Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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martes, 8 de agosto de 2023

La Profunda Simbiosis Mística de Gabriel Miró con la Muerte en su obra "El Sepulturero"

 




Introducción:

Dentro del vasto universo de la literatura, Gabriel Miró ha tejido un relato que se adentra en los pliegues de lo misterioso y lo sobrenatural. En su relato "El Sepulturero" (proporcionado al final del artículo), se despliega una trama enigmática y esotérica que revela una conexión íntima entre el protagonista y la muerte. A través de elementos como los "aparecidos", las "voces de ánimas en pena" y las "lumbres lívidas", Miró crea una atmósfera empapada de misterio, insinuando una relación trascendental entre el sepulturero y el mundo de los difuntos.

En el texto, Gabriel Miró reflexiona sobre el papel del sepulturero en la sociedad y su relación con la muerte. Describe al sepulturero como un personaje oscuro y misterioso que se ocupa de inhumar a los muertos. El autor explora la personalidad y las características del sepulturero, utilizando metáforas y elementos del folklore fantástico para pintar un retrato sombrío y siniestro. A través de la narración, Miró aborda la fascinación y repulsión que este personaje genera en la gente, así como las supersticiones y creencias asociadas a la muerte. El autor también destaca la importancia del sepulturero en la tradición y el contexto cultural, aludiendo a la conexión entre los vivos y los muertos en la sociedad. En el transcurso del texto, Miró utiliza la ironía y el humor negro para explorar las complejas emociones y actitudes humanas hacia la muerte y la figura del sepulturero.



El Ser que Desafía los Límites Mortales:

En el laberinto literario de "El Sepulturero", Gabriel Miró nos introduce a un entorno donde la muerte y lo sobrenatural caminan de la mano. El protagonista, el sepulturero, emerge como un ser enigmático capaz de desafiar incluso las fronteras de la vida y la muerte. A lo largo del cuento, su figura se presenta como alguien que posee la capacidad de interactuar con los difuntos y de navegar entre los aspectos oscuros de la existencia.



La Presencia Cósmica de lo Sobrenatural:

Los misterios sobrenaturales que impregnan el cuento son el telón de fondo que enfatiza la relación entre el sepulturero y la muerte. La mención de los "aparecidos" y las "voces de ánimas en pena" sugiere que el sepulturero está en sintonía con una dimensión que trasciende lo material. Estos fenómenos paranormales parecen someterse a su presencia, indicando que él posee un dominio sobre los misterios y secretos que abarcan más allá de la vida terrenal.



La Danza de las Lumbres Lívidas:

Una imagen que resplandece en la narración es la de las "lumbres lívidas que siguen a los caminantes". Estas luces etéreas, a menudo asociadas con lo espectral, contribuyen a la atmósfera enigmática que envuelve la historia. La presencia de estas luces que acompañan a los viajeros en la penumbra refuerza la idea de que el sepulturero desempeña un rol esencial en el reino de los difuntos, con la capacidad de influir en las manifestaciones más allá de lo material.



La Inmortalidad a Través de la Muerte:

Miró teje la noción sutil de que el sepulturero siente la inmortalidad de una forma única. Aunque no se profundiza en cómo experimenta este sentimiento, la narrativa sugiere que su vínculo con la muerte lo distingue de los demás mortales. Esta noción confiere un matiz enigmático y esotérico a su personaje, profundizando en la conexión profunda entre el sepulturero y el universo de los muertos.



Conclusión:

Dentro de "El Sepulturero" de Gabriel Miró, el autor trenza un tapiz literario enriquecido con misterio y esoterismo. A través de elementos como los "aparecidos", las "voces de ánimas en pena" y las lumbres lívidas, se genera una atmósfera cargada de lo sobrenatural. En esta tejedura, se insinúa una relación trascendental entre el sepulturero y el ámbito de la muerte. Esta simbiosis mística se erige como el epicentro de la trama, brindando a los lectores una exploración fascinante y evocadora de las fronteras difusas entre la vida y la muerte.

En el texto, Gabriel Miró describe al sepulturero como un ser monstruoso en términos de su apariencia y comportamiento. Utiliza imágenes y metáforas para caracterizar al sepulturero de manera inquietante y grotesca:

Vampiro necrofílico: Gabriel Miró compara al sepulturero con un vampiro necrofílico, haciendo referencia a sus "uñas" y su "carne lívida", lo que sugiere una figura siniestra y relacionada con la muerte.

Licántropo o leopardo: El autor también menciona al sepulturero en términos de un licántropo o leopardo, aludiendo a su aspecto y comportamiento bestial.

Pardales ominosos: Se refiere a los ojos del sepulturero como los de un "pardal" o leopardo ominoso, lo que añade a su aura de misterio y temor.

Satélite de la Muerte: Describe al sepulturero como un "Satélite de la Muerte", sugiriendo su conexión íntima y tenebrosa con el proceso de inhumación y la muerte misma.

En general, Gabriel Miró pinta una imagen macabra y aterradora del sepulturero, utilizando elementos del folclore fantástico y del horror para retratar a este personaje de manera que genere una mezcla de fascinación y repulsión en el lector.

En el texto se puede observar también una clara obsesión por la muerte y los cementerios por parte de Gabriel Miró. El uso de imágenes y metáforas relacionadas con la muerte, así como la descripción detallada y evocadora del sepulturero y su entorno, sugiere una fascinación profunda por estos temas. 

Algunos de los indicios de esta obsesión son:

Descripción detallada del sepulturero: Gabriel Miró dedica una gran cantidad de palabras y atención a la descripción del sepulturero, resaltando sus características físicas y comportamiento. Esto muestra un interés en explorar la figura de alguien que trabaja con la muerte de manera tan íntima.

