Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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martes, 3 de enero de 2017

Relatos de Ruta X: La Comitiva



No es que yo crea mucho en estas cosas, si he venido a participar de esta ruta ha sido cosa de mi pareja.

A mí todo esto me da un poco de "Yuyu" y pocas cosas tengo que contar al respecto.

A lo largo de mi vida y ya ves que son años, sólo he tenido dos roces con los extraño.

Ambas ocasiones cuando mi padre ya no vivía.

Teníamos por costumbre cuando trabajábamos con dureza en nuestras tierras, hacer unas pequeñas hogueras para quemar rastrojos y malas hierbas.

A veces, la hoguera la dejamos durante bastante tiempo encendida e incluso nos marchábamos a nuestra casa no sin echarle un ojo de vez en cuando y nunca nos acostábamos a dormir sin haberla sofocado del todo.

No queríamos sustos ni contratiempos.

Pero el turno pasó para todos, mi padre envejeció y le llegó su hora.

Después de un entierro memorable lo sigo recordando como lo que fue, un hombre fuerte y siempre atareado con sus cosas del campo en donde yo de joven le echaba una mano.

Lo que ocurrió fue lo siguiente:

Un día en el que me encontraba quemando unas cosas en pleno invierno me sentí desfallecer por el esfuerzo y decidí marcharme a casa con la intención de volver poco después a asegurarme de que el fuego no seguía encendido.

Ya en casa, las horas pasaban despacio y el frio en el exterior se hacía más afanoso.

Tapado con una manta y abrigado bajo el calor del otro fuego que tenía en la chimenea no tuve ningunas ganas de salir a apagar el del exterior cuando llegó el momento.

Tenía los ojos cargados de pesadez y estaba casi dormido.

De repente escuché un brusco sonido como si algo hubiese golpeado a lo lejos por la zona en donde tenía que acudir pero la pereza no me dejaba.

Alarmado por si el fuego hubiese causado algún tipo de catástrofe o accidente, me vestí de mala gana y me dirigí en busca del fuego.

Al llegar allí, no comprendí lo que había pasado.

Pues donde antes lucía una gran llama, ahora no había nada. Lo extraño es que no quedaban ni las brasas de la hoguera.

Y lo más raro de todo es que apenas unos minutos antes, yo desde casa aún podía ver la imagen lejana del fuego ardiendo a través de mis ojos.

Ni una pizca de humo, nada, como si allí nunca se hubiese encendido una hoguera.

Y lo más chocante de todo fue aquel penetrante aroma, aquel olor inconfundible y familiar a mi padre, que había fallecido un año antes pero que su esencia se sentía como si hubiese estado allí mismo y se hubiera encargado él de apagar la lumbre.

Es algo que no me puedo quitar de la cabeza pero imagino que es producido por el dolor y el recuerdo al haber perdido a un ser querido.

Lo otro que me sucedió de una manera indirecta lo vivió mi ex-mujer.

Cuando estaba casado con ella, antes de que los problemas se agravaran y se convirtieran en detestables e inaguantables, dormíamos una noche en la misma cama de matrimonio.

Al día siguiente, al despertar la encontré algo alterada. Sus nervios estaban a flor de piel.

Me contó lo que le había sucedido aquella misma noche.

Y yo la reprendí porque no me había llamado y despertado para que yo mismo hubiese podido ser testigo de lo que ella afirmaba haber visto con sus propios ojos.

Según me contó, ella descansaba plácidamente cuando de repente algo la hizo despertar.

Con los ojos adormilados y entra las sombras de la noche vio con toda claridad como un grupo de personas en comitiva entraban en nuestra habitación y se acercaban a donde estábamos.

Los sujetos se colocaron frente a nosotros a los pies de la cama y mantenían sus rostros ocultos pues se quedaron de espaldas a nosotros.

Entre ellos, apareció una cara sonriente y de sobra conocida.

Era mi padre que había fallecido como dije antes hacia un par de años.

El caso es que el hombre, o mejor su espíritu dejó un mensaje en el aire:

Si llego a saber qué voy a estar tan bien me habría muerto antes.

