Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

Mostrando entradas con la etiqueta fábulas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fábulas. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de julio de 2023

Leyendas de Valencia: La Leyenda del Hombre de las Narices

Dentro del rico folclore de la Comunidad Valenciana, se encuentra el misterioso Hombre de las Narices, un personaje mitológico cuya tradición se mantiene viva en diversas partes de España. Inspirado posiblemente en Jano, el dios romano de las dos caras, este ser habita en un árbol conocido como el Árbol de las Narices.

Se dice que el Hombre de las Narices posee tantas narices como días quedan en el año. Es decir, cada día que pasa, pierde una de ellas. Su única aparición se produce en la víspera del 31 de diciembre, el último día del año. Es en ese momento cuando se le puede observar.

La tradición dicta que los adultos cuenten a los niños la historia del Hombre de las Narices, quienes imaginan a un personaje estrafalario con 365 narices en su rostro, sin darse cuenta de que, en realidad, solo le queda una nariz en el último día del año. Para jugarles una broma, se suele decir a los niños que acaban de ver al Hombre de las Narices pasar por una calle cercana, instigándolos a correr y tratar de encontrarlo. Algunos incluso afirman ver su reflejo en los canalones del agua, señalándoselo a los pequeños.

En la actualidad, en algunas ciudades y pueblos se organiza un desfile con un gigante representando al Hombre de las Narices. En los lugares más pequeños, se dice que aparece en la iglesia para beberse el agua bendita del pila.

Esta fascinante leyenda ha perdurado en diferentes localidades de la Comunidad Valenciana, como Xàtiva, Gandia, Algemesí, Bocairent, Morella y Ontinyent, donde se incita a los niños a buscar al Hombre de las Narices en lugares específicos, como el antiguo hostal de Grau, la cuesta del Regall o la pensión Sol en la plaza de la Concepción. En Cocentaina, se le conoce como el Hombre de las Orejas (home de les orelles).

En otras poblaciones valencianas, también se le sitúa en lugares concretos. En Càlig, se le ubica sobre la torre medieval; en las Coves de Vinromà, se le busca en la entrada del hostal; y en l'Alcora, se cree que está cerca de la parada de autobuses. En Castelló de la Plana, se dice que se encuentra a la salida del hostal de Sant Joan, y en Alcalà de Xivert, se pasea por la plaza del Frontón.

La leyenda del Hombre de las Narices se ha convertido en una divertida tradición que entrelaza la imaginación de los niños con la magia de la víspera de Año Nuevo, recordándoles la importancia de disfrutar y celebrar la llegada de un nuevo año lleno de misterios y sorpresas.



Leyendas de Valencia: La Leyenda del Saginer


En las profundidades de la cultura popular, surge el siniestro personaje conocido como el Saginer. Este ser humano, presente en numerosos países pero arraigado especialmente en España, se oculta bajo diferentes nombres como el Sacamantecas, Sacasebos o Mantequero. La figura del Saginer se caracteriza por su brutalidad y su sed de grasa corporal.

El Saginer es retratado como un hombre que comete actos atroces, centrándose principalmente en mujeres y niños, a quienes arrebata la vida para extraerles su valiosa manteca, utilizada en la elaboración de ungüentos curativos y jabones. A lo largo de la historia, varios asesinos reales han guardado similitudes con este espeluznante personaje.

En la rica tradición folclórica de España, el Saginer se enraíza profundamente, recibiendo diferentes nombres en distintas regiones del país. En la cultura popular valenciana, por ejemplo, se le conoce como Saginer o también como el Tio Cuiro en Quatretonda. Su existencia se convierte en una herramienta de advertencia para los niños, instándolos a no llegar tarde a casa ni entablar conversación con extraños, pues se les hace creer que el Saginer los raptará para utilizar su grasa en sus siniestros propósitos.

La leyenda del Saginer ha perdurado a lo largo del tiempo, transmitiéndose de generación en generación como una lección de cautela y temor. Los relatos del Saginer avivan los miedos más profundos de los niños, recordándoles los peligros ocultos en el mundo y la importancia de la prudencia y la protección. A través de esta macabra figura, se busca inculcar el valor de la seguridad y la vigilancia, para que nadie caiga presa de las garras del despiadado Saginer.


Leyendas de Valencia: La Leyenda del Hombre del Saco


En los rincones más oscuros del imaginario valenciano, se alza el temible Hombre del Saco. De todos los monstruos que pueblan las leyendas, él es el que más se asemeja a un ser humano. Un vagabundo de aspecto desaliñado, alto y robusto, cuyo rostro sucio y lleno de piojos inspira repulsión.

Según cuentan las historias que circulan sobre él, el Hombre del Saco recorre los pueblos a pie, llevando consigo un enorme saco colgando de su cuello. Su propósito siniestro es atrapar a los niños que encuentra en las calles. Nunca se adentra en las casas, siempre acecha en los espacios abiertos, acechando a sus presas inocentes.

Para atraer a los niños, el Hombre del Saco utiliza artimañas, llevando consigo dulces, juguetes e incluso instrumentos musicales como una flauta. Su saco está repleto de niños que se mueven y gritan, llamando a sus padres en busca de rescate.

Durante décadas, este monstruo ha sido utilizado por los padres para infundir miedo y mantener el control sobre sus hijos, evitando que se alejen demasiado. Dependiendo de la región, recibe diferentes nombres, como el Pare Llop o el Puto Vell en Mutxamel y San Juan. Su apariencia también se vincula con la figura del saginer (mantecas) o greixer, quienes supuestamente capturaban niños para extraerles su grasa.

