Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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martes, 13 de octubre de 2020

La casa de los aullidos de Orihuela

 




Los aullidos de dolor y sufrimiento de esos pobres desgraciados que pasaban sus últimas horas escupiendo sangre y con el cuerpo lleno de heridas y costras atormentan nuestros oídos en las noches oscuras de invierno.

Los enfermos y moribundos eran trasladados a una alquería situada a las afueras de Orihuela conocida como la Casa Blanca. Las puertas de la ciudad permanecerían cerradas para ellos para siempre.


Se les despojaba de sus ropas y enseres personales por mucho valor que tuvieran y eran lanzadas al interior de las llamas de enormes hogueras que bramaban con colores anaranjados entre crujidos y llantos. Lumbres que adornaban el cielo con sus vapores oscuros que por ningún medio debían de llegar a la ciudad por el posible contagio de los seres sanos.



Una vez pasada la epidemia, la casa recibía atención de albañiles y artesanos que picaban y blanqueaban sus paredes y remodelaban el suelo para que no quedara ni rastro del mal que había contagiado a los allí desahuciados.


Así permaneció en pie esta casa desde el siglo XVI hasta nuestros días en donde curiosos y amantes del misterio hacen sus incursiones nocturnas con el fin de captar con sus aparatos los ecos del pasado que den testimonio del sufrimiento que asoló aquel lugar terrible durante cinco siglos plagados de epidemias, muertes y suplicios.


Fotos extraidas del artículo: 

lunes, 12 de febrero de 2018

Orihuela Curiosa: El año en que se prohibió la visita al cementerio el Día de Todos los Santos



Corría el año 1885 cuando una epidemia de difteria se llevó por delante la vida de muchos de los infantes oriolanos que jamás volverían a correr por sus calles y a llenar de satisfacción al resto de vecinos con sus risas alegres y sus juegos.

El año siguiente, diez oriolanos enfermaron de Cólera.

Poco después, el sarampión hizo también sus estragos.

Algunos de los canes cogieron la rabia siendo uno de ellos el causante de que un ciudadano de Orihuela perdiera la vida sin socorro y con el temor del resto a ser contagiados.

El pánico se extendió por toda la ciudad aquel año de 1886.

Ante aquellas condiciones el alcalde se armó de valor y esgrimiendo razones sanitarias prohibió la visita al cementerio el Día de Todos los Santos.



FUENTE: Revista EL SALT nº 11 Ene/Mar 2007
Artículo de D. Antonio Luis Galiano

miércoles, 26 de abril de 2017

El Río Segura como método curativo del Aliacán


El Aliacán era una enfermedad común desde época medieval que se basaba en la observación de ciertos síntomas en la persona afectada como podrían ser pérdida de apetito y rostro pálido como marcado por la melancolía y la tristeza.

Estados más graves producían incluso náuseas y vómitos.

El término nos viene de nuestra región vecina Murcia, en donde les dio por cambiarle el nombre al vocablo árabe para designar la dolencia conocida como ictericia o tiricia.

Esta enfermedad viene ocasionada por un exceso de bilirrubina en la sangre y provoca unos síntomas visibles en las personas afectadas como pueden ser piel amarillo-verdosa.

Hoy día estos síntomas se asocian con la enfermedad del hígado Hepatitis.

Todos los pueblos y ciudades que rondaban las aguas del Segura hicieron suyo el término para ponerle nombre a una extraña enfermedad que aquejaba a niños que pasaban por periodos de tristeza (depresión) o adolescentes que se sentían sin energía y desganados.

Entonces se decía que estaban “alicaídos”.

El remedio que por aquel entonces le dio a la gente por probar era la de colocarse junto a las aguas de nuestro querido río Segura y quedarse fijamente mirándolas durante largos periodos en los que al mismo tiempo se debía de recitar una oración.

Otra forma más curiosa de curar estos síntomas era a través de un ritual cotidiano como era la de orinar sobre las flores blancas del manrrubio.

Dicen que haciendo esto se devolvía el color perdido a los rostros de los que lo habían padecido.

Fue una época en la que los llamados “Curanderos” hicieron su agosto pues casi todas las familias oriolanas acudían en secreto con alguno de sus miembros aquejados con tales dolencias. Y si no, que se lo pregunten a la señá Eustaquia.

Más remedios conocidos son los de colocar una vela encendida o un candil o mariposa.

El curandero imponía sus manos sobre el afectado en la cabeza y otras partes del cuerpo y con una cruz se hacía un pequeño ritual.

El sanador quedaba en trance durante unos minutos y luego se le daba al paciente un pequeño recipiente que contenía un líquido extraído de la savia de las chumberas para cuando notase que la enfermedad regresaba. 


*Y a continuación, un relato corto de Adolfo Claravana sobre un hombre aquejado del mal aquí arriba explicado.