Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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domingo, 12 de julio de 2020

La Virgen de la Mascarilla




Como aficionado a los hechos curiosos y misteriosos de Orihuela me ha dejado muy sorprendido el "milagro" que descubrimos ayer en la Iglesia de Santa Justa.

De camino a la Sacristía, a mano derecha exite este cuadro de la virgen con más de un siglo de antiguedad. (1905)


A simple vista se trata de una obra pictórica típica religiosa con una representación de la Virgen. Sin nada aparentemente destacable a nivel de misterio.

El problema viene cuando en determinadas horas de luz, conforme vamos cambiando el ángulo de observación, nos encontramos con esta sugerente representación en donde podemos contemplar a la misma figura con una mascarilla en la cara, tal y como si se tratase de un aviso que el artista quiso plasmar en otra época lejana dotando a la imagen de cierto efecto 3D que depende de nuestro ángulo de visión.



El espectáculo es impresionante si lo vemos a través de nuestros ojos en vez de los de una cámara. Creanme que la foto no le hace justicia.

¿Es casualidad o el autor quiso avisarnos de algo maligno que está por venir y que ya estamos sintiendo en nuestra piel?


viernes, 2 de febrero de 2018

Adolfo Clavarana y el Milagro de Rojales


Engracia Feliu, hija de la «niña perdida» de Rojales de 1896, es la testigo más próxima a los extraños sucesos que vivió esa localidad alicantina a finales de siglo. Curiosamente, ella misma sería testigo de una aparición de la Virgen en 1936.


El siguiente suceso que voy a detallarles tiene varios protagonistas que no siendo de Orihuela dejaron una enorme huella en la prensa local de nuestra ciudad en 1896, testiga muda y única en el tiempo acicalada con la rúbrica del valiente Adolfo Clavarana.

Este no es un suceso desconocido para los ávidos buscadores del misterio que constantemente dirigen sus miradas por las distintas zonas que componen el territorio español.

Nombrado en casi todos los programas de radio y televisión del gremio como Milenio 3, Cuarto Milenio, El Último Peldaño, La Otra Dimensión, etc.

Este es el hecho milagroso extraído textualmente del libro LA ESPAÑA EXTRAÑA de los afamados autores JAVIER SIERRA (Uno de los escritores españoles de mayor éxito en la actualidad, ganador del último Premio Planeta) y JESÚS CALLEJO, amigos y colaboradores habituales.



Publicada en febrero de 1896 por el periódico local La Lectura Popular de Orihuela, menos de un mes después de la desaparición de Encarnación Hernández. Firma: Adolfo Clavarana.



Rojales (Alicante) Sábado, 18 de enero de 1896

Cayetano Hernández, más conocido como Tano «el herrero», y su esposa Engracia reciben visita en su casa. Se trata de unos parientes cercanos que han decidido acercarse al domicilio de la familia Hernández para merendar y matar así el hastío de las tardes de invierno. Entre los adultos que se han dado cita allí juguetea la pequeña Encarnación, una niña de apenas tres años que, fascinada por la visita de sus parientes, acude a despedirles a la puerta de su casa, en la calle del Pozo (hoy Héroes de África). Inesperada e inadvertidamente, la menor marcha tras ellos sin que nadie se percate de su decisión.

Poco tiempo más tarde, Engracia, la madre, se da cuenta de la ausencia de la pequeña. La llama por toda la casa y, tras confirmar que no se encuentra tampoco con los familiares que acaban de visitarla, da la voz de alarma creyendo que la pequeña ha salido del domicilio familiar sola y sin abrigo.

La preocupación es lógica. Encarnación no conoce el pueblo; puede haberse desorientado exponiéndose a las alimañas y a las bajas temperaturas. Las cuadrillas de voluntarios rastrean los montes cercanos a Rojales hasta que, bien entrada la noche, deciden suspender la búsqueda y reiniciarla con los primeros rayos de sol del día siguiente.

No hay nada que hacer.

Entrado el nuevo día, se repiten las rondas por los mismos lugares que fueron «peinados» la tarde anterior. Barrancos, cañadas y hasta las orillas del río Segura son examinados con cada vez menos esperanzas de encontrar a la niña con vida. Pero la providencia es caprichosa. Finalmente, cuando casi todo indicaba que se produciría un desenlace fatal, Encarnación aparece en el fondo del llamado barranco del Búho. Inexplicablemente ilesa, caliente —las temperaturas nocturnas bajaron de cero grados durante la madrugada— y en perfectas condiciones anímicas.

¿Qué había sucedido? ¿Dónde estuvo Encarnación protegida de las inclemencias del tiempo?

