Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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sábado, 29 de abril de 2017

El cadáver del cuarto de contadores de Torrevieja


Leer en la prensa o escuchar las noticias por la radio y la televisión de que se ha descubierto un crimen horrible es algo que nos pone bastante tensos.

Pero lo que realmente nos da criba es conocer que ese vecino al que habitualmente saludamos cuando nos tropezamos con él en la escalera de nuestro edificio o subimos con él en el ascensor, precisamente él, al que hace pocos días le habíamos incluso chocado la mano, es realmente un despiadado criminal que ha matado a su mujer y la tiene emparedada en el sótano.

Pues bien, esto es lo que les pasó a unas personas que como no sería de otra forma forman parte ya del grueso grupo de atrevidos que han participado conmigo en la Ruta del Miedo.

Así que sé de primera mano lo que sintieron porque me lo han contado.

Es demasiado impresionable escuchar el testimonio de un niño que lo vivió en primera persona, que recordaba la cálida mano del asesino sobre su cabeza cuando este con disimulo la hacía gestos de cariño para aparentar normalidad.

Los hechos ocurrieron como relato a continuación.

Una pareja chilena que llevaba viviendo en Torrevieja 15 años compartían piso en una conocida calle de la ciudad costera.

Johana Bertina Palma y su esposo John Charlie L.T. de 37 años vivían con normalidad en un inmueble del nº 41 de la calle Ramón y Cajal.



Un día, el 13 de junio del 2016 la chica de 32 años desapareció.

Por supuesto que los vecinos la echaron en falta pero siguieron con sus vidas con el interrogante de qué le habría pasado a la chica.

Dos meses habían pasado desde su desaparición y ningún avance se había logrado ante las denuncias por parte de familiares y amigos íntimos.

Curiosamente, lo único que relacionaba el caso con la vida de los allí restantes vecinos fueron unas quejas de que olía bastante fuerte a productos químicos y ambientadores. Tanto que a veces era insoportable. Además del abultado número de moscas que pululaban por allí.

Cuando pasaban junto a la puerta de los contadores, el tufo a insecticida y ambientador era terrible.

Y por supuesto todo tenía su explicación, ya que uno de los “inocentes” vecinos provocaría la sorpresa más grande de sus vidas.

Alarmados por las denuncias constantes de una vecina por el exagerado número de moscas y los fuertes olores, la benemérita se personó en el inmueble e inició una exhaustiva búsqueda para confirmar sus sospechas.

Para ello pidieron la ayuda del vecindario que gustosamente recorrió cada palmo del edificio en busca de la razón de aquellos hechos.

Así llegaron hasta el cuarto de contadores.

Un cuartucho no muy grande, un habitáculo de pequeñas proporciones donde antes se emplazaba la caldera del agua se encontraba tapado con cemento.

Se abrió un agujero en ese improvisado nicho y eureka se encontraron en el interior los restos de la mujer asesinada con algunas de sus extremidades cortadas.

Para la extracción del cuerpo se tuvo que recurrir a la ayuda de los bomberos además del operativo policial estándar.

La policía local de Torrevieja acordonó la zona y la cerró al tráfico.

La comisión judicial ordenó el levantamiento del cadáver antes de las 8 de la tarde para ser llevado al Instituto Anatómico Forense de Alicante para practicarle la autopsia y conocer la causa de la muerte.

En la confesión del autor del crimen se obtuvo la respuesta “conveniente” de que todo había sido un accidente, una muerte fortuita producida por una discusión que acabó en un empujón que hizo que la cabeza de la chica se golpeara accidentalmente contra el muro de la terraza del domicilio resultando muerta.

La pareja tenía dos hijos, una niña de 12 años y un nene de 5 que casualmente se encontraban durmiendo cuando se produjo el mortal accidente.

Con el cadáver fresco durante dos horas estuvo el asesino decidiendo los pasos que tendría que seguir.

Esperó hasta la madrugada para bajarlo al cuarto de contadores y lo dejó allí durante dos días hasta que se le ocurrió la idea de crear un sarcófago artificial.

Introdujo el cuerpo sin vida en el habitáculo y lo tapó con cemento que consiguió de una obra cercana.

Cuando el cadáver fue encontrado estaba en estado de descomposición pero sin síntomas de violencia a la espera de la autopsia.

Indudablemente, el criminal fue puesto a disposición judicial.



Lo que quiero destacar aquí no es el caso en sí que se puede encontrar relatado en la prensa nacional y local con todos sus detalles.

