sábado, 8 de octubre de 2016

¿Qué pasó con la maravillosa Gruta de Lourdes del Colegio Santo Domingo?


Cuando era pequeño y cursaba mis estudios infantiles en el Colegio Santo Domingo de Orihuela, había un lugar que siempre me llamaba la atención, un lugar encantador que tanto por su misterio como por su exuberante belleza se hacía digno de ver.

Pasábamos los días, durante los recreos, jugando a la pelota en el llamado Patio de Lourdes.

Allá, al final de dicho patio, junto a la portería, unas extrañas rejas nos tapaban la visión de algo que con su sugerente llamada nos hablaba cada día y nos atrapaba con un encanto especial que ninguno de los que allí estuvimos sabríamos describir.

Era esta parte un lugar que tengo grabado en mi memoria, más que ninguna otra de todo el perímetro del colegio.

Con el paso de los años, he ido sintiendo la necesidad de intentar conocer más cosas sobre aquel misterioso lugar que estaba vedado a los ojos de cientos de niños.

Poco a poco he ido descubriendo cosas curiosas de aquel lugar que con cuenta gotas van cayendo en mis ávidas manos.

Por ejemplo, he descubierto, que en ese lugar es donde el Padre Jesuita y arqueólogo Padre Furgús perdió la vida al caerse despeñado por la sierra.

He aprendido, que allí fue donde se rodó el galardonado cortometraje La Noche del Monje que aún a día de hoy sigue dando de qué hablar.

Así, como no, echo en falta más documentación sobre ese sitio.

Y para que vean que no he perdido el tiempo, esto es todo lo que he podido recoger de momento.

La mayoría de las descripciones pertenecen a libros que he tenido que comprarme de segunda mano pues era imposible el conseguirlos tanto en versión digital como en formato libro estándar de papel.

Pero me siento orgulloso de atesorar estos increíbles manuscritos que cuando los leo me trasportan a una época dorada de Orihuela que por mi edad me perdí y que me hace soñar con su inocencia y sus virtudes.

La primera reseña, nos cuenta un poco de la convivencia en el Colegio Santo Domingo de dos escuelas simultáneas, una de ellas, la que nos ocupa, situada en el Patio de Lourdes, lo que se llamó por aquel entonces, Escuela del Ave María.

La foto de portada muestra como era el lugar durante aquella época.

Si más que añadir, les dejo la documentación que he logrado reunir…



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El sacerdote burgalés Andrés Manjón había fundado en Granada, en 1889, un seminario de maestros encargados de aplicar en sus escuelas una pedagogía muy respetuosa con la condición del niño, vertebrada por una constante actividad lúdica. Se daban las clases al aire libre siempre que no lo impidiera la inclemencia del tiempo, en especial la lluvia. Las escuelas del Ave María se extendieron desde Granada a toda España y tuvieron que enfrentarse a menudo con la reticencia, cuando no clara oposición, de las autoridades municipales. Ya en 1911 el padre Manjón proyecta implantarse en Orihuela, dado «el abandono en que se hallan multitud de muchachos de las clases menesterosas de esta ciudad». No se da la coeducación, ni la enseñanza es la misma para niños y niñas, siguiendo las directrices de la Iglesia católica, empeñada en mantener a la mujer en una cerril ignorancia, garantía de mansedumbre y acatamiento al varón.

Las escuelas del Ave María se instalaron en el mismo colegio Santo Domingo, con el que no compartían más que el terreno. Se entraba a las escuelas por una puerta trasera del Santo Domingo, a escasos veinte metros del domicilio de la familia Hernández. No era por ahí, como se ha pretendido, por donde entraban los alumnos pobres del colegio. Las escuelas del Ave María eran de enseñanza primaria. En el colegio Santo Domingo, regentado por jesuitas, se cursaba bachillerato y se preparaba a las futuras élites dirigentes para el ingreso en la Universidad. Ocurría (y quizá de aquí la confusión) que a la puerta de las escuelas del Ave María se distribuían, como ya hemos referido, a los indigentes las sobras de las comidas.

Miguel ingresó en el Ave María a los 9 años y permaneció allí hasta los 12, en que pasó a cursar preparatoria superior en el colegio Santo Domingo.