—Nuestra madre nos contó muchas veces aquella historia —comienza a relatarnos Engracia Feliu Hernández, segunda hija de la niña desaparecida, de setenta y tres años cuando la entrevistamos en 1997, y la persona de Rojales que más de cerca conoce la historia.

A esta Engracia de «segunda generación» la localizamos muy cerca de la parroquia de San Pedro Apóstol. La sentamos a una mesa camilla donde, con los ojos encendidos por la emoción de sus recuerdos, accedió a responder a todas nuestras preguntas.

—¿Y qué le contó exactamente su madre de lo que le ocurrió? —la abordamos.

—Pues que ella, de muy chiquita, subió sola hasta el monte de la Atalaya y que, al hacérsele de noche, se refugió bajo un enrejado y se quedó dormida... Claro — continúa explicándonos doña Engracia—, la niña podía haber sido atacada por zorros u otros animales del monte, pero allí se quedó quietecica. Al amanecer, sin embargo, no estaba en el monte. Se despertó mucho más abajo, en un barranco.

—¿Y las cuadrillas no la buscaron allí?

—Toda la tarde. Pero es que ella no bajó el barranco. La debió recoger alguien y la descendió hasta allí. Nada más hay que ver que con tres años, con tantas piedras y tantos obstáculos, la niña apareció sin un rasguño. De hecho, cuando la encontraron, se levantó y dijo que no había pasado miedo.

—¿Y qué contaba? —preguntamos cada vez más intrigados.

—Que había estado con una mujer que la tapó toda la noche con un delantal. Lo decía a media lengua, pues aún no hablaba bien. Y aquella mujer le dijo: «No tengas miedo, que mañana vendrán a por ti». Mi madre nos dijo también que había estado jugando con un chiquito, haciendo montoncitos de arena.

—¿Aparte de aquella mujer? —preguntamos atónitos.

—Eso es. Había un chiquito que hacía montoncicos de arena con ella —repitió doña Engracia—. Luego, la mujer la tapó con su delantal, que era el escapulario de la Virgen del Carmen, ¿saben ustedes?

Doña Engracia apenas pestañeaba mientras nos daba cuenta de la «aventura» de su ya difunta madre. Sus ojos conservaban aún la vivacidad del principio de nuestra charla, al tiempo que sus manos, sobre la mesa camilla de su salón, dibujaban ocasionalmente en el aire gestos de admiración. Para una buena cristiana como ella —argumento que no dejó de hacernos patente en todo momento—, ¿qué otra cosa pudo haber salvado a su madre sino la propia Virgen del Carmen y su escapulario?... Pero doña Engracia aún guardaba algún dato más para nuestra investigación.

—Ella no pasó hambre ni nada —nos precisa—. Y sobre las cinco de la tarde, unos primos suyos la encontraron en el barranco del Búho.

—Díganos una cosa: ¿su madre les contaba esto a ustedes como si lo recordara, o...?

—Lo recordaba bien. Miren ustedes: cuando la trajeron sus primos, la llevaron a casa de su tío José María, que vivía enfrente de mi abuela Engracia, que había dado a luz hacía poco. Al ver a su pequeña, le dio un «trastorno» y entonces, para que mi abuela no se alterara, se llevaron a mi madre a la iglesia.

—¿A esta iglesia? —decimos señalando a la parroquia de San Pedro Apóstol, a escasos cien metros de la casa de doña Engracia.

—Sí. Y allí le preguntaron: «¿Es ésta la señora que has visto?», y le enseñaban la Virgen del Rosario. Ella negaba. «¿Es ésta, la Dolorosa?» La chica volvía a decir que no, y finalmente señaló una figura. «¡Ésa!, ¡ésa es la que me tapaba con el delantal!» Y apuntó a la Virgen del Carmen.

Al parecer, tanto por lo que nos contó doña Engracia durante aquella larga conversación como por lo poco que se ha publicado de este hecho en la prensa local, la niña volvió a identificar a la Virgen del Carmen en la casa parroquial de Rojales, ante uno de los tres sacerdotes que tenía entonces el pueblo.

—¿Cómo pudo estar segura de que era la Virgen del Carmen? —le preguntamos.

—Porque le vio un delantal. Además, la imagen de esta Virgen que ahora hay en la iglesia la compró también mi madre.

—Años después de pasarle eso, sí. La imagen que a ella le sirvió para identificar a quien vio la quemaron en el 36.

El silencio inundó el salón por unos segundos.

