Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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jueves, 3 de noviembre de 2016

Relatos de Ruta VIII: Mis dos terribles experiencias



Relato 1:

Yo era pequeña.

A puntito de hacer la comunión

Como es por costumbre en mi familia católica, fuimos a misa un domingo y en esta ocasión elegimos la del Colegio Santo Domingo.

El sacerdote terminó la homilía y empezamos a salir ordenadamente del interior de la iglesia.

Justo al lado de la puerta de salida, vimos otra puerta pequeña que nos llamó mucho la atención.

Observamos una especie de ojal grande por donde pudimos asomarnos para ver lo que había más allá.

Con los ojos adaptándose a las circunstancias pudimos descubrir al fondo un pequeño ventanuco por  donde se filtraban los rayos de luz de un sol tempranero.

A los pies de donde caía el rayo, vimos a un hombre encapuchado con aspecto de monje.

Nosotras sabíamos que en el colegio no había monjes, sí sacerdotes, pero no monjes.

Pero aquel sujeto era extraño. No parecía humano.

No podíamos apreciar los rasgos de su rostro.

Las manos era lo que más nos llamaba la atención pues alzadas al cielo parecían brillar como si se tratase de una figura de cera o de otro material sintético que no nos pareció en ningún momento humano.

El hombre permanecía arrodillado con la vista al frente, mirando la ventana.

Permanecí varios minutos al acecho, observando aquella cosa siniestra que en mi corta edad me pareció fascinante y aterrador a la vez.

Quise que mi amiga lo viera también, así que me aparté a un lado.

Ella lo miró y su experiencia fue similar a la mía.

Cuando me dejó libre otra vez el sitio, lo contemplé por última vez.

Entonces es cuando sentí un escalofrío. Pues el monje sintético había cambiado su posición. Sus manos adoptaban ahora otra perspectiva y su nariz que de pronto se me hizo visible aparecía en otro lugar.

Esto nos impresionó mucho.

Desde aquel día, ya no quisimos volver por allí a escuchar misa.



Relato 2:

Recuerdo, como te dije, que mi abuelo tuvo un aparatoso accidente de tráfico.

Un día, antes del incidente, nos dimos cuenta de que nuestro perro, con el que mi abuelo mantenía un vínculo enorme, empezó a aullar de una forma terrible que parecía taladrarnos los oídos.

Era tal la potencia del aullido que mi familia no se explicaba cómo podía salir del cuerpo de un animal tan pequeño un sonido tan estrepitoso y desgarrador.

Lo extraño es que era siempre a la misma hora, todos los días.

Tuvo que venir la fatalidad en forma de suceso trágico a mi querido abuelo y quiso también la casualidad que se produjese a la misma hora en la que el perro solía volverse loco aullando como si lo estuviese viendo venir de cerca.

Esto ocurría siempre de noche.

Mi madre no recordaba que jamás el animal hubiese actuado de aquella forma y tuvimos miedo de que su hubiera puesto enfermo.

Era un perro muy ladrador pero nunca había soltado el más mínimo chillido.

El mismo día que mi abuelo finalmente tuvo el accidente y que mi madre estaba hablando con el medico del SAMU, el perro ya hacía unos diez minutos que estaba aullando sin parar.

Nos asustamos mucho y mi pobre abuelo consiguió sobrevivir alrededor de quince días sufriendo los dolores de su cuerpo magullado y con todos los cuidados que la familia le proporcionaba.

El perro siguió aullando todos los días a la misma hora mientras el anciano seguía con vida.

Cuando falleció el moribundo, el perro, misteriosamente dejó de aullar.

Como si de una parte del animal se hubiese marchado, este fue perdiendo vitalidad lentamente y pasados unos nueve meses aproximadamente, el animal enfermó y murió también.

Fue muy extraño sentir en el salón de mi casa la presencia y el olor característico de mi abuelo unos días antes de que el animal nos dejara.

Quizás vino para llevárselo con él al otro mundo.



jueves, 11 de febrero de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar miedo: 10. La calle Timor


Es quizás el primer caso documentado en el siglo XX sobre fenómenos paranormales que tiene nuestra querida ciudad.

Hace más de 20 años, en un programa de La cadena de Televisión local TELEORIHUELA, se le hizo una entrevista a una mujer de esta calle.