Metáforas macabras: El autor utiliza metáforas como "Satélite de la Muerte" para describir al sepulturero. Estas metáforas evocadoras refuerzan la conexión del personaje con la muerte y crean una atmósfera ominosa.

Detalles del cementerio: Miró describe en detalle el cementerio y sus alrededores, enfocándose en aspectos como la luz de la luna sobre las tumbas y la vegetación. Esto indica una obsesión por crear una imagen viva y vívida de un entorno asociado con la muerte.

Exploración de la dualidad vida-muerte: El autor juega con la idea de la dualidad entre la vida y la muerte al comparar al sepulturero con seres vivos y muertos al mismo tiempo, como vampiros y leopardos. Esto sugiere una reflexión profunda sobre la naturaleza de la muerte y su relación con la vida.

Atracción y repulsión: El uso de términos como "atractivo" y "repulsivo" para describir al sepulturero refleja una ambivalencia en la percepción de la muerte y lo macabro. Esta mezcla de atracción y repulsión es indicativa de una obsesión subyacente.

Las partes con más dosis de misterio y esoterismo:

"El sepulturero" como personaje sobrecogedor: El autor describe al sepulturero como un personaje híbrido, monstruoso y malévolo, asociándolo con figuras arquetípicas del folklore fantástico como el vampiro necrofílico y el licántropo. Se resalta su intimidad con la muerte y su capacidad para vivificarla.

Relación con la muerte y los muertos: El autor explora la relación íntima del sepulturero con la muerte y los difuntos, destacando su papel en la inhumación y su cercanía física y diaria con la muerte. Se menciona su capacidad para dar vida a través de la muerte, lo que lo convierte en un personaje enigmático.

Elementos esotéricos en el entorno: El cementerio y la descripción del paisaje circundante tienen un tono misterioso. Se menciona cómo el sepulturero se encuentra en un entorno donde las campanas suenan en la vigilia de Todos Santos y la muerte se mezcla con la vida. También se habla de creencias en ánimas en pena y aparecidos, añadiendo un aire de superstición y misticismo al ambiente.

El simbolismo de la mirada del sepulturero: El autor resalta la mirada del sepulturero y su capacidad para "ver" más allá, sugiriendo una especie de doble vista que puede percibir la muerte en los vivos. Esta mirada se relaciona con un hombre que ha pasado por la ciudad, conectando eventos enigmáticos y evocando un sentido de destino o conexión oculta.

La dualidad entre vida y muerte: El autor explora la dualidad entre la vida y la muerte, haciendo hincapié en cómo el sepulturero vive y trabaja en medio de la muerte, siendo él mismo un ser aparte y único en su relación con la muerte. Esta dualidad crea un sentido de misterio en torno a su existencia y función.

Elementos sobrenaturales y rituales: Se mencionan elementos como las mariposas encendidas en honor a los difuntos y el ritual de la panilla, donde las abuelas enumeran sus difuntos. Estos elementos aportan un matiz sobrenatural y ritualístico al relato, creando una atmósfera enigmática.

En general, el autor utiliza una prosa hábil para explorar el misterio y el esoterismo en torno al sepulturero y su relación con la muerte, así como para plasmar elementos sobrenaturales y rituales que agregan profundidad al relato.

En este cuento, se describe la figura del sepulturero de manera enigmática y esotérica. El sepulturero tiene una relación única con la muerte, siendo el único que puede sentir su inmortalidad. Se le muestra como alguien que trabaja entre los muertos y cava tumbas en un cementerio abarrotado. Aunque realiza una labor macabra, su conexión con la muerte lo hace especial.

Se mencionan elementos de misterio, como la idea de que el sepulturero puede disfrutar dividiendo cráneos en la fosa común y su capacidad de sentir la inmortalidad que otros no pueden. También se describen apariciones y temores relacionados con los difuntos que se someten a la presencia del sepulturero en el cementerio.

El cuento también toca temas de la vida cotidiana en la aldea, y se muestra cómo la figura del sepulturero es temida y al mismo tiempo necesaria. Se destaca cómo en la aldea todos podrían ser sepultureros, pero no lo son debido a las implicaciones simbólicas que esto conlleva.

El relato culmina con una escena en la que el sepulturero se encuentra en medio de una celebración en el cementerio, y su presencia provoca un aura misteriosa. El cuento finaliza con una visión en la que la ciudad y la vida cotidiana se mezclan con la figura enigmática del sepulturero.

En el cuento, se menciona que cuando los difuntos llegan de noche por la parte del camposanto, todas las consejas aldeanas de aparecidos y todos los sustos que agobian a los niños y enfrían la piel de los adultos se paran y se someten delante del corazón del hombre que está cavando un bancal. Esta descripción evoca la idea de que la presencia del sepulturero, que tiene una relación íntima con la muerte, tiene el poder de calmar o controlar las apariciones y temores relacionados con los difuntos.

Las palabras "aparecidos" sugieren la idea de fantasmas o espíritus que se manifiestan, y "voces de ánimas en pena" añaden una atmósfera sobrenatural. La imagen de lumbres lívidas que siguen a los caminantes refuerza esta sensación de lo misterioso y sobrenatural. Estos elementos se encuentran en contraste con el sepulturero, quien parece ser capaz de enfrentar esta atmósfera de temor de manera imperturbable, como si su conexión con la muerte lo protegiera de las apariciones y temores que afectan a los demás.