Cuando al cabo de un buen rato abandonamos la vivienda de doña Engracia, un extraño desasosiego se apoderó de nosotros. Apenas hacía unas horas que habíamos entrevistado a la protagonista de un hecho similar, cerca de Motilla del Palancar, en la provincia de Cuenca. En aquella ocasión, los hechos habían tenido lugar la Nochevieja de 1943, y quien sufrió el episodio todavía vivía. Nuestra entrevista con la protagonista viva de este incidente nos puso los pelos de punta: su relato coincidía, casi punto por punto, con el incidente de Rojales. Era como si alguien —la inteligencia que se esconde tras este tipo de casos— lo hubiera dispuesto así por alguna oscura razón.

Otro documento (cedido por la investigadora Marta Ruiz):




Investigación:

Hay un puñado de relatos bien conocidos en España con el mismo patrón: menor que se pierde (a menudo de noche y en invierno), reaparece ileso/a y dice haber sido protegido/a por “una Señora” que luego identifica con una advocación mariana. Estos son los principales casos documentados o recogidos en prensa, libros o crónicas locales:

Rojales (Alicante), 18-ene-1896 – “El delantal de la Virgen”
La niña Encarnación Hernández pasa la noche en el monte “abrigada con el delantal” de una Señora. En la iglesia reconoce a la Virgen del Carmen como quien la protegió. El hecho fue publicado en la prensa local y recontado después por investigadores (Clavarana; Sierra & Callejo). 


Rojales (Alicante), 24-jun-1917 – la niña del pozo
Otra versión de Rojales habla de Teresa Juan, arrojada a un pozo por un agresor; las piedras “rebotaban” porque una Señora la cubría con un delantal. En la iglesia señala a la Virgen del Rosario. (Recopilado en “Leyendas de la Vega Baja”). 

El Picazo (Cuenca), 31-dic-1943 / 1-ene-1944
Trinidad Collado se pierde y pasa la noche en unas casillas; refiere la presencia de una mujer que la protege. Al día siguiente, en la iglesia, duda pero se inclina por la Virgen del Rosario. El caso fue narrado en primera persona en La España Extraña. 

Arroyo Sujayar – Yeste (Albacete), 29-dic-1979 a 1-ene-1980
Antonia Tamayo, 4 años, desaparece tres días en plena ola de frío. Cuenta que una “mujer con manto blanco” la visitaba por la noche, la cubría y le daba de beber; fue muy mediático entonces y ha sido recontado en entrevistas recientes. 

Villa del Prado (Madrid), fecha imprecisa (tradición local)
Relato transmitido por abuelas del pueblo: una niña perdida en el monte es cuidada por una Señora; al día siguiente, en la ermita, la identifica con la Virgen de la Poveda. Es presentado como tradición/leyenda, no con documentación oficial. 

Qué tienen en común

1) Menor perdido/a en paraje natural.
2) Noche(s) fría(s) sin síntomas de hipotermia. 
3) “Señora” protectora (a veces “dama blanca”).
4) Reconocimiento posterior de una imagen mariana concreta (Carmen, Rosario, Poveda). 

Estos motivos se encuadran en la tipología folclórica de apariciones protectoras y “damas blancas” recogidas por divulgadores y folkloristas. 


*Nota de rigor: salvo Yeste/Arroyo Sujayar (1979) y las noticias antiguas de Rojales (1896), el resto se mueve entre la crónica periodística, el testimonio oral y la literatura de misterios; no siempre hay expedientes oficiales o hemerotecas accesibles. Por eso conviene tratarlos como tradición local con distintos grados de documentación.

Cuando varios relatos de lugares y épocas distintas comparten una misma estructura narrativa —niño perdido, noche fría, dama protectora, identificación con figura sagrada— suele deberse a arquetipos culturales que están muy arraigados en la memoria colectiva.

En este caso intervienen varios factores:

Arquetipo universal de la “madre protectora”

En muchas culturas antiguas aparece la figura de una mujer que protege a los vulnerables en la naturaleza (diosas, espíritus, ancestros femeninos).

El cristianismo en la península ibérica absorbió ese arquetipo en la figura de la Virgen María.

Folclore de “la dama blanca”

Leyendas europeas describen a una mujer vestida de claro que guía o protege.

En España, en zonas rurales, este motivo se cristianizó y se ligó a advocaciones marianas locales.

Función social del relato

Refuerza la fe comunitaria: “la Virgen cuida de los suyos”.

Aporta un final feliz a un episodio potencialmente traumático (niño perdido).

Memoria y repetición

Las historias con este esquema se transmiten porque son fáciles de recordar, emocionales y encajan con valores compartidos.

