Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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viernes, 20 de octubre de 2023

Nuevos datos en mi investigación sobre la chica de la curva de la Aparecida de Orihuela

 


Cuando te hallas de frente al enigma, aunque hayas retrocedido un tanto, siempre experimentas un escalofrío cuando desvelas el semblante, el nombre completo, el rincón de trabajo y el origen de la doncella de la curva de la Aparecida. 

Entablas diálogos con sus antiguas compañeras de trabajo, quienes te confían pequeños destellos de su esencia, revelando cómo, a pesar de profesar un profundo respeto por las curvas en el camino, paradójicamente, encontró su destino final en una de ellas. A pesar de todos sus cuidados y temores, la inexorable tragedia la alcanzó. 

Quizás, por esta raz, se transformó en una sombra guardiana, advirtiendo a otros viajeros de lo que podría acecharles. 

Con el devenir del tiempo, la curva se desvaneció del paisaje, pero los videntes y médiums de la región continúan la búsqueda de su espíritu en su afán de desentrañar secretos profundos y velados. 

Anoche volví a reencotrarme con el misterio, con uno de los más oscuros que se tejen por estas tierras, ayer contemplé de cerca, el rostro de la chica de la curva de la Aparecida de Orihuela.

En los recónditos misterios de esta narrativa, emerge una crónica enigmática, donde dos testigos, antaño compañeras de labores de la protagonista, se entrelazan en un tejido de asombro y sombras. Pero lo que más trasciende es la manera en que lo que nació como una leyenda urbana, encauzada en lo etéreo, ha cruzado el umbral hacia lo tangible. Detalles palpables que erizan la piel con su mezcla de curiosidad y oscuridad.

Es la historia de una doncella común, una entre multitudes, que alberga sus propios temores y fobias. Uno de sus más profundos temores, la curva de la carretera, se alzaba como un recordatorio de la tragedia que allí aconteció, donde perdió la vida.

El paso del tiempo ha desvanecido los caminos que alguna vez eran las únicas sendas hacia la apartada localidad de La Aparecida. La curva fatídica ya no existe en el mundo físico. Sin embargo, la leyenda persiste, sostenida por las voces ancestrales y el rumor que serpentea por la región con la velocidad del rayo.

Dotada de una suerte de magia enigmática, que atrae a almas curiosas, las videntes de la región y aquellos con una percepción especial, acuden al llamado, en un ruego desesperado por las respuestas que solo la "chica de la curva" puede proporcionar. Es un lugar único en el orbe, donde esta figura ha transcendido su propia desaparición. Se cuenta que desde que la curva fue erradicada del paisaje, jamás ha vuelto a materializarse.

No obstante, las médiums, con sus lamentos angustiosos, la reciben con los brazos abiertos. Siguen moldeando y avivando la llama de ese espíritu que una vez deambuló por los caminos de Orihuela en La Aparecida. Ellas le brindan refugio a esa fuerza de la naturaleza que es el misterio hecho carne, una leyenda que persiste como una realidad viva y latente en el corazón de todos aquellos que se atreven a asomarse al abismo de lo desconocido.

Despleguemos, pues, el manto del misterio en esta hora mágica que se cierne sobre nosotros. Desvelaremos el enigma que yace oculto en las sombras. El nombre de esta figura enigmática brilla con un fulgor divino: Mari Carmen Antón, descendiente de las ancestrales tierras de San Isidro, pues ese era su humilde origen. Su presencia se entretejía con los hilos del destino en la sagrada fábrica oriolana de Drape Cotí, donde ejercía sus tareas envueltas en secretos que desafían la razón.

Y, por supuesto, desde este blog, seguiremos dispuestos a guiar a aquellos cuyos corazones albergan la fuerza de las incógnitas que ansían desvelar respuestas.

Nos encontraremos en la próxima entrega de esta fascinante travesía.












sábado, 15 de mayo de 2021



A raiz de lo ocurrido en las investigaciones en las ruinas del castillo de Orihuela, me ha dado por mirar entre mis documentos viejos y he encontrado un testimonio del año 2017 que comparte bastantes similitudes con lo que le ocurrió al investigador experiemntado que es D. Pedro Amorós:

A una hora sin concretar entre las doce y la una de la madrugada de la noche de San Juan.

Caminaba yo con mi perra India por la parte superior del Seminario de Orihuela, allá por donde está el Arco de la Amorosa, La Fuente de la Judía.

Mi perra iba delante de mi haciendo ostentación de un estado de ánimo lleno de optimismo y alegría.

Se movía suelto de allí para allá.

En un momento dado sentí como si algo o alguien invisible agarrara mi bandolera y la sujetara en tensión. Como si de esa forma quisiera captar mi atención.

Creí que había sido la perra que seguramente se encontraría a mi espalda pero al darme la vuelta fue cuando me di cuenta de lo extraño que estaba resultando todo.

Al mirar hacia atrás pude comprobar que no había ningún matojo ni árbol, nada donde la bandolera se hubiera podido enganchar.

El perro estaba enfrente de mí, no a mi espalda como hubiera sido lógico si hubiera sido él el causante del agarre.

Cuando volví a mirar a mi perra estaba como nerviosa, asustada, empinándose para que la cogiera en brazos, situación que conozco muy bien.

