Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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domingo, 23 de octubre de 2016

FICCIÓN: Lugares Malditos de Orihuela. 3. La casa del río


Como si de una película de terror de Hollywood se tratase esta historia demencial se produce en la ciudad de Orihuela,

A un lateral del río Segura hay una casa abandonada que esconde una historia oscura y cargada de detalles sombríos.

Un grupo de adolescentes, estaban buscando una forma de establecerse en una vivienda para utilizarla como club.

La pandilla, formada por jóvenes, la mayoría estudiantes, no podían permitirse pagar un alquiler por una vivienda que les sirviera en sus propósitos, así que decidieron buscar alguna casa abandonada cercana a su hogar para ocuparla sin que nadie fuera molestado.

En una ocasión, pasaron cerca del río y un lugar tétrico y bastante descuidado les llamó poderosamente la atención.

Aquel día, eran sólo una avanzadilla, una chica y varios muchachos.

La vivienda se mostraba majestuosamente ante sus ojos, justo pegada al borde del río.

Con un acceso que no era difícil pero que podía resultar peligroso por la cercanía del río, en una parte en donde no hay ninguna protección como una valla que los protegiera ante posibles caídas al agua.


Con mucho cuidado, atravesaron una gran verja de hierro pintada de rojo que no presagiaba nada bueno.

Se asomaron por la ventana y contemplaros enmudecidos un lugar desierto de toda vida pero en el que aún quedaban casi todos los muebles.

Eso sí, devastados por el paso del tiempo y con la indeleble huella de grandes desconchones en las paredes y ciertas partes ennegrecidas como testigos de una calamidad ocurrida en aquel lugar.

Encontraron una parte por la que pudieron acceder al interior.

Pensándoselo mucho, pues el lugar se las tría consigo.



Penetraron dentro de la vivienda y ayudados tanto de la luz del sol como de las luces que salían de sus teléfonos móviles, se pasearon por allí para ver qué clase de tipo de reforma necesitaban hacerle para que aquello resultase habitable para sus fines.

Llegaron a una habitación que les hizo estremecerse, pues arriba de una viga, quedaba colgada una soga a modo de horca.

Muy cerca, una mesa de madera con caracteres tallados a mano a modo de tabla Ouija, como prueba de que aquel lugar había servido también para otras cosas.

Se acercaron y empezaron a bromear con la cuerda una vez superado el susto.

El más valiente de ellos, se atrevió a descolgarla.

Pero alguno de aquellos chicos ya había sentido el pánico al contemplar aquella visión tan siniestra y se dejaron llevar por el ambiente macabro.



Entre los muchos objetos que había por el suelo, encontraron documentos de varios bancos con avisos de pago que reflejaban en la escasa luz que quedaba los nombres de varios de los dueños que habían vivido allí.

La chica, se agachó para agarrar lo que le pareció un pequeño libro.

Le resultó familiar y a la vez interesante.

Era como uno de esos pequeños diarios que se usaban en el siglo XX cuando aún existía la moda de escribir tu vida y que era muy célebre entre las adolescentes enamoradizas que manifestaban en ellos sus inquietudes y aventuras amorosas.

Se guardó el libro y decidió que más tarde le echaría una ojeada.



Contentos con el hallazgo, creyeron ver allí su futuro establecimiento, el lugar en donde habrían de adecentar su nuevo proyecto, un sitio donde pasar el rato jugando con los amigos, charlando, fumando y lo que se prestase.

Salieron pues de allí con una sonrisa en los labios a pesar de la ardua tarea que les quedaba por hacer.

Aún permanecieron un buen rato juntos y luego se marcharon cada uno a sus casas.

La chica, cuando tuvo un hueco libre, sacó el libro y decidió que tenía que empezar a leerlo.

Algo en aquellas hojas sucias y envejecidas por el paso de los años y la humedad la atraía hacia su profunda lectura.

Las primeras páginas del libro le impresionaron bastante.

En el manuscrito, se relataba la vida de la última habitante de la casa, una persona atormentada que veía pasar el tiempo con ojos desconsolados.

Hablaba de manera terrorífica de sucesos poco claros y muy extraños que se producían en la casa y que habían acompañado a todos sus anteriores dueños.

Aseguraba el diario, que algunos de los que habían vivido allí, habían acabado sus días suicidándose, otros en extraños accidentes.

Todo lo que había pasado en aquella casa sonaba inquietante y muy triste.

Relatado como si una novela de Lovecraft se tratase.

En donde solo penurias, crímenes, muertes violentas, incendios, golpes en la noche, voces fantasmales y sombras nocturnas fueran el pan de cada día de la vida cotidiana de los sujetos que estuvieron allí morando.

Así llegó hasta la última parte.



Unas pocas líneas avisaban del futuro proyecto que tenía pensado el autor/a de aquella macabra obra siniestra.

Hablaba de quitarse la vida.

Quizás, para eso había servido aquella soga que poco antes bailaba al son del ritmo de una invisible flauta de hueso tocada por las manos estériles y huesudas de la propia muerte.

