Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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miércoles, 14 de septiembre de 2016

FICCIÓN: Lugares Malditos de Orihuela: 1. La Llamada


Se hablaba a comienzos del siglo XX, de un lugar maldito de Orihuela en donde habían perecido ahogados en el río una alarmante cantidad de gente.

Aparentemente, un lugar apacible, un hermoso y bonito lugar a orillas del río.

Nadie se explicaba, qué es lo que hacía que en este sitio, varios oriolanos se hubiesen adentrado en las aguas mansas y cristalinas y se hubiesen dejado engullir por la corriente.

Algunos lo llamaban la playa del río.

Imponente y como queriendo dejar una eterna advertencia que permaneciera para siempre, se erguía no hace mucho tiempo, una cruz conocida como La Cruz del Río que resaltaba sobre el entorno como aviso de peligro para todas aquellas futuras víctimas.

Curiosamente, junto a ella, acudían las lavanderas para lavar la ropa.

Este sitio sigue siendo actualmente un lugar que todo el que pasa y se le ocurre echar un vistazo fijamente, es impulsado a cometer un acto terrible.

Como hipnotizados, los que se han atrevido a mirar a esta parte de la orilla, y han sobrevivido, me comentan que sintieron un extraño impulso de dejarse llevar, de saltar hacia las aguas.

“También sentí eso, como si el rio en esa zona me atrajera y era como si me dijeran tírate al agua venga. En vez de sentir vértigo.” (18/10/2016)

A partir de ahora lo llamaremos La Llamada. Y les advierto que es muy peligroso dejarse llevar por sus encantos.

Para que nadie cometa el error de acercarse y echar un vistazo, les diré por donde está.

Jamás deberán acercarse a la parte del río que transcurre junto a Ociopía.

Toda esa zona está encantada y prueba de ello es este relato que a continuación les voy a transmitir.

Un caso bien documentado por la prensa oriolana de principios de siglo que he recogido literalmente:

...

Habían salido de Lubrín (Almería) e iban por esos caminos aguantando las horas del estío, animosos de encontrar, al término de la jornada, en Jumilla o Yecla, ocupación en las faenas de la próxima vendimia.

Eran pobres y no podían permitirse el lujo de viajar en ferrocarril.

El matrimonio, con los pequeños, emprendieron su penosa peregrinación, procurándose el alimento para ellos y para los hijos con la limosna que solicitaban en las casa de labor y en las ciudades del tránsito.

Así llegaron a las proximidades de Orihuela en las últimas horas de la mañana.

Acamparon a orillas del río cobijados a la sombra de un árbol.

Se proponían comer para seguir después la interrumpida marcha.

¡¡¡Nunca que lo hubieran hecho!!!

La tierra caldeada despedía un polvillo que ahogaba.

El marido bajó a la orilla a buscar unas cañas secas para hacer fuego.

Vio el río deslizarse manso, fresco, incitante…

Al poco rato bajó la mujer temerosa por la tardanza de su compañero.

Aterrorizada vio las ropas extendidas por el suelo y, en la misma arena, se conservaban impresas las pisadas de aquel que se perdían en el agua.

No había duda, la gran desgracia se había consumado.

Gritó la mujer, y sus gritos se perdieron con lo suaves murmullos de las hojas de los árboles y de la corriente del río.

Nos hacemos cargo de la desesperación de aquella joven madre, sola con dos pedazos de sus entrañas a su lado, en país desconocido; por casa, el camino; por techo, el cielo; por consuelo, el lloro desgarrador de los niños reclamando pan, y allí bajo, las aguas verduzcas, el sostén único, el fuerte derribado para siempre.

Después… lo previsto: se busca y se encuentra al ahogado por manos hábiles de nadadores prácticos en el terreno, la justicia que se lleva el cadáver al depósito de autopsias; y la desconsolada familia quedó sola, con su dolor, junto al árbol, a la vista del río que les enviaba los ecos de su lúgubre y eterna cantata.

José María Sarabia, el periodista, llegó allí por sus deberes de información.

El triste cuadro, llenó de compasión su alma.

Hizo una obra de caridad muy grande, sin medida.

Ofrecioles y aceptaron albergue los desdichados por aquella noche.

Aún hizo más:

Al día siguiente fue pidiendo limosna para la viuda y para los huerfanitos de puerta en puerta por la ciudad.

Las mujeres del pueblo acudían en grupos entregándole a la joven dinero y otras dádivas.

Fue un espectáculo emocionante, que puso muy alta la fama bien ganada de caritativa que tenía Orihuela.

