martes, 18 de octubre de 2016

Relatos de Ruta: Varias Historias


Doy paso a estas curiosidades tan interesantes que algunos de los que han participado ya en las Rutas del Miedo de Orihuela me han contado en un momento mágico en el que se pierde la vergüenza por el que dirán y la amistad y el buen hacer cobran protagonismo.

Es un momento que te atrapa sin remedio y hace que las palabras broten de la boca de los intervinientes como chorros de agua dorada que brilla en la oscuridad.

Pasamos agradables minutos escuchando los relatos de cada uno.

Y os aseguro que todos tienen algo curioso o anecdótico que contar:


Yo tengo en mi casa una lejica junto al fregadero con una llave suelta que sirve para abrir o cerrar una puertecica que da al patio, que no lleva llavero ni nada.

Yo estaba sola fregando con la tele encendida.

Entonces escucho como si cerquita de mí, se hubiese caído una llave al suelo, pero pegado a mí.

Claro, yo pienso, jolín, se ha caído la llave.

Me pongo a buscarla y nada que no la encuentro en el suelo. 

Me tiré un buen rato buscando la llave que supuestamente había escuchado al golpear el suelo y por allí nunca apareció.

La llave seguía allí en su sitio y no sé, ni idea de lo que fue.


En mi casa, una noche, estábamos mi mujer y yo entretenidos con la televisión, cuando de repente escuchamos allí mismo en la habitación donde estábamos, un estridente sonido como de algo de cristal estallando en pedazos.

Primero nos fijamos en la pantalla para ver si venía de alguna emisión, pero no.

Estábamos viendo un debate que estaban emitiendo por un determinado canal y allí no había sucedido nada, ni se había escuchado tampoco nada.

Nosotros podríamos jurar que lo escuchamos en nuestra habitación, o sea, en el comedor que es donde tenemos la tele y donde estábamos entretenidos.

Me levanté del sillón y me di un garbeo por toda la casa para averiguar si había pasado algo en alguna otra habitación, pero nada. 

No encontré en mi ronda nada sospechoso, ninguna rotura, ni una sola astilla de cristal.

La verdad es que nos quedamos con cierto mosqueo que aún nos dura.


A mi este verano del 2016, haciendo una guardia en el hospital, me llamaron de la Vega Baja, y me tocó hacerla con un enfermero.

Ya sabes que cuando se está de guardia, se duerme a trompicones, entre aviso y llamada, se pueden robar algunas horas y eso es lo que intentamos en un cuartito en donde los médicos se reúnen para tratar los cambios de turno, como la sala de profesores de los colegios.

Y a mí me tocó quedarme en la parte donde tenemos el Office, acondicionado con un sofá.

Me improvisé una medio cama e intenté dormir un ratito, pero era imposible porque vaya noche pasamos.

Empecé a escuchar sonidos de todo tipo que me impidieron pegar ojo.

Yo nunca he creído en fantasmas, pero te aseguro que aquella noche no lo dudé ni un instante que aquello que escuchábamos no era natural.

Primero se escuchaban por encima de nuestras cabezas como carros o camillas que se movían solas. Las ruedas trepidaban sobre el suelo mientras su giro fantasmal nos hacía la vida imposible.

Luego claramente, escuché el llanto de un niño en una sala que estaba vacía.

El enfermero que era muy serio, y el ambiente que yo viví aquella noche fue como una pesadilla en vida.

Por fin me quedé profundamente dormida durante un rato.

Detrás del respaldo del sofá en donde yo estaba que hacía las veces de almohadón, tenía un cable que bajaba así con un interruptor de luz y como una lamparucha que mira hacia arriba. Una luz muy rara que tienen puesta ahí.

Detrás hay como una ventanita de cristal con una puerta que se corre para permitir la comunicación entre dos habitaciones. Por si tienen que hablar desde una habitación a otra o pasarse algo.

Total, cuando estoy durmiendo profundamente, empieza a oírse un ruido castañeante:

Cloc, cloc, cloc, cloc, muy rápido.

Me despierto sobresaltada.

¿Qué es esto, qué es esto?

Y me veo el cable con el interruptor que estaba toc, toc, toc, moviéndose sólo.

Ya no pude conciliar el sueño y me pasé el resto de la noche entre que llamaban al timbre de las habitaciones y en que tal, asustada tratando de averiguar por qué se movía solo.

Llegué a comprobar que el cable estaba bastante rígido y te aseguro que era casi imposible moverlo con las manos.

En el otro lado de la habitación no había nadie y no podía ser la causa de que golpearan el cristal, así que la razón tenía que ser a la fuerza el cable. Que curiosamente tardó bastante en pararse.

Unos golpes contra el cristal tan fuertes, que así, por su culpa me desperté yo.

Fue una noche horrible, de esas que te toca el interno que está todo el rato pulsando para que lo visites y escuches sus quejas porque no le deja dormir el compañero de la cama de al lado.

Yo me ponía en su lugar pero también les decía que se pusieran ellos en el mío:

Si tú has pasado mala noche, no sabes la noche que he pasado yo.

Se me han dado casos de habitaciones donde suenan pasos o ruidos muy raros, me hacen ir allí para ver qué ocurre y me encuentro que allí no hay nadie.

Los hospitales tienen muchas anécdotas de esta índole.


Pues yo una vez soñé con la muerte de mi abuelo y vi claramente como le cerraban los ojos.

Lo hablé con mi madre y mi madre se quedó extrañada de que yo le contara con tanta exactitud los detalles de tan innombrable momento.

Mi madre me decía que era imposible, que mi abuelo había fallecido hacía muchos años y que yo no había vivido ese acontecimiento, que cómo podía dar ese tipo de detalles tan claros que sí ocurrieron en realidad...






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