miércoles, 6 de enero de 2016

Lugares Malditos vistos por un Oriolano: La Colonia de Santa Eulalia


Llegado el momento, nos metimos en el coche y nos dirijimos hacia este antiguo cementerio Andalusí convertido en Colonia en el siglo XIX.
Lugar de misterio y de obligada visita por maestros del terror y de lo paranormal como Iker Jimenez o Pedro Amorós.

La famosa Colonia de Santa Eulalia está situada entre la frontera de Sax y Villena. Y desde Orihuela tan sólo se tardan 45 minutos en llegar.

Os voy a contar algo sobre el lugar: (Extraido de la revista Más Allá n. 261).



¿Qué es lo que ocurrió allí?

Hubo celos, pasión, vicios, sexo… Una auténtica galería de pasiones con el nombre de mujer, el de doña María de Avial Peñas, vizcondesa de Alzira.

Los Prados de Santa Eulalia eran propiedad del Conde de Alcudia y esperaban a finales del siglo XIX la llegada de doña María Avial Peñas y su marido, el Vizconde de Alzira.

La Vizcondesa de Alzira de 18 años de edad había sido dotada en matrimonio por su padre, un indiano que se hizo rico en Las Americas, con 18 millones de pesetas. 


La pareja aportó el dinero necesario para crear la empresa que explotaría la propiedad del Conde de Alcudia, don Antonio de Padua, fundando así la empresa Saavedra y Bertodano.

Un próspero imperio estaba a punto de nacer, alrededor de las fértiles tierras se construyeron una veintena de casas para los colonos, un teatro, un casino, una licorería, una tienda, una hostal, una fábrica de harinas, una oficina de correos y telégrafos, una estación de tren, almacenes, molinos, almazaras, bodegas… Todo ello rodeado de jardines, estanques, fuentes y estatuas.


En el floreciente conjunto urbano reinaba, por su grandeza y su exquisitez arquitectónica, el extraño palacio del Conde de Santa Eulalia que empezó a construirse en 1898. Extraño como las figuras desnudas y sensuales que se grabaron en el relieve del frontón semicircular de la fachada, entre las que destaca, en el centro, un ángel con las alas y los brazos extendidos. A sus pies, arrodillados y en posición sumisa, los hombres desnudos parecen sacudidos por una súplica de placer y dolor.


Los Vizcondes de Alzira y el Conde de Alcudia se vieron inmersos en una cadena tejida con eslabones de amor y odio. Don Mariano de Bertodano se ganó el desprecio de su esposa, la vizcondesa doña María, que miraba con buenos ojos al conde don Antonio de Padua. Las desavenencias conyugales acabaron explotando. Él se fue y ella se quedó con la compañía amorosa del conde, pasando de ser la Vizcondesa de Alzira a ser más conocida como La Condesa. La sociedad empresarial se disolvió y los amantes quedaron a cargo de la colonia.


La hacienda prosperaba. El teatro Cervantes, la licorería y el casinete, como llamaban al casino que regentaba la vizcondesa, inundaban las noches de ocio y convertían aquel lugar apartado de todo en un enclave de fiesta y diversión muy famoso en los alrededores. Noches de apuestas y música, de juego y alcohol, se prolongaban hasta bien entrada el alba, cuando el primer rocío de la madrugada todavía soñaba con un silencio que rompía el silbido del tren al llegar a la estación.


Los colonos ocupababan su puestos de trabajo y los amos se sumergían en sus sueños, componiendo un dibujo enrarecido por uno de los secretos mejor guardados de la Colonia de Santa Eulalia, que había sido construida sobre un antiguo cementerio musulmán, como han demostrado unas recientes excavaciones.

Encontramos el relato de una leyenda contada en primera persona por la propietaria del palacio cuando en 2005 accedieron al interior del palacio en busca de un nexo entre este mundo y el mas allá. Cuenta la leyenda que el Conde era un mujeriego y bebedor empedernido, la Condesa, harta de las hazañas de su marido se trasladó hasta este lugar construido por su esposo.


Despechada y en ausencia del conde, la condesa transformó el palacio en un casino con una gran bodega y por él pasaban gran cantidad de hombres.

La noticia llega hasta el Conde, éste viaja desde Barcelona hasta Santa Eulalia para poner orden y al llegar allí sucumbe bajo el hechizo de su renovada esposa.
Juega y pierde toda su fortuna… en una noche de excesos y bebida se acerca hasta la base de la fuentecilla….cae desplomado por efecto del alcohol con tan mala fortuna que la mitad superior de su cuerpo queda sumergida en el agua pereciendo ahogado.