En el cuento, se mencionan elementos que evocan la presencia de lo sobrenatural y lo misterioso en relación con los difuntos. Estos elementos contribuyen a crear una atmósfera cargada de misterio y esoterismo en la narración. Veamos las partes específicas en las que se mencionan estos elementos:

"Resucitados, voces de ánimas en pena, lumbres lívidas que siguen a los caminantes": En esta frase, se hace referencia a dos elementos clásicos del folclore relacionado con los difuntos y lo sobrenatural. Los "resucitados" hacen referencia a la idea de que los muertos puedan volver a la vida o manifestarse de alguna manera. Las "voces de ánimas en pena" sugieren el concepto de almas atormentadas que no han encontrado descanso y siguen vagando en el mundo de los vivos. Por último, las "lumbres lívidas que siguen a los caminantes" insinúan la imagen de luces fantasmales o resplandores inexplicables que acompañan a las personas en la oscuridad, un fenómeno común en las leyendas de apariciones.

Estos elementos contribuyen a crear una sensación de lo sobrenatural y lo misterioso en el entorno del cementerio, donde los fenómenos paranormales parecen estar presentes y los difuntos pueden manifestarse de diferentes formas.

"Por el cielo de los olivares pasan los grajos. Y en la aldea doblan las campanas...": Esta imagen final del cuento refuerza la atmósfera misteriosa y sobrenatural. Los grajos son aves asociadas a la muerte en muchas culturas, y su paso por el cielo puede interpretarse como un signo ominoso. Las campanas que doblan en la aldea pueden ser símbolo de luto y muerte, añadiendo un toque sombrío a la escena.

En conjunto, estas referencias a "aparecidos", "voces de ánimas en pena" y "lumbres lívidas" contribuyen a crear una atmósfera de misterio, sugerencia de lo sobrenatural y elementos esotéricos en el cuento. Estos elementos enriquecen la narración con una sensación de lo inexplicable y lo más allá, aumentando el aura enigmática que rodea al sepulturero y su conexión con el mundo de los muertos.


FUENTES:

miércoles, 5 de julio de 2023

La leyenda murciana del autobús fantasma

 

A través de las épocas, se tejían leyendas oscuras en las entrañas ocultas de Murcia. Susurros sombríos susurraban sobre el regreso periódico de un misterioso autobús fantasmal que emergía de los abismos más allá, sediento de diez inocentes infantes. Absurdo y escalofriante, así se forjó la inspiración del cronista oficial para tejer un capítulo macabro en su novela "Cuando vengan a por ti".

La Murcia oculta, sumida en la penumbra, albergaba secretos tan profundos como el abismo mismo. Susurros de antaño evocaban una sombra impenetrable que revivía en intervalos desconocidos. En aquel misterioso trasfondo, un enigmático vehículo de pasajeros, envuelto en un velo etéreo, surcaba los dominios mortales. Su único propósito: arrebatar a diez pequeños almas, sin dejar rastro alguno. ¿Cómo era posible? ¿Qué trato oscuro se había entrelazado en los hilos del destino?

El cronista, al amparo de las sombras y con ojos despiertos a lo paranormal, se adentró en las profundidades de aquel relato. Como un arqueólogo de la macabra verdad, desveló susurros de voces fantasmales y se sumergió en la angustia del inexplicado fenómeno. Su novela, un compendio de pesadillas y enigmas, llevaba a los lectores a cuestionar su propia realidad, enfrentándolos a un siniestro destino que acechaba en cada esquina.


"Cuando vengan a por ti" se convirtió en un portal hacia lo desconocido, una ventana hacia el abismo mismo. Las líneas impregnadas de un misticismo inquietante arrastraban a los lectores hacia un viaje sin retorno. ¿Quiénes eran los elegidos? ¿Qué oscura conexión se alzaba entre los diez niños y el autobús de ultratumba? Preguntas sin respuesta, secretos sin desvelar, enigmas que amenazaban con sumir a los curiosos en un abismo eterno de incertidumbre.

En las calles silenciosas de Murcia, el eco de susurros ancestrales persiste, alimentando la leyenda. El autobús fantasma, como un presagio sombrío, espera pacientemente en la frontera entre la vida y la muerte. ¿Acaso te atreverás a adentrarte en sus tinieblas? "Cuando vengan a por ti" es solo el comienzo de un viaje sin retorno, donde el misterio místico se despliega con crueldad y los secretos más profundos se aferran a tu ser, eternamente.


En las sombras de la ciudad de Murcia se teje una leyenda misteriosa: la del "autobús fantasma". En las noches envueltas en niebla, dicen que este misterioso autobús surge de las tinieblas para transportar a pasajeros de otro mundo.

Según cuenta la leyenda, el autobús se materializa en paradas solitarias, donde aguarda a aquellos incautos que buscan el transporte público. Sus puertas se abren con un crujido siniestro, revelando un interior oscuro y silentes figuras. Los pasajeros fantasmales, vestidos con ropas antiguas, irradian una presencia escalofriante, sus ojos sin vida fijos en un horizonte invisible.

Se susurra que aquellos valientes que se atreven a subir a bordo del autobús nunca regresan. Desaparecen en la niebla de la noche, condenados a vagar eternamente en el reino de lo desconocido. Historias sombrías se cuentan de almas perdidas que se adentraron en el autobús y nunca más fueron vistas entre los vivos.

Durante el enigmático año de 2017, se llevó a cabo una reunión extraordinaria a bordo de un autobús para recrear la leyenda que envolvía a Murcia. Los participantes recibieron una misteriosa invitación que les instaba a vestirse completamente de blanco, como si fueran sombras pálidas deslizándose en la oscuridad. Un concurso literario de relatos de terror se puso en marcha, despertando la imaginación de aquellos valientes dispuestos a explorar los abismos de lo sobrenatural.