Con esas palabras me dijo mi mujer que había sido agraciada por la voz del difunto.

Dicho esto, sonrió, hizo un gesto con la mano y se marcharon o desaparecieron, no lo recuerda.

Ya te digo que a mí las cosas de los difuntos me dan mucho miedo y sólo yo y ella fuimos protagonistas en aquella ocasión.

Me hubiese gustado haber podido ser parte de su visión, de todo lo que ella me contó al día siguiente que había presenciado.

Pero lo único que puedo darte es su testimonio y te aseguro que su rostro lucía un color grisáceo y tuvieron que pasar varios días para que ella se sintiera más calmada y a salvo.














sábado, 12 de septiembre de 2015

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar auténtico terror: 2. La casa maldita de La Murada


Si hay alguna zona de Orihuela de la que puedo hablar con propiedad en donde han ocurrido fenómenos extraños esa es la pedanía de La Murada.

Un pueblo cercano a Orihuela en donde prácticamente cada casa e hijo de vecino tiene una historia oscura que contarte.

Fijándonos en una zona concreta para forjar esta historia os hablaré de varios sucesos extraños que allí acontecieron.

Hace muchos años una humilde familia numerosa que habitaba una de las casas de la zona caliente de La Murada vivía con normalidad en su habitáculo.

Padres de 8 hijas veían como se iban por la borda las expectativas de tener un hijo varón.

Así que un triste día, la madre alzó su voz hacia los cielos diciendo:

-         “Señor, aunque siendo animal me nazca un hombre”.

Y sonando como un presagio de lo que iba a ocurrir, el señor le dio un varón.

Un hermoso niño que con el tiempo sus padres empezaron a quedarse extrañados al percibir de él que no pronunciaba palabra alguna.

Ni un “mamá”, ni un “papá”. Tan solo gruñidos y ruidos molestos con la boca.

Los años pasaban y el bebé se hizo un hombrecito pero siguió sin pronunciar palabra y su comportamiento era más parecido al de una bestia que al de una persona cuerda.

Así que la familia no tuvo más remedio que mantenerlo casi siempre atado para que no hiciera ninguna travesura.

La mayor parte de su vida la pasó atado a una ventana en donde los vecinos de las cercanías podían escuchar sus aullidos.

En una de las casas cercanas una familia vivía un drama diferente pero igual de siniestro.

Habiendo fallecido un familiar, la Señora de la casa sentía de cerca presencias que la atormentaban.
Así los días acontecían entre vasos y platos que de forma inexplicable caían de las estanterías o mecedoras que se movían solas.

La familia ya no pudo más y se marchó del lugar viajando a Madrid dejándolo en manos de su hermana.

Esta nueva familia vivió feliz durante un tiempo sin presenciar nada fuera de lo común hasta que una noche, sintieron la presencia de algo encima de la marquesina de la casa de enfrente.
Según me cuenta una testigo de los hechos, pudieron ver con claridad a esto del anochecer, pero sin estar oscuro todavía, unas formas que asemejaban humo formando tres figuras humanas que se movían por la marquesina como si patinaran por la misma.
De este hecho fueron testigos tres integrantes de la familia.

Las sombras se acercaron a una de las ventanas y como si atravesaran el cristal desaparecieron ante la mirada atónita de sus vigilantes.

Los hechos paranormales no eran muy frecuentes pero de vez en cuando algo ocurría que despertaba su atención.

Una de las tardes vieron pasar por entre los árboles que hay plantados en el huerto lo que parecían sombras oscuras con forma humana.

Incluso se da el caso de una noche en la que sintiéndose abrigadas por la presencia de un familiar fallecido pidieron a este una señal.

- Si estás bien haznos una señal dos veces pero si quieres que recemos por ti que sean tres.-

Y en la madrugada de alguno de los días siguientes un sonido les despertó y escucharon una regla de madera golpeando sobre una mesa de aglomerado tres veces para indicar a la familia que el alma en pena que los visitaba necesitaba de la oración para descansar en paz.