Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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miércoles, 21 de diciembre de 2016

El Crimen del Paseo Calvo Sotelo (Rumor)



TEATRALIZACIÓN:

I

Mi cuartito interior acogedor daba a un patio lleno de luz, y mi ventana se abría muy cerca, en ángulo con la de mi vecina. Ella tenía la suya adornada de hermosas flores: albahacas, enredaderas, alelíes y claveles rojos.

Mi ventanuca, sin embargo, estaba árida y seca.

Es importante decir que las supuestamente maduras matronas de mi vecindad, en complicidad fisgona con mi patronal señora doña Remedios, husmeaban en mi ausencia los libros, los apuntes, cuartillas, rimeros de periódicos hasta sacar en claro que yo era un escritorzuelo, Dios sabía de cuantos puntos en la pluma.

Y que cuando yo llegaba (un algo huraño siempre) hacíanse las casuales encontradizas para, con frase acaramelada y zalamera, sonsacar algo de mi vida irregular.

E ítem más que yo, dejándolas saborear su pan de trastrigo, encerrado en mi torre con el orgullo de un hijodalgo primogénito, tapiaba labios y oídos a sus arrumacos.

Una sola excepción había de amistad y contento: la de mi vecinita.

Cuando a la hora de comer libraba a mí asendereado cuerpo de la cama esclavizadora, pálido, ojeroso, desmelenado, con el enervamiento y languidez aún del corto descanso, abría mi ventana de par en par.

Consuelito, mi vecina, ya estaba en la suya observándome, con su carita de oriolana, morena, hermosa y picara.

-          ¡Vecinita, buenos días!

Y su dulce voz de cuco, en competencia con su parlero jilguerillo, contestaba cariñosa y burlona:

-         Ya es hora, vecino. Buenos días. ¡Cuidado, no piso usted ese sapo!... ¡No hay derecho a madrugar de esa manera!...

Y sonaba su risa de alegres cascabeles, entraba el sol a raudales en mi cuarto, veía yo un trozo de cielo azul, respiraba el oxígeno a plenos pulmones, y abría los ojos mucho, muchísimo, llenando mi retina con la frescura sana de Consuelín.

El primer día nos miramos un instante con curiosidad inquisidora. Un vecino o vecina joven que llega, es un misterio sin desflorar.

Hubo otro día el saludo, pretexto de conversaciones.

Consuelo era una ráfaga vibrante de alegría y robusto vivir que llenaba la casa y el patio hondísimo con el eterno entonar de sus cantos y de sus risas. Sus ingenuidades, extrañamente combinadas con las picardías de mujer, llegaron a interesarme y a sujetar en la lucha nerviosa mi pensamiento.

Las comadres respetables murmuraron nuestras charlas ligeras.

Mas era la verdad que yo, galanteador implacable y práctico de todas las mujeres, no crucé con aquella ni una sola palabra de esas que traidoramente clavan su doble sentido.

Era tan deliciosamente bella, tan delicada y sutil, tan mujer y tan chiquilla, que no osé destrozar con la vulgaridad de unos amores fugaces e impuros aquella figurita de encajes alados, que infiltraba en mi espíritu cotidianamente un mar de misterioso encanto, de puros cariños, de amistad, de gloria, de vida suave y mansa.

La quería yo... como a eso, como a una muñeca con alma de ángel. Y, recíprocamente, yo vi ansias de afecto en sus ojos negrísimos, y en su voz un amoroso acento, algo así como un maternal cariño. Que no en balde ha dicho alguno que entiende que: "toda grande amistad, entre la mujer que tiene belleza y corazón y el hombre que tiene corazón no es sino el principio del amor...”

II

Los niños todos la querían con sus afectos infantiles y cándidos. Y a todos los mimaba ella, los cogía en brazos, los corría y zarandeaba en alocados juegos confundiéndose con el coro picotero y estrepitoso de los pequeñuelos.

