Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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jueves, 4 de febrero de 2016

FICCIÓN: 10 Lugares de Orihuela en donde pasar miedo: 7. La calle San Juan


Durante varios días estuvo al acecho en el número 16 de la calle San Juan.

Para algunos una lunática, para otros, una endemoniada y poseída que con sus gritos y blasfemias ponía en alerta a todo aquel que se atreviera a pasar ante ella.

Era el 5 de agosto de 1904.



Hija de una familia distinguida y de honores virtuosos salía a la calle para molestar a sus vecinos. A los que les gritaba vocablos obscenos y frases que en otra época la habrían llevado directamente a la hoguera.

La familia por supuesto la dejaba como caso perdido y el único contacto que mantenían con ella era proporcionarle un plato de comida que en seguida era esparcida por el suelo y como si de un animal se tratase se ponía a cuatro patas y empezaba a lamerla tendida sobre la tierra.



Con el pelo desgreñado y el bello de la barba descontrolado es como hemos sido testigos de esta visión del averno que a veces desnuda por completo y otras con una camisa rota y sucia nos saludaba con interminables y dolorosos lamentos imposibles de aguantar.

Soeces palabras que salían de sus labios mientras ejecutaba movimientos que la pluma no puede describir en gracia a la moral.



Los ojos como bolas de fuego y su boca viperina que no hacía más que escupir palabras malsonantes y escandalosas para una chica de la época.

Las posturas más obscenas eran vividas por aquellos que no tenían más remedio que cerrar los ojos para no ver la desnudez de un cuerpo pálido.



Durante mucho tiempo permaneció en ese estado hasta que finalmente fue abandonada por sus familiares no sin antes tapiar con maderas las ventanas para impedir que se arrojara por los balcones.

El juez de primera instancia Francisco Barrios Álvarez y el hermano de la infeliz, D. Mariano Tomás, canónigo de Segorbe se pusieron de acuerdo para hacer las gestiones pertinentes para que la susodicha fuera ingresada en el Manicomio Provincial dando las oportunas órdenes a D. Juan López para que la asistiera y pudiera curarle el extraño mal.

Nunca más supimos de ella.

FUENTES
El Diario Orcelitano nº 146, 5 de agosto de 1904.
Unión Republicana nº 113, 10 de octubre 1905.
Unión Republicana nº 116, 3 de noviembre 1905.
Unión Republicana nº 127, 3 de febrero 1906. 

ACTUALIZACIÓN 25/4/2016:

Nos informan desde la vecindad que en una casa situada en la otra calle paralela, justo pegado al lugar en donde hemos localizado el lugar exacto en donde se erigía la casa en cuestión pero que ahora es un solar, que ocupa las dos calles, se siguen produciendo fenómenos anómalos como ruidos en la noche de pasos invisibles por los pasillos.



Posiblemente nos encontremos ante un lugar maldito en donde ocurren todo tipo de fenómenos extraños.

Primero una chica joven que actúa como si no fuera ella, como si algo la poseyera y la obligara a salir a la calle en 1904 semi-desnuda haciendo y diciendo cosas muy obscenas que recuerdan un poco a lo expuesto en la que está considerada como mejor película de terror de todos los tiempos: El Exorcista.


Palacio de la Linde, antiguo nº 44 en el año 1900

Ya que su comportamiento era muy parecido a lo que la cinta nos mostraba con la pequeña Reagan.






¿Es realmente un lugar maldito que atrae los hechos sin explicación, a entes negativos que poseen el cuerpo y alma de otras personas hasta hacerles perder la razón como a la chica que encerraron en el manicomio?

¿O es quizás un lugar de paso para almas en pena que por la noche buscan su camino hacia la luz?

Sea lo que fuere, no deja de ser un lugar terrorífico en donde cuando llegan las altas horas de la noche es mejor permanecer lo más lejos posible.