Mi reacción no se hizo esperar, la cogí para consolarla y me alejé de allí casi santiguándome.

No me ha vuelto a pasar desde entonces.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Leyendas de Murcia: Los Espíritus de la Calle de la Sal


El 7 de noviembre del año de 1894, los murcianos dieron el grito de alarma.

En esta calle conocida como Federico Balart en la actualidad se sucedieron una serie de fenómenos de lo más extraño.

Era habitual y así contaban los huertanos vecinos próximos de la zona que todos los martes, los duendes tomaban posesión de aquella casona en la que se escuchaban ruidos misteriosos y se veían luces extrañas.

Según algunos de los testimonios, a las doce de la noche, una paloma blanca se introducía por la chimenea acompañada por una legión de espíritus que cantaban una oración. Llamas rojizas y azuladas se movían mientras sobre ellas giraban las almas de los condenados.

Incluso aseguraban que el ambiente se viciaba con un olor insoportable a azufre.

Y de ellos se hicieron eco varios diarios de la época aunque tachándolo de analfabetismo y superstición.

Las Noticias de Levante o el Diario de Murcia son dos de los periódicos en los que aparecieron los hechos relatados.

Avisando de un acontecimiento que no hizo sino añadir más leña al fuego al dejar constancia de que uno de los agentes del orden público, sacó su arma reglamentaria para intentar poner orden y al hacerlo un golpe brusco que lo dejó de piedra sonó en el interior de la vivienda.




sábado, 11 de noviembre de 2017

Leyendas de la Aparecida: La Chica de la Curva


Era una noche oscura y nada presagiaba que fuera a ocurrir algo bueno.

Un coche se dirigía por una de las carreteras que llevan al pueblo de la Aparecida con una chica en su interior.

No se sabe si pon un despiste, o por otro motivo desconocido, el coche se salió en la curva estrellándose y dejando en la carretera las marcas de los neumáticos.

Cuando llegaron los servicios de urgencias se toparon con la realidad fatídica y terrible.

Su conductora había fallecido en la flor de la vida. Una hermosa joven que apenas había vivido sus primeros años de juventud.

Desde ese terrible día, son muchos los que cuentan que viajando a horas de madrugada al pasar por aquella misma carretera que fue escenario del trágico accidente, han podido contemplar con las luces de su coche a una persona que hace señas para que detengan el coche.

Por supuesto, nadie o casi nadie se han atrevido a detener su vehículo por temor a que aquello no sea una persona real de carne y hueso.

Y los pocos que se han atrevido a parar el coche, se han topado con un misterio que a día de hoy sigue torturándoles la cabeza.

Cuentan que esa muchacha de aspecto famélico y con el rostro blanquecino extiende su mano señalando hacia el pueblo y con muy pocas palabras se hace entender que ese es su destino.

El último caso, una familia de tres integrantes que regresaba de una boda, detuvo el coche para subir a la joven en el asiento de atrás.

El niño se encontraba durmiendo así que por suerte nunca se enteró de lo que allí sucedió.

El matrimonio intentó mantener una conversación con la muchacha pero aquella permaneció unos instantes en completo silencio.

La pareja ya empezaba a notarse contrariada y un poco molesta ante la actitud de la chica pero en un momento dado, la joven hizo detener el vehículo.

Sus últimas palabras fueron: “En esta curva me maté yo”.

Relata a la pareja que al escuchar aquellas siniestras palabras no dieron crédito a la broma de la que creían estar siendo víctimas.

Al mirar hacia a atrás para pedir explicaciones a la joven autoestopista se dieron cuenta de que el asiento de atrás estaba completamente vacío a excepción de su pequeño.

¿Dónde fue a parar la chica?

¿Cómo salió del vehículo sin abrir ninguna de las puertas?

¿Es realmente el espíritu de la Leyenda Urbana la que vaga por estos lares?

No se sabe a ciencia cierto, lo que sí conocemos es la lista de lugares de España en donde casos similares han ocurrido que registró el programa de radio MILENIO 3 de la Cadena SER.

En esa lista aparece la curva de la Aparecida como punto clave.



FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)





lunes, 6 de noviembre de 2017

La Leyenda de Los Desamparados: El Condenado


Por boca de una anciana me llegan los ecos de una antigua leyenda en Los Desamparados.

Dicen que por las estrechas calles del pueblo, en una época no muy lejana, el espíritu de un hombre vagaba deambulando de un lugar a otro encadenado.

Su alma fue castigada por un crimen fortuito que había cometido tras un pequeño y lamentable malentendido.

Su muerte sucedió tan rápido que no le dio tiempo para ni siquiera sentir arrepentimiento de lo que había sucedido.

Por las noches oscuras, los vecinos escuchaban aterrorizados las voces fantasmales de un alma atormentada que gritaba incesantemente pidiendo auxilio y perdón por sus pecados.

Con un lamento quejicoso y un llanto desconsolado repetía una y otra vez que por favor rezaran por él.

El rozamiento de las cadenas contra el suelo y los lamentos duraban toda la noche y sólo al amanecer volvía la quietud y el silencio.

Su macabro trayecto le llevaba del pueblo al cementerio y de este otra vez al pueblo.

