sábado, 6 de agosto de 2016

Orihuela curiosa: La fuga de los dos pequeños buscadores de horizontes



En las primeras horas de la mañana del lunes 13 de Enero de 1930, dos pequeños jovenzuelos J. Fenoll de 11 años y M. Molina de 12 años de edad quisieron conocer el mundo.

Cargaron ambos con su costal sobre sus pequeños hombros y con un bastón cada uno, para ayudarse en su caminar, iniciaron lo que iba a ser la aventura de sus vidas.

En los bolsillos sumaban entre los dos sesenta céntimos y dentro del morral guardaban celosamente el alimento que debía de saciar su hambre en forma de panecillos.
Más al fondo de la bolsa, un mapa con el que escudriñar el horizonte cuando se sintiesen perdidos.

Parece ser que querían llegar hasta Argentina, en donde hablaban su mismo idioma.

Bien cansados estaban los dos niños de las alegrías y tristezas de su ciudad cuando decidieron dar un cambio de aire a sus vidas.

Los futuros hombres se aburrían enormemente en el ambiente tranquilo y tibio del hogar, estaban sin duda cansados de ir a la escuela todos los días a la misma hora, y jugar a las mimas travesuras en idéntica plaza; querían renovar el paisaje, contemplar otras puestas de sol, que dirían los poetas, volver a la normalidad del dinamismo de que nunca gozaron; e impulsados por estos deseos, se lanzan a la ventura, carretera adelante y sin otras armas que un bastón, unos céntimos y un corazón que navega a la deriva en el mar de las ilusiones.

De Orihuela salieron partidas que los buscaban por todos los rincones desde el momento en que sus familiares empezaron a echarlos en falta.

Ninguno había venido a comer a su casa y sus madres preocupadas habíanse visitado la una a la otra para interrogarse sobre los pequeños.

Se toparon en el camino y nada más verse a lo lejos por las caras que me llevaban supieron lo que ocurría.

Entonces todo fue revuelto y caos por las calles de Orihuela.

Los vecinos y curiosos se sumaron a la búsqueda de los dos desaparecidos y se llamó a las autoridades que malamente pudieron consolar a las dos mujeres y a sus maridos.

Las partidas marcharon por el camino que llevaba a Murcia, a Almoradí, al Castillo, y por último, la que debía de tener la fortuna de encontrarlos, partió para Alicante.

Los animosos muchachos, que querían ampliar el marco de su ambiente, no contaban con el deseo legítimo de sus padres de retenerlos junto a sí y puesto en acción este otro deseo, fueron detenidos al anochecer a la entrada de Crevillente, lugar hasta donde habían llegado andando.

Los llevaron de vuelta a Orihuela y entre un mar de lágrimas se abrazaron a sus padres ante la multitud que tanto había sufrido.

MORALEJA:

Nadie puede censurar el deseo de mejoramiento noblemente sentido; pero lo que debe impedirse a toda costa son los engañosos sentimientos y los mal trazados planes que nos puedan hacer iniciar una empresa sin conocer ciertamente el resultado; porque la verdad, emprender una ventura que debe terminar en Buenos Aires y quedarse en Crevillente, es bien desconsolador.


FUENTE:






No hay comentarios:

Publicar un comentario