* Se trata de fotos genéricas de distintos puntos de la calle San Juan que no tienen por qué estar relacionados con el artículo.
* Pido disculpas por adelantado si alguien se sintiera ofendido.
* Pedimos también disculpas a la Residencia de Estudiantes Miguel Hernández por el perjuicio que le hubiéramos podido ocasionar.


viernes, 27 de noviembre de 2015

Orihuela misteriosa: un caso de poltergeist y apariciones en la huerta oriolana


La Huerta de Orihuela trae consigo muchas sorpresas.
Además de haber hecho que un visitante extranjero hubiera exclamado nada más verla que este era el Paraíso Perdido que su compatriota Milton mencionara en sus famosas poesías sobre el cielo y el infierno, es posible encontrarse con viejas historias oscuras llenas de misterio que algunos de los que antaño fueron sus pobladores no han podido olvidar por la impresión que les causó en su momento.

Este es el testimonio que una persona afirma que le ocurrió a su madre en una vieja casa de la Huerta oriolana hace ya bastantes años.

No hacía mucho tiempo que había fallecido un familiar al que todos querían mucho.
Una noche, mientras permanecían en la cocina del hogar, la madre de esta chica se dio cuenta de algo que en seguida llamó su atención.

La distribución de la vajilla que había apenas unos minutos antes sobre la mesa había cambiado misteriosamente de forma.

La mujer volvió a colocar las cosas como a ella le gustaba y lo tomó como un pequeño descuido.

Al día siguiente volvió a ocurrir exactamente lo mismo.

Algunos de los platos se habían deslizado hacia el borde de la mesa y permanecían en pie sin caerse retando de una manera notable las leyes de la física pues era más grande la parte del plato que permanecía en equilibrio fuera de la mesa que el resto del plato.

La mujer, por supuesto, volvió a tomar el incidente como algo puntual y aislado y como pura casualidad.

Pero es que los días se sucedían y cada vez el fenómeno se repetía.

Lo habló con el resto de integrantes de la casa y entre todos trataron de convencerse de que nada anómalo ocurría allí.

Pero el fenómeno se repetía y volvía a repetirse.

El asunto ya empezó a convertirse en un quebradero de cabeza  pues por aquellos tiempos la gente era mucho más supersticiosa que en estos días de la actualidad y achacaron el extraño fenómeno de naturaleza imposible a las invisibles manos del fantasma del familiar fallecido.

Hasta que llegó un día en el que la criada montada en su bicicleta se cruzó con algo que parecía una sombra oscura.que se detuvo ante ella y que hace que casi cayera del sillín del susto.

Ante la pregunta de qué cosa era o parecía ser, la criada creyó escuchar una débíl voz que venía del más allá que pareció decirle que nadie le había ofrecido una misa por su alma.

Así que se lo contó a su señora y ambas tomaron el asunto como la explicación de los hechos ocurridos días antes en la cocina de la casa.

Se hicieron los preparativos para realizar una misa en honor al familiar fallecido.
Y llegado ese día, ya en el interior de la Iglesia la misa comenzó.

A los pocos minutos la criada exclamó a su señora que mirara hacia uno de los bancos vacíos del lugar sagrado pues en él veía como una sombra oscura acababa de posarse.

- Señorita, es ahí, ahí está la sombra. -

La señora miró al lugar que la otra le señalaba pero era incapaz de ver nada anómalo.
Tan sólo la servidora veía apenas unos pocos metros separadas de ellas a lo que parecía ser la misma sombra con la que el otro día se topase mientras montaba en la bicicleta.

domingo, 4 de octubre de 2015

Orihuela misteriosa: La mano de Redován


Buscando información sobre hechos curiosos acontecidos en Orihuela me topé en el libro de Antonio Colomina Riquelme ORIHUELA SUS CALLES, SUS PLAZAS, SUS GENTES… una alusión a un caso extraordinario que ocurrió en nuestra vecina localidad de Redován y que nos afectó de manera directa ya que miles de oriolanos se sintieron atraídos por el hecho y acudieron en masa al hogar del protagonista para ser testigos de la manta que con ingeniosa prontitud había colgado en una vitrina en la pared para que todos los asistentes pudieran ver la huesuda mano que se había grabado a fuego y de manera milagrosa en el tejido.
Seguí buscando en la red hasta que pude encontrar este testimonio directo y que contiene una narración de gran calidad literaria que parte de un vecino natural de esta localidad.