El 10 de agosto, un día marcado por los astros, llegó la "abducción" grupal en el autobús. Los pasajeros, con sus prendas albas y corazones acelerados, se adentraron en el vehículo con un sentido de expectación mezclado con temor. El susurro del viento acompañaba las lecturas de microrrelatos, que destilaban el miedo y lo desconocido.

En medio de esta atmósfera cargada de misterio, un invitado especial apareció: el aclamado escritor Jerónimo Tristante, quien asumió el misterioso nombre de Don Phantom Bus. Su presencia añadió un toque de intriga y sabiduría al evento, como si fuera un guía en el mundo de las sombras.

Esa tarde, mientras el autobús recorría las calles de Murcia, las almas inquietas compartieron sus relatos tenebrosos, tejiendo una red de historias que dejaban huellas en la psique colectiva. La noche se desvaneció, pero los ecos de aquel encuentro único perduraron en la memoria de quienes osaron enfrentarse a lo desconocido.

Desde entonces, la quedada en el autobús, el concurso literario y la figura de Don Phantom Bus se han convertido en leyendas dentro de la leyenda, añadiendo una capa más de misterio a la historia del "autobús fantasma de Murcia". En los anales del folclore local, este evento singular sigue vivo, recordándonos que el velo entre la realidad y la fantasía es más delgado de lo que podemos imaginar.


Lamentablemente, dos meses después de aquel evento memorable, un incidente trágico sacudió a la comunidad. Un autobús que transportaba escolares del colegio El Buen Pastor de Murcia hacia Caravaca de la Cruz se incendió en la autovía "Noroeste-Rio Mula", en las proximidades del Niño de Mula. Afortunadamente, no se reportaron heridos, pero el autobús quedó completamente consumido por las llamas. Las causas de este devastador fuego permanecen desconocidas, envueltas en un misterio oscuro.

En ese fatídico viaje se encontraban 48 estudiantes de primero de la ESO, jóvenes de apenas 12 años. Sorprendentemente, su reacción frente al suceso fue extraordinariamente calmada y controlada. Fueron ellos mismos quienes alertaron al profesor que los acompañaba de un olor a quemado en el interior del autobús, según relató en una entrevista a Onda Regional.

Este trágico episodio ha dejado una profunda impresión en la comunidad escolar y en la sociedad murciana en general.

La inescrutable casualidad ha urdido un siniestro plan, en el que el destino nos ha jugado una oscura partida. La proximidad del día de la celebración que se convirtió en leyenda a los hechos casi trágicos ha tejido un entramado de misterio y desasosiego en torno a esta antigua leyenda urbana, cuyo alcance se ve potenciado.

El universo caprichoso ha entrelazado los hilos del destino de manera perversa, conduciéndonos hacia un abismo de incertidumbre. La cercanía entre la leyenda ancestral y los acontecimientos casi funestos ha dotado a este relato urbano de un aura aún más enigmática. Susurros nocturnos se propagan, cargados de un temor latente, mientras la leyenda se expande, alimentándose de cada sombra y ampliando su alcance ominoso.

La maldición del azar ha trazado un vínculo indescifrable entre la trágica realidad y el velo de la fantasía. El misterio se adhiere a los cimientos de esta vieja historia urbana, enredando sus raíces en el tejido mismo de la incertidumbre. Cada paso en la senda de esta leyenda implica adentrarse en un abismo de interrogantes, donde la verdad y la ficción se entrelazan en una danza perversa.

Las sombras se alzan, estrechando su abrazo en cada esquina oscura, mientras la leyenda se fortalece en su influjo perverso. El destino, cómplice del enigma, se burla de nuestras expectativas, atrapándonos en su telaraña retorcida. La magnitud de lo desconocido se expande, envolviendo cada aspecto de esta narrativa macabra.

En los rincones olvidados, la leyenda se nutre de nuestra propia inquietud, creciendo en poder y misterio. El influjo de los acontecimientos desafortunados y las casualidades malignas añade un sabor amargo a esta historia urbana, avivando el fuego de la incertidumbre. ¿Quién sabe qué sombras ocultas aguardan en las penumbras, mientras la leyenda se extiende más allá de lo imaginable?

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En el 2023 también se reprodujo la maldición:





domingo, 31 de julio de 2016

FICCIÓN: Mis Hijos


Hola, me llamo Edgar Hollins.

Trabajo para el gobierno.

No me dedico a eso que estáis pensando.

¿Téneis algún hijo?

Pues sabed que yo soy su padre.

Sí, habéis acertado: Yo soy el “Fecundador”.

Hace ya muchos años que empezó la epidemia que fue dejando estériles a todos los hombres del planeta.

Primero cayeron los más jóvenes.

Ningún jovenzuelo que superara la pubertad y hasta los 21 había nacido con la facultad de procrear.

Todavía no se conocen las causas, pero parece ser que Dios quiso castigarnos para que no siguiéramos poblando el mundo.

De los aproximadamente 3 millones de varones que éramos en el año 2017 más de la mitad y en sólo un par de semanas fueron afectados por la epidemia.

De la noche a la mañana quedaron estériles.

La otra mitad a pesar de las medidas cautelosas que se tomaron sigueron por el mismo camino.

Sólo unos pocos elegidos, 12 en total fuimos tocados por la mano divina y todavía somos capaces de fecundar a las féminas.

Bueno, hablo ya en pasado por que a día de hoy, los otros 11 han sido asesinados por "La Secta”.

Una organización militar religiosa que quiere acabar con la raza humana porque piensan que así lo ha querido Dios.

Que yo y los que ya han sido sus víctimas somos una aberración de la naturaleza.

El Gobierno de todos los países me protege.

Por cada donación de mi semen yo cobro una fortuna. Lo que me permite vivir con todas las comodidades posibles dentro del aislamiento de mi cautiverio.