Seguramente porque un alma caritativa y buena se apiadó de la suya, ofreciéndole una oración, la maldición se rompió y desde hace más de ciento cincuenta años ya no ha vuelto a escucharse en la noche el ruido molesto y los gritos proferidos por aquel maldito que con su lento caminar y su viaje hacia ninguna parte trataba de exculpar sus pecados.



El pueblo permanece en paz en la actualidad. Pero no sabemos cuánto durará.

FUENTE: Cuadernos de etnografía (José Ojeda Nieto)


lunes, 26 de junio de 2017

Gabriel Miró: El Narrador de la Muerte


Imagínense ustedes con que inquietud, con qué tristes y melancólicos recuerdos miraría hacía atrás hacia su tortuoso pasado este hombre de alma pura, de espíritu de escritor, sensible al dolor, al sufrimiento, a todos aquellos hechos que desde niño lo atormentaron.

Huellas que dejaron marcadas una sombra oscura en su alma como novelista y en cuya obra bibliográfica podemos encontrar cientos de ejemplos.

Hijo de la provincia de Alicante, nacido de una mujer guerrera como pocas en España pero muchas en Orihuela.

No obstante su madre fue la hija de aquella que lidiaba cada día con los hombres que a su posada acudían en el mismo lugar donde hoy se encuentra el puente nuevo y el casino pero que hace años estuvo situada la famosa posada de Pizana protagonista de cruentos hechos.

De esa noble chiquilla nació el humilde escritor, el hombre que hablaba con los espíritus, soñaba a diario con la muerte y se juntaba con compañeros para participar de siniestros pactos con el otro lado que le hicieron según cuenta en sus propios libros ser visitado por el mismísimo maligno.

Recordamos a sus tres compañeros del alma cuando estudiaba en el colegio Santo Domingo.

Como recorría sus pasillos acompañado de esas tres figuras menudas con las que reía, jugaba pero sobre todo lloraba.

No en vano, fue uno de estos tres amigos el que decidió sin previo aviso abandonar el grupo sin dejar ni rastro.

Aquel al que llamaban Señor Cuenca de tez pálida, aquejado siempre de extraños y desconocidos dolores.

Así que no sabemos que pudo sentir este chico al saber por un cambio en el discurrir habitual del cada día, que en vez de seguir con las horas de sueño profundo fue despertado, vestido casi a la fuerza a una hora muy temprana y llevado hasta la presencia de la mismísima muerte delante de la tumba de su amigo.

Un ataúd blanco abierto y colocado en su interior su compañero, su hasta hace unas pocas horas, uno de los que jugaba con él.

Ocupaba todo lo largo del ataúd pero su mirada no era la de un muerto pues según cuenta el propio Gabriel, ese sujeto inerte lo miraba desafiante como si sonriera.

Por eso nos preguntamos qué clase de huella dejó marcada esa visión en su delicado corazón, en el corazón del hombre sensible que escribe sin parar hasta hartarse afables argumentos en novelas que han llegado a nuestros días llenas de pasión pero también de mucha oscuridad, con un sentimiento de tristeza y camufladas bajo un lenguaje que a veces resulta un tanto tedioso como si estuvieran escritas en clave.

Yo siempre les cuento a aquellos que me escuchan que este hombre se merece un programa en Cuarto Milenio, pues si García Lorca fue el poeta del misterio por su habilidad para hablar con los animales, de contactar y sentir a los muertos, de entrar en un profundo trance en donde sus ojos permanecían en blanco durante minutos hasta que regresaba de la otra orilla, imagínense al novelista de la muerte, a un Gabriel Miró que pasó su vida aferrado a sus creencias más tenebrosas, a aquel que incluso el día de su muerte dedicó unas palabras a la Parca.

Y es que este hombre dejó un legado, una siniestra leyenda urbana de las más famosas de la Comunidad Valenciana.

Pero que con poco que investiguemos nos daremos cuenta de que de leyenda no tiene nada.

Fueron hechos que ocurrieron en la más pura realidad y que fueron recogidos por el mismísimo autor en varias de sus obras autobiográficas.

Pero una cosas son sus relatos y otra muy distinta los hechos que surgen de la imaginería popular.

Un ejemplo de esto es la historia que ahora les voy a contar.

¿Quién no conoce la leyenda del maestro que se queda hasta tarde trabajando y que cuando se va a marchar a casa ve una luz en una de las aulas?

Del hombre que sube e intenta abrir la puerta pero está cerrada.

Al día siguiente lo comenta con el resto de compañeros y acude en busca del encargado de las llaves poniendo en su conocimiento el hecho extraordinario.

Es imposible le dice el otro, todo está cerrado a esas horas y por supuesto apagado.

Como una petición personal el maestro le pide las llaves del aula y el otro se las presta por un día.

Llega una nueva tarde y esta vez el maestro se acerca al aula, abre la puerta y observa junto a uno de los pupitres a lo que parece ser un alumno rodeado de una luz extraña que no es la habitual del aula.

Hay algo que no cuadra en esa escena y el hombre cuando consigue romper su propio miedo le interroga sobre qué hace allí y cómo se llama.

El alumno le responde con una voz tan débil, tan carente de fuerza que recuerda más las palabras grabadas en una cinta producto de una psicofonía que la voz de un ser vivo.

El caso es que solo un apellido llega hasta los oídos del profesor, le parece haber escuchado la palabra “Cuenca”.