Aunque partan de un hecho real (o no), la tradición oral tiende a moldearlos hasta ajustarlos al patrón que la comunidad espera.

Por eso, aunque solo tengamos un caso documentado (Rojales 1896) y otros sin pruebas coetáneas, la repetición del patrón no necesariamente prueba que los hechos fueran idénticos, sino que revela que la mente humana y la cultura rural española tienden a contar estas experiencias de forma similar, siguiendo un molde muy antiguo.

Línea evolutiva del mito de la “Señora protectora del perdido”

1. Orígenes prehistóricos y tribales (miles de años atrás)

Arquetipo de la Madre Nutricia: En sociedades cazadoras-recolectoras, la figura femenina vinculada a la fertilidad, la protección y el sustento era central (ej.: Venus paleolíticas).

Función adaptativa: transmitía seguridad y pertenencia; se asociaba con la naturaleza que “alimenta y cobija”.

Efecto en la memoria: relatos sobre “ser protegido por una mujer poderosa” generaban cohesión grupal.

2. Época prerromana e íbera (siglos VI–I a.C.)

En la península ibérica ya existían cultos a diosas locales (Ataecina, Epona, Deva) asociadas a bosques, manantiales y montes.

Estas divinidades a menudo protegían a los niños y eran representadas como mujeres jóvenes o maternales.

Pérdidas en el monte o en el campo podían reinterpretarse como “encuentro con la diosa” que devuelve a salvo al menor.

3. Romanización (siglos I a.C.–V d.C.)

Diosas como Diana, Ceres, Juno Lucina (protectora de partos) heredaron la función protectora.

Los santuarios rurales se integraron en caminos y cruces, reforzando el vínculo entre territorio y figura femenina protectora.

4. Cristianización (siglos IV–X)

La Iglesia absorbe muchos elementos de cultos paganos: las diosas se sustituyen por la Virgen María o santas locales.

La “Señora del monte” pasa a ser “Nuestra Señora de… [topónimo]” o “Virgen de… [advocación]”.

El relato de niños perdidos que reaparecen bajo protección femenina se ajusta al dogma mariano.

5. Edad Media y Moderna (siglos XI–XVIII)

Romanceros y crónicas recogen “apariciones” de la Virgen que protegen a personas extraviadas, peregrinos o pastores.

Los elementos se codifican:

Pérdida en lugar agreste.

Intervención de “Dama vestida de blanco” o “con manto”.

Reconocimiento posterior en imagen sagrada.

6. Época contemporánea (siglos XIX–XXI)

El patrón sigue vivo en la tradición oral y en la prensa local.

Casos como Rojales 1896 se publican en revistas católicas y refuerzan la fe popular.

Incluso en versiones modernas (Yeste 1979), el relato mantiene los elementos esenciales: protección nocturna, figura femenina, identificación mariana.

¿Por qué se repite en nuestro cerebro?

Memoria cultural: arquetipos que se transmiten generación tras generación.

Necesidad de sentido: ante un suceso inexplicable (niño ileso tras noche fría), el cerebro busca una causa coherente con la cosmovisión local.

Estructura narrativa fija: fácil de contar y recordar; la comunidad la refuerza porque reafirma creencias.

Patrón arquetípico (Carl Jung): la “Gran Madre” es universal, y en contextos católicos toma la forma de la Virgen.




lunes, 26 de septiembre de 2016

Nuestra Señora de Monserrate


Cuenta la historia que, allá por el año 613, época cercana y posterior a la abjuración del arrianismo por Recaredo y consiguiente declaración del cristianismo como religión del Estado en España, fue traída por los cristianos perseguidos por diversas sectas y que se refugiaban en nuestra Península una imagen de la Virgen, de origen griego, al parecer por los rasgos de su fisonomía.

Esta imagen, esculpida en un pedazo de tronco de olivo de 42 centímetros de altura, está sentada en una silla, tiene un niño en su mano izquierda, y se veneraba en la iglesia parroquial de San Julián con el nombre de Madre de Dios de la Puerta.

Durante la dominación árabe, poco después de la muerte del primer rey de Orihuela, fueron castigados nuestros antepasados con fuertes tributos, quedando reducida la libertad de vivir en la ciudad y practicar el culto católico, al Arrabal.

Mandaron los invasores más tarde quitar las cruces de las puertas de las iglesias, y temiendo que algún día los sectarios del falso profeta profanaran las imágenes, decidieron los oriolanos del Arrabal Roig ocultar la imagen de la Virgen, de la Madre de Dios de la Puerta bajo la campana de la iglesia parroquial de San Julián, colocada en el hueco de una peña que había dentro del recinto de la referida iglesia.