Como estipulaba el reglamento del padre Manjón, las clases del Ave María tenían lugar al aire libre, incluso durante el invierno, en el Patio de Lourdes, así denominado porque se había reconstruido allí la gruta de Lourdes en el acantilado que amurallaba el fondo del patio. Cuando llovía, las clases se daban en el Patio de la Carpintería, patio cubierto. La lluvia llenaba de agua los ríos ahondados en el mapa en relieve del Patio de Lourdes, donde los niños aprendían geografía española. Había postes eléctricos con cables que cruzaban el patio y que, por no llevar electricidad, servían a los alumnos para exhibir, a la menor ocasión, sus cualidades gimnásticas. Miguel era uno de los que destacaban por su fortaleza física, desdeñando el vacío sobre el que se suspendía con frecuencia.

En el acantilado se descubrieron restos prehistóricos. El jesuita que los halló murió allí despeñado.


Eutimio Martín. EL OFICIO DE POETA. MIGUEL HERNÁNDEZ




El gimnasio entusiasma Gonzalito; pero dónde se deslumbran sus ojos, hechos a ver paisajes grandiosos (sus precoces ojos de artista enamorado de la Naturaleza), es en el exquisito rincón de Lourdes. ¡Oh juegos maravillosos de sol entre follajes mágicos, destellos fantasmagóricos sobre las peñas, blandura acariciante de brisas a través de las frondas de corpulentos cactos! Oye palabras incomprensibles; alza los ojos para mirar un ribazo enorme por donde trepan y se entrelazan enredaderas, hiedras y chumbos dando sombra a la enorme caverna convertida en gallinero y a la gruta de la Virgen de Bernadeta acertadamente imitada.

- Por aquí se despeñó el padre Foulgouses- Dice el padre Espiritual.

Y hablan de excavaciones y de enterramientos y de cosas que a él le parecen muy extrañas y raras. Recuerdan también aquella escuela del Ave María que tuvieron allí y de los felices que eran los pequeñines a la sombra de los árboles copudos estudiando el gran mapa que construían en el estanque y se aprendían con facilidad.


Rafael Pérez y Pérez. LOS CABALLEROS DE LOYOLA



Empezamos por el llamado patio de la carpintería, al que sólo una puerta separaba del gran claustro en que nos encontrábamos. A él daban los ventanales de los salones estudio de las brigadas, y su aspecto general era el mismo de antaño. Por una especie de túnel, que recordaba los portalones de las casas de campo antiguas, pasamos al jardín de Lourdes, uno de los rincones más bonitos de la casa, donde había en el hueco de la montaña que limitaba por aquella parte el perímetro de los dominios del colegio, una reproducción bastante exacta de la milagrosa gruta francesa. Era este un paraje que llevaba asociada para todo antiguo colegial ideas placenteras y jocundas, pues durante el curso no acudíamos a él más que en los días de holgorio o fiesta señalada, al salir para el campo de los congregantes, cuando alguna brigada sacaba bandera, etc. Etc.

A la derecha de la verja de entrada había algo así como un pasadizo secreto, que no era más que el espacio que quedaba entre la falda de la montaña y los contrafuertes de los muros de piedra del edificio, que tenía por aquel lado perspectiva de fortaleza. Siguiendo por él se daba la vuelta a una buena parte de la casa, y nosotros que en nuestros años de alumnos acaso no hubiéramos pasado nunca por allí, nos deslizamos ahora como salteadores que buscan el punto flaco de un reducto.

Se salía a una plataforma de albañilería, que venía a caer sobre los patios de recreo. Y aquí sí que el tiempo había traído sus mudanzas.

Toda aquella parte del monte, que era antes árido pedregal, habíase adornado con unos árboles y unas plantaciones, recreo de la vista, por entre los cuales subían unas escalerillas y paseos que contribuían a dar al conjunto un aspecto coquetón de parque urbano.

De lo que fueron patios de la primera y tercera brigadas se habían hecho ahora uno solo, destinando al juego del “foot-ball”… Ya no se jugaba al marro, ni a la cuerda grande, ni a los carros… Mis amigos y yo nos mirábamos, al decir esto, con cierta melancolía, y sentíamos impulsos de bajar al patio a iniciar por nuestra cuenta unos retozos como los de antaño.


Joaquín Belda. LAS BODAS DE ORO DE MI COLEGIO


FOTOS del Patio de Lourdes en la actualidad 

Un recoveco en el patio

Las Cruces del Padre Furgús

Gruta de Lourdes

La Peña

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