En el centro de la foto de portada de esta entrada, en la parte superior, hay una vivienda alta en la que se puede observar una ventana que destaca de entre el resto de la pared pintada de color blanco.

En este inmueble, vivían dos familias: la que todos conocían como “La Enri” en la parte de abajo que es la que se ve todo enladrillada y su cuñada María con su marido en la de arriba, la de la ventana.




El caso es que la protagonista del suceso, apareció en un programa de televisión para denunciar que había algo en su casa que no la dejaba descansar.

Por las noches, sin haber nadie presente sentía como algo se acercaba sobre la cama y le tocaba los pies.

Aparte estaban los ruidos extraños que sonaban a cualquier hora del día y que en ocasiones semejaban voces susurrantes de ultratumba.



Un día, "La Enri" fue testigo de un rostro que apareció de la nada al borde de la puerta de su habitación. 

El fenómeno duró bastantes días y la aparición televisiva le sirvió para demandar una nueva vivienda.

Ante tal escenario presentado en Teleorihuela, los curiosos no tardaron en visitar el lugar para ver si con un poco de suerte podrían encontrase cara a cara con el ente del más allá que estaba atemorizando a la oriolana. 





Y lo cierto es que algo extraño y oscuro debía suceder en el inmueble que a los pocos días intervino el ayuntamiento.

Con una orden bajo el brazo, unos obreros se encargaron de que esta vivienda no fuera jamás visitada cortando todo acceso hacia ella. Y las familias fueron destinadas hacia otros lugares.

“La Enri” no quiso nunca más volver a pisar el suelo de la ciudad en la que tanto miedo había tenido y se marchó fuera a vivir. Actualmente, un rumor, la sitúa en Alicante.

La otra pareja también dejó su casa y se fueron a vivir, según me consta, a un barrio muy nombrado de Orihuela.



Testigo mudo de los sucesos paranormales que acontecieron durante varios días en la ciudad de Orihuela podemos encontrar la casa de “La Enri” allá en lo más alto de la calle Timor, una de las calles más antiguas de nuestra ciudad.

No sabemos si lo que ocurrió fue la artimaña de una mujer que quiso cambiar de vivienda o si de veras sintió en sus carnes la amenaza nocturna de una forma espectral que se acercaba a los pies de la cama con abyectas intenciones.




Lo que está fuera de toda duda es que la vivienda se inutilizó y sus habitantes se marcharon para siempre de allí.

Si alguien ha pasado por esta calle a partir de las horas en las que la noche se hace más oscura no habrá podido evitar sentir un escalofrío al pasar junto a la vieja casa de ladrillo de "La Enri" y su cuñada María.

EXTRACTO DEL ARTÍCULO DEL DIARIO INFORMACIÓN publicado por Antonio Luis Galiano, Cronista oficial de la ciudad de Orihuela el 02/12/2018:

"Como lo era también la siguiente noticia que nos venía de la mano de Pablo Riquelme, y aunque, no sabemos con qué marca se debería identificar una vivienda en la calle Timor, en la que una familia de etnia gitana compuesta por un matrimonio joven con tres hijos que estaba «atormentada por los espíritus». Al parecer consideraban que estaban sufriendo muchos efectos paranormales, como ponerse el aparato de radio solo en marcha, o moverse la vajilla, e incluso «en una ocasión una taza salió volando», impactando en una pared. Por supuesto, como en estos casos no podían faltar ruidos insospechados, o apagarse el fuego de la cocina.

La asustada familia, pensando que la solución sería rociar con agua bendita, recurrió a un sacerdote, el cual opinó que la esposa no debía de estar en sus cabales. El asunto no queda ahí, ya que en una entrevista radiofónica que se realizó al matrimonio, aseguraron que estaban sufriendo una maldición por parte de la anterior inquilina, llegando a esta conclusión tras haber consultado con una curandera, que les predijo que dicha maldición consistía en un juramento de aquella de que «nunca vivirían gitanos en su casa». Al final, lo que deseaban era que se les instalase la luz eléctrica en la vivienda o que les facilitaran otra. Como conclusión, tanto este asunto con sus motivos y la posible solución queda dentro de lo extraño."