Cada fecundación finalizada con éxito me genera unos ingresos altísimos.

Tengo a mi disposición todo un ejército que me protege y me cuida.

Así que vivo sólo en el anonimato para evitar que puedan atentar contra mi vida.

Pero si ya han muerto los otros 11, sé que me queda poco tiempo.

Los científicos buscan una cura a la infertilidad lo más rápido posible mientras yo voy donando mi esperma a los laboratorios que inseminan a las hembras elegidas después de rigurosos exámenes.

Los partos son rápidos.

El porcentaje de éxito es alto.

Así que tengo hijos desperdigados por todos los continentes del planeta.

Sin embargo, resulta que los varones nacidos de mí que han llegado a una edad en la que se supone sus testículos ya deberían poder generar espermatozoides activos se han visto afectados por la epidemia.

Es una lucha contrarreloj.

Cuando yo muera, si nadie en el mundo ha encontrado un remedio, la raza humana desaparecerá inevitablemente.

Por eso me pagan lo que me pagan.

Pero empiezo a estar cansado.

Me siento como un conejillo de indias con el que constantemente hacen pruebas de laboratorio.

Mi semen ha sido analizado una y otra vez para ver que tiene que los demás no tengan.

Me han hecho cientos de pruebas y nadie encuentra nada diferente.

No todo lo que produzco es utilizado al instante.

Una parte se está guardando en probetas y tubos de ensayo para utilizarlos en el futuro.

Hijos míos, yo soy vuestro padre.

Dicen que soy la promesa, la única esperanza.

Ya estoy mayor y si no acaba pronto conmigo la edad si que lo harán ellos.

¿Cuántas generaciones han nacido ya de mi?

Veo cada día en las noticias que nada se consigue. Que todo seguirá igual hasta después de mi muerte.

Sé que cuando yo ya no exista todo dejará de valer la pena. Por eso estoy deprimido y me intento desahogar contandoos todo esto.

No sé cuantas palabras o párrafos censurará el Estado.

Ya no soy un hombre libre.

Disfrutad vosotros por mi hijos míos.

Ya que tenéis en vuestros genes parte de mi ser.

Creo que ya he cumplido con el mundo.

Si alguna vez cometí algún pecado, puedo afirmar con seguridad que he pagado mi deuda.

Así que no os asustéis cuando alguien os lea esta carta.

He decidido acabar con esta pesadilla que me asola.

Espero que alguien con más fuerza que yo encuentre una forma de solventar este grave problema.

He conseguido descubrir un pequeño fallo en los sistemas de vigilancia y ya sé en que momento voy a cometer el acto.

Ahora es ese momento y con las manos temblorosas agarro el revólver y apunto contra mi cabeza.

Tengo muy poco tiempo, así que no me está permitido dudar.

O lo hago ahora o no habrá ninguna nueva oportunidad.

Adios hijos míos.

Acoordaos de quien fui y lo que hice por este mundo.

¡CLIC! 


FICCIÓN: Diario de un vivo



DÍA PRIMERO

Había algo en mi frente, como un sexto sentido, que me avisaba cuando corría peligro.

Al acercarme, por ejemplo, un objeto punzante, aquello se ponía al rojo y yo empezaba a sentir una sensación extraña. Era como placer primero y dolor después.

Conforme iba aproximando el objeto, la sensación iba aumentando de intensidad.

Hoy, esta noche, me encuentro solo en una habitación a oscuras. He apagado la luz del Flexo y he abandonado mis tareas de estudiante. El lápiz sobre la mesa, sobre las hojas gastadas por la tinta de los bolígrafos.

Me siento bien.

Tengo los músculos relajados. De vez en cuando mi estado de concentración es interrumpido por el ruido del motor de algún coche que pasa por abajo.

Mis ojos permanecen cerrados, aunque suelo abrirlos alguna que otra vez.

Empiezo a sentir miedo. No es raro. Estoy solo y a oscuras.

Intento evitarlo. No lo consigo.

Siento algo en la frente. Ha empezado suavemente. Tengo mucho miedo. No me atrevo a abrir los ojos. Siento una presencia.

La sensación es ahora más fuerte. Va creciendo lentamente. Sé que no estoy solo, que algo o alguien me acompañan.

Me estoy poniendo nervioso. Apenas escucho el ruido del motor de los coches.

La noche es larga. La oscuridad me penetra. Estoy inquieto.

Recuerdo lo que significa la sensación en la frente. Hay peligro. Tengo que actuar, salir de este estado, encender la luz.

La curiosidad me invade. Deseo saber que ocurre realmente. Si enciendo la luz todo terminará. Presiento algo. Sé que estás ahí. Delante o detrás. No importa, sé que estás conmigo.

Peligro, peligro, peligro.

Te noto tan cerca y todavía no sé qué eres. No me hagas perder la paciencia, muéstrate ante mí. Eres un cobarde.

Hago esfuerzos horribles para que mi mano no alcance el interruptor y encienda la luz. ¡No lo hagas!

Por favor, muéstrate, o de lo contrario me vencerá el miedo y encenderé la luz.

Siento una mano sobre el hombro. Caliente.

Mi cuerpo está temblando. Tengo mucho miedo pero no debo encender la luz.

¿Quién eres?, ¿qué haces? Yo mismo me hago esas preguntas.

Ningún sonido. Sigue la oscuridad. La mano me suelta el hombro.

Voy a encender la luz. La mano me detiene. No me atrevo a gritar, ni a moverme. Tengo un espejo junto a mí, enfrente. No lo miro.

El calor de la mano se fusiona con el que despide mi cuerpo. Escucho el pasar de una motocicleta.

Deben de ser las diez y media. Mis ojos se van acostumbrando a las tinieblas. Una poca luz entra por la ventana. No es suficiente.