La imagen estuvo perdida, oculta bajo la campana y escondida dentro de la peña más de quinientos años, hasta que, al venir la epopeya del 17 de julio de 1242 arrojando a los moros de nuestra ciudad y estableciéndose en ella los cristianos, decidieron los oriolanos buscar la imagen que la tradición les transmitiera había sido ocultada por sus antepasados, olvidando el sitio donde las escondieron.

Mucho tiempo pasaron buscando la imagen, hasta que por fin, según opinan los cronistas locales, en el año 1306 tuvo lugar el feliz hallazgo de la Virgen.

Según la tradición, el milagroso hallazgo de la Virgen se atribuye al subterráneo sonido de una campana oída durante tres noches continuadamente al pie del monte del castillo.

El misterioso sonido llamó la atención de los oriolanos, que acudieron presurosos al lugar de donde salían las vibraciones de la campana milagrosa.

Buscaron ansiosos y, al agujerear la peña, encontraron el celestial tesoro escondido durante tantos siglos.

Grande fue el entusiasmo y regocijo con que se recibió el hallazgo de la preciosa Virgen.

Pero en seguida suscitáronse acaloradas discusiones acerca del nombre que había de dársele entre aragoneses, valencianos y catalanes que por aquel entonces poblaban la ciudad.

Los aragoneses querían se llamara Virgen del Pilar; los valencianos, de Orito y los catalanes, de Monserrate.

Por fin acordaron poner los tres nombres escritos en tres papeles y que la suerte decidiera, saliendo el de Monserrate, bajo cuyo título ha sido desde entonces venerada en nuestra ciudad.

Aumentaba de día en día en la ciudad y su huerta la devoción por la Virgen de Montserrate, por lo cual, y después de las necesarias tramitaciones, fue reconocida el 1 de septiembre del año 1633 como Patrona de Orihuela, celebrándose el día 8 del mismo mes, festividad de la Virgen, la primera procesión general.

La campana que un día anunció a los vecinos del Arrabal Roig el portentoso hallazgo de la Virgen tuvieron el mal acierto los oriolanos de antaño de fundirla, aplicando porciones del precioso metal, según reza la tradición, a todas las campanas de todas las torres de la ciudad.

Y aquella campana prodigiosa que sonó en los oídos de los oriolanos embargándolos de singular alegría al encontrarla protegiendo a la imagen de la Virgen, de la Madre de Dios de la Puerta, y que anteriormente llamaba a los fieles a la iglesia parroquial de San Julián, volteando desde lo alto de su torre, no se conserva hoy por la ligera decisión de nuestros antepasados, como preciosa reliquia que, en unión de la imagen, recuerde el milagroso hallazgo de la Virgen.

Vino a tierra la iglesia de San Julián, y en el mismo sitio, se edificó el primer templo dedicado a Nuestra Señora de Monserrate.

Más tarde, por estar ruinosa la anterior iglesia, fue trasladada la imagen a la Catedral, dando comienzo entonces las obras del santuario que tiene actualmente, donde al ser terminado fue trasladada solemnemente el 17 de octubre de 1776.

Todos los años, al llegar el 7 de septiembre, previo el disparo de varias series de morteretes colocados en lo alto de la sierra, junto a la típica rejuyaera, el recorrido de la dulzaina por las calles más céntricas y el repique general de las campanas de todas las iglesias, es traída procesionalmente Nuestra Señora de Monserrate a la Catedral, donde al toque de oraciones del mismo día da comienzo el solemne novenario con que los oriolanos obsequian a su Patrona.

La novena termina el domingo, durante el cual, la Virgen es devuelta en larga y silenciosa procesión a su santuario.

Es esta procesión de vuelta la manifestación de la devoción del pueblo oriolano a su Patrona.

Voltean las campanas, retumban los morteros al estallar allá en la sierra, suenan las notas acompasadas de la dulzaina, redoblan los tamboriles, los gigantes y cabezudos abren paso a la procesión y empiezan a pasar los interminables filas de devotas mujeres seguidas de otras dos filas no menos largas de hombres llevando en una de sus manos la vela encendida.

Congregaciones, comunidades religiosas, cleros parroquiales con cruz alzada, Cabildo Catedral, y el trono de plata sobre el que la Virgencita morena y bonita se destaca bañada de luz y cubierta por blanco manto del que van prendidas valiosas alhajas.

A continuación, camareras de la Virgen, electos de la cofradía y Ayuntamiento seguido de la Banda Municipal, tras de la cual, una muchedumbre acompaña a la patrona hasta dejarla encerrada en su precioso santuario.