Según se dice, el mito español del Hombre del Saco tendría sus raíces en un hombre real que existió en los siglos XVI y XVII. Víctor Hugo, en su obra "El Hombre que ríe", hace mención a este personaje encargado de recoger bebés huérfanos para llevarlos a los orfanatos. Los transportaba en una gran bolsa de mimbre, recogiendo más niños a medida que avanzaba. Muchos de ellos morían en el camino debido a la falta de cuidado y a las condiciones insalubres en las que eran transportados.

Así, el Hombre del Saco se ha convertido en una figura aterradora en la tradición valenciana, alimentando los temores de los niños y recordándoles los peligros que acechan en las sombras. Su leyenda perdura, recordando a todos que la oscuridad puede ocultar secretos mortales y que la protección de los padres es fundamental en un mundo lleno de peligros y misterios insondables.


jueves, 1 de junio de 2017

La Leyenda de Alicante: La Cara del Moro


Desde hace muchísimo tiempo, hay algo en la cabeza de los alicantinos que no les deja dormir.

Se preguntan a diario si ese rostro formado de forma caprichosa en el monte Benecantil que está originado por grandes rocas en la misma naturaleza no es más que una mala jugada que les hace su propia mente.

El autor de la naturaleza y criador del Universo, firmó una cabeza o una cara para que le sirviese de marca o señal.
Lo cierto es que en casi todas las fotos que en la actualidad se toman de ese lugar, todos los que las ven, coinciden que es exactamente eso, el rostro de una persona.

Hay también quien dice, que Alicante no debe su nombre a la antigua denominación islámica (Al-Laqant), sino a una hermosa princesa árabe cuyo padre era el caudillo de la medina musulmana. Este y su hija vivían en la imponente fortaleza del Benacantil, rodeados de abrumadoras riquezas e infinitos manjares traídos de recónditos lugares de todo el mundo.
Cántara, que así se llamaba la hija del califa, crecía y su belleza empezaba a ser abrumadora.

Cientos de pretendientes surgían cada día con las pretensiones de hacerla suya.
Su padre, observaba con paciencia desde la distancia la actitud tanto de su hija como de aquellos futuros esposos que la deseaban. Pronto llegaría el adecuado, el que fuera más fuerte, más rico y más apuesto.

El tiempo pasaba y no aparecía el candidato merecedor de la mano de la muchacha.
Se determinó entonces organizar un gran banquete en el castillo al que asistiera todo pretendiente en condiciones aceptables a considerar.

Fue un rotundo éxito el banquete ya que el califa, se prendó de dos de aquellos jóvenes que vinieron a conocer a la muchacha.
Ambos, adversarios en el amor por la joven, derrochaban galanterías hacia la princesa desde el inicio mismo de la gala.

El padre se sintió satisfecho y a la vez indeciso. Y por ello propuso una dura prueba para cada uno de los pretendientes.
A Alí se le encomendó la misión de traer el agua del Tibi al castillo, con la construcción de una acequia tan larga y robusta como requiriese la empresa.

A Almanzor, se le mandó viajar a las Indias para que buscara allí las mejores especias para deleitar a la joven princesa.
Los dos jóvenes empezaron las duras pruebas con mucha decisión, pero Alí, que era el que más cerca permanecía de la princesa, empezó a verse con ella a escondidas.

Al poco, se sintió correspondido por la muchacha y ambos se enamoraron.
Bajo ese amor, dejaban volar su imaginación planeando lujos y vástagos.

Absorto estaban los enamorados que habían olvidado la tarea que les había encomendado el califa y cuando ya creían que nada les podía volver a separar, apareció una mañana Almazor, que venía de las Indias cargado con todo aquello que le habían encomendado y por tanto con su tarea completada.
El padre de Cántara, obligado por la promesa que había realizado, por no romper su palabra e ignorando los ruegos de su hija, que ya había hecho su elección, entregó la mano de esta al competente Almanzor, para disgusto de los amantes.

Alí se sintió afligido y desposeído de su amada y no halló mejor remedio para su pena que quitarse la vida saltando desde lo alto de la sierra de Tibi, creando un inmenso socavón en el lugar de su caída.
La princesa, al ver perecer a su amado, y no pudiendo contener la pena, se dirigió al cerro de San Julián y, ensimismada en su desdicha, saltó mortalmente al vacío.

El emir sintió entonces tal amargura por haber sido el causante de tanta desdicha que rogó a Alá que le hiciera sufrir bajo el peor de los castigos.
La mano ajusticiadora de Dios alcanzó al emir y desde ese mismo día quedó petrificado bajo la fortaleza de Benicantil.

Hoy día se puede perfectamente recrear con la vista el rostro afligido de un hombre si miramos a poniente.
Desde aquel entonces, los habitantes de Al-Laquant, conmovidos por la trágica historia, decidieron rebautizar la ciudad con el nuevo nombre de Alicántara, por la memoria de la princesa árabe.

Y de ahí supuestamente, procede la denominación actual de la ciudad.


"Obra primorosa de la que debe estar siempre orgullosa Alicante, en la que se combinaron la Naturaleza ofreciendo la materia, el sílice de un magnífico e inexpugnable monte, los primorosos pinceles del mismo Dios dibujando la cara de un guerrero y el arte humano fabricándole un Castillo a modo de casco."

FUENTE:
http://sendasyleyendas.com/2016/01/la-cara-del-moro-en-el-monte-benacantil-alicante/
LIBRO ALICANTE ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA de Manuel Martínez López