Y con ese nombre resonando en su cabeza y con un sentimiento de angustia que no comprende pero que asimila decide abandonar a ese sujeto y marcharse de allí lo más rápido posible.

Al día siguiente en el aula de profesores le aclaran que eso no es posible, que nadie en todo el recinto se llama o tiene de apellido esa palabra que sigue vibrando en su cerebro como una mancha que no quiere irse.

Cuenca, cuenca, cuenca.

Atormentado por una culpabilidad auto inducida decide investigar en los libros que registran los nombres de todos los alumnos que el colegio ha tenido a lo largo de muchos años e incluso siglos.

Hasta que por fin encuentra lo que tan ansiosamente estaba buscando.

Resulta que un tal Cuenca estuvo allí estudiando por el año 1889, y según consta en el registro, este alumno falleció siendo un niño.

¿Todo cuadra verdad?

Es justo en la época en la que Gabriel Miró estuvo internado en ese mismo colegio.

El maestro se da cuenta de que todo no es más que una broma macabra de un alumno interno descarado y decide acudir en su busca al día siguiente para echarle una reprimenda y a lo mejor hasta un castigo.

Pero el nuevo día presenta un cuadro distinto cuando el hombre se acerca a esa figura semitransparente que lo mira desafiante con un rostro carente de vida y con una inquietud que parece salida de la mismísima muerte.

A las pocas horas, el maestro es encontrado de forma inesperada, sobre el suelo, con su cuerpo que muestra unos movimientos en forma de espasmos, tirando espumarajos por la boca y diciendo y citando cosas extrañas.

Fantasma, fantasma, muerte, muerto….

Son las únicas, las últimas palabras que le escuchan sus compañeros pues tienen que llevárselo de urgencia a la enfermería y de allí al hospital.

Lo último que se recuerda de aquel hombre que quiso desafiar al espíritu del Señor Cuenca que vaga por las aulas del Colegio Santo Domingo en las noches más solitarias es que acabó en un centro psiquiátrico.

Y esta es la relación que tiene el famoso escritor alicantino, Gabriel Miró con una de las leyendas más famosas de la comunidad valenciana.


Víctor Navarro para CUARTO MILENIO.




jueves, 20 de abril de 2017

Los aviones fantasma de la Huerta Oriolana



De los cánticos de los brujos y chamanes con sus extrañas oraciones y sus balbuceos que pisaban esta tierra oriolana marcando los pasos de un baile imaginario que sólo en sus cabezas se guardaba se pasó alegremente a un tiempo moderno en donde la ilusión por conseguir dominar lo imposible se acrecentaba día a día.

En 1950 empiezan a aparecer las primeras publicaciones por toda la región y en las limítrofes que hablan por primera vez de los “sembradores de nubes”.

Un misterioso científico de la General Electric norteamericana, Bernard Vonnengut hace un descubrimiento de las posibles aplicaciones del nitrato y toda la prensa mundial parece hacerse eco.

En 1954, algunos periódicos locales de la región de Murcia ya hablaban de que se había descubierto “el secreto de la lluvia” asegurando que técnicos de los Estados Unidos ya eran capaces de provocarla de forma artificial, siempre que hubiese nubes por medio.

En octubre de 1955, en el parlamento inglés se hacían promesas electorales de que las lluvias aumentarían en cuanto algunos entrasen al poder.

Pero los años pasaban y hasta que no llegamos al año 1971 no se hizo en España el intento por parte de nuestro propio gobierno.

Ese año el Ministerio de Agricultura se pone manos a la obra en la realización de un proyecto piloto que empezaría a experimentar con cañones antigranizo.

En nuestra región fueron colocados estratégicamente una determinada cantidad de aparatos que pocos años después vio como aumentaban su número creemos quizás por la probada eficiencia.

Todo el mundo empezó a hablar sobre la fórmula mágica del yoduro de plata.

José Serrano Camarosa, un prestigioso investigador fue mucho más lejos al afirmar que él conocía un método mucho más efectivo y que no precisaba de agentes químicos.

Lo que proponía: “Basta con cubrir una superficie de un kilómetro de diámetro con lienzos con una cara negra hacia arriba y otra blanca hacia abajo”. Según su teoría, el negro absorbería el calor proveniente del sol, y esto haría que la parte blanca estuviese fresca y bien ventilada para que se produjera un efecto de cuña fría que haría que se elevasen las masas de aire caliente.

El caso es que con el tiempo lo que ocurrió es que se esparció el rumor de que tanto los cañones como las avionetas que aparecían por el aire con la intención de ayudar a los agricultores de la región de Murcia y el Levante, lo que estaban haciendo en realidad era espantar las nubes y sus gotas de agua que tanta falta hacían en la huerta oriolana.

Las protestas se extendieron más rápido que el propio rumor y así llegamos al episodio en que un agricultor en Lorca no se le ocurrió otra cosa que abrir fuego contra uno de esos aviones en los años 80.

El caso fue resuelto en los tribunales en 1988 declarando que era imposible que las sales de yoduro de plata tuvieran ningún poder sobre las nubes.

En 1996, las protestas volvieron a reaparecer con mucha más fuerza al jurar algunos testigos que habían sido víctimas de los efectos negativos en sus cosechas que algunas avionetas fantasma estaban causando en la región al seguir con sus prácticas ilegales.

