Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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jueves, 16 de febrero de 2017

El Romeo y la Julieta de Orihuela


Orihuela no está exenta de historias amorosas al más puro estilo de Romeo y Julieta.

Un episodio lleno intrigas, conspiraciones y amores desatados que no pueden permitirse el lujo de converger en momentos de felicidad plena es la historia que nos ha llegado a nuestros oídos y que gracias a las Crónicas Oriolanas de Bellot hemos podido recuperar para los lectores de este blog.

Cuentan dichas crónicas que rondando el año 1550, hubo en Orihuela un matrimonio feliz compuesto por Doña Isabel Ana Masquefa, (sobrina de D. Ramón de Rocafull, señor de Albatera), y su esposo.

Esta joven, que era hija única, desobedeciendo los deseos de sus padres y de su tío que querían esposarla con Enrique de Rocafull, heredero de D. Ramón, para perpetuar la nobleza de sus linajes, hizo caso omiso de sus obligaciones y entregándose a las puertas del amor se casó en secreto con la persona que más amaba que no era otro que D. Baltasar Masquefa.

Se planeó una reunión secreta en donde tanto su tío D. Ramón como sus padres se pusieron de acuerdo en que la dama fuera secuestrada de su nidito de amor y llevada a lugar seguro en donde no debía ser encontrada por las huestes de su marido y sus familiares.

Aprovechando un día en el que la muchacha se encontraba sola, unos bárbaros, no descuidaron para desposeerla de su libertad y la llevaron a escondidas por caminos desiertos para que nadie descubriera la maniobra mientras la niña gritaba y exigía la ayuda de aquellos que pudieran darle consuelo ante tal injusta afrenta.

Durante años la mantuvieron oculta en Castalla y Sax. Sin que nadie más supiera de su paradero.

El esposo, lleno de frustración y de rabia utilizó todas sus influencias para que la amada regresara con él y que los que se habían atrevido a cometer la tropelía fuesen llevados ante El Justicia y castigados por su atrevimiento.

Pero la sombra del poder de los Rocafull llegaba a donde la vista no puede alcanzar.

Fueron en vano todos sus esfuerzos.

Se consiguió finalmente que el Virrey y la Real Audiencia dictaminase en favor del marido que aquellos que eran culpables del secuestro, padres y familiares consentidores, fueran llevados a prisión.

Sin embargo, la sentencia no surtió efecto.

Se recurrió entonces a la Justicia Divina impartida en la tierra por la Iglesia que se puso a favor del marido.

No tuvo el menor impacto sobre los nobles que de manera contínua intentaban romper el muro de resistencia que la joven había puesto sobre sus hombros.

Entonces estalló la lucha.

Los ecos de los enfrentamientos y las quejas de Baltasar llegaron a oídos del futuro rey Felipe II que gobernaba durante la ausencia de su padre Carlos I.

El regente, dispuso que el señor de Albatera fuese entregado por el marqués de los Vélez, quien lo amparaba en Castilla, a un agente real.

El noble murciano se disculpó ante su protegido, diciéndole que antes eran las órdenes de su rey que los deseos de su amigo y que no tenía más remedio que apresarle.

En una parte desconocida de nuestro castillo fue obligado a agacharse ante cientos de ojos que fueron testigos de su ejecución cuando el hacha cayó sobre el tronco y una cabeza rodó por el suelo.

Las tropas de los castellanos permanecían en la ciudad a la vista de que no surgiera ningún altercado y prohibieron a los habitantes de Orihuela que salieran de sus casas.

Pero la niña no encontró la libertad, siguió en poder sus enemigos.

Pasaron cuatro tristes años en los que Baltasar no encontró ni un minuto de consuelo. Y un día, ocurrió lo peor.

Unos esbirros de los Rocafull tomaron a la fuerza la casa del marido y ante los ojos de los hijos del que había sido decapitado y bajo sus órdenes fue asesinado vilmente.