LA TIA DE NINO 

Bernardino Murcia Sánchez, vecino de Redovan, conocido como Nino, vivía con sus padres en el número 9 de la calle Chapí. Su vivienda era humilde, de una planta y a dos aguas; se accedía directamente a un espacio amplio, popularmente conocido en Redován como entrada; de ésta se accedía a dos habitación, una a la izquierda y otra a la derecha, en ésta dormía Nino. De la primera entrada se pasaba a otra similar, que hacía de comedor-cocina, en el que, normalmente, se hacía la vida hogareña. Del comedor-cocina una pequeña puerta comunicaba con el corral. 

Tenía 19 años; era amable y callado. Sus facciones, de aspecto mediterráneo, colaboraban a la apariencia de un joven amable y humilde. Trabajaba como jornalero del campo o de cualquier otra faena que en aquellos años fueran comunes en el pueblo. Nino, que por su aspecto poco sobresaliente y por sus hechos pasaba desapercibido, en el año 1950 fue elegido por la Virgen María para que anunciara su deseo de que en Redovan se le hiciera una ermita en el lugar conocido como Las Vagonetas.

Nino solía visitar, como la mayoría de vecinos del pueblo, la zona de la sierra, conocida por Las Vagonetas. Esta finca, había quedado fuera de la plantación de pinos que se habían llevado a cabo ese mismo año. Comprendía lo que hoy es la casa del Tibi-Tibi, la de Enrique Manzanera, la del Comino y toda la zona de chalets que hay detrás. En la esquina de la finca, lo que hoy ocupa la casa del Tibi-Tibi, había un caserón medio derruido. La casa estaba orientada hacia la huerta. A su puerta, después de cruzar el barranco de los Cortaos, se llegaba por el camino de Los Pasos, que continuaba, como ahora, hasta el cementerio. A su derecha, en dirección al cementerio, iniciaba su vida la incipiente pinada. A su izquierda, el cauce del barranco Los Cortaos, que, en días de intensa lluvia, bajaba con fuerza arrolladora. En toda la finca había viejos algarrobos, junto a oscuros y rugosos almendros, que servían de parque de juegos a los más aventureros chiquillos del pueblo. Detrás de la casa, a unos 50 metros, había una vieja aljibe que recogía las aguas de las generosas lluvias de primavera y otoño. En la parte alta, casi al límite con la pequeña pinada, se encontraba una especia de balsilla que recogía el agua cuando llovía y que por medio de un canal de obra, la conducía hasta ella.

Nino, que descansaba cerca del aljibe, después de un día de duro trabajo y una larga caminata por la sierra, recibió de la Virgen María el mensaje, no se sabe si en aparición o en sueños, de que allí mismo debía construirse una ermita en su honor. Asustado e incrédulo, no salía de su asombro. Preocupado, pensativo y eufórico al mismo tiempo, bajó para su casa. Nada dijo a su familia de lo sucedido o soñado. La vida siguió normal. Pasaban los días y sólo la monotonía era novedad.
Se estaba convenciendo que todo había sido un hermoso e increíble sueño.
Una noche, su habituación se iluminó con una tenue luz anaranjada y una voz lejana, metálica, rasgada y fría, pero familiar, le despertó. Era la voz de su tía Josefa Medida, muerta hacía 16 años. Le dijo que no se asustara, que era su tía Josefa y que venía en nombre de la Virgen para recordarle lo dicho por ella en las Vagonetas: Que debían hacer una ermita en aquel lugar para que sirviera de peregrinación y rezo y que, como lugar santo, colocara en aquel lugar una gran cruz. Terminado este breve mensaje, todo quedó, de nuevo, a oscuras y en silencio. Impresionado y tembloroso, ya no pudo conciliar el sueño. Concluyó que lo ocurrido en Las Vagonetas, había sido real. Eso no le tranquilizó, más bien, lo contrarío, porque sabía que para él empezaba una época llena de dificultades. No obstante, decidió no tomar ninguna iniciativa, por ahora. Nada dijo de lo ocurrido.

Como todos los días, al alba, cogió la fiambrera con la comida que su madre le había preparado y se fue al tajo. No podía dejar de pensar en lo sucedido. No sabía que hacer. Dudaba. Sabía que debía obedecer la orden recibida, pero también sabía que esto supondría enfrentarse a críticas y rechazos de su gente y vecinos y que lo tomarían, como mínimo, como loco de cuidar. Pensaba, dudaba y daba largas a la decisión.