Esto llevó a la Guardia Civil a abrir una investigación que desembocó en un nuevo caso cerrado ya que nunca se encontraron los aeródromos de las llamadas “avionetas fantasma”.

El profesor de Ciencias Físicas Gabor Vali fue reclamado como experto para que diese su opinión y resultó que afirmó que en algunos países como Israel, esas prácticas llevaban realizándose durante más de 30 años con efectos comprobados con aumentos de las precipitaciones que estaban entre un 15 % y un 40 %.

También habló de procedimientos desde tierra en los que una especie de chimeneas se utilizaban para quemar el yoduro y el vapor expulsado produciría efectos similares.

La conclusión a la que se llegó es que el exceso del yoduro en la nube lo que provoca, además de evitar el granizo es que la nube se volatilice.

El caso es que han pasado varios decenios desde entonces y todavía encontramos testimonios de agricultores que aseguran haber sido víctimas de avionetas que en tan solo 15 minutos han sido capaces de hacer desaparecer la tormenta deseada más espectacular.


viernes, 27 de enero de 2017

Convocado el concurso de Relatos de Terror





* Contenido mínimo: 4 líneas de texto.
* Contenido máximo: No hay límite.
* Historias por autor: Hasta un máximo de 3.
* Fecha de cierre: Por determinar...
* Los autores dan la autorización para su publicación en este mismo Blog.
* El ganador del concurso obtendrá como premio un ejemplar del libro Orihuela, Ruta del Miedo dedicado por su autor.
* La asignación del ganador se realizará a través del panel de votaciones que se implementará en este mismo blog.
* Se aceptará un único voto por persona para todas las opciones.

jueves, 27 de octubre de 2016

Relatos de Ruta V: La Casa Abandonada de Salamanca


Parece cierto, cuanto más pequeño, más sensible ante los fenómenos paranormales.

Algunos niños, desde que nacen tienen un comportamiento que a veces nos asusta o nos deja fuera de sitio.

Es como si vivieran una realidad paralela alternativa a la que nosotros somos completamente ajenos.

Pero eso no implica que no vivan unas experiencias de lo más anecdóticas.

Dicen que hasta los siete años de edad, los niños no son capaces de distinguir las fantasías de la realidad. Que justo a esa edad se produce lo que científicamente se llama la Ruptura Sináptica.

El momento a partir del cual se empiezan a vislumbrar las cosas reales como tales e ir dejando atrás todo aquello que suena o se considera fantasía.

Pero olvidamos que no todos somos iguales, que hay niños que lucen una sensibilidad superior a la de otros niños.

Estos niños, cuentan relatos, historias a las que no damos crédito porque nuestro raciocinio o nuestra objetividad impiden que admitamos como reales.

Uno de estos niños, en esta caso niña, tuvo una experiencia que tanto le llamó la atención en su edad temprana, que nunca lo ha podido olvidar, y ella misma lo relata en su blog.

Da gusto saber que uno va creando escuela y que inspira a los que vienen detrás de ti a compartir sus propias experiencias con lo misterioso. Tengo como ejemplo a esta chica, joven que inicia sus primeros pasicos por el mundo de lo desconocido, y que habiendo caído en las redes de una de mis Rutas del Miedo, y aficionada a leer las historias que yo relato en mi Blog, se ha atrevido a iniciar ella sola, junto con María, este proyecto de Blog en Internet que trata sobre este tipo de temas. La animo a seguir adelante y por supuesto le pido permiso para poder extraer su historia y publicarla en mi bitácora. ¡Gracias Elena! ¡Gracias María!


Pues bien, esta chica nos cuenta de algo vivido que a más de uno le resultará sorprendente y terrorífico a la vez.

Fascinada desde siempre por el tema de la muerte, la reencarnación y la vida eterna, esta chica, recuerda una anécdota que le ocurrió en la población de su tío, un pueblo de Salamanca, en una de las casas antiguas que hay junto a la vieja ermita.

Un día, que caminaba junto a la mencionada casa, le pareció observar a una mujer de unos cuarenta años de edad vestida de blanco con encaje largo y que no llevaba calzado luciendo unos pies descalzos que parecían deslizarse por el suelo como si fuera una aparición.

La ropa era extraña, como de una época pasada a la que ella no tenía acceso mentalmente.

Ojos verdes y el pelo de un color marrón rojizo.

Acudía con curiosidad todo lo que podía a esa casa para contemplar el fenómeno y la veía pasar de una habitación a otra, llegar al patio que estaba junto al huerto de su tío donde destacaban los hermosos tomates colorados.

Era una sensación de miedo a la vez que de curiosidad. Pero le encantaba, se encandilaba mirándola en su eterno paseo sabiendo que en aquella casa no vivía nadie, que nada había en su interior. 

Tan solo aquella huella del pasado que vivamente se reflejaba sobre las pupilas de sus ojos.

Tiempo ha pasado desde que ella veía aquella cosa hermosa.

Ahora, siendo un poco más mayor, sabe que los cuentos de fantasmas son sólo eso, historias que se inventan para asustar a los más miedosos, ancianos y a los niños.

Pero ella un día fue testigo de lo extraño, y no piensa olvidarlo nunca.