Es más bien lo escandaloso que resulta descubrir el miedo de una familia que creían tener una vida normal y que de repente se encontraron en el centro mismo del huracán.

Una noche en la que la familia dormía sola en sus respectivos dormitorios ya que el padre estaba realizando una guardia correspondiente a su trabajo.

Imagínense la cara de susto que se les quedó cuando todo se destapó.

Una huella que deja marcadas las vidas de todos los integrantes de esa familia que con gusto y a la vez con mucho temor contaron en La Ruta del Miedo, lugar mágico donde sólo esas cosas salen a la luz.


miércoles, 26 de abril de 2017

El Secreto de Torrevieja


Bajo los suelos de la conocida plaza de la Constitución de Torrevieja, un secreto, un pequeño tesoro de la Guerra Civil espera su descubrimiento.

Se trata de una galería de aproximadamente veinte metros de largo y que tiene una capacidad de más de seiscientas personas.

Tiene dos bocas de acceso desde lo que actualmente es la calle Caballero de Rodas y se trata de una de las cinco infraestructuras de defensa pasiva que fueron construidas en la Guerra Civil que se ordenaron a poco de comenzar los bombardeos de las fuerzas franquistas sobre las ciudades del litoral alicantino en noviembre de 1936.

Según indica el cronista oficial de Torrevieja, D. Francisco Sala Aniorte, que asegura que la estructura del refugio se encuentra intacta bajo los bancos y palmeras de la glorieta.
La existencia de esta lugar viene atestiguado por la obra documentada de Carolina Martínez que encontró los planos en el archivo municipal.

Además de este curioso recinto, se tiene constancia de que la Junta de Defensa ordenó construir un refugio de mayor capacidad en el centro de la ciudad, que discurría en galería por las calles Lacy (Chapapietra) y Pi y Margall (Blasco Ibáñez) con una capacidad para mil personas.

Más refugios en las Escuelas Graduadas (Biblioteca Municipal), otro en la Plaza de la Madera, en la calle San Pascual, otro en el barrio de los Molinos y el último en la calle Carreteros (Diego Ramírez).

FUENTE:
Diario INFORMACIÓN. Orihuela, 27 de febrero de 2017 – D. Pamies


miércoles, 20 de julio de 2016

Leyendas de Torrevieja: Pedro el Pirata


En los tiempos en los que en Torrevieja abundaba el contrabando, había un hombre que habiendo sido contrabandista, se sentía muy desgraciado.

Habitaba en la antigua Pía de Oriente, en la parte sin urbanizar que daba al campo, en una barraca en donde vivía solo.

Como los del pueblo eran muy religiosos, se habían propuesto evangelizar a este hombre conocido como Pedro el Pirata del que se decía que era ateo.

Cuentan algunos que un día unos chavales torturaban y maltrataban a un chucho que fue a ir a resguardarse a la barraca de Pedro.
De su boca aparecían espumarajos y su ladrar se hacía incesante. Nadie del pueblo lo quería o lo defendía ya que le tenían miedo y las mujeres salían de sus cosas armadas con escobas para espantar al pobre animal.

Pero como los caminos del señor son inciertos, quiso el destino que el perro fuera a parar ante la puerta del Pirata.

Este, le dio de beber en una jofaina, lo acogió y desde entonces jamás se separaron.

Los días que pasó curando al perro, consiguieron apaciguar su corazón y este fue haciéndose más blando.

En una ocasión que mimaba y alimentaba al perro escuchó una voz que le dijo:

-    ¡Pedro!, tú a él y él a ti. Por amor has sido salvado.

Y escuchó esto por tres veces.

Entonces Pedro respondió:

-         ¡Señor!, Entonces es verdad que existes. ¿Durante cuanto tiempo te he ignorado?

Con el tiempo, el perro murió y los sentimientos religiosos lo impulsaron a enterrarlo en el patio de su casa.

Salió a buscar consuelo y entró en la casa de una anciana que amablemente lo acogió y le dio desahogo.

Entonces descubrió el verdadero amor y se hizo cristiano.

A los pocos días de aquello, una vecina tuvo por desgracia a perder a su niña víctima de la tuberculosis y Pedro acudió al duelo.

En ella contempló a una madre que no cesaba de llorar recordando las últimas palabras de su hija que quería que la enterraran con el ataúd lleno de flores pero al ser Torrevieja una zona en donde no había posibilidad de que estas crecieran no había podido cumplir los últimos deseos de su niñita.

Entonces Pedro se apiadó de la mujer y llamó a los asistentes para que lo acompañaran a su casa prometiéndoles las flores que necesitaban.

