde lo alto por el pequeño ventanuco.

Pero hoy día creo que no, que fue otra cosa.

Siento un poco de miedo al contarte esto, pero… me da un poco de vergüenza por lo que puedas pensar de mí, o tus lectores.

Esa no es la única experiencia que he tenido en ese barrio.

En mi propia casa, me ocurrió algo que no he podido olvidar y que me atormenta cada día que paso en este mundo.

Yo tendría por los seis años.

Diariamente, cada mañana, mi madre hacía sus labores, limpiaba la casa por ejemplo y yo me quedaba jugando en la cocina.

Algo me distrajo de repente una de esas apacibles mañanas.

Un ruido extraño en una de las habitaciones de mi hogar llamó mi atención.

Me acerqué con cierto desconcierto y mucha curiosidad de cría pequeña para ver que es lo que había sido.

Con las piernas temblorosas, me acerqué hasta el hueco de las escaleras que me permitía ver aunque fuera solo un poco parte de aquella habitación de donde había partido el sonido.

Mi cuerpo recibió una sacudida.

La impresión fue tan enorme que casi me caí del susto.

Ante mis ojos vi, fui testigo de algo horroroso, una figura, una entidad con una especie de túnica oscura que la cubría completamente.

Mi cuerpo se quedó paralizado. No podía moverme y tampoco sabía que tenía que hacer.

Pero me fijé que aquello, mitad ser mostruoso, mitad ser de pesadilla en mi imaginación, se movía deslizándose, sin caminar, en dirección al cuarto de baño.

Cuando la perdí de vista, recobré un poco la movilidad de mi cuerpo y acudí a toda prisa a contárselo a mi madre.

Le pregunté a mamá si era que había venido la abuelita.

Mi madre no respondió y su rostro comenzó a mostrar signos de una evidente preocupación, pues había ciertos rumores de ladrones que se sabía habían entrado ya en algunas casas.

Subió arriba y lo revisó todo. Por supuesto, no encontró a nada ni a nadie allí escondido.

Yo, mientras, permanecía en el piso de abajo esperando que mi madre, terminara la búsqueda y me diera una explicación de quien era la señora que yo había visto.

Empecé a escuchar los pasos de mamá bajando por las escaleras y cuando llegó a mi altura, le conté que lo último que había visto era que esa figura negra se metía dentro del cuarto de baño.

Volvimos a subir, esta vez las dos juntas agarradas de la mano, como si eso hubiese servido de algo, para echar un vistazo.

Nada, la ventana que daba al patio estaba cerrada. Si alguien hubiese entrado allí era imposible que hubiese escapado por la ventana.

Me sentí como una tonta contando embustes a mi mamá. 

Pero juro que yo lo había visto, no me lo había imaginado.

Poco tiempo tiempo después, cambiamos de vivienda.

Ahora, ya no vivo en Orihuela pero me quedan muchas dudas de qué fue lo que yo vi aquel día en mi propia casa.

Me encantaría volver y preguntar a los vecinos que ahora viven allí si han tenido alguna vez una experiencia como la que yo tuve.

Yo creo que me llevaré a mi tumba la duda, el secreto de que en una ocasión fui testigo de lo imposible.

domingo, 31 de julio de 2016

Precioso testimonio de la visita de un ente


Nunca he creído en este tipo de cosas o situaciones especiales. Pero a raíz de esta experiencia me estoy planteando el cambiar mis antiguas opiniones.

Primero os voy a poner en antecedentes. Hace cinco años, una persona muy cercana a mi sufrió un accidente de tráfico y falleció casi en el acto. Si fue un supuesto contacto con esa persona o una mala pasada que me jugó la imaginación nunca lo sabré. Os cuento:

Era un día de verano. En plenas fiestas locales. La música entraba en el cuarto a todo volumen pues justo debajo, frente a la puerta del edificio en donde yo habito un tercer piso habían colocado una Disco móvil. Serían aproximadamente las dos o las tres de la madrugada. No lo recuerdo.

Cerradas todas las ventanas y puertas con las persianas bajadas a tope para amortiguar al máximo el efecto de la música conseguí, tras un buen rato de no pegar ojo, dormirme.