La desdichada lloraba, llegando a querer besar las manos a nuestro compañero.

Dijo que el nombre de Orihuela, no se borraría de su memoria y que se lo haría recordar a sus hijos.

El hombre ahogado se llamaba Antonio Andreu, de 25 años, y su esposa, que por cierto muy agraciada, Isabel López Muñoz, de 20 años.

Antonio recibió sepultura en este cementerio a la caída de la tarde del sábado, ante nuestro referido compañero José María Sarabia.

Isabel, abrazó y besó locamente a su infortunado esposo antes de que cayera la primera paletada de la tierra que lo cubriría.

Terminado el acto, la viuda y sus hijitos, regresaron en tren a su pueblo natal.

Ocurrió el 3 de agosto de 1909.


Antes


Después


FUENTE:

EL DIARIO nº 402, 6 Agosto de 1906.

IMPORTANTE:Por favor. Todos los lugares que aparecen en mi Blog son muy peligrosos. Están en ruinas y a punto de desplomarse o tienen un acceso con mucho peligro. No quiero que nadie se acerque nunca a uno de ellos. Podéis ver las fotos que acompañan cada entrada. Y si algún día pasáis junto alguno de los sitios mentados, miradlo de lejos. POR VUESTRA SEGURIDAD.

viernes, 1 de enero de 2016

Orihuela trágica: El Terremoto de Orihuela de 1829


...Ocurrió a las seis y cuarto de la tarde del 21 de marzo de 1829.

Por allá va, el carro que monta los restos de los desgraciados.
Le siguen otros carros que igualmente cargan lo que han podido recoger de entre los escombros.
Mis ojos no se acostumbran a ver tanto horror.
Por ello, el obispo había pedido que le hicieran una lista de todos los niños que habían quedado huérfanos.

Familias enteras habían perecido bajo los efectos de una fuerza que con furia había salido de las entrañas de la tierra para raptar las almas de los habitantes de mi querida ciudad de Orihuela.

El dinero para dar auxilio a los heridos y a paliar los efectos de tan enorme mal han salido del cabildo de la catedral de Orihuela y de la generosidad del colegio de padres dominicos y de D. Juan Roca Togores.

Son tantos los hogares destruidos, las gentes que se han quedado sin recursos.

Primero llegó un espantoso temblor en medio de un oscurecimiento del cielo que duró 3 minutos aproximadamente. Luego, inexplicablemente, una sacudida violenta, una erupción de viento.

Entonces empezaron los gritos, el miedo se apoderó de los vivos y todo el mundo pareció volverse loco.
De un lugar para otro, todos corrían como si el diablo se les llevara.

La tierra tembló durante lo que parecieron horas y nadie era capaz de pensar ni incluso en poner su vida a salvo. Sólo un minuto bastó para provocar multitud de víctimas

Eran tan atroz el momento que el ruido insoportable tapaba nuestros oídos haciendo que la angustia se multiplicase por mil.

El caos se apoderó de los oriolanos.

El padre olvidó al hijo y lo mismo hicieron los hijos con sus progenitores.
El marido desprotegió a su esposa y esta sólo tenía piernas para correr hacia una muerte segura que aguardaba en cualquier parte.
Una densa nube de polvo provocada por los edificios más altos al dejar caer sus torres cubrió Orihuela. La Torre de la Trinidad por los suelos hecha pedazos parecía un esperpento de lo que había sido.

Dejamos pasar la noche entre sollozos, gritos de espanto y ojos que habían perdido todo hálito de vida.

Al amanecer continuamos con la búsqueda de los supervivientes que pudieran estar en dificultades.

Los cadáveres salían a cientos.

El miedo que todavía permanecía en nuestro cuerpo volvió a intensificarse al descubrir que algunos cadáveres se encontraban ya corruptos y que podrían convertirse en foco de infección.

Contamos 180 cadáveres sepultados y 130 heridos moribundos a los que el tiempo se les acaba.

Las personas con contusiones y doloridos son infinitos a los ojos de este que ahora os escribe.

Y el sentimiento de pánico ante posibles derrumbamientos no hace más que intensificar mi dolor y mi angustia.

El cielo, la tierra, el viento y el agua, son una amenaza a la vez ya que apenas a media legua de donde nos encontramos la tierra se halla acribillada de agujeros grandes y pequeños, los márgenes del río casi han desaparecido y el vómito de la tierra ha sido expulsado en más de 500 lugares diferentes.