Saltando incansables en los brazos de mi vecina, asomábanse al patio las cabecitas radiantes; y las madres miraban, encantadas, bobaliconamente, la candidez alegre de sus hijuelos, acariciados por los cabellos flotantes de la virgen juguetona.

No había vecino joven que no tuviera con ella réplicas furiosas, ni albañil en la casa que no alternara los chafarrinones de pintura a las mugrientas paredes con diálogos chispeantes, ni vieja que mostrase las sucias greñas en alguna ventana sin recibir corno un flechazo la frase acerada y burlona de mi amiga.

En aquellas encendidas refriegas derrochábase la gracia oriolana sin que nadie pudiera gloriarse de ganar su predilección o de haber vencido su inconmovible pureza.

Así corría tranquilamente el tiempo, las viejas murmurando. cantando horriblemente las criadas del primero, gritando los chiquillos, poniendo mayor encanto nosotros en la media hora diaria de ventana, luz, aire, y alegría, cuando se habló de uno que rondaba... y más tarde, con firmeza ya, de un novio para la gentil vecinita, impuesto por la madre.

-        Somos muchos en casa!- dijo al imponer su voluntad brutalmente, como otras muchas madres y otros muchos padres imponen las suyas a sus hijos, brutalmente también...

¿Será preciso hacer constar que la noticia produjo en mí sorpresa, luego rabia, y que la reflexión me trajo después una desolada conformidad y tristeza?

Al abrir mi ventana sorprendí desde entonces una luz de congoja en sus ojos, que dolorida apagaba lentamente.

Pasaron meses y oí algo de casamiento próximo, de celos, de algún disgusto prontamente sofocado...

Hablemos de él: incompatibilidad de caracteres, celoso, desesperadamente celoso. Y riñas diarias... Y, en humana bestialidad, amenazas, ¡amenazas de bruto a la sensitiva, a la aérea muñeca alimentada con alegres amores y caricias!...

-         Le tengo miedo— me dijo. —Celos de mi reír, celos de mi charla, de mi andar, de todo. Rabias y celos que me asustan.

-         Usted que me conoce, dígame, ¿es maléfico reírse? ¿es malo hablar, correr, estar siempre alegre con todos? Pues mire usted; yo creo que ser buena es querer a los niños, a los pajarillos, a las flores, a todas las cosas, y a todo el mundo. Y si esto es ser buena, yo lo soy.

-         El novio de mi amiga Antonia la pegó ayer hasta hacerla sangre, porque la vio hablando con un conocido. Me pasará igual. Le tengo miedo, le tengo miedo..., -repetía mi vecinita. Y sus enormes ojos, girando medrosos y azorados, se entornaban bajo el peso lacerante de su pena.

Me pareció que un aliento trágico pasaba el patinillo, envolviéndonos en su manto de terror. Enmudecimos. Sentí que mis cabellos se erizaban y que una extraña angustia me oprimía... Quise decir algo y un lazo de hierro me anudó la garganta,

-         ¡Adiós!

-         ¡Adiós!...

Quise hablar otra vez y no pude. Cerramos lentamente las ventanas que chirriaron siniestras...

Una greguería estrepitosa rompió al poco rato mi hipnotismo, un ensordecedor concierto de patadas, gritos, silbos, carreras y baladros. Miré. Eran todos los chiquillos de la vecindad que venían a jugar con mi amiga...

Noches después subía yo la interminable escalera. Distraídamente observé una inusitada animación en la casona, un nervioso sube y baja de gente, cuchicheos, rostros apenados. ¿Qué pasará?

Ya cerca de mi cuarto oí estremecido un lloro implorante, deprecaciones, gritos de mujer... Luego un alarido, ronco y doliente, y prolongado... ¡La madre de Consuelo!

La puerta de su casa estaba abierta. Mucha gente en ella, la habitación casi a oscuras.

-         ¡Herida, muy mal herida!, En la Casa Socorro está—me gruñó al lado una mujercilla insignificante y oficiosa...

Me dio una sacudida el corazón y se contrajeron mis nervios brutalmente. Comprendí. Salí como una tromba, descendiendo a grandes saltos la escalera...

