Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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miércoles, 23 de noviembre de 2016

El Toreador del Ring que murió en Orihuela


Un hombre de aspecto descuidado, perdido en sus cavilaciones, permanecía imperturbable en el interior del geriátrico de Orihuela.

Exuperancio Galiana Díaz se llamaba.

Originario de Quintanar de la Orden donde nació en el año 1931, marchó siendo un adolescente a Mataró.

Durante un combate de boxeo, como público por primera vez, se sintió tan molesto que tuvo que apartar los ojos.

Poco sabía él de que su destino iba a estar ligado para siempre con este arte.

En 1950, se apuntó para participar en los Campeonatos de Cataluña de Boxeo amateur en la categoría de los pesos pluma.

En 1954 se hizo con el Campeonato de España en esa misma disciplina pero ya como profesional.

Animado por sus victorias y trofeos decide subir de categoría y compite a partir de ese momento en peso ligero, consiguiendo una nueva victoria como Campeón de España después de derrotar al famoso Ángel García.

En 1955 viaja a París en donde logra proclamarse Campeón de Europa enfrentándose tanto a boxeadores como a los jueces que ya por aquel entonces mostraban su rencor a los deportistas españoles.

Algunos críticos decentes de la capital francesa empezaron a denominar a nuestro boxeador como el “Toreador del Ring” al lucir en los combates una técnica elegante y depurada con la que conseguía deshacerse de sus rivales con facilidad. Su domino sobre los pasos laterales y las fintas era elogiable dejando en evidencia a sus contrincantes que caían repetidamente en sus propios embistes al vacío.

Fue un héroe, un ídolo de masas que atraía a cientos de seguidores que en pocas horas agotaban las entradas de este boxeador que si fuéramos justos podríamos considerar como el mejor del mundo.

Exuperancio Galiana Díaz se retiró con 154 victorias (90 por K.O.), 22 derrotas (5 por K.O.) y 13 combates nulos, y habiendo conquistado el Título de Campeón de España y Campeón de Europa.

Su muerte se produjo alrededor de las 17.00 horas en una residencia geriátrica de la localidad alicantina de Orihuela, en la que vivió los últimos años debido a la enfermedad de Alzheimer que padecía.

Acabó sus días, a los 74 años por culpa de una neumonía, en Orihuela. Casi nadie le recordaba ya. Ni siquiera él, borrada su memoria por el Alzheimer.

Y esto casi nadie lo sabía.

domingo, 4 de septiembre de 2016

El cadáver flotante del río Segura


Sábado 1 de noviembre de 1902
Caminaban los oriolanos junto al río cuando alguien divisó un pequeño bulto flotando en sus aguas.

Con la vista echada al frente acudieron algunos curiosos a intentar divisar qué era eso que era arrastrado por el caudal del Segura.

Al llegar el curioso objeto a la altura de donde se encontraban los observadores, ninguno quiso dar crédito a lo que allí pudieron contemplar con más detenimiento.

El bulto resultó ser el cadáver de un niño recién nacido que alguien, algún vándalo asesino se había atrevido a arrojar al río con el fin de acabar con su vida. O peor todavía, habría nacido muerto y arrojado a las aguas en vez de haber recibido cristiana sepultura.




FUENTE:
LUZ DE LA COMARCA, Sábado 1 de Noviembre de 1902.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Orihuela misteriosa: El crimen del Molino del Riacho


Eran las 8:30 de la noche del domingo del día 3 de noviembre de 1902 cuando la noticia saltó a la palestra.

En el “Riacho” que hay junto al Molino del Sr. Manzanares han encontrado un cuerpo, Se trata del cadáver de un hombre que ha sido asesinado a puñaladas.

En la mismísima puerta del molino, y junto a un carro, los primeros que acudieron al lugar para verificar si eran ciertos los rumores, se encontraron con el cadáver de un hombre tendido sobre el suelo boca abajo y un gran charco de sangre.