Relatos de Ruta III: Saludando a Fulanico



Mira, nunca he llegado a ver un ladrillo volando delante de mí y es algo que pongo como ejemplo que me gustaría poder contemplar, por decir algo. –Dice el marido.

Pero sí te digo que a veces los he llegado a ver además de sentirlos.

Se me cambia hasta el color de los ojos, los pelos de la nunca se me erizan y siento un escalofrío.

Incluso en ocasiones, estando en contacto con mi mujer le he traspasado la capacidad de observarlos a la vez que yo.

No sé si llamarlo don o maldición, el caso es que yo mismo, me encantaría saber cómo o porqué a veces soy capaz de verlos.

Eso sí, a mí, jamás me han hecho nada malo.

Te voy a contar una cosa curiosa que nos ocurrió una noche que veníamos acompañados de otra pareja. –Empieza a relatar la esposa:

Nosotros estábamos metidos en una comparsa de los Moros y Cristianos de Orihuela que se llamaba Los Realistas  y que estaba por la parte de dentro. Ya sabes que antes la mayoría de comparsas estaban en la zona del Rabaloche.

Subíamos un viernes por la noche a la reunión de los moros.

Desde el paseo pa arriba andando.

Con otra pareja más. Ellos por delante y nosotros los seguíamos a escasa distancia.

Y a la altura un poco más alejado de Monserrate, vemos a un amigo.

¡Chico, cuanto tiempo sin verte!

Nos ponemos a charlar y le dice mi marido, te presento a mi mujer.

Le doy dos besos al chico. Y estuvimos por lo menos diez minutos hablando con él.

Y cuando echamos a andar, la otra pareja esperaba de pie.

Entonces, se acercan nuestros amigos y nos dicen:

¡Qué!, ¿Qué estáis haciendo?

Es que nos hemos parado un momento para saludar a Fulanico.

Qué cojones Fulanico, si hace tres meses que está muerto. Aún no hemos llegado a la comparsa y los locos estos ya van peo.

¿Pero qué estabais haciendo de verdad?

Pues hablando con un amigo de mi marido.

Pero qué amigo, si ahí no había nadie, os veíamos moveros solos haciendo gestos como si hablaseis con alguien pero no había nadie.

Pues yo he hablado con un hombre, lo he saludado e incluso le he dado dos besos. Lo he visto Igual que estás tú aquí delante.

Anda, anda, vamos pa´lante que estáis locos.

Aquellos nos tomaron como dos lunáticos pero yo tengo en mi recuerdo que una noche besé a un aparecido.





domingo, 23 de octubre de 2016

Relatos de Ruta II: Ayuda desde el más allá


Las Rutas del Miedo a veces nos traen sorpresas.

Pues en ese ambiente tan agradable que se produce en ocasiones, la gente se anima a contar sus propias historias y experiencias.

Este es el testimonio de uno de los ruteros que nos acompañó en una de mis rutas y que fue  protagonista principal de un misterioso hecho que a continuación os voy a relatar.

Antiguamente, la mayoría de las comparsas de la fiesta de la reconquista de Moros y Cristianos de Orihuela estaban situadas en el Rabaloche.

En la parte donde está el Oriol, enfrente, había una que ocupaba bastante sitio.

Fue un chico el viernes de fiesta por la tarde a recoger su moto después de trabajar.

Le quitó el candado con cadena que la llevaba sujeta para que no se la robaran y entonces se dio cuenta de que algún gracioso de la comparsa le había puesto un cable 
enganchado y se vio en el apuro de que no podía quitarlo.

Lo intentó una y otra vez, pero no consiguió liberar la moto de aquel cable grueso.

Entonces pasó por allí un coche.

En el interior del coche un amigo suyo al verlo trajinando le preguntó que le pasaba y que estaba haciendo tan sulfurado.

Primero se alegró porque llevaba mucho tiempo sin saber de aquel que le hablaba desde el coche y luego le explicó lo que estaba pasando, que no podía irse a su casa porque algún listillo le había enganchado la moto con un cable y que no había manera de sacar la moto de allí.
- Mira, yo me tengo que ir, pero sube a mi casa y dile a mi padre que detrás de la puerta principal hay una cizalla, dile que te he dicho yo que te la preste para cortar el cable y ya te podrás ir.
Se despidieron y viendo alejarse el coche se dirigió a la casa donde vivía el padre de su amigo y tocó a la puerta.

Le abrió un hombre entrado en años vestido de negro con el rostro entristecido que inmediatamente lo reconoció y se saludaron.
- Hola, ¿te acuerdas de mí? Soy Juan el amigo de tu hijo. Es que me he quedado ahí abajo tirado con la moto que no puedo moverla porque algún gracioso de la comparsa me la ha enganchado con un cable. Ha pasado tu hijo y me ha dicho que viniera a pedirte la cizalla para que lo cortara. Déjamela un momento y ahora me paso con la moto y te la devuelvo.
El padre se quedó sin palabras al oír mencionar a su hijo. Su cara pálida ya de por si se puso más blanca.
- Es que yo no sé donde están sus herramientas. -Dijo el hombre con el rostro demacrado por el dolor.
- Me ha dicho que está detrás de la puerta principal.
El fatigado progenitor dudó un instante y luego reaccionó, buscó detrás de la puerta como este le había dicho y era cierto, la cizalla estaba allí. Se la prestó sin abrir la boca y esperó pacientemente a que el otro regresara sin añadir más palabra.