Corría, corría desolado, sin parar, tropezando en las esquinas con los transeúntes maldicientes; sin ver nada, tapados los ojos por una nube roja...

La Casa de Socorro. En una mesa de mármol había un cuerpo extendido, rígido. Alrededor varias personas.

Temblando, frío, con la muerte en el corazón, me acerqué al grupo y miré, miré como debería asomarse al infierno un condenado:

¡Era Consuelo!

Llegué hasta ella. Desnuda y lívida.

-         ¿Herida?—pregunté.

-         Muerta—respondió uno.

Sentí derrumbarse algo dentro de mi alma.
Una maldita vieja, alcahueta del barrio, con cara sibilina se acercó y me dijo:

-          El novio ha sido. Hablaban de usted. ¡Cosas de celos!

-          ¡Pobrecita!... ¡una perdición!...  Un tiro en la cabeza. El lloraba al entrar en la cárcel...

Me mordió un escalofrío. Aparté, iracundo, a la bruja. Quise acercarme, besarla, y me detuvieron unos brazos.

¡Oh! Es horrendo pensar en un hombre, un hombre lleno de vigores, de tuerza pujante, aplastando a un ser débil, a un bibelot!

Las mujeres mascullaban un padre nuestro.

Salí tambaleándome, lleno de horror. Y sombrío, contraído, agónico, en la inconsciente huida ante la alegría muerta, ante mi rota muñeca con alma de risas, ante el precioso capullo deshojado, terciopelo divino. fragancia y sensación exquisita de juventud, sentía que mis ojos se quemaban en ofrenda con llanto de fuego, con rabiosa locura, con desolado y amarguísimo dolor!!



Adaptado de una historia de A. NICOLÁS PINTO.



El Patio de la casa donde ocurrió el crimen

domingo, 30 de agosto de 2015

Orihuela Misteriosa: Los 23 cuerpos.


Cómo hemos ido a parar de tener uno de los castillos más bellos y esplendorosos de la Península Ibérica (según cuenta el cronista Jerónimo Zurita en el siglo XV) y del que destacaba también su inexpugnabilidad, amplitud y grandeza a las pocas ruinas que nos quedan hoy.

Una fortaleza que se batía con los cielos y que ofrecía una visibilidad estratégica absoluta desde donde estaba erigido.

Un lugar que podría considerase como de culto para los aficionados a la parapsicología y a la obtención de grabaciones siniestras al haber sido testigo mudo de cientos de batallas, sangre, vísceras, lamentos, miembros amputados  y episodios de terror como el que ahora les voy a relatar.

Durante la Guerra de Sucesión en la que Orihuela era en principio partidaria de Felipe V pero luego de Carlos III por el apoyo del Marqués de Rafal , después del saqueo del cardenal Belluga, concretamente el 28 de mayo de 1707 a las 8 y media de la noche un siniestro rayo cayó en el lugar en donde antaño se retenía y torturaba a los prisioneros, la mazmorra, pero que en esos tiempos albergaba unos cuantos barriles de pólvora destinados para la posible defensa de la ciudad.

La explosión fue espectacular y parte de la fortaleza voló por los aires.

Murieron en el acto 90 soldados y 3 capitanes.caballeros del regimiento de la Villa de Madrid.

Estos eran el capitán comandante Antonio Sayago y los capitanes Joseph Monreal y Baltasar de Ávila. 

De los 90 hombres del regimiento de Madrid que estaba de guarnición sólo se encontraron 20 cuerpos completos a los que se les dio sepultura en los vasos de la Cofradía del Santísimo Sacramento en la capilla de Loreto.

El Cabildo ante la fatalidad y en consideración con aquellos que habían perdido la vida en este infortunio, en particular con los capitanes, acordó que se cantase un nocturno de difuntos, clamoreando las campanas y trayendo el Ilustre Cabildo los cadáveres a la Catedral donde se haría un funeral con asistencia del Obispo de Orihuela y la Ciudad, parroquias y comunidades religiosas. Los fallecidos se enterrarían en los sepulcros de los Orumbellas, Mirones y Soleres, familias nobiliarias de Orihuela .