La mano me está apretando. Me está haciendo daño. Oigo una voz que me dice:

    - ¡Mira al espejo y todo terminará!

Quiero que te marches, que me dejes solo. ¡Retírate!

Escucho una risa. Me resulta familiar. Yo conozco esa forma de reír.

Miro con el corazón todavía en un puño al espejo. Veo una figura, una sombra que se va aclarando ante mis ojos.

Es él, sí, es él.

Enciendo la luz y le digo:

    - ¡Ya está bien de dar sustos nene, déjame estudiar! 

Mi hermano sonriente abandona la habitación y me deja sólo de nuevo. Apago la luz.

Pero mi frente sigue ardiente cuando he visto un bulto negro moviéndose por la habitación.

Vuelven los mismos síntomas anteriores. Se me está acercando.

Enciendo la luz y le digo:

    - Me lo esperaba, donde está el uno, está la otra. 

Mi hermana se sale de la habitación. Apago la luz.

Todavía insiste la sensación. No me has engañado. Sin embargo, no había peligro.

He vuelto a relajar el cuerpo, a sentir miedo, la sensación extraña que acaricia mi frente.

Esta vez soy yo el que se va de la habitación.

En ella quedan mis hojas y mis bolígrafos. Algún día volveré a entrar.

Por hoy, ya es suficiente.



DÍA SEGUNDO

Ya estoy otra vez en la misma habitación. Con las hojas y los bolígrafos sobre la mesa.

Son las diez y media de un tal día después. Estoy solo. La única compañía que tengo son el sueño y el aburrimiento.

Puedo proseguir con el experimento. No estoy seguro de volver a empezar.

No con mucha decisión me dispongo a relajar el cuerpo. Los ojos cansados, los párpados pesados.

Llega a mis oídos la banda sonora de una película que desde otra habitación están viendo mis padres.

Se cierra la puerta. Continúo relajándome.

El rostro de una hermosa mujer de pelo negro se me aparece mientras mantengo los ojos cerrados. No hay ni rastro de luz por ahora.

Al quitarme las gafas para concentrarme mejor he perdido como una parte de mí y he hecho llegar hasta mi persona la sensación de miedo.

Mi frente no percibe ningún tipo de peligro. El cosquilleo no reaparece. Me siento solo, sin compañía.

Me veo obligado a abrir los ojos. Sin gafas, éstos observan una silueta grande y brillante frente a mí. Es una imagen borrosa. Esta noche no conozco el miedo, ni la curiosidad, ni la desesperación.

Oigo pasos tras mi espalda. Afuera, en el pasillo.

Me he puesto las gafas y he descubierto que la sombra pertenece a una especie de jarrón que ve uno de sus lados reflejando un haz de luz que entra por la ventana.

No estoy asustado, por eso me entristezco.

    - ¡Compañía!, yo te llamo. ¡Acude ante mí!- pienso para mis adentros.

Es inútil, el miedo se ha perdido.

Entonces empiezo a escuchar un sonido metálico que llega desde la otra punta de la habitación. Me imagino un cenicero golpeando sobre otra mesa.

No hay explicación. Me encuentro solo, sin embargo alguien está golpeando con algo.

Huyo de la luz. Llegan a mí el miedo y la curiosidad en cruenta lucha.

¿Quién vencerá?, ¿quién se apoderará de mí?

El ruido ha cesado. Interrumpido por otro mayor que llega desde la calle procedente del motor de un camión que por su magnitud debe ser muy grande.

Pisadas sobre la alfombra. Se me está acercando. Conservo la calma. La frente no me advierte de peligro alguno.

Las sillas tiemblan, los muebles se balancean. Yo no veo nada en la oscuridad pero puedo escucharlo todo.

El paso se ha detenido. Mantengo la cabeza bajada, los ojos cerrados, la mente ocupada por el pensamiento escalofriante de que tengo a un ser monstruoso delante.

Recuerdo el día anterior, cuando un sexto sentido me ponía en alerta.

Elevo la cabeza. Abro los ojos.

    - ¡Nada!, ¡nadie!

Estoy solo, pero ¿de quién eran las pisadas?

Otro en mi lugar pensaría que estoy loco. No es así. El sonido era tan real como la vida misma.

¿Será cierto que existe un más allá?, un mundo alejado del nuestro y poblado de seres y fenómenos extraños. Empiezo a creer que sí.

Tengo la garganta seca, Los ojos llorosos. Los labios cortados. Me mantengo firme y sereno ante esta situación.

Los pasos vuelven a producirse al apagar la luz y cuando han transcurrido unos minutos.

No encuentro la paz deseada, la respuesta a mis anteriores preguntas.

Ahora sí. Siento una voz que me pone al corriente de lo que quiero saber. Estoy estableciendo comunicación con algo que no es de mi mundo.

Me dice:

    - Vengo de allí, de donde los muertos no tienen paz, de donde las sombras, nuestras sombras que son los espíritus, están condenadas a vagar eternamente todo por causas diferentes. Algunos dejamos cosas muy queridas al morir. Aquellos fueron traicionados por la fatalidad de la vida. Otros ni siquiera saben por qué están aquí.

Sigo escuchando aquellas palabras con la boca abierta.

    - No quise asustarte. Creí que si me acercaba a ti perderías la calma. Necesitaba hablar con alguien, contar mis experiencias en este asqueroso mundo que está más allá de todo lo que puedas concebir. Dios no ha querido que seamos felices ni incluso después de la muerte. En este momento, los guardianes de mi mundo me vienen a buscar. No me dejan hablar contigo, así que, ¡adiós!

    - ¡Espera!, ¡no te vayas! –Grito a continuación de oír lo que acaban de contarme. Mi voz se va ahogando.

