miércoles, 5 de julio de 2017

Leyendas de Orihuela: El Origen de la Aparecida


* Todo lo que aparece a continuación es una mezcla entre realidad y ficción que algunos vecinos de La Aparecida relataron en sus alocados viajes por la península del investigador alicantino Pedro Amorós. Estoy a la espera del texto basado en fuentes históricas que sustituya esta entrañable leyenda.

En una de las zonas agrícolas más ricas de la provincia de Alicante se encuentra una pedanía correspondiente al término municipal de Orihuela llamada La Aparecida.

En el año 1736 hubo una explosión en el cielo que sorprendió a varios testigos que dejaron su testimonio estampado en las páginas de la historia.

En el cielo se formó lo que les dio por comparar con un racimo de uva con varias luces misteriosas que se posaron sobre el Olivar Viejo.

A tan solo 5 km de Orihuela se encuentra esta localidad cargada de historias y leyendas.

Una de las más famosas relata que durante los tiempos de los moros, una familia humilde que vivía en el barrio de los Esparragales tenía un cuadro de la Virgen con facultad de obrar milagrosos prodigios.

Asustados por si algún forastero se enterara de la existencia de su tesoro y quisiera robárselo, lo enterraron en un bancal.

Pasado mucho tiempo, un labrador de nombre Jayme Trigueros se encontraba en casa en compañía de su mujer e hijas y un ayudante llamado Ginés Sanz.

En un momento dado, alarmados por una luz exterior que les llamó la atención pudieron contemplar en el cielo doce estrellas que se dirigían directamente hacia el suelo y que cayeron en la zona del Olivar Viejo.

Se dirigieron allí todo lo rápido que pudieron y se lo comunicaron a los propietarios del lugar donde se había producido el suceso.

Entre las miradas de curiosos y escépticos, hubo muy pocos que los tomaron en serio.

Llegados al 13 de mayo de 1736 a las tres y media de la tarde, estaban labrando cerca de un peñasco en el interior de sus tierras cuando notaron que las rejas del arado se engancharon en algo muy duro.

Detuvieron a los bueyes y observaron.

Les pareció que la causa del tropiezo había sido lo que parecían unas maderas viejas.

Forzaron a los animales a continuar y consiguieron extraer del suelo las maderas que eran de olivo y que ocultaban tras de sí algo mucho más increíble.

Ante sus desorbitados ojos apareció una especie de bóveda antigua.

Dentro de esta había un paño atado con una cuerda. Sucio y húmedo.

Se acercaron a un agujero que contenía algo de agua limpia y allí lo lavaron.

De repente, cuentan las antiguas crónicas, el lienzo empezó a emitir un brillo extraño. Como un halo resplandeciente y luminoso que rodeaba la figura de una mujer, la imagen de una virgen dando el pecho al niño Jesús.

Al día siguiente llevaron la buena nueva ante los oídos del obispo José Flores Osorio y este con una muestra de respeto y veneración ante la imagen concedió cuarenta días de indulgencia a quien se encomendase a ella con sus oraciones atribuyéndole una antigüedad de varios siglos.

Jayme Trigueros se la llevó a su casa y avisó a un habilidoso pintor para que la restaurara.

Se le ajustó un marco de madera y se hizo sitio en la casa para una improvisada capilla en donde el cuadro sería mostrado a la ciudadanía.

Los ruegos y peticiones no se hicieron esperar y más aún cuando parecía que todo lo que se pedía era concedido.

El rumor se corrió como la pólvora y los visitantes crecían y crecían cada día.

El reverendo de la Iglesia de Santiago de Orihuela se enteró del prodigio y acudió en busca de Jayme para reclamarle un lugar mejor de custodia para la imagen.

Usando todo su poder e influencias consiguió arrancarla de manos del agricultor y llevársela a su parroquia.

Pero el honrado trabajador no se detuvo ahí e interpuso una reclamación ante los tribunales de Orihuela que hicieron oídos sordos.

No hubo más remedio que acudir a la Real Audiencia de Valencia que finalmente devolvió la imagen a su legítimo propietario.

Fue colocada una vez más en la capilla primitiva de la casa y desde allí siguió obrando milagros.

Con el tiempo se determinó construir una ermita pero cono nadie se ponía de acuerdo en el lugar donde era más favorable se optó por montar la imagen en una burra y hacerla caminar hasta que el animalico se detuviera.

La burra llegó sin parar hasta el barrio de los Esparragales y allí se edificó la ermita.

Con el paso del tiempo el nombre se fue cambiando por el de La Aparecida.

El nombre de la ermita es el de Nuestra Señora del Belén y consta como ampliación de la parroquia de Santiago.

Las atrocidades de la Guerra Civil Española acabaron con la imagen al ser quemada la reliquia por manos enemigas de la fe y la cultura.


FUENTE: 
GUIA DE LA ESPAÑA MISTERIOSA de Pedro Amorós

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