Por su parte los fragmentos que se hallaron de los 70 soldados restantes se enterraron en el mismo castillo en un foso que se dispuso el cual fue bendecido por don Salvador Alfosea presbítero diaconil de la catedral por orden del Obispo José de la Torre y Orumbella.

Estos seres humanos muertos de forma tan violenta vagan en forma de almas en pena por la sierra de Orihuela buscando las partes de su cuerpo que perdieron en la explosión.

Por eso hay algún testigo que afirma que en las noches que sube al castillo para despejarse además de escuchar los lamentos de los que perecieron le ha parecido ver reptar por entre los matojos y las piedras algo así como arañas gigantes en forma de manos humanas que no pararán de vagar sin rumbo hasta el día que por suerte o quizás por destino encuentren el resto del cuerpo de donde se separaron.


EXPEDIENTES X

Orihuela Misteriosa: ¿Es un pájaro?, ¿es un avión? No, es el OVNI de Orihuela.



Yo no soy dado a creer en estas cosas. Me dejo llevar más bien por mi lado escéptico y me alejo de estos temas tanto como un banquero pueda hacerlo de un pobre hombre que pide a las puertas de su Banco.

Si nos fijamos en la ciencia, esta nos enseña que en unos cuantos siglos más de avance tecnológico seremos capaces por mediación de la física cuántica de estar presentes en varios puntos del universo de manera simultánea sin movernos de casa.

Así que, ¿qué queréis que os diga? Creer en civilizaciones extraterrestres más avanzadas que la nuestra que para viajar por el universo tienen que recurrir a los llamados “platillos volantes” se me hace anecdótico y lo peor es que me resulta absurdo.

Pero el caso es que algo raro hay en todo este tejemaneje a juzgar por la publicación realizada en 1918 por el desaparecido periódico local EL CONQUISTADOR. (27 de Abril de 1918, nº 188).



"Por algunos paisanos nuestros muy madrugadores, nos han manifestado la sorpresa grande y hasta el espanto que han sentido esta mañana, al ver descender del cielo describiendo grande zic zac, dos luminosos focos como si fuesen de barcos de guerra, que evolucionaron a la altura de los terrados de la población; ascendiendo formando círculos en espiral alrededor de la sierra del Castillo, separándose después y dando vueltas el uno alrededor de Callosa y el otro por la Cruz de la Muela y perdiéndose de vista haciendo zic zac.
Debieron ser aeroplanos aun cuando no fue notado ruido alguno de los motores ni se viese la silueta negra que debía de presentar el artefacto."




Según este diario, los testigos presenciales de los acontecimientos aseguran que sin escuchar ningún ruido extraño ni presenciar ningún objeto sólido con masa oscura en la nocturnidad, en las horas en las que la cama aún andaba caliente, pudieron observar unas dos luces de gran luminosidad allá en lo alto sobre la Cruz de la Muela. Que estas descendieron sobre ella para luego marcharse y desaparecer en el cielo a una velocidad de vértigo.



Pero no solamente esta vez ha habido avistamientos de objetos voladores no identificados.

Los seguidores de la ufología se han ido apuntando a diversas cacerías nocturnas de lo desconocido en la sierra de Orihuela.

Sabemos que desde el año 2012 y alentados por el comunicador de masas y experto en estos temas Iker Jiménez se viene celebrando en distintos puntos de la sierra oriolana la participación en lo que se ha dado por llamar como “ALERTA OVNI”...

Así podemos encontrar estos curiosos vídeos en Youtube en los que se aprecian luces extrañas y algo más…









Orihuela Curiosa: ¿Dónde andan las putas patrón?


