Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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lunes, 17 de octubre de 2016

La Superviviente de San Bartolomé


El bebé llora mojado entre los fuertes brazos de la hermana desesperada que la sujeta con cariño.

Envuelta entre paños que intentan protegerla de la intemperie.

Permanecen las dos muchachas heladas por el frio.

El agua las rodea por doquier.

Subidas a un árbol para no ser tragadas por la desgracia.

El bebé ya no llora.

La hermana se asusta y la llama con todas sus fuerzas.

¿Estará viva?

Una sombra aparece por el horizonte, algo que sobrevuela la zona.

Se posa encima de ellas.

Es un helicóptero de auxilio.

Las recoge con mucha dificultad y las salva.

Ya en el aparato, los sanitarios de urgencia, encuentran signos de vida en la pequeña de tan solo un año y la llevan al Hospital.

Era la Riada de 1987. La última Gran Riada del coloso Río Segura. 

El que antaño fue el río más peligroso de Europa.

Esta niña crece como cualquier persona normal.

Alrededor de ella se va forjando una leyenda. La que acompaña a los que han sobrevivido a catástrofes naturales de tanta intensidad.

¿Pudo ella ser una elegida?

Es entonces, cuando empiezan a sucederle las cosas más extrañas…

TESTIMONIO REAL 
(Recogido el sábado 15 de octubre de 2016):

Esto pasó por lo menos hace seis años, o sea, que estábamos en el 2010.

Fíjate la importancia que le doy que ya ni me acordaba.

Por aquel entonces, tuve un sueño extraño. Soñé con la madre de mi cuñada que había fallecido hacía por lo menos un año o dos.

Lo recordaré siempre porque era el día 2 de noviembre.

Vais a creer que estoy loca.

Pues bien, yo soñé que estaba despierta, me levantaba de la cama en mi habitación y me dirigí a un habitáculo que había antes en la casa y que daba para la parte de atrás.

Yo no tenía miedo, yo iba muy tranquila. Aunque sabía de buena tinta o entendía que en esa habitación me iba a encontrar con algo inexplicable.

Era esa sensación de estar teniendo un sueño real, de vivir una experiencia que para nada se asemeja a lo que se vive en un sueño, pues era todo muy natural y vívido.

Al entrar en la habitación la vi de frente. Me estaba aguardando allí.

Allí estaba la madre fallecida de mi cuñada que había sufrido muchísimo presa de incontables dolores producidos por un cáncer que se extendió sin remedio alejándola cada día más de nosotros hasta que se marchó hacia el otro lado.

Tenía el rostro sano, como hacía tiempo que ya no la recordaba.

Las mejillas rosadas y brillantes, la mirada fresca y muy viva.

Te podría describir con exactitud la ropa que llevaba porque lo estoy recordando en este mismo momento.

Me llamó la atención que no era la indumentaria con la que la enterraron, era otra más de diario, la que se solía poner todos los días para estar en su casa.

Yo solo respiraba paz en esa habitación. En vez de sentirme asustada y muerta de miedo, me sentía arropada por una fenomenal luz y una paz que me rodeaba y me abrazaba como si…

Abrió entonces la boca y me dio tres mensajes que quiso que yo contara a sus familiares. En especial a sus hijas. Y otro para una sobrina.

Quiero que le digas a mis dos hijas que yo estoy con ellas, que yo estoy bien donde estoy.

Una de mis hijas sufre mucho dolor con mi muerte y necesita de consuelo. Quiero que le transmitas que estoy en paz.

Y aquí no me especificó a cuál de las dos se refería, pero yo tenía una intuición que me surgió a partir de ese mismo momento como si ella me transmitiera algo, un sentimiento, de a cuál de las dos se refería.

Dile a mi nieta, que tanto ha pasado con los hombres, que no se preocupe, que esta vez le va a salir bien.

Yo sabía que todas las relaciones que había tenido con anterioridad habían terminado en chasco. (Incluso con fecha de boda establecida).

Y por favor, dile a mis hijas y al resto de familiares que no abandonen mi casa. Que la cuiden y la sigan protegiendo porque para mí es muy importante.

Yo como estaba tan a gusto y tan bien, pensé “esta es la mía” y me atreví a preguntarle:

¿Pero es que, existe el cielo?

