Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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domingo, 2 de octubre de 2016

Orihuela curiosa: El Pacto de Gabriel Miró con el Diablo



En un ambiente siniestro en el Colegio Santo Domingo, donde reinaba la frialdad y el silencio de los Estudios, el refectorio y el claustro.

Cuyas paredes eran atravesadas constantemente por la esencia espiritual del Padre Fundador del Colegio en forma de fantasmal figura.

Oscurecidas y pesadas torres altas los cubrían con sus aciagas sombras.

Y molestos sueños cargados de calumnia por las noches lo atormentaban.

En este ambiente, se educó Gabriel Miró, el niño enfermo que permanecía casi siempre sus días en el piso de arriba destinado a enfermería, para que le trataran aquellos ataques hipocondríacos de reuma que en su rodilla izquierda padecía.

Era su amigo Bellver, un niño de familia acomodada de origen mallorquín, de tallo alto y palidez descarada. Buenos modales, galán y siempre sonriente.

Tenía su amigo una hermana que rondaba la belleza perfecta, o eso le parecía al pobre e indefenso Gabriel que sintióse atraído por ella desde el primer momento en que sus cándidos y rosados labios acariciaron el rostro del niño perdido entre sentimientos desconocidos.

Y así surgió, a través de inocentes conversaciones de niños buenos, el tema de la observación del pecho de la cocinera de Bellver.

Aún con la imagen fresca de la hermosa niña, la hermana del mallorquín, Gabriel se vio envuelto en una trama bien urdida por sus otros dos compañeros.

Erizado de terror, se negó a participar en aquellos siniestros juegos de carácter esotérico que al parecer Bellver le indujo.

Tan ensimismado estaba en ese asunto nuestro querido escritor, que hasta uno de sus profesores, le llamó la atención por el despiste que le produjo en una de sus clases, en la cual pálido y pensativo habíase escondido sin querer sus piernas.

Gracioso es el pasaje que él mismo relata en una de sus cortas novelas. (Niño y Grande es el título del pasaje).

¡Mis pies!, ¿Dónde están mis pies?

Así con esa frase el aludido se asustaba al comprobar que le habían desaparecido los pies, mas no era este un prodigio precedido de maldición alguna sino que se trató simplemente de un despiste en el cual, el mismo alumno, habíase sentado sobre sus piernas mientras el resto de compañeros de clase prorrumpían entre carcajadas y burlas.

Así, animado de una sensación de embotamiento y con grandes ganas de venganza ante tal humillación, se decidió el muchacho a dejarse llevar por los encantamientos que su amigo Bellver le tenía preparado, para que fuese capaz en la distancia de distinguir el pecho de la cocinera que permanecía en Palma de Mallorca atareada en sus labores.

Habló Bellever con aquel sonido que semejaba serpiente venenosa y dañina y le propuso el juego.

SI quieres verla, tendrás que entregar tu alma al diablo. Será así entonces, cuando se aparezca tomando la forma de ella y mostrándote toda su desnudez.

Certificando su amigo la fuerza del pacto y que no tendría efectos colaterales maliciosos, aceptó el niño las enseñanzas del pacto satánico.

El acto comenzó no sin perder un ápice de inquietud y surcando por su frente los chorros de su propio sudor frío.

La ceremonia se inició con unas palabras que le recordaban a las de sus habituales oraciones.

Y fue a acostarse con la dicha o desdicha de la supuesta aparición que le acontecería a lo largo de las largas horas de la noche oscura en la morada de los internados.

Sin cenar y atormentado por el acoso de la culpabilidad, esperaba el niño la realización del prodigio con la única iluminación que otorgaba una pequeña lámpara de aceite que descansaba sobre la mesita.

La puerta del cuarto hizo crujir su cerraja y atropelladamente, el muchacho se desnudó con presteza siguiendo el consejo de Bellver.

Y tapado completamente hasta la cabeza esperó el resultado final del maleficio.

Una voz sonó en la noche, que, al permanecer tan hipnotizado de sus propias convicciones y autosugestionado por todo lo acontecido, creyó que pertenecían al maligno.

Levantando un poco el tejido que lo cubría, pudo pasear la vista por la habitación y se encontró ante a él a una figura que le resultó familiar.

Uno de los hermanos, permanecía de pie y le hablaba con esa voz trémula que al principio no había sido capaz de registrar.