Entre esta avanzadilla iba el guardia municipal Agustín Gómez que dejó el cuerpo a la custodia de Carmelo Abad hasta que llegase el juzgado.



Fueron detenidos cuatro sospechosos, entre los cuales se encontraba uno con la gorra manchada de sangre: Antonio del Amor Álvarez, Antonio Trigueros López, Miguel Reyes Alonso y Juan Ferrer Pujot a los que se les llevó inmediatemente a la cárcel.

Se identificó a la víctima como Fulgencio Vegara Florentino, casado y habitante de la Parada de Molina.

Su cuerpo ya frío había recibido siete puñaladas.

Todo quedó en manos del Juez Sr. Sagaceta.


jueves, 1 de septiembre de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar auténtico terror: 7. El Chapitel de la Senda de Cascante



Cada día aparece en los diarios locales un suceso que nos pone la carne de gallina.

Nuestro cuerpo y nuestra mente se han acostumbrado al exceso de información y ya no damos importancia a las noticias que nos bombardean constantemente y que pasan desapercibidas a lo largo de nuestras vidas.

Y resulta que a lo mejor, y digo solo a lo mejor, muy cerca de nuestras casas ha ocurrido alguna desdicha que desconocemos por completo.



Así, hace poco estuve visitando un lugar bastante tétrico y lleno de oscuridad. Una casa abandonada muy próxima a la zona de Los Andenes que les aseguro a las 11 de la noche da mucho miedo.

Intenté hacer fotos con el Smartphone pero a oscuras es realmente difícil conseguir una buena imagen.


El caso es que tuve que acudir unos días después para realizar nuevas fotos con un poquito más de luz a una hora más temprana.

En las dos ocasiones en las que he ido a visitar este lugar tan curioso, he ido acompañado de otra persona que a veces interviene en mis investigaciones.

Lo realmente excepcional es que en la primera visita, mi acompañante no paraba de decir que escuchaba la voz de un niño.

Yo, como estaba ofuscado con conseguir la foto perfecta, no pude fijarme bien en ese detalle.

En alguna ocasión, pequeñas luminosidades surgían del interior del piso de arriba, que es inaccesible pues la escalera de acceso está destruida.


Y eso si lo puede observar, aunque no le di mucha importancia.

En la segunda ocasión que acudí al sitio, me tropecé con un vecino que estaba paseando al perro y que quiso acompañarme.

Por supuesto, no le conté nada de lo que estaba haciendo ni lo que en días anteriores había sido testigo otro investigador.

Así que empecé con mi manía de sacarle fotos a todo, mientras escuchaba a mi vecino decirme que había visto a un niño en el piso de arriba.

Ya mosqueado en esta ocasión, me introduje con cuidado en el interior del inmueble y me puse a indagar para comprobar si había alguien en su interior.


Nada, ni un respiro, ni un sonido, ni un alma.

Comprobé la escalera de subida pero estaba destrozada.

Cuando salí de allí el otro me interrogó por las voces de un niño que decía había seguido escuchado.

Seguramente es psicológico y mi acompañante que curiosamente no cree en nada de índole paranormal, lo sé porque es mi vecino y lo conozco, creyó escuchar la voz de un niño que parecía jugar y reírse en aquel lugar inhóspito y abandonado.

Un día después, me puse a investigar en los periódicos antiguos, por si había sucedido algún suceso trágico por la zona.

Y esto es lo que encontré en el diario local EL ECO DE ORIHUELA del 4 de Mayo de 1910:

Un adolescente de catorce años, había perdido la vida, apareciendo su cadáver en la acequia que aún puede verse en la misma puerta de la casa.


Cuentan, como anécdota curiosa de este lugar, que sirvió también como morada temporal del famoso Antonio Pujazón Samos, aquel con pistola en mano que apuntó a la cabeza del bárbaro que quería destruir la imagen del Cristo de la Agonía de Salzillo que se encontraba escondido en la Iglesia del Convento de San Francisco.