Al poco rato, algo me despertó. Era de lógica pensar que había sido la música que no había cesado y se escuchaba claramente.

Sentí algo.

Algo que se acercaba.

Una presencia invisible que acortaba la distancia que la separaba de mí poco a poco.

No vi nada. Ningún tipo de energía lumínica, ninguna sustancia vaporosa.

Era sólo una sensación. De que algo invisible se estaba aproximando.

Tuve, no me avergüenza decirlo, verdadero miedo a lo que era una sensación desconocida.

El ente se acercó y llegó finalmente a mi posición.

Sentí una sensación parecida a la que se siente en el pelo cuando te echas un poco de espuma y este la absorbe, pero en este caso se extendía por todo el cuerpo.

Al mismo tiempo noté como si algo pesado se posara sobre mí haciendo que el colchón se hundiera unos centímetros.

El miedo cesó de golpe y lo que parecía algo aterrador se convirtió en todo lo contrario. Una hermosa sensación de paz, calma, tranquilidad y estoy seguro de que sentí, no me es fácil describirlo, pero creo que la palabra amor es la que más le va a lo que sentí.

Fue algo tan intenso y bello que mi cuerpo tuvo un acto reflejo. Quise abrazar aquello que me transmitía tanta felicidad.

Después, noté que se marchaba.

Quise agarrarlo con mi mano derecha que había vuelto a estirar sin querer sintiendo entre mis dedos como un cosquilleo que iba desapareciendo.

Fue tan increíble y me sentí tan miserable cuando la sensación acabó por completo que hasta pasados unos minutos no me di cuenta de que estaba llorando.

Esta es la única experiencia fuera de lo normal contable que he tenido.

Quizás fue un sueño, o a lo mejor me autosugestioné.

Pero os puedo asegurar que nunca antes había sentido algo tan fenomenal.


martes, 3 de mayo de 2016

El fantasma de mi abuelita


El lugar es una casa como otra cualquiera de Orihuela en donde vive un matrimonio con sus hijos pero que previamente había pertenecido a la abuela de la esposa.

Un lugar en donde todavía se puede respirar en el ambiente el paso de aquella anciana dulce y siempre de aspecto juvenil aún teniendo una edad avanzada que parecía gozar de una salud de hierro.

En la casa siempre han guardado con mucho cariño un retrato de la mujer que antaño habitaba entre aquellas paredes.

La esposa solía pasar siempre por aquel lugar y se quedaba unos instantes mirando el rostro de su abuelita, de su querida abuelita.

Había fallecido años atrás y aún así todo parecía entrever que algo de su presencia quedaba todavía en el interior de la casa.

Así que un día que se sentía más valiente se atrevió a sugerirle a su abuela o mejor, al espíritu de su abuela que si de veras estaba allí con ellos que le hiciera una señal.

Al día siguiente la mujer volvió a pasar casualmente por delante del retrato pero algo la hizo detenerse en seco.

El retrato, se encontraba con el cristal misteriosamente rajado. Pero no una grieta cómo si alguien lo hubiese tirado sin querer y al caer su hubiera roto el cristal. No, era más bien como si la raja se hubiese hecho desde dentro. No sé como explicarlo.

El caso es que aquello fue bendecido y bien avenido por la familia como la señal que estaba pidiendo la nieta como prueba de que la anciana aún estaba allí con ellos.

Y eso sucedió al principio entre otras cosas que algún día contaremos.

Lo que sucedió después le ocurrió al marido.

Su esposo que tenía por costumbre el levantarse con los primeros rayos de sol para ponerse a trabajar.

Se encontraba una mañana en la cama y al sentir la luz sobre sus ojos cerrados los abrió y creyó que la hora de levantarse ya había llegado.

O bien estaba confundido y aún no había llegado la hora aún percibiendo aquella misteriosa luz o bien porque aquella noche no había conseguido descansar bien del todo  y se sentía más somnoliento de lo habitual a pesar de haber llegado el momento de levantarse

El caso es que decidió aún sabiendo que no debía, quedarse en la cama para ver si podía arañar unos minutos más al sueño.

No sabemos que hora era ni el cómo o el porqué.