El tiempo transcurría y nada cambiaba. De nuevo, mientras dormía, la habitación se llenó de una tenue luz de color naranja oscuro, de olores extraños y, de nuevo, oyó la voz de su tía que le recordaba los deseos de la Virgen y que no podía posponer más tiempo el anuncio de su deseo, ni posponer la colocación de la cruz. Esta vez, para convencerle y para que no dudara de que era ella, su tía, muerta hacía 16 años, quien le hablaba le dejó gravada a fuego, en la manta parda que estaba sobre la cama, la señal de su huesuda y negruzca mano abierta. Al terminar de hablar y sellar en la manta su esquelética mano, la luz y voz desapreciaron, no así la extraña olor que permaneció por algunas horas. Al comprobar que la señal impresa, coincidía exactamente con la mano de su tía, pues tanto la marcada en la manta como la verdadera, según recordaba y le habían dicho en varias ocasiones, tenían dos dedos doblados (la mano de la tía Josefa los tenía doblados debido a un accidente que tuvo, unos años antes de morir) aceptó su destino y decidió que, desde ese momento, su misión sería transmitir a todos el deseo de la Virgen de que en las Vagonetas se le hiciera una ermita. Colocaría de inmediato una cruz cerca del aljibe.

Con la claridad de la mañana, despertó a su familia para comunicarles el mensaje que había recibido de la Virgen, en voz de la tía Josefina. Viendo la incredulidad en sus rostros y, sobre todo, en sus palabras de sorpresa, duda y, hasta reproche, les enseñó la manta en la que, hacía pocas horas, su tía había impreso su mano para sellar la autenticidad del mensaje. Esto les convenció y, con los ojos inundados en lágrimas de dicha, abrazaron a su hijo, dando gritos de alegría. Los vecinos de la calle, oyeron el jaleo y, como es frecuente en los pueblos, se acercaron a la casa para saber que estaba sucediendo. Este les contó, ya en plan predicador, el mensaje recibido de la Virgen en las Vagonetas y confirmado con la aparición de su tía Josefina. Para convencerles de lo dicho, les enseñó, también, la huella dejada por su tía en la manta. Se sumaron a la sorpresa y a la admiración. En pocos minutos la noticia se extendió por el pueblo.

Redován se llenó de corrillos que hablaban abiertamente de lo ocurrido y, en pocas horas, todo el pueblo supo del milagro. A la casa acudían, sin cesar, vecinos que querían ver la señal del milagro. Ya por la tarde, dada la enorme cantidad de fervorosos visitantes, en unos casos, y curiosos, en otros, que querían ver el estigma dejado por la mano de la Tía de Nino en la manta, los familiares la extendieron cuidadosamente sobre la cama del “santo”, como empezaba a decirse ya de él, para que en orden pudieran entrar y salir de la habitación, una vez vista con recogimiento por unos o irónica sonrisa por otros. Todos coincidían en que la señal dejada en la manta era exactamente igual a la huesuda mano de la tía Josefa, muerta hacía unos años. Para unos, era una señal de Dios que exigía arrepentimiento por no parar de ofenderle. Para otros, los menos, no era más que a Nino se le había ido la cabeza y le había dado por esta extraña historia de apariciones, bastante común en aquellos años. Para los escépticos de lo sobre natural, sabedores de la noticia, no le daban ningún valor milagrero, más bien veían en ello intereses ocultos.

Después de esto, lo primero que hizo Nino y, ya de una forma abierta, fue construir una cruz de madera que colocó en un lateral de la aljibe de las Vagonetas. El la visitaba todos los días, acompañado de numerosos devotos. Guiados por él, rezaban y pedían favores y perdón a la Virgen.

