Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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domingo, 4 de junio de 2017

Leyendas de Cartagena: El Cristo Moreno


Corría el siglo XVI y en el puerto de Cartagena había un barco abandonado del que nadie quería hacerse cargo.

Se mandó una expedición al interior para tratar de encontrar cualquier cosa de valor que pudiera dar una pista de quien o quienes eran sus dueños.

Entre otras cosas de poca importancia se toparon con un cristo de tez oscura crucificado al que se empezó a venerar como Cristo del Socorro. Al pueblo le dio por llamarlo El Cristo Moreno.

Así llegamos al año 1689 en donde una terrible sequía asoló los campos de la ciudad.

El cabildo de Cartagena casi se vio en la obligación de llevar al Cristo Moreno en rogativa por las calles para ver si el milagro se producía y caía un poco de agua.

A la altura de la Plaza de San Ginés, apareció Don Pedro de Colón de Portugal y de la Cueva, el famoso duque de Veragua que era también Capitán General de las Reales Galeras de España en dirección al Cristo con un niño en brazos.

Se trataba de su propio hijo Manuel, un infante de apenas veintidós meses de edad cuya vida pendía de un hilo al estar aquejado de una enfermedad incurable.

El Duque se puso de rodillas ante la imagen santa al mismo tiempo que alzó el cuerpo del bebé hacia la figura pidiendo por su vida.

A los pocos días, sin que nadie lo entendiera, se produjo el milagro y el niño empezó a mejorar.

En agradecimiento por el fenómeno, el Duque sufragó la construcción de una capilla en la Catedral Vieja de Cartagena para que se le rindiera culto de forma permanente y fundó una cofradía formada por treintaitrés hermanos, caballeros nobles de la ciudad a la que se le denominó Muy Noble, Devota, Ilustrísima y Pontificia Cofradía de la Hermandad de Caballeros del Santísimo Cristo del Socorro de la Ciudad de Cartagena.

En la madrugada del Viernes de Dolores, el Cristo Moreno abre la Semana Santa, con un desfile penitencial, donde los silencios de la noche se mezclan con el vibrante redoble del tambor, el traquetear de las velas y el susurro del rezo de las estaciones del Vía Crucis, para llegar hasta la Basílica de la Virgen de la Caridad, donde se celebra la Eucaristía, en el día magno de la patrona de la ciudad.

Durante la Guerra Civil se intentó su destrucción en varias ocasiones, siendo intimidados los republicanos que querían demolerlo por la visión de las uñas crecidas en las manos del santo. Llegando a resultar en la oscuridad de la capilla tan tétrico como misterioso.

La imagen fue destruida finalmente en la Guerra Civil en el mes de septiembre después de una larga espera para comprobar que la leyenda de sus uñas no era cierta...

Hoy día la sustituye una réplica del autor cartagenero Manuel Ardil Pagán.

Hasta aquí la parte buena.

El caso es que el pueblo, los ciudadanos con más imaginación, se pusieron a repartir esta otra leyenda:

Finalmente el niño murió por causas desconocidas y desde entonces se advierte de que su alma sin descanso reposa en el interior del palacio de Veragua y es el causante de ciertos fenómenos indescriptibles que acontecen en las inmediaciones de las horas de mayor oscuridad.





viernes, 1 de enero de 2016

Las extrañas visitas a Fray Juan Mancebón


Son pocos los oriolanos que pueden presumir de haber sido testigos de hechos sobrenaturales como el que les voy a describir y que cuenta la tradición.

Aunque no es precisamente eso de presumir lo que más le preocupaba al misterioso personaje de nuestra historia.

Un niño nacido en estas tierras, orihuelica del señor, fue tocado con el soplo de la virtud y la bondad.

Con tan sólo 9 años hacía todo lo posible por esconderse de sus hermanos para que no descubrieran que dormía a los pies de la cama en una estera y se entregaba a la vida austera.

Su vida parecía regida por la disciplina y la penitencia constante.

Así nos cuentan las crónicas, que con tan sólo 12 años, recibió una visita inesperada.

La Virgen hizo acto de aparición ante él y cogiéndolo de la mano lo bendijo diciéndole que mantendría un vínculo eterno con él.

Su vida fue un constante suplicio regido por la mortificación de su cuerpo.

Para no dejarse llevar por las tentaciones y sentirse más próximo a Dios, mezclaba hiel con pimienta molida y se la bebía para que el amargor de la bebida le recordara siempre su propósito.

Vestía un sayo de mallas que pesaban media arroba y siempre tenía a mano silicios de púas de hierro.

Y de hierro también era la cadena que se colocaba sobre su cuerpo en la cintura tan apretada que en una ocasión hubo que cortarle la carne para poder quitársela.

Cuando llegaba la noche se mortificaba con la penitencia del sufrimiento.

Así llegó el 8 de septiembre de 1606 fecha importante en su vida pues se convirtió en novicio franciscano.

En 1650 se encontraba orando a solas en la capilla de la comunión cuando Jesús se le apareció, se pasó la mano por su costado sangrante y con los dedos recogió tres gotas que hizo pasar por los labios de fray Juan al mismo tiempo que le dijo:

“Fuego vine a traer a la tierra: ¿y qué otra cosa he de querer, sino que se prenda y arda?”

Dejado el mensaje, el Señor desapareció y el fraile cayó al suelo desmayado.

Durante 15 días, permaneció el franciscano con un calor tan intenso en su interior que en pleno invierno se quitaba la ropa y se exponía a la intemperie para sofocar el abrasante calor.

Durante el resto del año volvió a ser bendecido con una aparición de la Virgen acompañada del Niño Jesús junto a un pino

En esta ocasión hubo un testigo ya que el fraile que guardaba la puerta del convento los vio.

El milagro se corrió como la pólvora y el pino fue convertido en cientos de reliquias que los curiosos que acudieron se llevaron para sí.

En recuerdo, se construyó una ermita en este lugar.

La última visita que recibió de Jesús, la Virgen, san José, san Joaquín y santa Ana fue para recibir la noticia de que su fallecimiento estaba muy próximo.

En su habitación se extendió un aroma agradable y se escuchó un cántico celestial que lo acompañó hasta su último aliento.

Murió el 29 de abril de 1650.

Fue enterrado en el Monasterio de la Abuela Santa Ana de Jumilla.

Animo a los lectores a visitar este Monasterio en donde se conserva la figura del Cristo Crucificado de la Reja. Y en donde podrán admirar uno de los relicarios más importantes de Europa.

Las crónicas cuentan que en una ocasión el brazo derecho del Cristo se desclavó de la cruz y se movió para bendecir por tres veces a los franciscanos que se encontraban presentes, entre ellos Fray Juan Mancebón, dejando gotas de sangre sobre el suelo.

Un monasterio situado en un entorno natural muy hermoso y que ha sido protagonista de cientos de misterios y milagros sobrecogedores.


MILAGROS DE ORIHUELA