Cuando estos llegaron al patio de la barraca se asombraron pues en el lugar donde estaba enterrado el perro había cientos de flores que fueron recogidas y llevadas para enterrar con ella a la niña.

No habían pasado ni unos meses cuando otro vecino del pueblo enfermó y a los pocos días murió.

Sus familiares y amigos quisieron que se repitiera el gesto de las flores pero dudaron de donde conseguirlas ya que para volviera a florecer tendría que haber pasado otra primavera.

Hablaron con Pedro y este les dijo que él no podía hacer nada hasta que transcurriera un año pero que si querían, que pasaran a su jardín para ver si quedaba alguna.

Al entrar al patio se encontraron que este estaba otra vez repleto de flores y otra vez en el lugar en donde yacía el perro.

Y fue entonces cuado pensaron que aquel animalito que parecía enfermo y que todos ahuyentaban por miedo había sido finalmente un regalo de Dios ya que no sólo había salvado el alma de Pedro el Pirata sino que también obraba milagros en beneficio de todo el pueblo.

Así es recordado Pedro el Pirata, como el hombre malvado que se hizo amigo de un perro, que le ablandó el corazón y se hizo bueno ayudando a los del pueblo cuando se necesitaba.






domingo, 17 de julio de 2016

La Leyenda de Torrejón de San Bruno


En una finca conocida con el nombre de Marabú, muy cerca de Torrevieja, existía por aquel entonces un hermoso olivar dentro del cual había una olivera que destacaba de todas los demás pues se decía que bajo sus ramas y pegado al tronco se podía contemplar por las noches un fuego incomprensible.

La gente asustada esperaba los rayos de sol de la mañana para indagar lo que allí sucedía.

Pero uno de la zona que se sentía más valiente se acercó una noche para contemplar de cerca el fenómeno.

Al encontrase cerca del árbol escuchó una voz que le pidió que por favor se construyese allí mismo una ermita.

Se volvió y descubrió con sorpresa a su lado la figura de un hombre que estaba en posición de orar.

Le preguntó a quién debían de dedicar dicho edificio.

Y la voz respondió que a San Bruno pues de él era la voz que estaba escuchando.

Al poco de ocurrir estos hechos apareció bajo la copa del árbol un cuadro con el rostro de San Bruno que alguien había plasmado de la noche del encuentro y con este prodigio y los anteriores se construyó la ermita y bajo su techo se conservó dicho cuadro que nunca nadie fue capaz de averiguar quien o qué lo había pintado.


sábado, 16 de julio de 2016

Leyendas de Torrevieja: La Bruja y el Pescador


Había según me contaron, un pescador de Torrevieja que gozaba de muy buena imaginación.

Pues su juventud le hacía digno de contar fantásticas e increíbles historias.

Un día, se quedó dormido sobre la cubierta de su embarcación y sin darse cuenta le sobrevino la noche.

Al día siguiente, una gaviota lo despertó y este para su asombro descubrió que ya no estaba en la playa donde se había quedado dormido sino que el agua lo había arrastrado y hecho viajar hasta las costas de Marruecos.

Sus ojos advirtieron entonces a una elegante y joven figura femenina de bien parecer caminado por la playa que al llegar a su altura entabló conversación.

La joven le contó entre otras cosas que era dueña de muchas tierras, que hasta un oasis en el desierto poseía.

Prendado de su belleza y olvidando a la esposa que le aguardaba en la otra parte del mar, decidió quedarse durante un tiempo con aquella hermosa señorita.

Hipnotizado por aquellos ojos tiernos, y aquella boca que parecía querer penetrar en su cabeza dejó que pasaran los años, los meses. Realmente no supo el tiempo que había transcurrido.

Un día, la joven, por capricho, quiso volver a la orilla en donde se habían conocido. La barca permanecía allí como el recuerdo de algo que asemejaba a un sueño.

Empezaron otra vez a dialogar y mientras eso ocurría sintieron en sus respectivos cuerpos un sopor que los dominaba. Quedaron finalmente dormidos junto a la barca.

O por lo menos eso es lo que parecía, pues era ella hábil en el arte de simular.

Al despertar, el joven pescador se encontró de nuevo en la orilla de sus tierras y así, aún sumido en el efecto del sueño que se iba disipando, fue a buscar a su esposa y a sus conocidos para contarles que una bruja le había hechizado con su poder maléfico durante tanto tiempo que ya no se acordaba.