Me llegan noticias de que han sido varios pueblos los afectados, que más de cinco mil casas han sido destruidas, que veintiocho parroquias han sido aniquiladas.
Cientos de miles de piezas de ganado perecidas o extraviadas. Muchas cosechas inutilizadas.

Algorfa, Almoradí, Benejuzar, Daya Nueva, Formentera, Guardamar, Rafal, Torrevieja, Torre La mata y La Marquesa han desaparecido del mapa dejando nada más que escombros y ni rastro de los cuatro mil vecinos que los habitaban.

Los hospitales de Orihuela no dan abasto intentando dar cobijo y ayuda a los supervivientes o a los que les queda sólo una luna de vida.

Los campos siguen llenos de hermanos expuestos a la intemperie que buscan sin descanso los cuerpos de sus familiares desaparecidos.

Y aquellos que tienen la suerte de encontrarlos, si a eso se le puede llamar fortuna, los cargan como pueden en los carros que se han distribuido para tales menesteres y los conducen a los hospitales de Orihuela.

Aunque caminan más hombres a pie con el muerto a sus hombros que carretas circulan por el camino.

Me encuentro con un hombre al que conozco, tiene los ojos llorosos, la tez pálida. Al levantar un poco su triste mirada me reconoce y me dice 

- Ocho hijos tengo sepultados aquí entre los escombros.

Después vuelve a su desconsolado llanto.

Las grandes casas que utilizábamos para guardar el grano, el vino, el aceite, y el agua todo se ha venido abajo. Y allí donde había un molino para moler las aceitunas, ahora sólo quedan ruinas.

Los cultivos que han quedado intactos no encuentran hombres para su labranza.
Y el temor de que esas cosechas se vean también perdidas no hace más que crecer al constatar que de las bocas que se han abierto sobre la tierra no mana más que agua oscura salada, amarga y mezclada con arena y algas que apestan.
Y la vegetación que a su alrededor respira se seca en minutos.

Tememos por los peces del mar allí en donde el Segura desemboca estas aguas malditas por las cenizas y unos extraños minerales que forman estas arenas de colores.

Rezad hijos míos a Dios, rezad por mi y por nosotros pues yo ya no me hallo con fuerzas para hacerlo. Y dejadme con mi tristeza pues hay mucho que hacer y muchas personas a las que socorrer.



Texto basado en los documentos oficiales que publicaron las autoridades que presenciaron en primera persona los hechos:

  • Exposición dirigida a S.M. por el Ilustrísimo Señor Obispo de Orihuela
  • Parte del ayuntamiento de la Villa de Almoradí al Real Acuerdo de Valencia.
  • Cartas de diversa índole.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Orihuela milagrosa: La niña atropellada




En el año 1689, una niña, la hija de Juan Albalat, mayordomo del Obispo Sánchez de Castellar, jugaba en la calle de la Feria y tubo la mala suerte de que una galera que pasaba por allí se despistó y atropelló a la niña pasándole las ruedas por encima de esta.

Su madre fue testigo del hecho y mirando al cielo pidió de todo corazón a la Virgen de la Fe que su hija no hubiera sufrido daño alguno.

Se acercaron prestos los que andaban cerca para rescatarla y haciendo un examen exhaustivo de su cuerpo vieron que la niña viva no tenía nada en el cuerpo, ninguna herida, ninguna llaga, tan solo las marcas de las ruedas de haber pasado por encima.

Fuente: LA VERDAD DIGITAL Artículo de D. Antonio Luis Galiano.publicado el 13 de Febrero del 2015.

MILAGROS DE ORIHUELA

domingo, 30 de agosto de 2015

Orihuela Misteriosa: La profecía de San Vicente Ferrer.


San Vicente Ferrer llegó a estos Lares en el año 1411 a petición del Consejo de la ciudad.

Se hablaba entonces de un hombre santo cuya voz tenía tanto vigor que con un simple grito hacía caer como muertas a millares de personas o curaba a enfermos. 

Conocida su obra como apaciguador de males, son desconocidas sus otras cualidades de entre las cuales hay a destacar la de su supuesto poder para predecir males futuros.

Resulta que un día, al terminar de predicar, caminaba  cerca de las frondosas aguas del río Segura acompañado de cientos de personas cuando de golpe y porrazo se detuvo ante las aguas mirándolas desde el puente y dijo:

-         Este lobo se comerá a esa oveja -.

Y por desgracia, efectivamente, durante siglos y en diversas ocasiones, el lobo ha devorado cosechas, viviendas e incluso las vidas de sus moradores.

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