Dicho bárbaro, después de haber destruido varias tallas del maestro, se las había arreglado para atar una cuerda al Cristo que se encontraba en el altar y tiraba de ella con fuerza en el instante en el que Pujazón hizo acto de presencia.

Como no le hicieron caso en un principio, no tuvo más remedio que sacar su arma y apuntar con ella al salvaje para ordenarle que dejara lo que estaba haciendo.

Lo triste de esta historia (según algunas versiones) es que poco después, en 1939, Antonio Pujazón fue acusado por un tribunal militar de destrucción de imágenes religiosas y fue conducido a los muros del cementerio de Orihuela en dende fue fusilado.



INFORME DE INVESTIGACIÓN PARAPSICOLÓGICA EN EL SITIO:


IMPORTANTE:Por favor. Todos los lugares que aparecen en mi Blog son muy peligrosos. Están en ruinas y a punto de desplomarse o tienen un acceso con mucho peligro. No quiero que nadie se acerque nunca a uno de ellos. Podéis ver las fotos que acompañan cada entrada. Y si algún día pasáis junto alguno de los sitios mentados, miradlo de lejos. POR VUESTRA SEGURIDAD.


El "Chalet" en sus mejores tiempos


lunes, 16 de mayo de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar auténtico terror: 4. La Plaza Nueva


Por la rueda o por la horca, por degüello o por hoguera, la ejecución se desarrolla como una auténtica interpretación dramática, donde el patíbulo es el escenario, el verdugo y el condenado los dos actores principales y los mirones en turbamulta los espectadores.
Francisco de Quevedo



      - ¿Has pedido a Dios que perdone tus pecados?

El preso permanecía cabizbajo ante las preguntas que de forma amable le hacía el hermano de la Cofradía del Santísimo Sacramento encargado de velar por su espíritu.

Con los ojos llorosos sentía en su interior una rabia que no podía controlar.

El mayordomo de la cofradía posó su mano derecha sobre el hombro del reo Pedro Miñana.

A su lado, el otro condenado, Miguel Gash emitió una sonora carcajada.

      - ¿Creéis que podéis darnos consuelo con vuestras inútiles palabras? ¡Más valdría que os marchaseis a rezar al convento y dejarnos en paz en nuestros últimos momentos!

El encargado por el prior de dar consuelo espiritual a los dos que estaban a punto de ser ajusticiados ya tenía cierta experiencia y sabía que las injurias y los insultos irían a más.

      - Os he traído vuestro puchero de gallina como os prometí, podéis alimentaros con esto y luego si deseáis alguna otra cosa os podría proporcionar alguna golosina como chocolate o algún bizcocho.

      - ¡Guárdate tus regalos para aquellos que lo necesiten! ¡No moriré humillado por vuestros gestos ni por los de aquellos que cobardemente os mandan venir hasta aquí sin dar ellos mismos la cara!

Aquel gritó llegó a atravesar las gruesas paredes de su prisión y el mayordomo empezó a sentirse un tanto molesto. Aún así siguió con su actitud benevolente y les ofreció un sorbo de una bebida que habían preparado para ellos conocida como Cordial.

Pedro se levantó del suelo y con grandes zancadas llegó hasta donde estaba situado el cofrade arrebatándole de las manos la bebida.

De un trago se hizo cargo de ella dejando sin nada a su compañero de penurias.

Aquello pilló de improviso a Miguel y entonces centró toda su ira y sus ataques contra el otro reo que tan injustamente había actuado.

Aquel gesto del cofrade significaba que la sentencia había sido dictada y que por tanto se encontraban verdaderamente en sus últimos momentos.

El verdugo ya había llegado a Orihuela y la sentencia debía de cumplirse antes de que el sol se ocultase en el pequeño teatro de madera que habían montado en la Plaza Nueva.

      - ¡Poneos estas túnicas! Pues es preciso que salgáis con ellas.

El cofrade les ofreció algo que parecían dos túnicas de bayeta negras y junto a ellas algo que recordaba sendas mortajas. Era el 22 de mayo de 1720.