    - ¡Algún día iré yo a hacerte compañía!

Mi padre entra en la habitación y me pregunta por la causa de mi grito.

Yo, no respondo.



DÍA TERCERO

Día después al anterior. Las diez y media de la noche. La habitación permanece como ayer. Las hojas y los bolígrafos sobre la mesa. El sonido del motor al pasar los coches.
Recuerdo lo que ocurrió la noche pasada.

Contemplo mi mano. Seca. Caracterizada por las venas que abultan.

Los ojos cansados. El sueño se apodera de mí. Me estoy hartando de que siempre ocurra igual.

Una hoja de papel cae al suelo. Es hora de comenzar la relajación.

Me he propuesto escribir una página por las dos caras por cada noche que pase.

El reloj toca la media. No interrumpe mi estado.

Pienso si lo de ayer no fue más que un sueño, una fantasía forjada por mi mente desbocada, repleta de ilusiones y de imágenes sobrenaturales.

    - ¿Y Pepín?- oigo decir a mi hermana que está en otra habitación.

No presto atención. Intento ignorar, pero al cabo de un pequeño ratito ella irrumpe en la habitación.

Después de hacerla salir continúo con mi trabajo. Las gafas están manchadas por una sustancia líquida y viscosa. Las limpio y sigo en lo que estoy.

Un sentimiento de tristeza invade mi corazón. ¿Será cierto lo que me contó ayer?

La espera se hace eterna. Nada ocurre. Nadie aparece.

Presiento que esta noche no habrá contacto. Ni un murmullo lejano. Ni un sonido que pueda indicarme su presencia.

Los minutos se van sucediendo uno tras otro.

Por fin escucho una voz junto al oído que me dice:

    - ¡Hola!, ¡ya estoy aquí! Perdona mi tardanza pero ellos no me dejaban acercarme.

Le pregunto la forma de penetrar en su mundo. Me contesta:

    - ¿La forma?, solo existe una manera de llegar aquí y es muriendo. Así que olvídalo.
Confórmate con oír mis palabras.

Le pregunto si conviven con él personajes famosos. Me dice:

    - Aquí puedes encontrar desde un expresidente asesinado hasta el espíritu burlón de alguno que en otra época fue un pordiosero.

    - Pero aquí no tienen rango, ni clase. No somos más que sombras.

Esta nueva amistad que me susurra al oído, calma con sus palabras mis intranquilos y poco firmes nervios. Es una nueva puesta, un nuevo mundo, un conocimiento diferente. Su voz suena agradable a mis oídos. Me penetra, me endulza.

     - Tengo que irme.- advierte antes de desaparecer.

Antes de que la aguja pequeña del reloj avance por tres veces, acercándose con lentitud hacia el número once, la voz que me susurra aparece de nuevo.
    
     - Tengo poco tiempo. Me han advertido que si me descubren otra vez junto a ti, me harán vagar por otro lugar. Me enviarán a un sitio solitario en donde reina la soledad.

Los ojos me brillan. Los labios me sonríen. El espíritu amigo esta arriesgándose por hablar conmigo, por conseguir compañía.

En este silencio de funeral, él y yo seguimos conversando. Le interrogo sobre el espiritismo, sobre las voces que quedan en el aire, acerca de los contactos por medio del teléfono que a veces se han experimentado.

    - Me hablas de un mundo gemelo al mío en donde los espíritus están libres. No tienen ataduras que los enganchen a nadie. No deben responder de nadie sino de si mismos. Ellos son a los que llamamos “los libres”. Es cierto eso de que contactáis con ellos pero también es verdad que algunos pueden ser peligrosos.

    - ¿Por qué un sexto sentido me advirtió de tu presencia?- me tocó decir a mí.

    - Será porque tú eres un mortal cercano a nuestro espacio. O porque Dios te concedió ese don.

Me avisa y enseguida se marcha. Quedo solo como antes. No volverá por hoy.

Cuando voy a encender la luz para retirarme de la habitación, una voz diferente me dice:

    - Todo lo que mi compañero te habló es cierto pero te ha ocultado algo. Sí hay una forma por la que puedas llegar aquí. Es la siguiente…

Creo interpretar correctamente el secreto que me es conferido. Sin embargo, hoy no encuentro el valor suficiente de ponerlo en práctica. En mi cabeza permanece constante el deseo de llegar a conocer ese submundo desde donde me hablan.

No diré al que lea estas hojas el secreto que me ha sido dado en confesión, revelado. No quiero hacer peligrar la vida o digamos mejor el espíritu del que está atento a mis palabras. 

Por eso callo.

Tengo los ojos más cansados que nunca. Apenas puedo detener el sueño. Sin querer me quedo dormido.

Un sobresalto me despierta. He tenido una pesadilla. Salgo aturdido de la  habitación.

Por hoy, ya es bastante. 



DÍA CUARTO

Había alejado el miedo de mí.

Cuando regresaba a la habitación ya no me inspiraba desconfianza.

Aquel nuevo día permanecía lejos, muy lejos de mi presencia, la sensación angustiosa que me hacía caer en un terror incomparable.

Ello se debía a la amistad que había entablado con un espíritu bondadoso que arriesgaba su pretendida felicidad a cambio de pasar unos buenos ratos en mi compañía.

¿O era él quien me acompañaba a mí?

Sea cual fuere el caso, lo bueno de ello era que yo había perdido el miedo a la oscuridad y a la habitación.

Una habitación que desde muy pequeño sentía profundamente en mi interior que me hacía imaginar terribles calamidades para mi vida.

Recuerdo como un día huí de aquella, “la oscura habitación”.

Sin entender por qué, mis miembros se paralizaron.