Porque de verdad estaba tranquila. No era una pesadilla, no tenía nada de miedo.

Y entonces me respondió:

No es fácil explicar lo que me preguntas. Hay… como una serie de niveles superiores e inferiores, pero no lo entenderías…

No terminó la frase. Pues en ese mismo instante, desapareció de mi vista.

Al día siguiente cuando me levanté, fui a ducharme y es cuando empezó a ocurrirme un hecho bastante curioso:

Mi madre tiene un calentador de gas, el típico que se ha utilizado siempre para la ducha y eso…

Ocurría que sólo cuando me duchaba yo, y allí éramos un montón, el botón del calentador se giraba ante las propias narices y ojos incrédulos de mis familiares y se apagaba como si alguien, un ser invisible pero presente allí mismo, lo moviese con su mano transparente.

Se ponía entonces el agua fría y yo empezaba a llamar a mi mamá a gritos para que hiciese algo.

Mi madre se sorprendía incrédula negando constantemente con la cabeza sin entender lo que sucedía y también mi entonces novio, ahora mi marido.

¿Pero cómo puede ser? ¿Cómo podía ser?

Mi madre se plantaba delante del calentador con mi novio al lado, lo encendían y comprobaban que todo funcionase correctamente. Me daban el aviso y yo continuaba duchándome.

Cuando el agua volvía a salir caliente, la palanquita empezaba a girar otra vez delante de sus ojos. Y esto era algo que sólo pasaba cuando me duchaba yo.

Lo puedo jurar, pues para comprobarlo, inmediatamente después, se duchaban otros y nada ocurría.

Testigos hay: mi madre, mi padre, mi sobrino y mi marido.

Digo yo, que si hubiese sido un problema del calentador, le habría pasado a todo el mundo, ¿no?, Pues nada más lejos de la realidad. Me ocurría solo a mí, sólo cuando me duchaba yo.

Y es que encima, pasó durante bastante tiempo.

Pasado un período más o menos breve, consulté al resto de mi familia si debía contarles a las dos hermanas todo lo que yo había vivido en ese extraño sueño.

Todos lo vieron bien y entonces se lo conté a mi cuñada pocos días después.

Mi cuñada me confesó que desde la muerte de su amada madre, no había podido dormir ni menos descansar con tranquilidad.

Y a raíz del día en que se lo conté, su vida cambió, entró en una fase de mucha paz, me lo agradeció y ya no volvió a tener problemas con el descanso.

También, a partir de aquel día que cumplí con las obligaciones que había acogido en mí ser con la madre fallecida de mis cuñadas, todo volvió a la normalidad.

Nunca más, me volvió a pasar lo del calentador.

Pero esto, no es más que una de las constantes cosas que me suceden a lo largo de mi vida.

Y como esta, he estado en contacto con entidades tanto en sueños como despierta que me han transmitido otros mensajes, lo he contado luego a quien iba destinado ese mensaje y han alucinado por los detalles tan exactos con los que yo se lo citado y que se supone que yo no podía conocer.






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jueves, 6 de octubre de 2016

Orihuela Curiosa: Los féretros a las puertas de la Iglesia de la Merced

Cementerio de Benferri 1947

Y varios ataúdes aparecieron ante nuestros ojos arrastrados por la furia de las aguas.

En una ocasión, en el año 1947, la rambla de Abanilla se desbordó con tal fuerza que se llevó medio cementerio de Benferri, y unos cuantos ataúdes llegaron hasta la puerta de la iglesia de la Merced de Orihuela.

Los vecinos de Benferri y la Murada le echaron la culpa al “Zángano” (El Corazón de Jesús) que había sido inaugurado en octubre de 1946, porque se decía que desde el día de la inauguración, no había cesado de llover.

Esta riada fue muy famosa al haber provocado innumerables daños en la mota de Cox que fue casi destruida por completo, y llegó a afectar a Callosa, Granja de Rocamora, Redován, la propia Orihuela y todas las cotas inferiores de la Vega Baja.

En Guardamar también se recogieron féretros flotando.

La peor parte se la llevó la localidad de Santomera: trescientas casas destruidas con once víctimas mortales de los que cinco eran niños. Con tres desaparecidos.