En los días que siguieron, ya nada le fue igual. La vida le cambió radicalmente. Dejó el trabajo y su vida social. Se recluyó en su casa, en la habitación donde estaba expuesta la manta con la mano impresa de su tía, pues los visitantes querían verla, hablar con él y en muchos casos, tocarle. El, con voz suave, cadenciosa y dulce, les comentaba el deseo de la Virgen. La gente salía exultante de fe. Sólo, de vez en cuando y para evitar tanta presión, subía a la sierra a rezar al pie de la cruz o realizaba labores agrícolas, propias de otoño, en una pequeña propiedad que su familia tenía en la huerta. Se cuenta, como hecho milagroso, que una mañana fue a estrujar tormos y se volvió enseguida, sorprendido y algo agitado. Se comentó que fueron los ángeles, enviados esa noche por la Virgen, los que hicieron el trabajo. Este otro milagro incrementó la fe de los creyentes y la duda en los escépticos.
Las noticias de las apariciones y los milagros eran los temas de conversación en el pueblo y en la comarca. La mayoría de vecinos de Redován y de localidades vecinas empezaron a hacer suya el deseo de la Virgen de que se hiciera una ermita en las Vagonetas. Ya era el momento, decían de empezar a hacer recolectas para tal fin. Otros, los menos, dudaban de la veracidad de los hechos y pensaban que todo era un montaje para conseguir no sé qué y Nino la víctima inocente, o no, del enredo. Esta ebullición de fe y de escepticismo traspasó los límites comarcales y se hizo común en los pueblos cercanos de Alicante y Murcia. Los medios de comunicación nacional también se hicieron eco de lo sucedido en Redovan.

Estos acontecimientos eran muy importantes y podría suponer un cambio trascendental en el pueblo y en la comarca. Por la experiencia en otros lugares-Fátima y Lourdes- de ser cierto, supondría una revolución económica y social. De demostrarse lo contrario, que todo era una farsa, el ridículo sería de grandes dimensiones. Por ello, la autoridad religiosa y política se mantenían al margen, pero expectantes, de los continuos sucesos.

La Virgen decidió poner fin a las dudas y le envió de nuevo a la Tía para indicarle que la noche del día 28 de Octubre se mostraría a todos en las Vagonetas para trasmitirles su deseo. Esto confortó el alma de Nino, porque suponía, por fin, que todo el mundo abandonaría la incertidumbre sobre él y su mensaje y, sobre todo, verían a la madre del creador. Nino comunicó el mensaje recibido. La noticia, rápidamente, se extendió de boca en boca y de pueblo en pueblo. La prensa la llevó a lugares lejanos.

El deseo, el nerviosismo, la ansiedad y también el temor, se apoderaba de los vecinos, conforme se aproximaba la fecha indicada. El día llegó y empezó a verse por el pueblo a muchas personas desconocidas que preguntaban por el lugar en el que la Virgen se iba a aparecer. Mayores, jóvenes, mujeres, hombres, familias enteras o solitarios individuos, con ropas de bien o con ropas menos bien, oliendo a perfume u oliendo a trabajo…todos venidos de todos los pueblos de la comarca, de pueblos de Alicante y Murcia e incluso de lugares lejanos, iban en aumento conforme avanzaba el día. Llegaban a pie, en bicicletas, en carros, montados en animales de carga y, los menos, en coche. Redován no parecía Redován. Se había transformado en un centro multitudinario de fe y de espectáculo. Al llegar la noche, más de 1000 personas se concentraron en la Vagonetas, iluminada con pequeñas hogueras repartidas en puntos estratégicos. El aljibe, como ya había anunciado Nino, sería el lugar elegido por la Virgen para mostrase a todos los allí presentes. La multitud era enorme. La gran mayoría, dada la multitud concentrada y las dificultades propias del terreno, no podía ver el lugar elegido para la aparición. Mientras el momento llegaba, los fervorosos creyentes, de rodillas, o de pie o sentados sobre el suelo, rezaban el rosario, o improvisaban oraciones espontáneas. Los descreídos y curiosos, que eran escasos, hablaban entre sí del acontecimiento. Pasadas las ocho, llegó Nino rodeado de los más allegados a él. Conforme avanzaba hacia el aljibe, el gentío gritaba pidiéndole favores y se le acercaban con intención de tocar sus ropas o a él. Los que le acompañaban procuraban que no se acercaran a él. Los minutos trascurrían y los ánimos crecían en fervor y esperanza para unos, en confirmación de sus dudas, para otros. Nino, subido al brocal de la aljibe, con voz potente, pero dulce y serena, se dirigió a la multitud para decirles que pronto verían a la Virgen y escucharían su mensaje. Terminadas sus palabras, se arrodilló y, juntando las manos sobre el pecho, rezó mirando hacia el cielo. Todos le imitaron y, arrodillados también, imploraron a la Virgen por sus pecados. Se hizo un respetuoso silencio. Sólo un susurro callado se oía en la oscura noche. El fresco viento de la joven noche se sumaba al fervor popular con verdes silbidos producidos al rozar las hojas de los garroferos. Las más de mil personas se transformaron en una inmensa alma que rezaba por los suyos, por sus pecados y por sus sueños. De pronto, el devoto y respetuoso silencio se transformó en un sonoro griterío de admiración, alegría y júbilo al contemplar un hermoso y blanco resplandor que desde el aljibe iluminaba toda la sierra. Allí estaba, era la Virgen, que convertida en hermosa, regia y dulce luz, hablaba en silencio a sus corazones y les pedía paz, amor y que construyeran una ermita en ese lugar. La mayoría, con lágrimas en lo ojos y emocionados y felices alababan a la Virgen por haber hecho con ellos el milagro de poderla sentir y ver. Otros, menos fervorosos, decían que no veían nada e indicaban que esa iluminación repentina se debía a las luces de algún coche, que descendiendo del túnel de Orihuela, había proyectado los resplandores sobre la sierra de Redován. Para éstos, la aparición había sigo un engaño. Los fervorosos decían que éstas palabras eran propias de personas pecadoras y de poca fe.