Sentí como si una fuerza maligna y poderosa me fuese a atrapar.

Yo era presa del pánico y escuchaba a mi madre en la cocina limpiar los platos.

De mi boca no pudo salir grito alguno.

Todavía vi. como mi cuerpo se arrastraba para llegar donde se encontraba ella.

Yo aterrado y haciendo esfuerzos infrahumanos.

Sentía tras de mí, la figura de un ser monstruoso que quería atraparme.

Por fin conseguía llegar hasta la cocina y una vez allí todo terminaba.

De esto hace casi trece años. Es una historia verídica.

No obstante, aquel lugar ya no me intranquilizaba sino que me llenaba, me hacía disfrutar.

Tenía un nuevo amigo, pero, ¿podría confiar en él?

Quisiera decir que de todo lo que me ocurría cada noche, nadie, tan solo yo, conocía la verdad.

Mi amigos no tenían la menor idea de que tuviera contactos con el más allá.

Y así seguí día tras día recordando lo ocurrido en la última noche y pensando en lo que acontecería en la próxima.

Me encontraba aislado desde del exterior.

Sumido en mis pensamientos desde aquella habitación cuyas ventanas daban a la calle.

De día iluminada, brillante y hermosa.

De noche oscura, profunda y silenciosa.

Mis ojos buscaron alguna figura móvil en que posarse.

Nada. Nada de nada.

Eran las diez y treinta y cinco y yo tenía el presentimiento de que aquella noche nadie iba a venir a visitarme.

Los minutos, las horas.

El tiempo se consumía, el sueño me consumía.

Me sentí triste, abandonado.

Llamé a gritos a mi nuevo compañero, a mi amigo.

Mi madre vino y me preguntó por lo que hacía.

Pero hoy, tampoco contesté.



EL ÜLTIMO DÍA

Yo, el que vago, el que no gobierna a su cuerpo porque carece de él, el que se ha perdido entre las sombras caminantes de los hombres, observo desde la ventana.

Veo allá, enfrente, un cuerpo moribundo de un ser solitario. Me acerco, me introduzco en él.

Ya soy otra vez como vosotros, ya tengo materia. Puedo pensar, sentir, llorar o reír. Puedo caminar, correr, expresar o dormir.

El espíritu que encuentro a mi lado no lucha conmigo. No me hace desalojar el cuerpo.

Triste, desesperado, sin esperanza, mi compañero se resigna a partir hacia otro lugar. Sabe que al cuerpo le quedan unos pocos minutos de aliento vital, de vida.

Lo veo junto a mí, callado, silencioso. Evita incluso mirarme.

El hombre se lleva la mano al corazón, es un ataque. El último ataque.

Siento su horror entre mis partículas, entre los haces de mi sustancia espiritual. Siento el sufrimiento del ser que se encoge, se estrecha, se estremece.

El dolor del hombre que se derrumba y cae al suelo sin vida, muerto.

He conocido a la muerte. He tocado su manto negro. He aspirado su aroma, su fragancia.

Busco otro cuerpo. Hallo una frágil forma humana. Pequeña, muy pequeña.

Estoy en un Hospital, en una maternidad. Penetro el cuerpo. Una mano experta me golpea. Se separan los labios y mi nueva materia abre en llanto su primer segundo de vida en el mundo.

He sentido a la vida. He tocado su manto blanco. He aspirado su aroma, su fragancia.

El espíritu que ocupa este cuerpo me echa, me rechaza, me hace salir.

En el mismo día he conocido a la vida y a la muerte. Busco ahora un lugar donde reposar, descansar, esconderme del deseo de penetrar en otro cuerpo.

He llegado hasta una especie de laboratorio. Fabrican un cerebro artificial que después conectarán a un cuerpo metálico.

Espero. Día tras día observo su trabajo. Faltan unos pocos detalles para que el proyecto llegue a su fin.

Es el momento. Todo preparado. Encienden la gigantesca máquina.

El engendro abre los ojos, camina, escucha, pregunta y responde. Se trata de un ser vivo sin espíritu. Encuentro en él mi hogar. Me introduzco entre sus circuitos.

Dispongo en estos momentos de cuerpo pero no de libertad. Los científicos me retienen, me desconectan a determinadas horas, recargan mi energía.

Me siento otra vez infeliz, deseoso de encontrar un cuerpo para mis haces de sustancia espiritual. Abandono el laboratorio para vagar por el infinito.

Busco cobijo en una piedra. No me conforta.

Regresa a mí la imagen de mi verdadero cuerpo ardiendo, quemado. Me creyeron muerto y me redujeron a cenizas. Ahora tengo que viajar de un lado para otro buscando algún sitio donde poder terminar con este destierro involuntario que me acosa, que se me rebela.

Quise vivir como un espíritu pero no condenarme para siempre a la búsqueda sin fin de un lugar donde ser feliz.

Estoy arrepentido y pienso en Adán y Eva que comieron del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal para llegar al conocimiento y por ello fueron echados del Edén.

A mí me ocurre algo parecido. Quise saciar mi curiosidad y he provocado sin querer la infelicidad eterna.

Como última esperanza lanzo una mirada hacia el cielo. Veo a nuestro querido Padre que con su mano bondadosa me alcanza, me reconforta.

Y siento como los días caminan para atrás y un sueño profundo me invade, me sumerge en una agradable sensación.

Al cabo de un rato me despierto y observo a mí alrededor. Estoy en la habitación.

Suenan los motores de los coches que pasan. Son las diez y media cuando enciendo la luz. 

Recuerdo lo ocurrido.

Dando gracias a Dios, recojo entre mis manos unas hojas y unos bolígrafos.

Después, escribí este diario.