El templo de la Virgen, pequeñita y morena, es espacioso, de alta nave central.

Su decorado es serio, sencillo: blanco y oro.

Y el precioso altar mayor, donde en su centro aparece, majestuosa y hermosa, la imagen de Nuestra Señora de Monserrate, es merecedor de ser contemplado sin prisa.

Al contemplar este altar admirable, lleno de luces y flores, es muy difícil que, aún el hombre más descreído e indiferente, no sienta al instante una dulce emoción consoladora.

En las visitas cotidianas de los oriolanos, tristes y cabizbajos, por una desgracia reciente o un negro presentimiento que les atormenta, siempre salen después de haber rezado postrados a los pies de la Virgen bella, aliviados en sus hondos pesares.

Es la visita obligada de todo buen oriolano.

Y la Virgen, risueña, los recibe maternalmente, embargándoles el alma de una celestial alegría.

A la izquierda de la nave central, hay una capilla igualmente decorada que el resto de la Iglesia; capilla en la que, en el sitio correspondiente al altar principal se ve una verja de hierro que cierra el acceso a una cueva pequeña y sombría, iluminada débilmente por una lámpara de aceite; en la cueva en plena peña dónde fue encontrada por los oriolanos de antaño la imagen de la Virgen.

Es esta cueva visitada constantemente por los oriolanos como uno de los rincones más preciosos del santuario, pues trae a su memoria recuerdos del milagroso hallazgo de la Virgen, de la brillante historia de Orihuela y sus heroicos antepasados que poblaban el Arrabal Roig, y es la que debiera guardar la campana en mal hora fundida.

¡Lástima de campana prodigiosa!

¿Por qué te fundieron?

FUENTE: 
JOSÉ MARÍA BALLESTEROS


viernes, 16 de septiembre de 2016

La Leyenda de la Virgen de las Angustias


Cuenta una vieja leyenda, que en el antiguo Camino de Cartagena, hoy carretera de Arneva, a una distancia de 1 km antes de llegar a Orihuela, se encontraba un granjero arando la tierra el 21 de octubre de 1648 cuando golpeó con su herramienta un objeto sólido que le llamó la atención.

Se puso a excavar con gran interés creyéndose agraciado por un inmenso tesoro al observar que se trataba de un cofre.

Cuando consiguió sacarlo de su sitio, lo abrió con cuidado y contempló con resentimiento en un principio pero gozo después que el cofre escondía la imagen de una virgen tallada en madera y que llevaba en sus brazos a una pequeña criatura que no mostraba señales de vida sobre su regazo.

La imagen fue trasladada al convento de San Sebastián en donde se le daría culto hasta el año 1731.

Ocurrió que la gente pedía con ganas que la imagen volviera a su lugar de origen, el sitio donde había sido encontrada inicialmente. Y así se hizo, se trasladó a la orilla del camino de Cartagena en donde se edificó una ermita.

Desde entonces, se comenzó a realizar una romería de ida y vuelta que iba desde la capilla hasta la Iglesia de Santa Justa y Rufina. Durante el mes de septiembre para celebrar el novenario que coincide con la festividad de los Siete Dolores de la Santísima Virgen.

En el año 1926, dejó de practicarse esta tradicional romería para construir en el lugar de la ermita, una de mayor capacidad que pudiese albergar a más cantidad de feligreses y poder oficiar misa.

A partir de aquel año, la procesión anual pasó a celebrarse por los caminos y veredas que bordean la ermita.

Lamentablemente, en la Guerra Civil, la imagen original se perdió para siempre.

Pasada la guerra, el eco de la tradición llamó a las puertas de las familias Illescas y Seva, del camino de Cartagena que sufragaron los gastos para construir otra Virgen de las Angustias con la que seguir celebrando el culto.

Tuvimos que llegar al año 2012 para que se recuperara completamente la tradicional romería que traslada la imagen entre la antigua ermita y la Iglesia de Santa Justa y Rufina. Y otra procesión de retorno la Noche de Dolores.


martes, 13 de septiembre de 2016

La Virgen de la Asunción del Convento de San Juan de la Penitencia


Seguimos con el Convento de San Juan de la Penitencia situado en la Calle Antonio Pinies de Orihuela.

Otra de las curiosidades que esta maravillosa ciudad nos ofrece es la talla de una virgen en actitud durmiente.

Conocida como la imagen de Nuestra Señora de la Asunción.

Solo el día 15 de agosto de cada año es expuesta al público para que sea venerada por los fieles.