Pasados unos minutos y, viendo que nada más sucedía, la multitud se fue disgregando. La mayoría decidió bajar de la sierra e iniciar la marcha a sus domicilios o buscarse un lugar donde pasar la noche. Numerosos henchidos de fe decidieron quedarse en el lugar santo para seguir rezando. Algunos de éstos, a pesar de que Nino, acompañado de sus amigos y familiares, se dirigió a su casa, se quedaron toda la noche entre rezo y cabezada. De alguna forma, todo había terminado: para unos el milagro, el espectáculo para otros. Al día siguiente, el pueblo estaba dividido entre los que habían visto a la Virgen y los que decían que todo había sido un engaño. Los primeros eran mayoría.
Pasados unos días, las autoridades, comprendieron que esta historia se estaba desbordando. La autoridad religiosa no estaba convencida de lo milagroso de estas apariciones y, por lo tanto, no le dio apoyo. Esperaba que hubiera datos más concluyentes. La autoridad civil más radical y preocupada, decidió iniciar una investigación, ya que la concentración de más de 1000 personas y el revuelo producido en los siguientes días, se podía convertir en algo incontrolable. Por ello, al día siguiente, el Gobierno Civil de la Capital dio orden de arrestar a Nino y llevarlo a Alicante para su interrogación. Lo esposaron y se lo llevaron en un coche celular. La cruz y la manta se la llevaron también, cargándola en la baca del coche. Se dijo, que en el trayecto algunas sombras indujeron a los policías al sueño y estos pararon el vehículo y a Nino, sin ser conscientes de lo que hacían, le desataron. El no quiso escapar. Despertados los guardias del sopor, y sin saber qué había sucedido, reiniciaron la marcha. En la comisaría le interrogaron una y otra vez. Nadie supo cómo ni de que manera lo hicieron, lo cierto es que cuando, a los pocos días, volvió a Redovan, ya nunca oyeron de su boca nada referente a los milagros narrados.
Pasó el tiempo y los acontecimientos ocurridos aquellos días se fue olvidando y la normalidad volvió a Redován y a todos. Nino siguió con su mismo trabajo, con su vida. Se fue haciendo mayor, se casó y tuvo mujer e hijos. Nunca después se le oyó hablar de lo ocurrido, aunque se le preguntara por ello. Murió de 69 años, en 1995.

De esta historia, sólo han quedado rumores: como que la manta está en Roma; algunas sospechas, como que a ciertas personas del pueblo se las ha visto rezar, hasta hace muy poco años, en la esquina de la casa del Tibi-Tibi y en dirección a donde estaba el aljibe; una evidencia y algún comentario, como que la ermita de la Virgen de la Salud, es la respuesta a la petición que la Virgen hizo al pueblo de Redován.