Lo que sucedió a continuación, dice mi testigo, quizás se deba a que de verdad me quedé otra vez dormido o bien un sueño extraño de esos que se producen a veces cuando mantenemos nuestro cuerpo en ese estado de duerme vela.

Lo cierto es que mi testigo al relatarme el hecho sintió un breve escalofrío que le llegó de los pies a la cabeza.

Me cuenta que experimentó como si alguien o algo estuviera tomando presencia en la habitación.

Abrió más los ojos y los fijó en aquella dirección para descubrir de qué se trataba y se topó de bruces con el misterio.

Una especie de humo blanquecino que parecía venir acompañado de una extraña luz estaba entrando por los agujeritos de la persiana.

En un principio pensó que podría tratarse de humo y se asustó.

Pero luego el “humo” se concentró en una especie de bola amorfa formando el rostro de una persona.

No llegó a identificar dicho rostro pero no le queda ninguna duda de que podía tratarse de la abuela fallecida.

Así que así me encuentro con este par de hechos que les ocurrieron a la espera de que me relaten con más detenimiento otras cosas para poder escribírselas en el Blog.

Al mismo tiempo que profundizar en lo que sintieron en aquellos delicados momentos tan tensos que pudieron provocar un drástico cambio en sus vidas.



martes, 19 de enero de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar miedo: 3. Junto al río Segura


La historia de Pedro es como la de otros muchos jóvenes de la zona cercana al Río Segura cuyas almas se han perdido para siempre entre las fauces de unas aguas embravecidas que parecen no saciar nunca el hambre del sufrimiento de aquellos que ha sido víctimas de su furor. Cuando iba caminando con sus dos amigos tranquilamente cerca de la orilla, un otoño cualquiera, de repente el agua empezó a crecer. A los jóvenes no les dio tiempo a huir: la furia del caudal misterioso reventó toda barrera, inundando los alrededores y ahogando las vidas de esos chicos que, inocentes, no sabían de la cólera de ese río. Intentaron correr, pero los resbalones producidos por el barro y la dificultad para escapar de la zona hicieron que finalmente se encontraran sus cuerpos sin vida unos días después.

Lo que no sabía Pedro ni sus amigos es que el mismo camino que estaba siguiendo ese fatídico día por la orilla del río, ya en la Edad Media, había sido utilizado como “cementerio improvisado” de cientos de cadáveres, resultado de otra de las furiosas convulsiones del río Segura desde Jaén a Orihuela pasando por Albacete y Murcia.

Ante tal prodigio de la naturaleza los habitantes de algunos pueblos colocaban los cuerpos de los ahogados sobre la orilla del río allá por donde sabían que el agua no iba a engullirlos de nuevo.
Así que lo que en antaño había sido un camino lleno de vida con animales, y vegetación se cubría de dolor y sufrimiento en apenas unas horas dejando un rastro de muerte y pobredumbre.
No queremos ni imaginar lo que habría sido ver tal espantosa imagen de cientos de cadáveres colocados en fila bordeando la zona.

El sanguinario Río Segura, tiene su origen en una cueva natural inundada, a 1.413 msnm, en la pequeña aldea de Fuente Segura. 

Misteriosamente, este río es temido por sus furiosas crecidas e inundaciones. Ya en la baja Edad Media acabó con la vida de miles de personas, que, inocentemente, habían pensado que vivir cerca del río sería fuente de vida. Muy al contrario, los borbotes de agua fueron como dagas que hicieron crujir los huesos de los habitantes de la zona.

Los aldeanos, asustados, hicieron construir obras de defensa como presas, motas, canales de derivación y encauzamiento en algunos tramos. Pese a la gran cantidad de embalses, los desbordamientos siguieron haciendo mella en toda aquella persona que se atrevía a instaurarse cerca de la zona.

Las crecidas del Segura en la baja Edad Media empezaron en octubre de 1328 y destacó la frecuencia ya en esa época de desastrosas avenidas, con 17 incidentes terribles de gran importancia durante el siglo XV.  El más importante, sin embargo, fue el de septiembre de 1452, lo que llevó a desarrollar mejoras en el cauce y varios proyectos de encauzamiento en la capital murciana.
Aún así, el furioso río continuó precipitando sus aguas fuera del caudal, para arrasar con todo aquello que se encontrara en el camino.