Fueron conducidos hacia el cadalso mientras la gente chillaba, les insultaba o les escupía en la cara.

Las maderas del escenario parecían robustas, perfectamente pensadas para aquel acto teatral, el último de sus vidas en donde los actores interpretarían por última vez ante un público que chillaba y permanecía atento ante lo que aconteciera.

Uno por uno fueron ajusticiados los dos condenados. Alrededor de sus cuerpos se colocaron cuatro manuales encendidos que luego se llevarían a la Capilla de Loreto en donde enterrarían sus cadáveres.

Ni una palabra más habían pronunciado los ajusticiados. Toda la valentía que anteriormente proyectaba Miguel Gash había desaparecido de repente enmudeciendo mientras se dirigía hacia su muerte.

Así que todo había transcurrido sin novedad y la gente ya empezaba a marcharse de allí comentando lo bueno y lo malo del acto.

Pero las almas atormentadas de aquellos hombres quedaron con una mancha oscura que no pudieron limpiar. Sus espíritus, junto con los de otros ajusticiados,  aún yacen adheridos al lugar que antaño sirvió como escenario de ahorcamientos y también de corridas de toros.



DOCUMENTACIÓN EXTRAIDA DE LOS TRABAJOS DEL CRONISTA DE ORIHUELA D. ANTONIO GALIANO

Los reos eran llevados a la Capilla y alimentados por la Cofradía del Santísimo Sacramento de la Catedral y Los Hermanos de la Escuela de Cristo.

Eran guardados unos días y luego llevados a la Plaza Nueva para su ahorcamiento.

El alimento que se daba a los condenados consistía en un puchero de gallina y si el reo pedía algún extra de necesidad se le proporcionaba chocolate, bizcochos o alguna cosa especial que solicitaran.

Antes de morir los pasos que se daban eran la compañía constante en la cárcel de un mayordomo perteneciente a dicha cofradía que trataba de dar consuelo espiritual al reo y si fuera necesario proporcionar una bebida conocida como Cordiales que era una bebida tonificante que fortalecía el corazón para que su espíritu no decayera y no dejar en evidencia que el sujeto estaba desfallecido y por tanto hacía que la ejecución tuviese menos interés entre los espectadores.

El cordial se le proporcionaba o bien en el momento que se le comunicaba la sentencia, bien de camino al patíbulo, bien en otro momento que la necesidad lo requiriera.

Una vez que se conocía la llegada a la ciudad del encargado de realizar la ejecución (el verdugo) el gobernador oficiaba al prior de la Cofradía para que dispusiese todo lo necesario.

Se llevaba a la cárcel una cama del hospital con un colchón, mantas, almohadas y sábanas dejando así la habitación lista como capilla.

Se ordenaba confeccionar una túnica de bayeta negra y unas balonas para el reo que se le ponía por el verdugo justo antes de salir hacia el cumplimiento de la condena y que al final les sirviera como mortaja.

El prior, durante los días que duraba la capilla, se encargaba de atender al sentenciado y se mandaban a 4 o 6 caballeros a recoger limosna en beneficio del reo para pagar el traslado de la cama, la confección de la túnica, la celebración de misas y el pago al verdugo.

El lugar en donde se colocaba el pequeño teatro portátil era la Plaza Nueva.

Cuando el reo ya no respiraba, se colocaban junto a él cuatro manuales encendidos a cada lado del cadáver que con posterioridad se trasladaban a la Capilla de Loreto.

El cuerpo del muerto se soterraba en uno de los dos sepulcros disponibles en el atrio de la Capilla de Loreto destinados a todo aquel que había muerto por una desgracia.

Por manuscritos documentales sabemos de esta ejecución producida el 22 mayo de 1720. Los reos ejecutados se llamaban Pedro Miñana y Miguel Gash.

FUENTE:
http://www.laverdad.es/alicante/v/20130125/orihuela/horca-ellos-20130125.html

domingo, 4 de octubre de 2015

Orihuela curiosa: La preocupación de los oriolanos por los ahogados en el río Segura


La Gaceta de Madrid de 19 de abril de 1791 relata la generosa iniciativa tomada
en Orihuela por el canónigo lectoral Dr. D. Marcelo Miravete. 

