Tenemos aquí una leyenda que comparte rasgos en común con otra vieja historia que se cuenta por tierras andaluzas, sobre una señora de nombre conocido "La Condesa de Castro", protagonizada en la provincia de Jaén, y que viéndose solas las mujeres en la defensa de la fortaleza, no dudaron en vestirse de hombres para engañar a los invasores haciéndoles creer que la ciudadela estaba bien defendida.
Para quien quiera profundizar sobre esta otra historia animo a que se de una paseo por las leyendas y mitos de Andalucía.
En cuanto nos concierne a nosotros, esta es nuestra leyenda:
Era Teodomiro un conde visigodo lugarteniente general del
rey Don Rodrigo.
Fue encargado de repeler a los musulmanes en nombre del rey.
Tras la aplastante victoria obtenida por los moros,
Teodomiro reagrupó a las tropas dispersas visigodas y se replegó hacia el sur
este de la península donde poseía un extenso patrimonio.
Fue allí donde fue proclamado rey.
Sus tierras se extendían por toda la comarca Auriolana y
recibieron el nombre de País de Todmir.
Alb Ál Aziz al frente de las tropas musulmanas propició una
segunda derrota al rey Teodomiro que no tuvo más remedio que huir hacia el
Castillo de Orihuela.
Cuentan las crónicas Musulmanas que viendo el rey que las
gentes que tenía a su cargo no tenían ánimo para defenderse, pues el número de
bajas había sido enorme, y el hambre y el cansancio había causado estragos
entre los hombres, convocó a las mujeres de Oriola para que se vistieran con
los ropajes militares de los hombres y con las armas en mano se dejaran ver en
los muros de la ciudad mezcladas con los pocos soldados que quedaban para poder
optar así a una capitulación lo más honrosa posible.
Teodomiro se hizo pasar por mensajero y acudió a pactar con
los moros en su mismo campamento.
Los moros, sorprendidos al ver nuevas tropas de refresco en
las murallas de Orihuela y desanimados ante la creciente leyenda de que allí
habitaba un guerrero y soldado invencible no tuvieron más remedio que pactar un
tratado ventajoso para Teodomiro.
Lo principal que se había conseguido fue un pacto de no
agresión por parte de los moros.
Una vez que todo quedó firmado, Teodomiro se descubrió y los
moros se sintieron engañados pero no tuvieron más remedio que respetar el pacto
acordado.
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