En la catedral de Orihuela las aguas llegaron a alcanzar un metro de altura en su interior.

Catral, Dolores, Almoradí y Rojales también quedaron inundados.



FUENTES:

Antonio Colomina Riquelme ORIHUELA. SUS CALLES, SUS PLAZAS, SUS GENTES

http://elcajondelachatarra.blogspot.com.es/2010/01/microhistorias-de-la-chatarra-sentado.html

NODO: http://rtve.es/v/1467459

martes, 27 de septiembre de 2016

Riada


Leer el testimonio de aquellos que vivieron el pánico y el miedo producido ante la inminente avenida de un desbordamiento fatal del cauce del Río Segura me ha hecho recordar los años de mi niñez en los que hubo ocasiones en las que yo mismo, en mis propias carnes, sentí la emoción y la sensación de inseguridad que nos daba esa incertidumbre.

Recuerdo que sentía curiosidad por ver lo que ocurría, por ver como las aguas lo inundaban todo, las calles que yo solía utilizar para ir a cualquier sitio, inundadas de forma que era imposible pasar a través de ellas sin mojarte los pies.

También llega a mi presencia la gran cantidad de gente que se apostaba en los puentes, sobre todo el de Levante, mirando el indicador de altura de las aguas, con cara de susto y sorprendidos ante esta lamentable situación que parecía pertenecer al pasado y que ya había sido desterrada y olvidada de nuestras memorias.

Así que, animado de esta lectura que me ha parecido tan interesante, se la incluyo aquí para que también ustedes puedan saborearla.


Varios días hacía que no lucía el sol.

Las lluvias caigan sobre la ciudad y su huerta con gran frecuencia llegando últimamente a convertirse en persistente temporal.

Los viejos decían no habían visto desde hacía mucho tiempo un año de lluvias tan continuas y abundantes.

El clarín del pregonero dejó oír su sonido agudo y metálico, y de todas las casas cercanas a donde el pregonero esperaba muy serio con una hoja de papel en la mano, salieron corriendo mujeres, hombres y chiquillos para enterarse de las graves noticias que el pregón traía.

En efecto, las noticias eran importantes; las persistentes lluvias en toda la cuenca del río Segura, habían hecho afluir a él torrentes de agua de todas las ramblas, barrancos y riachuelos, elevando de tal modo el nivel natural de sus aguas que amenazaba en breve plazo con desbordarse.

Todos los agrupados alrededor del pregonero oyeron atentos lo que este decía, quedando de momento silenciosos, para después, prorrumpir en alborotados comentarios sobre los peligros de la riada que se anunciaba, de los grandes perjuicios que traería a la huerta y de mil cosas más dichas y discutidas en un instante nerviosamente, bajo la fuerte impresión producida por las noticias del pregón.

Corría, volaba la noticia de boca en boca produciendo el consiguiente pasmo, mientras la gente se dirigía apresuradamente hacia los puentes para ver lo que el río crecía.

Las aguas, de ordinario mansas y tranquilas del Segura, estaban agitadas por una vertiginosa corriente.

Su nivel se elevaba por minutos, y las bandomeras, envueltas en el agua brava y amenazadora que desde Murcia y parte alta del río venía, anunciaban tristes presagios para la noche que se avecinaba.

El cielo estaba gris.

Entre los muchos hombres que desde el puente de Levante observaban la crecida del río, estaba Antonio, solo, separado de los demás y apoyado en la baranda del puente mirando fijamente el correr de aquellas aguas turbias y amenazadoras como las ideas maliciosas de tantos hombres.

Oía indiferente los comentarios y augurios pesimistas de cuantos cerca de él hablaban.

Estaba abstraído, separado mentalmente de todo lo que le rodeaba, y, miraba, miraba sin pestañear al río bonificador, pero también algunas veces amenazante y destructor, como obedeciendo órdenes supremas cumplidoras de un divino castigo.

De nuevo sonó el clarín en el cruce de dos calles.

El pregonero, con voz ronca, leyó el pregón que de orden del Alcalde aconsejaba se previnieran todos, especialmente los huertanos, ante las amenazas que del anuncio de nuevas crecidas podían tener.