En documentos antiguos se han encontrado testimonios que nos acercan a afirmar que la veneración por esta Virgen de Agosto viene de muy lejos.

El resto del año permanece en el interior del convento alejada de los ojos de los curiosos.

La Virgen de la Esperanza del Monasterio de San Juan


En la iglesia del Monasterio de San Juan descansa una de las figuras religiosas más misteriosas de España.

Este Monasterio es un edificio de estilo barroco que se hace inconfundible por la particularidad de mostrar una curvatura curiosa.

Se cuenta que esto era porque los edificios de las órdenes religiosas eran construidos a las afueras del muro que protegía la ciudad. Y que el Monasterio de San Juan se construyó siguiendo la ruta tomada por el agua que pasaba por la acequia.

En el interior de la iglesia, durante los días de su onomástica, y de cara al final del Adviento, las monjas colocan sobre el altar mayor la figura de una virgen del siglo XVIII que muestra un avanzado estado de gestación.

Conocida como Virgen de la Esperanza.

Resulta que sólo hay dos imágenes de la virgen de este estilo en toda España y una la tenemos aquí en Orihuela.

Esta escultura representa a María de pie, en ademán de andar con uno de los pies adelantados. Mantiene los brazos abiertos y extendidos hacia los cielos y que también es hacia donde dirige su mirada.

La Virgen de la Esperanza oriolana va vestida con una túnica de color verde y un manto de color azul que le cae por debajo de los hombros y sujetado a uno de sus brazos.

Sobre el vientre abultado de María, un sol simbólico que nos recuerda que la segunda venida de Cristo está por llegar.



jueves, 28 de abril de 2016

Leyendas de Bigastro : El Niño Perdido


Hoy es día ideal para que les cuente el relato que un ciudadano de Orihuela me acaba de contar.

Un hecho tan hermoso y cándido que les aseguro les hará sentir un escalofrío cargado de ternura.

Es la historia de un infante de Bigastro que acompaña a sus familiares a una finca de Rebate para recoger olivas que estaban poniéndose hermosas.

Los padres dejan a cargo de una sobrina la custodia del niño de 2 años y medio.

Ya por la tarde, siguen con la recogida mientras el niño apartado en un rincón juega con su imaginación entre piedras y ramitas que recoge del suelo.

Pronto, una lluvia atronadora los hace que desistan de seguir con sus labores y uno a uno se van retirando del campo para resguardarse en lugar seguro para no sufrir la chanza de verse mojados hasta los huesos.

Pero algo no está como debiera. La madre se da cuenta entonces de que su hijo no está con ellos y empieza a llamarlo a gritos por todas partes aún calándose viva.

El día se transforma en una búsqueda incansable en la que todos los que allí se encontraban reunidos participan para ver si dan con el paradero del niño.

Lo buscan durante horas y horas y nada. El niño se ha perdido.

Buscan ayuda en San Miguel, acuden a la Guardaia Civil de Jacarilla en donde les preguntan si el niño está rollizo, por si algún desalmado quiere hacer negocio con su cuerpecito.

El día se va acabando y al llegar la oscuridad de la noche todos se sienten cansados y desesperados.

La madre no ha cesado de llorar por su niño.

-         ¿Dónde está mi hijo? 

Se aferra a estas palabras como si no hubiese nada más importante en su vida. Siente el vacío de la pérdida. Sus ojos llenos de ojeras y enrojecidos por el llanto ya no tienen el brillo que solían tener apenas unas horas antes.

Los buscadores han recorrido el campo de punta a punta cientos de veces y el niño no ha aparecido.

Incluso con luz artificial sigue la incansable búsqueda sin dar ningún resultado.

Deciden parar para descansar y seguir al día siguiente con los primeros rayos de luz.

Por supuesto que la madre se niega entre llantos desconsolados.

Pero entre todos la acurrucan y con promesas que nadie sabe si se cumplirán consiguen llevársela para que descanse.

Al día siguiente entre las 10 y media y las once se descubre un montículo, una maraña llamada por los lugareños como "un chaparro", por los huecos se ve lucir la capica azul que el niño llevaba puesta y al acercarse aquellos que lo buscan encuentran en su interior al infante perdido en buen estado y sin sentimiento alguno de culpa o miedo.
La noticia vuela por toda la comarca y el niño es llevado ante su madre ante sus ojos bañados en lágrimas por la alegría que aflora de su corazón.

Madre e hijo se abrazan durante un tiempo que nadie se atreve a interrumpir.

A ellos se suman el resto de familiares.

No dan crédito a esta desagradable aventura que parece que Dios haya puesto en su camino como prueba de amor infinito.