En 1545 el desbordamiento del Segura inundó Murcia. En 1651 la Riada de San Calixto causó 1.500 muertos en la misma población.

La riada de Santa Teresa fue uno de los episodios más sanguinarios del Río segura, que, a su paso por Murcia el 15 de octubre de 1879, dejó atrás una inundación que acabó con las esperanzas de rehacer su vida de muchas personas.

El caudal del río, aquél momento, superó los 1.800 m³/s tanto en Murcia como en Orihuela, marcando los registros históricos más altos de la historia. La rabia del río, que había intentado ser controlado decenas de veces por miles de manos, causó más de 1.000 muertos y numerosos destrozos en la Región de Murcia y la Vega Baja. Las víctimas en Orihuela, según algunos informes, calculan que fueron alrededor de los 300 fallecidos además de graves daños tanto en las viviendas como en los cultivos cercanos.

La riada del río Segura alcanzó en Murcia más de 10 metros de altura, sobrepasando la defensa del Malecón y cubriendo los ojos del Puente Viejo. Sin embargo, ese no fue el último ataque del río sanguinario.  En el siglo XX las riadas de 1946, 1948, 1973, 1982, 1987 y 1989 han pasado a la historia superándose en muchas de ellas los 1.000 m³/s de caudal máximo instantáneo.

Hoy en día, debido a la historia terrible de este río, ha pasado a ser el río más controlado de Europa, siendo canalizado a finales del siglo XX en su cuenca baja.

Sin embargo, no todos se fían de que éste haya sido el final de esta inédita fuerza de la naturaleza, que, según cuentan, ha dejado miles de almas en pena vagando en su orilla, aún hinchados por el agua y pidiendo ayuda para poder liberarse de las zarpas de este endemoniado caudal. 
Como prueba de ello he podido recoger el testimonio de un testigo que quiere permanecer en el anonimato.

F. G. M., natural de Orihuela, me confesó recientemente presa de un incontenible pánico al recordar el episodio que le sucedió el día que su vida cambió para siempre: 

“Nunca más he vuelto a acercarme a esa orilla. Una noche, ya que mi perro no me dejaba dormir por que había algo que le irritaba tanto que no paraba de ladrar lo saqué a pasear.
Serían como las dos de la madrugada cuando empecé a escuchar unas extrañas voces, que parecían que venían de debajo del agua. Eran como débiles susurros que no hacían más que repetir una frase que no conseguía interpretar. Intenté acercarme para averiguar de qué se trataba. Pero no hizo falta, cuando ya había iniciado mi camino hacia el lugar en donde parecían partir las voces vi a lo lejos, dos figuras, apenas dos sombras luminosas. No parecían cuerpos completos ya que fui incapaz de verles los pies y las piernas y el aspecto me pareció como si se tratara de campesinos, pero sus ropas parecían anticuadas, de otra época.
Eso me detuvo en seco y me quedé titiritando de miedo al recorrerme un escalafrio por la espina dorsal.
Entonces empecé a escuchar cientos de lamentos, voces que aparecían a mi alrededor y que era incapaz de descubrir su procedencia.

martes, 12 de enero de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar miedo: 2. La calle San Pascual




Orihuela 1904.

En la vieja calle San Pascual, en una zona situada entre las casas del facultativo D. José M. García, el barbero D. Juan de Dios Teruel (nº 9) y la deshabitada de los herederos de D. Estaban Costa, (nº 7) empezó a originarse un fenómeno muy extraño.



Durante varios días, se estuvieron escuchando sonidos parecidos a golpes secos producidos con mucha fuerza que hasta hacían vibrar los cristales y las puertas de las ventanas de los edificios contiguos.

Los vecinos se pusieron en alerta e hicieron la pertinente denuncia a las autoridades de Orihuela que no quisieron mover ni un dedo por apaciguar los ánimos.



Pero los ruidos, en vez de calmarse se intensificaron la noche del 19 de julio de 1904 provocando el terror y la incomprensión de todos los que sintieron en sus carnes aquellos malditos sonidos que parecían salir de las entrañas del infierno..