Y fue la tradición la que irremediablemente le atribuye a San Vicente Ferrer la influencia final que desembocó en la colocación de la Cruz de la Muela en el monte San Miguel. (Si nos dejamos guiar por la documentación que nos prueba que en ciudades como Salamanca o Arlés fueron instauradas similares cruces por mediación del Santo).

Con un fin primordial que no era otro que la de proteger a los bien amados ciudadanos de Orihuela de aquellas cosas que se antojaron malditas como la mala suerte de una miserable cosecha, la sequía o el mismísimo pecado que algunos oriolanos se atrevían a practicar en lo que hasta hace poco era conocida como la mancebería pero que en tiempos lejanos fue el hogar de las mujeres de malas costumbres. (El Burdel que se encontraba justo al final de la calle pegado a una de las 3 puertas que daban al arrabal de San Agustín)
Dichos pecadores para no ser descubiertos por sus vecinos se desviaban por el callejón del Rodeo. (Que por algo digo yo le pusieron tan característico nombre).

O incluso salvarnos del pecado de sentir la tentación de ganar algunas perricas o perderlo todo jugando en la tahurería que se situaba en la entrada del Arrabal.

Y resulta que la práctica del Santo le dio el resultado que él quería porque a buen seguro una extraña e inesperada marea de rectitud, moralidad y un fervor religioso extra se extendió por Orihuela pues tenemos las pruebas que los cronistas dejaron en constancia (Según ordenanzas municipales de la época) de que en esta tierra de repente dejó de blasfemarse, cesaron las disputas entre familias y se cerraron burdeles o se gritó en las calles contra los que practicaban el juego.

Por lo menos hasta hace bien poco, pues ya entrados en el siglo XX (en los años del Franquismo) dos conocidos burdeles, el de La Carbonera y el de La Lucía situado este en la calle de las Flores competían entre si para conseguir las visitas nocturnas de los más atrevidos.


miércoles, 26 de agosto de 2015

La Leyenda de La Matanza: la Aparición de la Virgen de los Remedios


Relato cumplimentado por Don Vicente Alcaraz y Calatayud, vicario perpetuo de la catedral de Orihuela.

2 de Junio del año de Nuestro Señor 1808.

En él se nos dice que cuando se encontraba en la hora de la caída de la tarde de dicho día, y procedente del Campo de la Matanza, iba montado en una galera en compañía de varios amigos de la ciudad de Murcia en viaje hacia Orihuela, y como tal discurría con total normalidad, pero cuando llegaron al paraje de la Cruz Cubierta, junto al Ladrillar, les llegó una gran confusión de alaridos y una gritería tal en la huerta de Orihuela que les sumió en la mayor confusión y espanto. Y poco después, cuando avanzaban por el camino nuevo de Callosa, vieron venir por él una multitud de gentes corriendo que con voz alterada decían: Los franceses, los franceses... Asegurando uno de ellos que en número de 14000 habían desembarcado en la costa a la altura de los pueblos de Guardamar, Santapola y Torrevieja.

Tan pronto como supieron de dicha novedad, y como consecuencia del sobresalto recibido, decidieron volverse para el Campo de la Matanza comunicando lo que sabían a cuantos fueron encontrando a su paso por el camino, lo que hizo que a su vez lo fueran propagando en sus casas y a los vecinos. Y añade don Vicente Alcaraz que mientras iban en el carruaje rezando el rosario y el trisagio en alabanza de la Stma Trinidad, un mozo de quince o dieciséis años de nombre Francisco García dio en decir: Mire que viril se ve en aquella nube junto a la luna. Y en efecto, se nos dice, una vez que hubieron apartado los toldos del carruaje, todos pudieron contemplar que los resplandores de la luna en una nubecilla que medio la cubrían formaba un perfectísimo viril en todo semejante al que había en la iglesia de la Matanza, lo que tuvieron por una feliz premonición.