Lamentaciones, sollozos de las mujeres, discusiones sobre si resistiría o no el río la gran crecida.

Ya los molinos situados al margen del río estaban completamente inundados, habiendo subido sus dueños la molienda a la parte más alta del molino, cuando una noticia cundió rápidamente por toda la ciudad como reguero de pólvora: el río se había desbordado por el caserío de Molins y por la carretera de Beniel.

Las paredes del río Segura no pudieron resistir la corriente impetuosa de la fuerte avenida, y se abrieron portillos en distintos sitios de su cauce que serpentea caprichosamente por la hermosa huerta orcelitana, inundándola y sembrando el pánico y el dolor en las pobres gentes que con tanto tesón y cariño la cultivan.

Se presentaba la noche triste y de continua zozobra para los oriolanos.

Las autoridades, los señores de fortuna y todos en general, se preparaban a socorrer a los pobres huertanos que, inundados sus bancales plantados de hortalizas, los huertos de naranjos con agua hasta las cruces de sus troncos y las humildes barracas anegadas totalmente, estaban en grave peligro de ahogarse.

A la medianoche, las aguas turbias del Segura inundaron parte de la ciudad.

Los pocos oriolanos que dormían despertaron ante el ruido producido por el ir y venir de la gente por las calles.

La riada estaba en la plenitud de su obra destructora.

Al acercarse a los puentes, se oía el bramido de las aguas encolerizadas.

El amanecer del día siguiente fue de ayes y quejas.

La huerta aparecía inundada casi totalmente.

Incalculables eran las pérdidas.

Mal invierno se presentaba por delante a los huertanos con las cosechas perdidas y las tierras cubiertas de arena.

Había que pedir enseguida al gobierno el envío de dinero para socorrer a estas pobres gentes que lo habían perdido todo quedando en la más completa de las miserias.

Reuniones en el Ayuntamiento, telegramas a Madrid, y el dinero no llegaba, y no llegó.

La inundación fue grande, de las que hacía muchísimos años no se han visto, hasta el extremo de que las tahúllas de García, situadas en un lugar donde en ninguna riada llegó el agua, también se inundaron.

Duró el agua embalsando las tierras bastantes días.

Desde lo alto del Seminario de San Miguel, espacioso edificio situado en mitad de la Sierra del Castillo, se divisa la huerta orcelitana en su totalidad.

¡Hermosa vista de Orihuela y de su huerta la que se ofrece desde las alturas de San Miguel!

Animado estaba aquellos días el empinado camino que en forma de zig zag conduce al Seminario.

Familias enteras subían a contemplar el precioso espectáculo, desconsolador al mismo tiempo,  de la huerta inundada.

Parecía que en la amplia explanada de delante del edificio donde viven los seminaristas estudiando Filosofía, Teología y Sagrada Escritura y la vida de los Santos, se celebraba alguna fiesta.

Concurrida estaba la explanada.

Las jóvenes miraban curiosas al colegio de futuros sacerdotes, mientras los seminaristas se asomaban por las ventanas del Seminario con el bonete puesto, muy contentos de tener aquel día tan buena distracción.

FUENTE: 
JOSÉ MARÍA BALLESTEROS

domingo, 24 de enero de 2016

Orihuela romántica: El amor que surgió donde las terribles aguas


El 15 de octubre de 1879 fue un día en el que llegó la desgracia a la pequeña ciudad de Orihuela.
Hubo una gran inundación que parecía querer convertir a nuestra ciudad en un inmenso lago.
En la capital murciana y en la huerta fallecieron 762 personas y bastantes fueron los heridos.
Aquí tuvimos más suerte y salvamos el pellejo pues no hubo ninguna víctima que lamentar.
Este terrible hecho es conocido como la Riada de Santa Teresa.

Al iniciarse la inundación, el sonido de las caracolas se elevó sobre todos los lugares conocidos dando aviso a la población de que algo terrible estaba sucediendo.
Adoptado como costumbre desde tiempos inmemoriales, cada casa en la huerta guardaba entre sus utensilios de labranza una caracola con la que poder dar la alerta a sus conciudadanos más próximos.