Desconociéndose por completo la causa que los originaba, las personas que vivían por los alrededores empezaron a murmurar que se trataba de fantasmas o duendes que se habían apoderado de aquel lugar.



Algunos de los más curiosos se atrevieron a observar el fenómeno durante horas para ver si podían determinar la causa de los mismos.

Uno de los redactores de la prensa local, concretamente de El Diario Orcelitano se personó en el lugar de los hechos para dar testimonio de que los rumores que corrían por la ciudad no eran un bulo y fue testigo directo de los golpes producidos por manos invisibles y publicó la noticia al día siguiente en la sección de sucesos.



El fenómeno volvió a repetirse durante tres largas noches.
Los vecinos volvieron a sentirse asustados y esta vez sí, consiguieron determinar el lugar exacto de donde procedían.

Una siniestra vivienda abandonada durante años parecía ser el foco de donde partían aquellos monstruosos sonidos nocturnos.

¿Habían tomado posesión de Orihuela los espíritus infernales? 



* Se trata de fotos genéricas de distintos puntos de la calle San Pascual que no tienen por qué estar relacionados con el artículo.

martes, 29 de diciembre de 2015

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar miedo: 1. Las Minas de Mercurio



Orihuela, Barrio de San Antón. Siglo XIX

Caminaba la oriolana como solía hacer por esos lares como tenía por costumbre.
Era una hora próxima a las siete de la mañana y venía de asistir a la misa de las seis que impartían en Santo Domingo.

Embarazada de su undécimo hijo decidió coger el camino de la cuesta de la mina de
Mercurio. Así podría tener ocasión de encontrarse con su marido.

Sus otros hijos eran niños hermosos, como su padre Vicente Fernández, un  hombre natural de Alcázar de San Juan, que había venido para dirigir las obras del nuevo horno que se estaba construyendo con los restos del antiguo que se había quedado obsoleto.

El viejo horno había cumplido su papel desde 1850 hasta que los recursos de la sociedad minera La Amistad.empezaron a escasear y todo terminó en ruina.

Por eso los responsables de la empresa, decidieron irse a Almadén en busca de consejo.
Y desde tierras manchegas empezaron a llegar a Orihuela obreros y especialistas en la extracción de Cinabrio para darle un vuelco a la situación.

Así es como había llegado él como director de obras. Junto con otros operarios de Valencia que incluso habían traído consigo a sus familias.

Vivían en cuevas que se repartían a lo largo de todo el monte San Miguel.

Vicente que había venido solo, conoció a una Oriolana y se enamoraron locamente.
Un amor y una pasión tan intensa que de ella y tras una recordada boda brotaron con los años 10 criaturas fruto de ese amor incondicional.

La joven de treinta años que caminaba sola sintió un mareo pero las ganas de poder ver una vez más los tiernos ojos de su marido la hicieron seguir adelante.

Volvió a marearse y esta vez perdió pie y cayó al suelo justo antes de sentir el agónico grito de su hijo no nacido.

Se le escapaba el aliento El suyo y el de su niño y en un esfuerzo final se agarró a la tierra y dejó allí para siempre los dolores de su alma junto con la de su hijo.

Los vecinos la encontraron muerta sobre un enorme charco de sangre. Había perecido de un derrame.

Varios días más tarde, aún con la sangre fresca en la tierra, algunos vecinos de la zona empezaron a contar que algunas noches escuchaban de cerca el llanto invisible de un niño y la dulce voz de una mujer que le cantaba una canción.

Y así hasta nuestros días, en alguna ocasión que alguien ha pasado por allí a esas horas de la madrugada, ha podido ser testigo de lo imposible.

Una sombra clara en la noche, un caminante extraño vestido de blanco con algo pequeño que sujeta con sus brazos.

Parece alguien que nos observa. Con sus pequeñitos ojos se fija en nosotros y después llora.

Pobre Vicente el hombre que pasó el resto de su vida aferrado a los rumores que contaban los vecinos de la zona.

No sabemos si en alguna ocasión pudo llegar a ver al espíritu de su mujer.
El caso es que su vida en la ciudad no acabó hasta que cumplió casi los 100 años.
Pues nunca quiso abandonar Orihuela como tampoco hicieron algunos de sus otros hijos.