Los partidarios de Baltasar fueron amenazados de muerte si iban tras ellos y gracias al miedo y a la impunidad de la que gozaba la familia Rocafull se les permitió marchar sin más contratiempos.

Días después, fue asesinado en Valencia el cuñado de Baltasar, hombre que había apoyado su causa desde el principio.

De nada sirvieron las Condenas a Muerte impuestas por la justicia real a tan viles criminales.

Finalmente la joven fue liberada en un baño de lágrimas al conocer del destino de su esposo y con recelo y entre sollozos aceptó la imposición de casarse con otro de los herederos de D. Ramón.

Los criminales jamás fueron castigados y acabaron sus días felizmente acompañados de todos los gozos de la vida y de sus dichas.

Solo la mano de la parca que está reservada a cada hombre al final de sus días, pudo acabar con ellos.

Murieron de muerte natural.


FUENTE:
LOS ANALES DE ORIHUELA


viernes, 1 de enero de 2016

Orihuela curiosa: El fantasma asesino



Hubo un tiempo en nuestro país a la que algunos le ha dado por llamar como la época de la España Profunda, en la que los delitos de violencia de género eran castigadas de manera completamente diferente a como lo hacemos hoy en día.

Era una época en la que el machismo era el pan de cada día, en donde estaba bien visto que un hombre golpeara a su mujer o la gritara.

Y no en vano, hace muy poco en la que los mismos anuncios de la televisión mostraban a mujeres sumisas que obedecían a ciegas todas las órdenes que sus maridos les daban, fueran injustas o no.

A esta época oscura de principios del siglo XX pertenece un relato corto pero cargado de sentimiento que me contó una mujer de 79 años y que recordaba con cariño porque su abuela se lo había relatado cuando aún vivía.

Una vecina de Orihuela que solía asistir con frecuencia a los oficios religiosos de la localidad, salía por la puerta de la Iglesia cuando un grito la sorprendió y la hizo palidecer.

Con los ojos entornados y con la mano sobre las cejas a modo de protección para desviar los rayos de sol que le impedían ver al que la gritaba pudo localizar a una figura que se abalanzaba sobre ella.

El filo de un cuchillo brilló bajo la luz directa antes de empaparse de la sangre de la pobre desgraciada.

Una, y otra vez, el hombre repitió las cuchilladas haciendo oídos sordos a los gritos de terror de los que le rodeaban.

La mujer cayó al suelo mientras la puerta de la Iglesia se cerraba pudiendo verse todavía la imagen de un Cristo afligido ante tal locura en la cruz situada tras el altar.

La víctima de tan brutal agresión murió allí mismo desangrada ante la atónita mirada del resto de feligreses que asustados se habían impedido así mismos realizar cualquier acto en defensa de la atacada.

El hombre que aún conservaba una mueca de odio en el rostro se puso a increpar al resto de los asistentes.

Las fuerzas de seguridad no tardaron en llegar y pusieron al hombre bajo arresto.

A los pocos días salió en libertad. Se trataba del marido de la víctima y la permisividad de la época en este tipo de cruentos actos de violencia machista dejó al hombre con un simple “tirón de orejas”.  Debía de acudir al párroco para que este le impusiera una penitencia severa y ejemplar.

El hombre acudió de inmediato en busca del sacerdote de la ciudad y tras una confesión que duró unos pocos minutos el cura le impuso un castigo que debía cumplir durante un largo período ante los ojos de los demás ciudadanos para purificar su alma.

Así que a partir del día siguiente a la entrevista con el clérigo, se le vio por las calles de Orihuela ataviado con ropas sencillas, una caperuza que le tapaba el rostro y unas cadenas con las que tenía que hacer el ruido suficiente para poner sobre aviso a los caminantes de que un pecador estaba a punto de pasar ante ellos.

Y así, de esta estrafalaria manera pasó los días que duró el castigo y que todavía permanece fresco en las mentes de algunos ancianos que jamás podrán olvidar la esperpéntica imagen del fantasma asesino de Orihuela.