Desde entonces… siempre que el palacio es visitado por una mujer de parecido aspecto a la condesa, el conde hace acto de presencia, volviendo de su destierro del más allá.


Pero la historia no para ahí… es curioso y significativo que todas las familias que han llegado a vivir en este lugar han quedado separadas de una u otra forma…Hoy también ocurre eso, de nuevo una familia separada.

Cuenta un descendiente de alguien que vivió alli que los señores tenian atados junto a la entrada principal dos exoticos monos a los que obligan a bañarse en la fuente del jardin.


El fantasma del Palacete de Santa Eulalia

Y de los círculos misteriosos, pasamos a uno de los puntos que más gusta a Pedro Amorós: las psicofonías y apariciones fantasmales. Cerca de Villena, el ufólogo ha vivido en primera persona las apariciones de un ente en el Palacete de Santa Eulalia.


"Durante muchos años tuve la oportunidad de investigar en el famoso palacete de la bonita Colonia de Santa Eulalia. Mi especialidad en el campo de la parapsicología es el estudio de las psicofonías, práctica y experimentación que intento llevar de la manera más científica y metódica posible. Hace ya muchos años, cuando todavía había algunos muebles –incluso-, de la mano de mi buen amigo José Requena (investigador y Escritor), accedí al palacete que se encuentra en Santa Eulalia con el aquel entonces guardés, Miguel, dueño del magnífico restaurante que se encontraba en la Colonia. La verdad es que estaba deplorablemente olvidado por el tiempo y aunque visualmente pudiera no ser muy atractivo, la historia del fantasma que se aparecía por entre sus muros, sí que me llamaba poderosamente la atención, sobre todo para la práctica de las psicofonías en el lugar", apunta.



Amorós se volcó en la investigación para tratar de dar con el espectro que, según cuentan, habita entre esas ruinas. "Con el paso del tiempo, gracias a un programa de televisión que yo dirigía y presentaba (Noche de misterio), tuve la oportunidad de conocer a uno de sus propietarios, con quien acudí al lugar con el fin de realizar grabaciones ante él y su esposa. Pedí a mi compañero y amigo de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas Guillermo Núñez (Especialista en Imagen Paranormal) que me acompañase al lugar con el fin de realizar un barrido fotográfico del mismo, al tiempo que yo realizaba grabaciones psicofónicas. Tras contarnos la historia del fantasma que allí se aparecía (Guía de la España Misteriosa / Libros Cúpula 2009 -Grupo Planeta- Pedro Amorós) comenzamos a experimentar. Tras obtener varias psicofonías, las cuales hacían alusión al tema de una manera muy directa, preparamos nuestras cámaras fotográficas con el fin de realizar varias tomas. Y fue en ese preciso instante, donde en una serie de varias fotografías consecutivas y en un entorno completamente controlado, tanto por Guillermo como por mí, ante la expectación de los propietarios y los que allí estábamos, aparecía en una de ellas una mancha blanquecina, en la cual se podía observar claramente un busto etéreo y fantasmagórico", asegura Pedro Amorós.



Por lo que se puede apreciar en la imagen, cedida a KANFALIA por el autor, el propio Pedro Amorós, "a pesar de las miles y miles de fotografías que he realizado a lo largo del tiempo, esta es una de las que más me convence ante la visión de un fantasma. ¿Quizás el fantasma del palacio? Que cada uno saque sus propias conclusiones", concluye el investigador alicantino.


Al final

La vizcondesa María Avial y Peña, última moradora del palacio de la colonia, murió en Madrid, pidiendo en el metro. 

La vizcondesa perdió todo cuanto tenía y murió llena de deudas tras hipotecar sus propiedades.


La azarosa vida de la vizcondesa, llena de desavenencias conyugales que le llevaron a la separación y marcada por la muerte de sus cuatro hijos, y el desarrollo industrial de comarcas cercanas como Alcoy y Elda, que provocó en los años sesenta la emigración de los vecinos, dictaron el final de la vida de la colonia. 


Los edificios más emblemáticos se encuentran en ruinas; la licorería ha perdido la cubierta; la fábrica de harinas está totalmente desmantelada; la estación de tren, derribada, y apenas quedan cinco vecinos viviendo en invierno.


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