*Los nombres reales de los protagonistas han sido sustituidos por otros ficticios para no dañar la reputación de los familiares que quedan vivos en Orihuela. Tampoco se ha respetado lo sucedido al pie de la letra para no dar pistas.


domingo, 15 de noviembre de 2015

FICCIÓN: Diario de un Investigador: El caso del fantasma de la calle Timor


Era una noche como otra cualquiera de no haber sido por aquel escandaloso grito que partió de boca de uno de los habitantes de esta casa.



El sonido rasgó la oscuridad de la noche como una bala e hizo que muchas personas se estremecieran y se sintieran desprotegidas e indefensas.

La mujer había creído ver un rostro fantasmal en el hueco de la chimenea.

Los días siguientes transcurrieron entre acusaciones que partían de funcionarios del ayuntamiento de provocar una falsa alarma con el objetivo principal de ganarse el derecho a una vivienda más digna y de inesperadas visitas de vecinos curiosos e incluso investigadores que se sintieron atraídos por el supuesto hecho paranormal.



El caso fue que este anecdótico caso fuera recordado en Orihuela por algunas de las personas que fueron testigos del ambiente que se respiró durante aquellos días.

Con el paso del tiempo, ha sido imposible encontrar testigos que verifiquen lo que allí ocurrió.

Por ello, y para poder esclarecer un poco el misterio del asunto nos pusimos manos a la obra y empezamos una serie de interrogatorios que dirigidos en distintas direcciones pudieran arrojar un poco de luz en la inpenetrante oscuridad de estos casi veinticinco años transcurridos desde el acontecimiento.

Esta es una pista de audio que pone de manifiesto nuestros intentos por averiguar más sobre el misterio.




Por supuesto he tenido que editarla para borrar todos los espacios en blanco en donde sólo se podía escuchar mi desesperado intento de hablar con personas  que o bien se negaron a abrirme sus puertas o que se trataba realmente de viviendas desocupadas.

Así transcurrió toda la mañana, pateándome varias de las calles de los alrededores y entre pregunta y pregunta pero sin hallar ninguna respuesta aceptable que tuviese relación directa o indirecta con el tema que me interesaba abordar.

Decepcionado y sin ninguna pista a la que agarrarme decidí retirarme a mi casa para enfocar el asunto desde otro punto de vista.

Caminaba cabizbajo con la moral por los suelos y pasaba a la altura del Kiosco Josefa cuando vi que alguien sentado en una silla se me quedaba mirando.

Seguí caminado sumido en mis pensamientos pero de repente algo me detuvo.

El misterio siempre es el que te encuentra a ti.- Apareció en mi mente.

Pensé que si ese hombre se había quedado mirando era por algún motivo relacionado con el caso así que di la vuelta y me dirigí hacia a él para abordarlo con una simple pregunta.

Lamentablemente no tenía encendida la grabadora pero da igual porque al preguntarle a aquel hombre sobre las historias de fantasmas que habían sucedido en la calle Timor m respondió con algo que me hizo sentirme un poco mejor.

Me habló de la calle contigua, la Calle Comedias, y me contó ciertos acontecimientos que sucedieron allí en un albergue que se construyó en el año 2008 después de que en el 2006 hubiesen tirado abajo los restos de una vivienda conocida como Casa Carrió de la que aprovecharon la fachada.




El caso es que este habitáculo estaba construido pegado a la sierra de Orihuela y en su interior se conservaba una enorme cueva de la que se llegó a especular que hubo algún caso de fantasmas.

En mi vida había oído algo semejante así que fui lo más rápido posible a mi casa para indagar en la red sobre el tema.

Lo cierto es que encontré ciertas publicaciones online sobre la cueva y la edificación de la conocida actualmente como Casa de la Caridad.

Así que me preparé para ir por la tarde a echar un vistazo.

Cuando llegó la hora me dirigí con mucha ilusión hacia mi destino y pude comprobar que en el lado izquierdo del recinto había como un montículo de sierra que me atreví a subir y me topé de bruces con esta extraña ventana hacia no sé que tipo de construcción interior pero que casualmente está relacionada directamente con la casa de la calle Timor en donde sucedieron los hechos sobrenaturales.