Este sacerdote, compadecido de los numerosos infelices que caían en el río Segura en que perecían sin recibir un eficaz auxilio para recobrar sus sentidos, decidió usar parte de sus rentas en formar una Junta para socorrer a los ahogados en el Segura, en las acequias y pozos inmediatos, como también a los sofocados, a los acometidos de muerte repentina y demás asfícticos. 

Se componía la Junta de un cirujano director, dos médicos, dos ayudantes y un sustituto que tenían a sus órdenes dos nadadores para sacar del agua a los ahogados y tres «convocadores» conductores que daban inmediato aviso de la desgracia ocurrida y llevaban a los pacientes al paraje señalado para la administración de socorros. Todos ellos gozaban de un estipendio fijo y de gratificaciones complementarias eventuales, según los casos. Todo venía costeado a expensas del benéfico clérigo así como la Instrucción impresa que había compuesto para prevenir los lances que podían ocurrir, el modo de operar y las obligaciones de la Junta. 

Además, había encargado en Cádiz una excelente máquina fumigatoria con todos sus
instrumentos y accesorios (cigarros habanos, aguardiente y álkali volátil) que cedería
al Ayuntamiento después de su muerte. 

El Ayuntamiento aceptó con gratitud la manda, alabando la humanidad que manifestaba el canónigo con sus conciudadanos.

Y el Rey, enterado de todo por su Secretario de Estado, conde de Floridablanca, se sirvió
expresar al Dr. Miravete, lo grato que le había sido su rasgo de patriotismo.


Así es como se debía de proceder:

Se sacaba al ahogado del agua y se llevaba en posición de lado derecho con la cabeza levantada a un lugar en donde había abundancia de aire libre y puro.

Sin perder el tiempo, se le quitaba la ropa y se posaba el cuerpo en una cama a la que previamente se la había calentado de manera moderada.

Se le aplicaba por la nariz un producto conocido como álcali volátil por medio de una pluma o un papel torcido.

En la boca echaban también 4 o 5 gotas mientras tapaban el otro orificio de la nariz.

Y después con una máquina especial de la época, introducían humo en los intestinos con mucho cuidado de no producir la inflación del vientre.


Y de esta forma se aseguraban de su salvación.

Orihuela curiosa: La resurrección de los "muertos"


Tanto la calle de la Acequia como la calle del Río, fueron famosas en Orihuela por compartir hechos similares que hoy llaman poderosamente la atención.

En ambas calles, habitaron en el siglo XX personas que sufrieron de una enfermedad conocida como catalepsia.

Se trata de un estado biológico en el cual la persona yace inmóvil, en aparente muerte y sin signos vitales, cuando en realidad se encuentra viva en un estado que podría ser consciente o inconsciente.

Desde los albores de la Edad Media, el temor a ser enterrado vivo obsesionó la conciencia de muchos países europeos. 

Antiguamente y todavía en el siglo XVIII no muy lejano, no se diferenciaba la
muerte verdadera del coma profundo o de los estados letárgicos provocados por una
multiplicidad de causas generalmente accidentales (síncope, desmayo, apoplejía,
afectos soporosos, alferecía, catalepsia, insulto convulsivo o histérico, éxtasis morbo-
so, vehemente pasión de ánimo como pavor, fuerte ira, pesadumbre o excesiva delec-
tación venérea). Si, como en varios países y en España entre ellos, se practicaba la
inhumación en un plazo breve, existía el peligro de ser enterrado vivo. Y efectiva-
mente, ocurría con bastante frecuencia aquella horrible desgracia. Unos de estos
«muertos vivos» golpeaban con desesperación las paredes del ataúd antes de sucumbir por falta de aire. Otros tenían a veces la suerte inaudita de que alguien oyese sus
gritos y su vuelta a la vida se consideraba como auténtico milagro. El temor de ser
enterrados vivos era tan fuerte que en Inglaterra ciertas personas exigían llevar atado
al dedo un cascabel o una campanita para eventualmente manifestarse desde su fére-
tro. En Alemania, era costumbre destapar en el cementerio el ataúd antes de proceder
a la sepultura.
Resultaría imposible hacer el recuento de aquellos desgraciados condenados a la
podredumbre que lograron in extremis salvar su vida, o que durante la autopsia que
se les hizo, reaccionaron al primer corte de bisturí.

