lunes, 29 de agosto de 2016

El Último Guerrero de Orihuela




Es increíble cómo supieron retratar en el año 1897 al oriolano de hoy.






Duele ver que el problema que tenemos los oriolanos viene de lejos.

Somos una raza de seres vivos que caminamos sin rumbo tapándonos los ojos ante las maravillas que lucen con descaro nuestra querida ciudad y alrededores.

Son maravillas artísticas y arquitectónicas, bellas y feroces, y que con los ojos tapados no queremos ni admirar.

Preferimos viajar al otro lado del océano o a ciudades que nos dicen importantes.

Mientras tesoros maravillosos, se quedan aquí ocultos a nuestro entendimiento.

Pues nada, sigamos.

Poblemos todo el planeta de Centros Comerciales y así cada hijo de vecino disfrute sus ratos libres hiendo a tiendas a comprar o contemplar artículos de deseo que nos imponen desde la televisión y las complicadas técnicas del marketing.

No seamos conscientes de que lo bello, no hay que irse muy lejos para encontrarlo.

Orihuela es la ciudad, la ciudad de ilusión que todos hemos soñado alguna vez.

Un lugar mágico que aparece incesantemente en las películas de Holywood como el Paraíso Perdido.

Pero como somos testarudos, seguimos buscándolo más allá de estas fronteras, más lejos de donde existe la verdadera esencia de lo hermoso y lo majestuoso.

Orihuela es ciudad de Leyendas, es ciudad de Cuentos y de Misterio.

Es amor sobre amor y canción de hazañas y actos heroicos.

Cada metro de suelo esconde una joya.

Bajo cada casa y edificio, mil libros de historia.

A nosotros nos corresponde dar un giro a nuestras vidas.

Pero mucho me temo, que mis palabras queden en el olvido.

Así quedará Orihuela en un fututo: desierto y lleno de polvo.

Y los hombres viejos sentados a la mesa de los bares cercanos a sus casas para jugar la dichosa partida de cartas o dominó.

Mientras la nada se apodera de nuestros cimientos, de nuestra historia.

Sin embargo, yo me siento un guerrero.

Un batallante que lucha con furor ante la tiranía de la dejadez de las personas.

Y que con mi estandarte, con mi ave mágica, mi Oriol, caminaré al encuentro de mis enemigos.

Ahí dejo eso.



* Dedicado a todos los oriolanos que cada día se dejan la piel por su ciudad.







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