martes, 21 de febrero de 2017

Visita ruidosa en mitad de la noche


Hace bastante tiempo, cuando yo tenía unos diez años, dormiamos mi abuela y yo juntas en una cama de matrimonio situada en una habitación muy grande en la cual había también una mesa para corte y confección que utilizaba mi madre a diario para cortar patrones.

En esa mesa no faltaba una regla de madera para hacer las medidas en las telas.

Una noche a mi abuela y a mi nos despertó algo que a mí me dejó aterrorizada pero por otro lado tranquila y esperanzada.

Escuchamos unos golpes secos, fueron tres en total, con una pausa de dos segundos más o menos cada golpe los cuales se realizaron con la regla de madera de mi madre contra la mesa donde ella trabajaba.

Mi abuela y yo nos despertamos sobresaltadas con el primer estruendo. Me quedé inmóvil y asustada; cuando terminaron los golpes mi abuela encendió la luz y en la habitación no había nadie, la puerta estaba cerrada, las ventanas también y no hacía nada de viento. Después de comprobar que no había nadie en la habitación mi abuela dijo: “Será Pepito”.

Pepito era el hijo pequeño de mi abuela, que murió con veintisiete años haría en ese momento once años ya.

Al decir esto me quedé con mucho miedo en el cuerpo por haber estado tan cerca de nosotras un espíritu.

Al día siguiente escuché a mi abuela decirle a mi madre que le había pedido a su hijo Pepito que le hiciera una señal para saber que se encontraba bien donde estuviese, le había pedido que diera dos golpes si se encontraba mal, entonces ella prometía rezarle más si así fuera, y tres si se encontraba bien, para que no se preocupara.

De aquí la esperanza de saber que después de la muerte de un ser querido hay veces que están con nosotros y en paz.

Carmiña 


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