Y es entonces en casa cuando el niño se da cuenta de una pequeña estampa con la imagen de la Virgen de la Fuensanta que hay encima en la pared y señalándola les dice a todos los que asisten atónitos a la escena:

-         ¡Agua! - Como queriendo indicarles que esa figura que aparece en la imagen es la que lo ha cuidado y protegido dándole agua y alimento.

A partir de aquel día todos elogiaron el milagro llevando al niño a la Fuensanta en donde celebraron misas y actos de reconocimiento.

Y así termina esta bonita historia. Con un final feliz que nos llena a todos de alegría y de buenas emociones.

Y lo mejor de todo, es que este hecho le ocurrió a alguien que todos seguramente conocemos y que podemos preguntar cualquier día cuando nos lo tropecemos por las calles de Orihuela.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Orihuela milagrosa: La niña atropellada




En el año 1689, una niña, la hija de Juan Albalat, mayordomo del Obispo Sánchez de Castellar, jugaba en la calle de la Feria y tubo la mala suerte de que una galera que pasaba por allí se despistó y atropelló a la niña pasándole las ruedas por encima de esta.

Su madre fue testigo del hecho y mirando al cielo pidió de todo corazón a la Virgen de la Fe que su hija no hubiera sufrido daño alguno.

Se acercaron prestos los que andaban cerca para rescatarla y haciendo un examen exhaustivo de su cuerpo vieron que la niña viva no tenía nada en el cuerpo, ninguna herida, ninguna llaga, tan solo las marcas de las ruedas de haber pasado por encima.

Fuente: LA VERDAD DIGITAL Artículo de D. Antonio Luis Galiano.publicado el 13 de Febrero del 2015.

MILAGROS DE ORIHUELA

Orihuela milagrosa: La Resurrección del niño que cayó al pozo



En el año 1679, el hijo de Vicente Bernisola y María Martínez, vecinos del convento de Capuchinos de Orihuela (Ya desaparecido) jugando junto a un pozo, perdió pie y cayó en su interior.

Cuando los lugareños lo rescataron de este, el niño ya se encontraba sin vida.

Como última esperanza, levantaron su cuerpo y se dirigieron con él a la Iglesia y lo depositaron ante el altar de la virgen.

Todos congregados allí se postraron ante Dios y comenzaron a rezar para pedir que el niño volviera junto a ellos.

Y resulta que alguien en los cielos se apiadó de sus tristes almas pues al poco el niño recuperó la vida y se abrazó a sus padres que no pudieron contener las lágrimas entre el clamor popular.

Fuente: LA VERDAD DIGITAL Artículo de D. Antonio Luis Galiano.publicado el 13 de Febrero del 2015.

MILAGROS DE ORIHUELA

jueves, 3 de septiembre de 2015

Leyendas de Orihuela: la leyenda de la Santísima Virgen de Monserrate


En la época en la que los visigodos eran los habitantes de nuestra querida orihuela, Sobre una de las puertas de la ciudad se veneraba la imagen conocida como de María madre de Dios de la Puerta. A su lado, estaba situada la Ermita de San Julián. (Donde actualmente reside su santuario).

Esta imagen, según cuentan algunas antiguas leyendas fue traída por un discípulo del Apóstol Santiago el Mayor de nombre San Trifón..

Ya en la etapa histórica en la que los árabes se establecieron en nuestros dominios y poco después de que dejara de respetarse el tratado de Teodomiro por parte de los musulmanes, los habitantes de Aurariola por temor a que sus enemigos se hicieran con la imagen venerada decidieronn esconderla bajo una campana en la peña oriolana.

Más tarde, durante la reconquista los oriolanos se pusieron sin descanso a la búsqueda de la imagen removiendo y recorriendo toda la sierra oriolana pero sin obtener su premio.

Pasaron los años y llegados al 1306, una campana invisible empezó a sonar allá a lo lejos en la sierra durante tres noches consecutivas.

Un pastor fue al encuentro de tal milagrosa hazaña, subió a la peña y llegó al lugar en donde sonaba con más intensidad. Allí cavó hasta encontrar una cueva y en su interior encontró una campana.
Al levantar esta se quedó mudo y se postró ante los pies de la que hoy conocemos como la Virgen de Monserrate.

Una imagen de la virgen sentada en una silla con un niño en sus brazos y un pájaro entre los dedos del niño

La leyenda dice que alzada por dos ángeles para mostrarse a Orihuela tras haber pasado oculta durante siete siglos.

En ese lugar se edificó el actual santuario donde se venera a nuestra patrona.