Le contaron al resto de los amigos el hallazgo que habían realizado.

Pocos días después, intentaron volver a la casa un grupo mayor de personas.

Pero se toparon con que alguien, quizás el ayuntamiento, había tapado todos los accesos y cerrado todos los huecos para que nadie volviese a entrar en aquel sitio.

Un día, del año 2016, fui yo el que me tropecé con los muchachos.

Me dirigía a realizar una caminata por la ciudad para ponerme en forma cuando pasé por una calle en donde vi a una pareja que pasaba el rato charlando.


Sentados en un banco comenzaron a conversar conmigo por pura casualidad y me relataron todo cuanto conocían sobre aquel lugar.

Fui anotando mentalmente los detalles y decidí que tenía que ir a echar un vistazo y realizar algunas fotografías.

Hablamos de cómo conseguir el diario, pero resultó que la chica que lo había encontrado y leído, la misma que por su propia boca me lo estaba contando, se lo había dejado a una amiga y que por circunstancias de la vida, mantenían una rabiosa riña entre ambas y se negaba a volver a hablar con ella.

Acabamos haciendo un pacto, debían de buscar la manera de recuperar el diario a través de otra chica de la pandilla y a la espera quedé.

Me di un garbeo en busca del caserón y creí encontrarlo. 

Realicé alguna toma con la cámara del teléfono y volví para enseñarles las fotografías de lo que había retratado, para estar seguro de no haberme equivocado de casa.

Evidentemente, no era la casa que ellos decían, por unos metros.

Cuando los volví a ver de lejos, advertí que el grupo había crecido. 

Ahora eran muchos más.

Ya era de noche y algunos de ellos se mostraron muy amables al ofrecerse como guías.

Me fui con dos de ellos hacia la casa.



Cierto fue todo lo que me habían contado.

El lugar era siniestro y lúgubre.

Y además en aquellas horas de escasa a luz, parecía mucho más terrorífica que a plena luz del día.

Los dos muchachos, decididos, sacaron sus teléfonos móviles y usándolos a modo de linterna me mostraron todos los detalles con la descripción más acertada que pudieron darme.

Quedé impresionado por el ambiente que se respiraba en la zona.

Después de una mirada que fue todo menos fugaz, decidimos que ya no había nada más que enseñar.

Entonces cuando nos disponíamos a regresar, fue cuando uno de ellos se percató de lo extraño y a la vez fascinante que quedaba una huella de mano sobre la nevera.

Me puse a hacer fotografías y curiosamente la huella se veía como si fuera tinta fosforescente sobre la pared lisa de color blanco esmaltado del frigorífico.

Y de momento esto es todo lo que tengo sobre este sitio.

Así que es ahora cuando empieza la verdadera investigación.

Sigo a la espera de que algún día se pongan en contacto conmigo y me dejen ver el famoso diario.

Sería un puntazo tenerlo y mostrarlo en una de las Rutas.




IMPORTANTE:
Por favor. Todos los lugares que aparecen en mi Blog son muy peligrosos. Están en ruinas y a punto de desplomarse o tienen un acceso con mucho peligro. No quiero que nadie se acerque nunca a uno de ellos. Podéis ver las fotos que acompañan cada entrada. Y si algún día pasáis junto alguno de los sitios mentados, miradlo de lejos. POR VUESTRA SEGURIDAD.

miércoles, 20 de julio de 2016

La Maldición de La Algaida


Una joven de 25 años, analfabeta, sin estudios y que formaba parte de una familia de seis hermanos de nombre Francisca tuvo para bien o para mal la desdicha de ser tocada por la mano de Dios.

Durante el verano de 1900 quiso la providencia que esta muchacha sometiera sin querer a su cuerpo a un trance que la hacía decir por su boca un montón de barbaridades que nadie en el pueblo quería creer.

Hablaba así de una próxima guerra entre hermanos españoles, que vendría un tiempo en que hombres y mujeres no se distinguirían por las ropas que utilizarían, que una terrible sequía asolaría esas tierras, que llegaría una época en el que se podría ver el pan tirado por el suelo y en lugar de eso se comerían bizcochos…

La iluminada repetía que Dios debía tomar un camino por lo mal que estaba el mundo y el obispado de Orihuela le respondía que la que debía de tomar un camino hacia el manicomio era ella misma.

Los que fueron testigos de los prodigios que por entonces se prodigaron afirman que durante un tiempo llovió cera, en otras ocasiones, cayeron del cielo monedas de oro y plata e incluso cruces brotaron del suelo.

El caso es que el Alcalde veía que se le escapaba de las manos el asunto pues la venida de peregrinos era incesante.

Tras unos enfrentamientos y algunos disturbios, ocurrió lo de la maldición.

El alcalde de Archena, Serafín Sánchez, se enfrentó a la familia llegando a golpear con un bastón a su padre Pablo Guillén.

Esta, con los ojos enrojecidos por la cólera le espetó.

-         Ten claro esto que te digo, que con ese brazo no volverás a golpear a nadie.