-¡No se tape de esa manera, señor Hernando, que puede darle un ahogo!

Y fue así como el demonio se apareció a Gabriel Miró, en la forma de un pobre fraile que vino en las altas horas de la noche a increparle que se había descuidado en sus deberes.

Como venganza de haberse visto envuelto en toda aquella trama, contó su secreto Miró a su compañero y amigo, de que su bella hermana había sido la que visitara aquella noche el refugio amoroso de sus encantados deseos.

La furia de Bellver estalló y propinó un sonoro puñetazo a Miró en toda la cara por el cual sentó sus posaderas en el suelo.

La pelea fue a mayores y el escándalo se hizo patente en la quietud de la noche.

Ante aquel griterío, acudieron los hermanos a separar a los dos que breves minutos antes eran amigos pero que ahora se repartían mamporros.

Y fue castigado Gabriel Miró a purgar sus pecados bajo el cariñoso apelativo deEl Endemoniado.

FUENTE:
Gabriel Miró (Niño y Grande)



jueves, 15 de octubre de 2015

Dos hechos curiosos relacionados con las sectas en Orihuela



Que Orihuela es cuna de Sectas Indefinibles ya es un hecho constatado que he puesto de relieve en este Blog en alguna de las publicaciones anteriores.

Un ejemplo claro lo tenemos en este relato que me ha contado hoy un sacristán del que no voy a dar el nombre ni tampoco la Iglesia a la que pertenece.

Me cuenta el hombre que hace tan sólo unas semanas se encontraban todos en la Iglesia a la hora de dar la comunión.
La gente se acercaba guardando su turno en la larga cola que se alejaba hasta el sacerdote.
En una de las filas había una mujer de aproximadamente 54 años.
Cuando llegó su turno, colocó la mano en posición horizontal para que el sacerdote le pusiera  la sagrada forma encima.
La mujer se dio la vuelta y se marchó con toda normalidad con la ostia en su mano.
Pero uno de los sacristanes que acompañaban al sacerdote notó algo raro y la siguió con la vista.
No observó ningún gesto que hiciera interpretar que la mujer se llevaba a la boca la forma sagrada.
Uno de los que se habían dado cuenta del acto fue tras ella y le pidió a la mujer que se detuviera justo antes de que saliera por la puerta.
La mujer sujetaba algo con su mano.
El hombre la increpó para que o bien se comiera el cuerpo de cristo o bien que se la devolviera y la amenazó con avisar al sacerdote.
La mujer se negó a comérsela y tras unos instantes de gran tensión se la dio al hombre para que se la devolviera al cura y se marchó por la puerta como si no hubiera sucedido nada.

Hechos de esta índole deben de ocurrir con bastante frecuencia y aunque no sea una prueba  de la existencia de las sectas que he mencionado sí demuestra que hay muy poco respeto por las costumbres eclesiásticas.

¿Qué querría la mujer de la forma sagrada?
¿Sacarla de la Iglesia con qué fin?

Todos sabemos que las sectas satánicas celebran misas negras en donde precisan de formas sagradas para mancillarlas.



Este hecho me recuerda otro que me contaron cuando yo era un niño y que recuerdo de la siguiente forma:

Era un día de recolección de frutas en el campo.
El capataz se paseaba por la finca echando un vistazo a la cosecha para cerrar el trato con el propietario, dar su aprobación y que vinieran pronto las cuadrillas a recoger los frutos maduros que colgaban de los árboles.

A esto que al pasar por uno de los huertos de Hurchillo oyeron a lo lejos como unas voces humanas recitaban algo en lengua desconocida.

Los dos hombres se sintieron sorprendidos y mordidos por la curiosidad decidieron acercarse al lugar.

Cuando llegaron al espacio que hay entre dos filas de árboles se toparon con un gentío que en su mayoría  lucían ropajes de color negro y recitaban todos a la vez unos versos muy extraños.
También se percataron de que había gente en cueros.

El Dueño se exaltó tanto que entró en cólera y los echó de allí.

Los ensotanados, recogieron sus bártulos y abandonaron la finca.

Nunca supe qué clase de religiosos fueron estos.

Y esto lo escuché de boca del capataz que fue testigo de tal hecho.

No es mi intención enemistarme con ningún culto religioso. Cada uno es libre de elegir su propio camino.

Sólo dejo constancia de hechos que a la mayoría de los oriolanos les parecerán por lo menos curiosos.