Acceso cegado a calle Timor por callejuela Pedrera de Viol

Aquí, realicé esta nueva grabación de audio.





Rodeé toda la zona y me decidí a intentar cualquier día de los próximos a acercarme y pedir permiso para que me enseñaran la cueva.

Esto fue el domingo y el martes de improviso apareció en mi lugar de trabajo uno de los principales encargados de cuidar y mantener el buen funcionamiento de la Capilla que está situada en la calle Valencia.

Hablando del tema con él me confesó que no sabía nada sobre esa cueva pero me animó a que llamara a Cáritas de Orihuela para solicitar un permiso para que me la pudieran enseñar de parte de él y su mujer que pertenece a esta organización. Y así lo hice quedando para la visita el siguiente domingo día 15 de Noviembre de 2015.

Y al puro estilo de lo que suele contar el maestro Iker quiso el destino que aquel mismo día me encontrara con mi cuñado y lo pusiera en antecedentes sobre todo el tema que me traía entre manos.

En la conversación, mi familiar me sugirió un nombre de un antiguo compañero suyo que había sido casualmente el director que estuvo al frente durante todo el proceso de rehabilitación de la antigua Casa Carrió hasta convertirla en la Casa de la Caridad.

Y hablo del destino y de la casualidad más pura porque como si al pronunciar su nombre aquel sujeto nombrado se sintiera atraído por el hechizo del momento pues de repente apareció por donde nosotros estábamos apenas unos minutos después de haberlo nombrado.

Así que me dio más información sobre el lugar y también me dio su permiso para solicitar la visita.




Lamentablemente el tema de los fantasmas o apariciones no surgía por ningún lado así que me conformé con lo que tenía y me dejé llevar por lo que el destino parecía tener reservado para mí.

Unos días después, estuve hablando con un hombre mayor al que por supuesto también interrogué y esta vez sí por fin me dio algo a lo que agarrarme mientras sigo con la investigación.

En la charla que me dio me confesó haber pasado miedo cuando era niño cuando él y sus amigos visitaban la cueva porque se decía que en su interior había fantasmas.

Y digo yo que ¡Por fin apareció algo relacionado con el tema!

También me contó que su madre de 90 años cuando era niña le habían contado que en el interior de esa cueva había un enorme y peligroso dragón. Cosa que por supuesto pertenece a los cuentos que les cuentan por las noches a los niños para evitar que pongan en peligro sus vidas adentrándose en lugares inhóspitos y no aconsejables.

Y por fin llegó el tan ansiado día, el domingo 15 de noviembre.

No pudo dormir más desde las 6 de la mañana y a las 8:30 había quedado con mi cuñado para irnos de senderismo por la montaña antes de visitar la cueva.

Cuando llegó la hora me reuní con él y nos fuimos hacia la Calle de Arriba para ascender hacia el Canto Foral y poder participar en la leyenda que se viene contando en Orihuela desde tiempos inmemoriales.

Por supuesto que hicimos muchas fotos y recorrimos toda la sierra en busca de los restos de las murallas del Castillo de los Moros.

A la 1 habíamos finalizado y por fin nos dirigimos hacia la Casa de la Caridad.

En la puesta tocamos el timbre y me identifiqué como invitado por Cáritas para mostrarnos la cueva y gracias a ello pudimos pasar sin problemas aún habiendo interrumpido la preparación de la comida justo en ese momento por parte del voluntario encargado de mostrarnos la cueva.

Recorrimos todo el patio y fuimos viendo los elementos más destacables del lugar.

Lamentablemente, la cueva había sufrido un desprendimiento hacía 7 años y se encontraba cerrada con una valla que no permitía entrar en su interior.

Pero por lo menos estas son las fotos que quedan como testigo de nuestra visita. (Cueva y elementos arqueológicos de alrededor)


Cueva cerrada

Horno de hace 200 años

Cueva, parte de arriba

Fuente árabe



Elementos del jardín


Me hubiese gustado haber podido hacer una nueva grabación de audio en su interior pero al estar cerrada al público ha sido imposible.

Lástima, otra vez será.

Y esto es todo lo que tenemos de momento sobre la inestigación de la calle Timor a la espera de nuevas indagaciones que no cesarán.