Así no es de extrañar que tanto Manolico “El Marullo” de la calle la Acequia como Mercedes la Trapera de la calle del Río fueran dados por muertos y preparados sus entierros.

Cuando ya estaban los cuerpos amortajados, abrieron los ojos recobrando la vitalidad y dieron un susto de muerte a los visitantes que se habían acercado a dar el pésame a las respectivas familias.

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sábado, 3 de octubre de 2015

Orihuela misteriosa: El crimen de "La Loma"


La Loma, partida rural de “Los Pinos”. Almoradí.

Durante la triste noche del 5 de mayo de 1925, el niño hombre dormía, sin familia, sin lugar a donde ir al haber sido abandonado por su padre al enviudar y que había partido hacia Albacete, el niño huérfano Jesús Paredes de 9 años que desde febrero ayudaba en las labores del campo para pagarse un cobijo y un sustento.

A eso de las11 de la noche, Ramón Jiménez de 23 años, entró en la pajera sigilosamente y con una soga estranguló al niño hasta matarlo.

Después, escondió el cadáver en un capazo y lo tiró al pozo de la finca.

En la madrugada, el dueño de las tierras, D. Manuel Antolinos notó que los animales de las caballerizas andaban revueltos y a viva voz llamó a sus obreros.

Entonces, cargado de una furia fuera de lo normal, se dirigió al cuarto de los mozos para reprenderlos creyéndoles dormidos ya que Ramón, fiel trabajador de la finca desde hacía varios años nunca le había fallado.

Al llegar se percató de que el lugar se encontraba vacío.

Esperó hasta la mañana para dar parte a la Guardia Civil al sospechar que algo raro había ocurrido.

Una pareja de la benemérita llegó hasta la casa de la familia del Ramón en Benijófar y preguntaron a su madre por el muchacho.

La madre se encontraba muy descolocada y la voz le temblaba y eso les hizo sospechar.

Iniciado un registro exhaustivo de la vivienda consiguieron dar con Ramón escondido tras unos sacos con un susto en el cuerpo como si hubiese visto al mismísimo diablo.

- No me peguéis, que yo confesaré. –

Y así es como relató todo lo que había sucedido aquella noche.

Los guardias lo obligaron a que les escoltara al lugar en donde había escondido el cuerpo.

Un pozo de cuarenta metros de profundidad había sido el testigo mudo del “Crimen de la Loma”

Cuando finalmente consiguieron acceder al fondo del pozo, sacaron de este el cuerpo de un niño con una soga atada al cuello.

En seguida corrió la voz y unos vecinos de las cercanías que se encontraban indignados intentaron un linchamiento que fue esquivado hábilmente por los guardias que con presteza introdujeron al sospechoso en el coche y lo llevaron a la cárcel de Dolores.

También allí hubo que evitar intentos de linchamiento.

Las malas lenguas decían que desde que el niño había empezado a trabajar en la Loma, Ramón le había cogido odio al sentirse desplazado.

La juventud, la inocencia y las ganas de trabajar del niño dejaban constantemente mal a Ramón que no dudaba en darle quejas al patrón ante la mínima circunstancia.

Incluso hubo una ocasión en que D. Manuel había amenazado a Ramón con despedirlo si seguía acosando al niño.

Los celos habían ido en aumento hasta que llegó la fatídica noche del crimen.

