sábado, 7 de enero de 2017

El Demonio del Palacio de la Baronesa de la Linde



Estamos a los pies del palacio de la baronesa de la linde, un palacio de estilo neogótico que fue construido entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Su fachada es bastante interesante ya que es de estilo neogótico como he dicho antes y es única en toda la ciudad de Orihuela y se pueden ver con claridad unas ventanas ojivales con escudos nobiliarios y en la portada vemos un arco con baquetones estilo gótico sin ojiva.

Bueno, vamos a contar la leyenda que conocemos sobre este lugar según nos consta a través de los testimonios de algunas personas que han participado en la ruta.

El Palacio, por la descripción que nos hacen de cómo es por dentro, yo no he llegado a verlo, con una armadura a cada lado de una larga escalera preciosa atravesada de una alfombra roja y un jardín enorme que llega hasta la otra calle.

Una de las personas que vinieron a la ruta era una una enfermera y esta mujer había estado al cuidado de una de las últimas supervivientes de la familia noble dueña del palacio.

Esta mujer mayor llegó hasta los 90 años más o menos y cuenta la enfermera que se encontraba de servicio acompañada de su hija y una amiga de esta.

La anciana, persona de sangre noble, no era de contar historias banales, misteriosas o bromas.

Su forma de hablar era muy peculiar porque ella no decía parrafadas, lo que hacía era recitar dulces frases que más bien parecían poemas.

Esta sabia y respetada mujer contó que en el lugar donde actualmente reside el palacio, antes de haber sido construido, ya se comentaba sobre una presencia maligna en aquel lugar y de hecho cuando el palacio fue ocupado por sus familiares se producían una serie de extraños fenómenos como desaparición o cambio de lugar de algunos objetos y sonidos de origen desconocido que en la oscuridad de la noche helaban la sangre a cualquiera.

Como las niñas no la creyeron, la mujer hizo que entraran a una estancia que permanecía cerrada y abandonada y les dijo que trajeran ante su presencia una silla de aspecto napoleónico.

En la base de la silla, dónde se ponen las posaderas, había la forma de una garra como si se hubiera quedado una mano diabólica marcada a fuego en la silla.


...

Una leyenda de este lugar más conocida en Orihuela por todos, es que el barón tenía en el jardín un huerto y en él tenía árboles frutales como podrían ser Higueras.

Las Higueras daban unos frutos de agradable aspecto y espectacular sabor.

Todos sabían de las excelencias de sabor de aquellos productos cuidados a mano por el servicio del Palacio.

Pero como el hambre está por todas partes, resulta que algunos niños con el estómago vacío escuchaban la llamada de sus desnutridos organismos a devorar aquellas delicias.

Algunos vecinos del barrio se colaban sin que se dieran cuenta y robaban algunos higos.

El barón estaba ya cansado de estos pequeños granujillas y ordenó a sus criados que por favor si algún día veían a alguno de aquellos pequeños rateros en el interior de su huerto que lo avisaran.

Y eso es lo que ocurrió.

Un día, un grupo de pequeñuelos con malas intenciones penetraron en el recinto y se acercaron con sigilo al huerto en donde se erguían las higueras luciendo sus frescos frutos.

Uno de los criados se dio cuenta de lo que estaba pasando y acudió con presteza a avisar al patrón.

Entre varios del servicio, bajo las órdenes de capturar al granujilla dadas, fueron rodeando a uno de estos chicos y por sorpresa lo acorralaron.

El niño asustado e inquieto empezó a golpearlos y a mover las piernas en todas direcciones intentando escapar.

El Barón se acercó a él y le dirigió una severa mirada que dejó al niño completamente paralizado.

Cuenta la tradición que aquel hombre sin escrúpulos colocó la mano del niño sobre una superficie y de un golpe seco y rápido lo dejó manco de un hachazo.

(Creo que esto también podría explicar lo de la mancha de la mano en la silla).


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