Bajó el chico con la cizalla y al llegar a la altura de la moto, cortó el cable, liberó la moto y se fue a devolver la herramienta.

Volvió en busca del padre de su amigo, le dio las gracias y se despidió de él.

Pasados dos días, el chico se fue a un bar a tomarse una cerveza y se puso a charlar con los amigotes.

Les relató lo que le había ocurrido días antes con la dichosa moto.
- Pues sí, el viernes cuando iba a coger la moto…
- ¡Qué bordes!, -le respondieron los que le rodeaban.
- Sí, pasó mi amigo Pepe Cañizo y me dijo tal cosa y…
- ¿Pepe?, ¿el hijo de Antonio el Morral?
- Sí, ese mismo. Fue el que pasó con el coche y me dijo que le pidiera a su padre la cizalla.
- Pero si ese chico se mató hace dos semanas en el túnel con su coche. ¿Cómo dices que lo viste el viernes?
Todos callaron y no volvieron a comentar el tema.




*Este testimonio y muchos más en el libro TESTIGOS DE LO OCULTO por tan sólo 0,99 Edición Digital en AMAZON:






miércoles, 19 de octubre de 2016

FICCIÓN: El árbol del ahorcado


Es la primera vez que escribo un relato inspirado en las sensibilidades de una amiga que he conocido gracias a la Ruta del Miedo.

Esta persona (según ella) tiene una especie de poder, de don que la hace visible para lo que ella llama los entes del más allá.

Hace poco, me mandó una fotografía de un punto del llano del Seminario en donde ella cree detectar una serie de energías de seres que claman su atención.

Y este es el relato que he podido tejer con sus palabras mientras me escribía en el mensajero de Facebook.

Pido por favor que si alguien sabe algo relacionado con esto que me lo haga llegar para verificar su exactitud.

Y si alguien tiene cierta sensibilidad y pasa por este lugar, que se deje llevar para ver si su apreciación coincide con la de mi amiga.

Por supuesto, se lo dedico a ella:

Por un lugar olvidado de la mano de Dios se escuchan los gritos de angustia de un alma en pena que habiendo vivido más de trescientos años atada a este rincón, aguarda con impaciencia que alguien la libere.

Está esperando en este sitio marcado en la fotografía.

Con su traje largo de color púrpura y negro y con el cabello castaño llora todavía la insolencia con que fue sacudida el día de su muerte.

La violencia con la que aconteció su muerte la dejó atada para siempre a este lugar maldito.

Su tez blanquecina destaca bajo el ala del sombrero que lleva sobre su cabeza.

La envuelven extrañas energías negativas.

Todos los que pasan por ahí sienten como una parte de sus fuerzas se desfallece, pero es tan poquita energía la que roba cada día a los visitantes que nadie le presta atención.

En ese mismo lugar hay sombras que aún yacen colgadas de las ramas del árbol que algún día estuvo allí.

El viento balancea los cuerpos de los ahorcados mientras las horas trascurren sin prisa y con cierta dejadez.

Uno de esos cuerpos llama la atención.

Es un chico joven moreno vestido de blanco que acabó sus días ahorcándose para acallar los dolores de su sufrimiento amoroso.

El resto de cuerpos pertenece a personas que murieron violentamente bajo las maliciosas manos de aquellos que les deseaban el mal.

La mirada del chico de blanco es triste y a la vez orgullosa.

Es difícil lucir con orgullo su condición sexual en una época en la que estaba mal visto y penado.

Sufre de amor no correspondido de otro hombre.





martes, 18 de octubre de 2016

La niña que tocó a un fantasma en la cabeza


Este es el testimonio curiosísimo de una de las personas que asistieron a una de las Rutas del Miedo y que con todo el cariño y afecto del mundo nos contó al grupo y dio su permiso para que lo publicara en el Blog:

Pues yo tendría por los seis años.

Vivíamos en una casa vieja de San Bartolomé que sabíamos que antes había sido habitada por otras personas que quizás dieron con sus huesos en el suelo de aquel mismo lugar.

Un día, me mandó mi madre llevar algo de ropa a su habitación.

Como yo era una niña pequeña muy asustadiza tuve que hacer un esfuerzo muy grande para vencer mis miedos.

Yo caminaba hacia el interior pensando:

No debo de tener miedo, voy a entrar, si no mamá se reirá de mí y me castigará.

Tenía que atravesar la habitación a oscuras, subirme a la cama y estirar del interruptor de la lámpara al que apenas alcanzaba para que la luz iluminara débilmente la habitación.

Pero me convencí tanto a mí misma de que debía ser valiente que al final decidí entrar a oscuras y no encender la luz.

Pasé por la penumbra al lado de un gran cofre que era el que mamá usaba para guardar la ropa.

Y pegado a este enorme cofre había una pequeña mesita.

Y justo en medio quedaba un hueco vacío.

Pues aquel día yo vi la sombra de alguien agazapado en la penumbra, alguien que permanecía escondido agachado y tapado con lo que me pareció una sábana blanca, la típica figura de los fantasmas de los dibujos animados.

Claro, yo pensé, este es mi hermano que se ha escondido aquí para darme un susto.