El 15 de diciembre de 1926 empezaba en la Audiencia de Alicante la vista de la causa que atrajo tanto a curiosos como a profesionales que se habían sentido cautivados por las características psicológicas del caso magnificadas por la opinión púiblica.

El procesado, al contestar las preguntas del fiscal de manera hosca e impulsiva hizo declaraciones que sorprendieron a todo el mundo.

Según él, el verdadero asesino del niño había sido su Patrón y que el se había declarado culpable tan sólo como un favor personal que respondía a las súplicas de la mujer de D. Antolinos que le había prometido su consiguiente libertad por medio de sus influencias y riqueza.

El abogado del acusado intentó por todos los medios que el juicio se suspendiera hasta que se recabara la información suplementaria necesaria pero el Tribunal no accedió.

Se produjo entonces un careo entre el procesado y Manuel Antolinos en donde uno acusaba al otro y este último lo negaba todo.

Los peritos médicos propuestos por la defensa presentaron al acusado como un retrasado sin culturizar.

Manifestaron que no habían podido realizarle más pruebas al detectar en él una demencia ilusoria que aun siendo consciente de sus actos y conociendo el mal que podía causar, no era capaz de medir su alcance moral.

El fiscal, se cerró al argumento de que “era imposible estimar circunstancia atenuante alguna, pues se trataba de un perverso que cometió un delito por envidia a un niño del que temió una supremacía en la casa donde prestaban sus servicios, al igual que lo pudiera hacer un hombre cuaternario disputándose la presa con un semejante”.

Y la defensa, alegando que se trataba de un hombre sin la capacidad moral de evaluar sus acciones pedía su inmediato ingreso en un centro para enfermos mentales.”Impidiendo de éste modo la convivencia social a un ser en alto grado peligroso.”

Al final, Ramón Jiménez fue declarado culpable de todos los cargos y condenado a Cadena Perpetua.


CRÍMENES DE ORIHUELA


viernes, 9 de marzo de 2012

FICCIÓN: Hecho Sobrenatural en el Cementerio de Orihuela




Esto es un testimonio de una persona de mi ciudad de Orihuela de la que no puedo decir su nombre.

Ya que se trata de una figura pública que no quiere que se la relacione con historias de duendes y fantasmas como suele decir él.

Es un relato tan extraño que hasta él mismo duda de si realmente lo vivió personalmente o no es más que una mala jugada de su memoria que quiere asignarle recuerdos de cosas que jamás han sucedido.

Bien, lo que dice mi anónimo personaje es lo siguiente:





Era un día de Santos, de esos que los vivos solemos dedicar al cabo del año para visitar a los que ya no están con nosotros.

Yo esperaba a mi mujer dentro del coche y con el motor en marcha.

No recuerdo la hora pero sí que era temprano. Soy una persona madrugadora que me gusta dejar todas las cosas importantes de mi vida hechas lo antes posible.

Mi mujer depositó las flores en la parte de atrás del coche para que no sufrieran ningún desperfecto.

Nada más cerrarse la puerta nos dirigimos hacia el cementerio de Orihuela.

Este es un viaje que no me agrada de forma alguna.

Desde muy jovencito le tengo pánico a los cementerios.

Mientras conducía, mi mujer no paraba de comentarme cosas.

Primero pondríamos las flores sobre la tumba de mi madre que era la persona a la que más quería y luego sobre la que se encuentra a su lado que es la de mi padre.

Yo soy ya una persona mayor y lamentablemente no me quedan muchos familiares.

En vez de eso me queda la alegría de ver como mis hijos han crecido y tienen sus propias familias.




Soy abuelo de 4 preciosos nietos. 3 Chicos y 1 chica.

Algunos de mis nietos ya tienen incluso novia.

Bueno, no quiero extenderme sobre mi persona, lo único que importa ahora es el relato que os estaba contando.

Así que sigo.

Cuando llegamos a la puerta del camposanto, dejamos el coche aparcado y nos metimos hacia el interior.

Había algunas personas más que como nosotros habían llegado a primera hora.

Por el rabillo del ojo, vi algo que enseguida me llamó la atención.