Pero cono de sobra es sabido que de la desgracia más triste siempre puede nacer la dicha más tierna, les contaré esta historia de amor que apareció publicada en la prensa de la época, en el periódico canario “La Asociación” de Santa Cruz de la Palma del 12 de Diciembre de ese mismo año.

Resulta que el cuerpo de la Guardia Civil ayudaba a los más afectados.
En una de las laderas del río Segura varios de estos agentes divisaron a una bella doncella aferrada a un madero que flotaba corriente abajo.
Consiguieron acercarla a la orilla.
La chica estaba exhausta y tiritando, dándose cuenta también de su desnudez.
Uno de los agentes llevaba capote, se acercó a la doncella y la cubrió con él.
Ella y el guardia cruzaron sus miradas en ese instante, sólo bastaron unos segundos para que de allí surgiera el amor entre los dos.

Así que fue así como de un golpe que la naturaleza dio a nuestra querida ciudad, que será recordado para siempre y que fue inmortalizado con una marca acompañada de la fatídica fecha en la pilastra de arranque del Palacio Episcopal de Orihuela, pudo nacer esta bella historia de amor que por supuesto acabó con ambos protagonistas cogidos de la mano y contrayendo matrimonio.



FUENTE:

ANTONIO LUIS GALIANO




CARMIÑA SÁNCHEZ

martes, 19 de enero de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar miedo: 3. Junto al río Segura


La historia de Pedro es como la de otros muchos jóvenes de la zona cercana al Río Segura cuyas almas se han perdido para siempre entre las fauces de unas aguas embravecidas que parecen no saciar nunca el hambre del sufrimiento de aquellos que ha sido víctimas de su furor. Cuando iba caminando con sus dos amigos tranquilamente cerca de la orilla, un otoño cualquiera, de repente el agua empezó a crecer. A los jóvenes no les dio tiempo a huir: la furia del caudal misterioso reventó toda barrera, inundando los alrededores y ahogando las vidas de esos chicos que, inocentes, no sabían de la cólera de ese río. Intentaron correr, pero los resbalones producidos por el barro y la dificultad para escapar de la zona hicieron que finalmente se encontraran sus cuerpos sin vida unos días después.

Lo que no sabía Pedro ni sus amigos es que el mismo camino que estaba siguiendo ese fatídico día por la orilla del río, ya en la Edad Media, había sido utilizado como “cementerio improvisado” de cientos de cadáveres, resultado de otra de las furiosas convulsiones del río Segura desde Jaén a Orihuela pasando por Albacete y Murcia.

Ante tal prodigio de la naturaleza los habitantes de algunos pueblos colocaban los cuerpos de los ahogados sobre la orilla del río allá por donde sabían que el agua no iba a engullirlos de nuevo.
Así que lo que en antaño había sido un camino lleno de vida con animales, y vegetación se cubría de dolor y sufrimiento en apenas unas horas dejando un rastro de muerte y pobredumbre.
No queremos ni imaginar lo que habría sido ver tal espantosa imagen de cientos de cadáveres colocados en fila bordeando la zona.

El sanguinario Río Segura, tiene su origen en una cueva natural inundada, a 1.413 msnm, en la pequeña aldea de Fuente Segura. 

Misteriosamente, este río es temido por sus furiosas crecidas e inundaciones. Ya en la baja Edad Media acabó con la vida de miles de personas, que, inocentemente, habían pensado que vivir cerca del río sería fuente de vida. Muy al contrario, los borbotes de agua fueron como dagas que hicieron crujir los huesos de los habitantes de la zona.

Los aldeanos, asustados, hicieron construir obras de defensa como presas, motas, canales de derivación y encauzamiento en algunos tramos. Pese a la gran cantidad de embalses, los desbordamientos siguieron haciendo mella en toda aquella persona que se atrevía a instaurarse cerca de la zona.

Las crecidas del Segura en la baja Edad Media empezaron en octubre de 1328 y destacó la frecuencia ya en esa época de desastrosas avenidas, con 17 incidentes terribles de gran importancia durante el siglo XV.  El más importante, sin embargo, fue el de septiembre de 1452, lo que llevó a desarrollar mejoras en el cauce y varios proyectos de encauzamiento en la capital murciana.
Aún así, el furioso río continuó precipitando sus aguas fuera del caudal, para arrasar con todo aquello que se encontrara en el camino.