Contó el joven que seguramente esta mujer monstruosa habría cambiado de forma, adoptando la de una joven, (ocultó a su esposa lo de bella) con la que lo mantuvo hechizado con extrañas maldiciones pronunciadas en lenguas desconocidas.

Pero que como toda bruja y sus hechizados, habían perdido su poder con el paso de los días y para que él no se diera cuenta, lo entregó otra vez a las fauces de un encantamiento del sueño que lo devolvió a sus tierras.

Y esta es la fantasiosa historia que un pescador joven e imaginativo me contó de sus extrañas andanzas por tierras de Marruecos.



Leyendas de Torrevieja: La Historia de la Tía Roqueta


Roqueta era una mujer alta, casada con el amor de su vida pero no había querido el destino concederle ningún descendiente.

Vivían en el interior de una cueva.

Su marido era de profesión pescador. Todas las noches salía a pescar con su pequeña embarcación.

Ya por la mañana, él regresaba con las manos llenas y ella se marchaba al pueblo que estaba formado por unas pocas barracas a vender la mercancía.

Acudían al mercado unos hombres de La Vega Baja que con sus carros cargaban el género que la Roqueta les traía

Roqueta tenía un don y este era que cantaba como los ángeles en las noches de luna clara tan bien conocidas por los torrevejenses. Todos los que la escuchaban de lejos creían estar escuchando a las sirenas pero entonces su marido les advertía que no eran voces de imaginario sino la dulce voz de su esposa.

A Roqueta le gustaba encender su candil para que sirviera de guía a los pescadores ya que en la noche les valía de faro.

Un día, la desgracia pareció apoderarse de esta región pues el marido de Roqueta no volvió de su incursión por el mar. Resulta que arreció el levante y las aguas del mar se lo tragaron. Y desde aquel día Roqueta cambió su cántico por los llantos a la luz de la luna. Con la esperanza aferrada en su corazón de que el mar le devolviera algún día a su amado esposo.

Y una noche, ya no la escucharon más. Desde aquel día, Roqueta despareció de los ojos de sus vecinos. Nadie sabía donde estaba.

Pasado un tiempo, regresó un pescador de la faena nocturna con un objeto en las redes. Era el candil de La Roqueta. Que seguramente se había internado en el mar con la esperanza de volver a juntarse con su amado.

Y esta es la triste historia que las abuelas de Torrevieja contaban a sus nietos, la historia de La Roqueta que de luz y dulce voz en las noches de pesca, al llanto y después al silencio de la mar que se había tragado a los amantes de Torrevieja.


domingo, 10 de julio de 2016

La Leyenda de Torrevieja: El Cuento de FELIPE II


Aún siendo muy severo el gran rey Felipe II, tenía tiempo de visitar a los necesitados de su reino y repartir entre ellos la limosna que necesitaban,
Por supuesto de incógnito para que sus súbditos no supieran de sus debilidades, se hacía disfrazar de pobre vagabundo que compartía lo poco que tenía con los demás para no levantar sospechas.

Quiso el azar que un día acudiera a pasar por delante de una casa en la que habitaban un matrimonio y sus tres hijos. Siendo el más pequeño de dos meses y que aún no estaba bautizado.

El rey les interrogó sobre el nombre del niño y estos le contestaron que no lo tenía porque aún no se había posado sobre él la mano de Dios.

El monarca sorprendido les preguntó por el motivo.

Y ellos le dijeron que todo era por que el cura del pueblo se había negado a bautizarle. Ya que ellos eran tan pobres que no disponían de ningún bien con el que poder satisfacer las ansias de riqueza de aquel malévolo cura. Y añadieron que el niño tampoco disponía de padrinos por que los que les rodeaban eran tan pobres que tampoco podían permitírselo.

Entonces el rey les dio dinero para poder comprar un traje con el que acristianar al niño y les dijo:

Id mañana a donde el cura que allí hallaréis a vuestros padrinos.

Fueron al día siguiente a bautizar al niño y se encontraron con que la promesa del vagabundo se había cumplido pues tuvieron ante sus ojos a padrino y padrina, que no eran otros que sus majestades disfrazadas.

El cura bautizó al niño y preguntó al padrino cual era su nombre.
Este le respondió que Felipe.

El cura le volvió a preguntar.

¿Y el apellido?

-         Me dicen que “Felipe II”.

Entonces el cura se atrevió a mirar al hombre de frente y lo reconoció.
Acto seguido se deplomó sobre el suelo porque adivinó lo que debía de pasarle ya que conocía de la severidad del rey.