Y una vez llegados a dicho lugar del Campo de la Matanza, a eso de las diez de la noche, el vicario pasó a avisar a los diputados que inmediatamente dispusieron que comenzase a tocar a rebato la campana mayor de la torre de la iglesia, y a cuyo sonido comenzó a acudir la mayor parte de los vecinos que fueron informados de la amenaza que se cernía sobre ellos, por lo que debían pertrecharse de las armas que poseyeran para acudir en defensa de los pueblos de la costa y detener, si era posible, el avance de las fuerzas enemigas. Y muy pronto comenzaron a llegar otras gentes de los partidos de San Bartolomé, no faltando una persona que dio en dar detalles, como fue el caso de un tal Francisco Martínez, que aseguró que ya estarían degollados o a punto de serlo todos los que moraban en Almoradí, (pueblo de la Vega Baja del Segura) pues así lo había oído a las gentes que huían de aquellos contornos.

Al principio, el desánimo se adueñó de cuantos habían acudido a la llamada de la parroquia pues demasiado bien sabían que contaban con pocas armas y pobres municiones para llevar a cabo dicho socorro, pero, se nos refi ere que, como respuesta a las vivas exhortaciones del vicario, pronto comenzaron a animarse unos a otros hasta llegar a decir: Vamos a morir en defensa de la religión, y se encaminaron a sus casas para equiparse con escopetas de pistón, chuzos, hachas... y retornar tan pronto pudieron a la iglesia para organizarse en cuadrillas al tiempo que en voz alta pedían a Dios perdón de sus pecados...




Y al mismo tiempo se comenzó a pedir que se sacase la imagen de la Virgen a la calle para que con su amparo les diese fuerza contra los franceses, aunque el vicario, como habría de reconocer más adelante, debido al gran ajetreo en que se encontraba en aquellos momentos, no reparó en ello o lo echó en olvido. Pero la Santa Señora, por su bondad, quiso concederles la petición de esta afligida gente. 

Y serían ya las diez y media de la noche, y encontrándose las mujeres y buen número de hombres de edad en la iglesia, pues se había dispuesto lo necesario para celebrar una función con exposición del Santo Sacramento y canto del Tantum ergo Sacramentum... cuando las mujeres, en medio de atribulados sollozos, comenzaron a pedir a la Virgen que sus hombres volviesen pronto sanos y salvos... para lo que se asían con dolor de su blanco vestido... Mientras tanto, un hombre que había subido a la torre de la iglesia oteaba en la oscuridad por si se veían resplandores de los cañonazos y de la fusilería enemiga, dar aviso inmediato, pues ello sería señal inequívoca de la proximidad del enemigo para en tal caso sumir las hostias consagradas, como es justo que se haga en tales  lances... para preservarlas de los ultrajes. 




A la una de la mañana del día dos de junio, después de que se hubiera puesto la luna, la madre del dicho vicario, de nombre Antonia Calatayud, que había permanecido durante aquel tiempo en su casa, nada más salir a la calle en la puerta de su casa, según se nos dice, vio en el primer ciprés a la Virgen, pero a nadie lo dijo hasta que llegándose a ella una hija de Antonio Ramírez, casada en Benferri, le dijo: Tía Antonia, no ve ¿Aquella es la Virgen? Si señora, la Virgen es, dijo mi madre. Pero las mujeres que constantemente salían y entraban de la iglesia a observar si se oía en la lejanía algún rumor de la invasión francesa, no se percibieron de la presencia de la aparición que descansaba en el árbol en forma de un bulto blanco. que en todo era semejante a la imagen que se veneraba en la parroquia, pero en un momento dado comenzaron a dar voces diciendo: La Virgen está en el ciprés. Y con ellas, todas las mujeres que se hacían presentes en la iglesia acudieron hasta colocarse a tres o cinco palmos de ella, lo que les era posible tocar con sus manos los vestidos de la Señora, pero nadie tuvo tal atrevimiento.