En un pequeño rincón alejado de la Mano de Dios, había lo que parecía una mesa de madera vieja.

Un muchacho que vestía con ropa muy gastada y con aspecto de necesitar un lavado estaba situado frente a la mesa.


Desde mi posición no podía verle la cara con claridad.

Sobre la mesa creía ver libros o más bien diría que eran cómics.

En seguida me llamó la atención el que un niño se encontrara en el cementerio vendiendo su mercancía.

O por lo menos resultaba un tanto curioso.

Seguí con mi tarea dejando escapar de vez en cuando una mirada furtiva hacia el lugar en donde había localizado a tal muchacho.

Pero como me encontraba concentrado en llegar hasta el lugar en donde los restos de mis seres queridos buscaban descanso, no quise darle más importancia.

A nuestro alrededor, otras familias realizaban cometidos similares a los nuestros.

Algunos rezaban y otros se limitaban a colocar las flores junto a las tumbas.

Mi mujer me dijo algo en voz baja y al acercarme más a ella para pedirle que me repitiera lo que había dicho, me tropecé otra vez con la vista de aquel extraño muchacho que cada vez me daba más mala espina.




No pude controlar mi impulso.

Ya que algo dentro de mí me obligó a dirigirme hacia aquel lugar.

Mi mujer se quedó a media palabra.

Y yo con paso decidido y firme me dirigí hacia allí.

Al llegar a la altura de la mesa de madera miré al muchacho más de cerca y algo en él me produjo un escalofrío.

Me costó un poco poder articular las palabras de la pregunta que me atreví a formularle.

Sin embargo, el muchacho quedó mudo.

No se molestó en contestarme.

Su mirada estaba como vacía.

En esa situación tan violenta en la que me vi, me entretuve mirando lo que me había parecido revistas o libros.

Y realmente descubrí que se trataba de cómics.

Pero aquello no eran cómics de esta época.

Todos los nombres que leía eran de personajes de ficción que cuando yo era pequeño había pododo disfrutar.

El Aguilucho, el Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín…

Aquello me pareció mucho más raro todavía.

Y aún así, en plena situación, había algo en el muchacho que me resultaba familiar y no sabría decir el qué.

El niño movió una de sus pequeñas manos y cogió uno de los Tebeos que se caían a pedazos de viejos y me lo puso ante las narices.







Yo le tendí la mano y cogí lo que aquel se dignó a ofrecerme.

En ese mismo momento, una voz a mi lado me sacó de aquella situación tan embarazosa.

Al mirar hacia la derecha vi que se trataba de mi esposa que había venido a buscarme.

Me recriminó que no la hubiese escuchado antes y me preguntó sobre lo que hacía yo sólo en aquel lugar apartado y haciendo gestos en el aire como si estuviese hablando con alguien.

Yo le hablé del muchacho y cuando me volví para enseñarle a lo que me refería me llevé un susto de espanto al constatar que allí no había nadie.

Mi mujer me preguntó si me sentía bien. Que allí no había habido nadie en todo el rato que llevábamos en el cementerio.

Me sentí de lo más confuso y ya iba a darle la razón cuando sentí que en mi mano derecha llevaba agarrado algo.

Entonces tuve una pequeña revelación.

Aquel era el cómic que mi hermano de pequeño me había escondido y que nunca había podido recuperar.

Era el mismo número y la marca oscura que había en la esquina derecha en forma de letra “F” seguía intacta allí como si los años no hubiesen trascurrido en la publicación.

Y aquel niño…

Eran los ojos de mi hermano el que había fallecido pocos años después.

Sentí de golpe ganas de llorar, de darme la vuelta y salir corriendo.

Y eso es lo que pasó.

Con el tiempo he aprendido a pensar que este hecho no fue más que una ilusión.

Si no fuera por el cómic que conservo todavía y que a los pocos días del suceso hice que me lo plastificaran.





No soy una persona que crea en fantasmas ni cosas semejantes pero esto hecho me cambió la vida.





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