Entonces extendí la mano y le toqué la cabeza gritando:

Rober, sal de ahí que sé que eres tú y no me das miedo.

Luego me marché de la habitación y fui a contárselo a mi madre.

Y resulta que mi hermano no estaba en casa en aquel momento.

Cuando caí en aquel pequeño detalle que era lo suficientemente importante para no obviarlo, advertí a mi madre de que en su cuarto había alguien escondido en aquel rincón portándose como un fantasma.

Y yo muerta de miedo porque lo había tocado con mis propias manos.

En mi casa estábamos mi madre y yo solas. Mi hermano se había ido a casa de mi abuela a dormir y aún no había regresado.

¿Imaginación de un niño?, pues puede ser porque yo era pequeña, pero es que lo tengo tan claro en mi memoria, el vernos a las dos, madre e hija entrando a la habitación para buscar aquello que yo había tocado y encontrarnos el hueco completamente vacío.

No vimos a nadie y nunca obtuvimos una respuesta satisfactoria sobre ese asunto.

Lamentablemente, cuando lo de la riada, como era una casa de tierra y barro, hubo que tirarla entera y hacer una vivienda nueva.

Por tanto, la antigua casa, ya no existe como tal.





FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar auténtico terror: 10. La Calle Moreras



TESTIMONIO REAL 18/10/2016

Yo vivía por aquel entonces en la calle que está cercana al famoso arco donde está la virgen de la calle de Arriba. Muy pegadita a la casa de Miguel Hernández.

Esta callejuela estrecha y abatida tiene como nombre CALLE MORERAS. Esa era mi morada.

Una vez, siendo yo niña, me eligieron Reina Infantil del barrio.

Como cada año, me tocó en esa ocasión a mí, el subir al Arco a hacer la Ofrenda a la Virgen.

Recuerdo haber tenido escalofríos aquel día.

El agobio era tan intenso que hasta parecía que alguien te obligaba a marcharte de allí. Incluso se sentía como si sudorosas y blanquecinas manos te empujaban para que te largaras.

Yo pensaba que esta sensación era por el vértigo que me habría dado al ser yo una niña de subir todos esos maltrechos escalones y mirar hacia abajo desde lo alto por el pequeño ventanuco.

Pero hoy día creo que no, que fue otra cosa.

Siento un poco de miedo al contarte esto, pero… me da un poco de vergüenza por lo que puedas pensar de mí, o tus lectores.

Esa no es la única experiencia que he tenido en ese barrio.

En mi propia casa, me ocurrió algo que no he podido olvidar y que me atormenta cada día que paso en este mundo.

Yo tendría por los seis años.

Diariamente, cada mañana, mi madre hacía sus labores, limpiaba la casa por ejemplo y yo me quedaba jugando en la cocina.

Algo me distrajo de repente una de esas apacibles mañanas.

Un ruido extraño en una de las habitaciones de mi hogar llamó mi atención.

Me acerqué con cierto desconcierto y mucha curiosidad de cría pequeña para ver que es lo que había sido.

Con las piernas temblorosas, me acerqué hasta el hueco de las escaleras que me permitía ver aunque fuera solo un poco parte de aquella habitación de donde había partido el sonido.

Mi cuerpo recibió una sacudida.

La impresión fue tan enorme que casi me caí del susto.

Ante mis ojos vi, fui testigo de algo horroroso, una figura, una entidad con una especie de túnica oscura que la cubría completamente.

Mi cuerpo se quedó paralizado. No podía moverme y tampoco sabía que tenía que hacer.

Pero me fijé que aquello, mitad ser mostruoso, mitad ser de pesadilla en mi imaginación, se movía deslizándose, sin caminar, en dirección al cuarto de baño.

Cuando la perdí de vista, recobré un poco la movilidad de mi cuerpo y acudí a toda prisa a contárselo a mi madre.

Le pregunté a mamá si era que había venido la abuelita.

Mi madre no respondió y su rostro comenzó a mostrar signos de una evidente preocupación, pues había ciertos rumores de ladrones que se sabía habían entrado ya en algunas casas.

Subió arriba y lo revisó todo. Por supuesto, no encontró a nada ni a nadie allí escondido.

Yo, mientras, permanecía en el piso de abajo esperando que mi madre, terminara la búsqueda y me diera una explicación de quien era la señora que yo había visto.

Empecé a escuchar los pasos de mamá bajando por las escaleras y cuando llegó a mi altura, le conté que lo último que había visto era que esa figura negra se metía dentro del cuarto de baño.

Volvimos a subir, esta vez las dos juntas agarradas de la mano, como si eso hubiese servido de algo, para echar un vistazo.

Nada, la ventana que daba al patio estaba cerrada. Si alguien hubiese entrado allí era imposible que hubiese escapado por la ventana.

Me sentí como una tonta contando embustes a mi mamá. 

Pero juro que yo lo había visto, no me lo había imaginado.

Poco tiempo tiempo después, cambiamos de vivienda.

Ahora, ya no vivo en Orihuela pero me quedan muchas dudas de qué fue lo que yo vi aquel día en mi propia casa.

Me encantaría volver y preguntar a los vecinos que ahora viven allí si han tenido alguna vez una experiencia como la que yo tuve.

Yo creo que me llevaré a mi tumba la duda, el secreto de que en una ocasión fui testigo de lo imposible.