Estando la muchedumbre en aquella situación vieron clara y distintamente cómo el ciprés había desaparecido, y sólo se veía de él el tronquito y como palmo y medio de sus primeras ramas que parecían peana. Al contemplar este prodigio, que no admitía la menor duda, los presentes comenzaron a clamar diciendo: La Virgen, la Virgen está en el ciprés. Voces que hicieron que el vicario saliera a la plazoleta que se abría ante la iglesia, para, asustado como se encontraba, pues, como dijo, llegó a perder la voz y a sentir que sus cabellos se el erizaban, poder pronto reaccionar poco a poco y acercarse a la Virgen que reposaba en el ciprés. Una mujer, recuerda, que le preguntó si aquello sería bueno para ellos, a lo que él respondió que naturalmente que lo sería.




De aquellos sucesos, pocos días después, el vicario don Vicente Alcaraz Calatayud escribió la siguiente composición rimada:


La hermosa de negra tez
Porque el sol la hizo morena
Puedo decir esta vez
Que con una cara buena
Se apareció en el ciprés.
No fue de encina ni Almés
El escabel soberano
No fue Pino ni albés
Que para éste echó mano
De las ramas del ciprés.
Así lo jura y confi esa
El más obsequioso esclavo
A los pies de su princesa
Vicente Alcaraz vicario.
No fue en el campo de Booz
Que fue en el campo de Orihuela
Donde con el niño Dios
Se dejó ver Rut risueña
De junio en el día dos.
Aunque el demonio no cuadre
Y brame todo el abismo,
Diré, Jesús, dulce Padre,
Que a ti te vi yo mismo
En el ciprés con la madre.
La ilustre solimitana
Para ser vista esta vez
Toda bizarra y ufana
De las ramas del ciprés
Se formó hermosa peana.


Pero volviendo al momento de la aparición, el vicario añadió que tan pronto pudo reaccionar de la impresión que le había causado tener conciencia de ser testigo de la presencia de lo sobrenatural, se dirigió a la sacristía para tomar una antorcha que encendió con la llama de una de las velas que ardía ante el altar por haber sido ofrecidas a la Virgen, para pasar a referir que esta luz la llevaba para alumbrar a la Señora del ciprés pensando ser esta mi obligación como criado de la casa. Salí con la antorcha encendida y cuando llegué al portal vi el bulto hermoso y blanco que a la vez primera pero al empezar a caminar advertí que la Señora iba desapareciendo, y fue al modo que se quita la densa niebla que cubre los árboles...



Cuando las gentes allí congregadas sintieron que el ciprés estaba sin la Virgen, se entregaron de nuevo a un desconsolado llanto en señal del miedo que les dominaba, lo que les llevó a decir: Padre vicario, la Virgen se nos ha ido, ¿qué será de nosotros?

A lo que este respondió pidiéndoles que volviesen a pasar al interior de la iglesia, como hicieron. y donde al ver la santa imagen en su altar, se nos acabaron todos los sobresaltos de parecernos que la Virgen nos dejaba, con lo que comenzaron a dar voces con vivas a la Virgen del Remedio.

Y como es natural, la leyenda que recoge el hecho de la aparición de la Virgen de los Remedios en aquella noche de comienzos de junio de 1808, nos dice también que conllevó que aquellas medrosas gentes del Campo de la Matanza se sintieran en su ánimo profundamente reconfortados y amparados al sentir nuevamente su presencia.




Y poco después comenzaron a llegar al Campo de la Matanza noticias que decían que la temida invasión de los franceses en distintos lugares de la costa alicantina había sido debida a la mala interpretación que había causado la presencia de unos veleros en la costa, y con ello que hubiese corrido una farsa alarma, por lo que la tranquilidad volvió a reinar en aquellas gentes.

Muchos años después, y en recuerdo de dicho suceso que fue siempre admitido por milagroso, pues como tal lo han tenido y lo tienen los moradores del Campo de la Matanza, en la explanada que hay ante la puerta de la iglesia, se levantó un monumento en piedra en el que se representó en su verdadera proporción dicha aparición de la Virgen sobre el ciprés, así como, en su parte posterior, se dispusieron diversas letrillas rimadas alusivas a ella.



Francisco J. Flores Arroyuelo



LEYENDAS DE ORIHUELA