En 1545 el desbordamiento del Segura inundó Murcia. En 1651 la Riada de San Calixto causó 1.500 muertos en la misma población.

La riada de Santa Teresa fue uno de los episodios más sanguinarios del Río segura, que, a su paso por Murcia el 15 de octubre de 1879, dejó atrás una inundación que acabó con las esperanzas de rehacer su vida de muchas personas.

El caudal del río, aquél momento, superó los 1.800 m³/s tanto en Murcia como en Orihuela, marcando los registros históricos más altos de la historia. La rabia del río, que había intentado ser controlado decenas de veces por miles de manos, causó más de 1.000 muertos y numerosos destrozos en la Región de Murcia y la Vega Baja. Las víctimas en Orihuela, según algunos informes, calculan que fueron alrededor de los 300 fallecidos además de graves daños tanto en las viviendas como en los cultivos cercanos.

La riada del río Segura alcanzó en Murcia más de 10 metros de altura, sobrepasando la defensa del Malecón y cubriendo los ojos del Puente Viejo. Sin embargo, ese no fue el último ataque del río sanguinario.  En el siglo XX las riadas de 1946, 1948, 1973, 1982, 1987 y 1989 han pasado a la historia superándose en muchas de ellas los 1.000 m³/s de caudal máximo instantáneo.

Hoy en día, debido a la historia terrible de este río, ha pasado a ser el río más controlado de Europa, siendo canalizado a finales del siglo XX en su cuenca baja.

Sin embargo, no todos se fían de que éste haya sido el final de esta inédita fuerza de la naturaleza, que, según cuentan, ha dejado miles de almas en pena vagando en su orilla, aún hinchados por el agua y pidiendo ayuda para poder liberarse de las zarpas de este endemoniado caudal. 
Como prueba de ello he podido recoger el testimonio de un testigo que quiere permanecer en el anonimato.

F. G. M., natural de Orihuela, me confesó recientemente presa de un incontenible pánico al recordar el episodio que le sucedió el día que su vida cambió para siempre: 

“Nunca más he vuelto a acercarme a esa orilla. Una noche, ya que mi perro no me dejaba dormir por que había algo que le irritaba tanto que no paraba de ladrar lo saqué a pasear.
Serían como las dos de la madrugada cuando empecé a escuchar unas extrañas voces, que parecían que venían de debajo del agua. Eran como débiles susurros que no hacían más que repetir una frase que no conseguía interpretar. Intenté acercarme para averiguar de qué se trataba. Pero no hizo falta, cuando ya había iniciado mi camino hacia el lugar en donde parecían partir las voces vi a lo lejos, dos figuras, apenas dos sombras luminosas. No parecían cuerpos completos ya que fui incapaz de verles los pies y las piernas y el aspecto me pareció como si se tratara de campesinos, pero sus ropas parecían anticuadas, de otra época.
Eso me detuvo en seco y me quedé titiritando de miedo al recorrerme un escalafrio por la espina dorsal.
Entonces empecé a escuchar cientos de lamentos, voces que aparecían a mi alrededor y que era incapaz de descubrir su procedencia.

domingo, 30 de agosto de 2015

Orihuela Misteriosa: La profecía de San Vicente Ferrer.


San Vicente Ferrer llegó a estos Lares en el año 1411 a petición del Consejo de la ciudad.

Se hablaba entonces de un hombre santo cuya voz tenía tanto vigor que con un simple grito hacía caer como muertas a millares de personas o curaba a enfermos. 

Conocida su obra como apaciguador de males, son desconocidas sus otras cualidades de entre las cuales hay a destacar la de su supuesto poder para predecir males futuros.

Resulta que un día, al terminar de predicar, caminaba  cerca de las frondosas aguas del río Segura acompañado de cientos de personas cuando de golpe y porrazo se detuvo ante las aguas mirándolas desde el puente y dijo:

-         Este lobo se comerá a esa oveja -.

Y por desgracia, efectivamente, durante siglos y en diversas ocasiones, el lobo ha devorado cosechas, viviendas e incluso las vidas de sus moradores.

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