Y según cuentan las crónicas antiguas, eso mismo fue lo que ocurrió pues al poco el alcalde hubo de tener un fatídico accidente con el que se vio obligado a que le amputaran el brazo.

El resto de la historia termina en tragedia, pues sin haber sido corroborado, hubo una mujer de 57 años que murió según cuentan por su propia mano.

Y se dice de ella que era la mismísima Francisca envejecida  que ya no aguantó más y quiso terminar con su vida.

O quizás no, pues hay indicios criminales que apuntan hacia otro lado.

lunes, 18 de julio de 2016

La Corneja del Castillo de Orihuela



VERSIÓN ACTUAL:


Habíase madrugado Perico para ir a visitar a su padre que trabajaba en la taberna de Orihuela.

Al entrar, escuchó un barullo que hizo que se le escapara una sonrisa pues se le antojó similar al ruido que las abejas hacen en la colmena.

Un coro de hombres se reunían alrededor de otro más robusto y fornido que parecía escupir por su boca un montón de palabras que en seguida atrajeron su atención.

Quedó escuchando y se sorprendió a si mismo al sentir sus piernas temblorosas pues lo que allí se contaba era más bien una historia de terror, una leyenda antigua que sólo unos pocos sabían y que los demás habían querido olvidar para no dar pie a nuevos temores en la ciudad.

Inmediatamente reconoció a Martínez, un cazador de la comarca, que además de por sus cacerías era bien conocido por sus historias.

El hombre señalaba hacia la cuesta del castillo y estas eran sus palabras:

No se sabe si por hechicería o por maldición, hay una presencia cerca del castillo que tiene atemorizados a los del pueblo desde tiempos antiguos.

Pues un demonio se disfraza por esos contornos con plumas de ave y forma de corneja.

Así vuela de rama en rama posándose al acecho de cualquier incauto que sobre alguna de sus tramas pueda caer y así cobrarse su alma.

Para ello cuenta con una voz angelical, un canto dulce y precioso que embelesa al que la escucha y se deja así arrastrar para su perdición.

Conozco la historia de un cabrero que acudió a su llamada y nunca más se ha vuelto a saber de él.

Si alguna vez camináis por esos lares y os encontráis con algo que llame vuestra atención hasta el punto de que sin daros cuenta os arrastre hasta las ruinas del castillo, no lo dudéis y salid corriendo, pues el hechizo ya ha hecho mella en vosotros y quizás sólo tengáis esa oportunidad para escapar.

La tensión se plasmaba en el ambiente y Perico quedó muy influenciado por aquella historia. Mientras su cabeza daba vueltas a una cosa, no se dio cuenta de las palabras de Tono, el valiente del pueblo que con mucha chulería le decía a Martínez lo siguiente:

-      Todo eso no son más que embustes y cuentos para asustar a los niños y a las viejas.

-      Mañana mismo voy a ir allí arriba y te voy a demostrar que nada hay por el camino que justifique tus fantasías.

Desoyendo la advertencia del tabernero, Tono salió por la puerta decidido a demostrar a los demás clientes de la taberna su hombría y su tozudez.

Mientras, Perico que recientemente había conocido a una moza y que para no ser objeto de miradas curiosas e indiscretas la había citado en la madrugada del día siguiente en lo alto de las ruinas del castillo decidió impresionado por la historia y afectado del mal del miedo posponer un poco su subida a las ruinas para con la mayor cantidad de luz posible no sufrir ningún susto que le dejase en desventaja sobre su amada.

Las primeras luces del día llegaron con el cántico de los gallos y Tono el machote se armó con su pistola y encaminó la subida por la cuesta del Castillo.

La empinada no se demoró demasiado y al llegar junto a las primeras ruinas ya vio con un poco de latir en su corazón un bulto que aguardaba en la parte más alta.

Tono enseguida comprendió lo que aquello era.

La corneja, capaz de cualquier transformación como había dicho el cazador, se había transformado en bella muchacha para engañar sus sentidos y que así cayera con antelación ante los encantamientos y conjuros del morador del lugar para arrebatarle el alma.

Se paró y escondido tras las ruinas se dispuso a cargar su arma mientras una dulce y encantadora voz, como había sugerido el cazador, lo llamaba al encuentro con ella.

-      ¿Por qué te escondes mi amor? Aquí llevo esperándote desde el alba. Con mi corazón en un puño por no haberte visto aparecer. No tardes y acude ya ante mis brazos.

Tono, ignorando aquellas palabras, salió de su escondite y tratando de evitar su nerviosismo para no errar en el tiro, apuntó y una deflagración sonó en lo alto de la montaña.

El bulto cayó al suelo ante sus narices mientras el arma aún humeaba.

Mientras Tono iniciaba el ascenso hacia el lugar en donde estaba tendida la muerta creyó escuchar un ruido por uno de sus lados.

De repente, un rostro conocido se mostró ante él. Era Perico, el hijo del tabernero que subía por uno de los atajos del monte.

-      Mira Perico, sube y se testigo de cómo me despaché de la hechicera y como libré a Orihuela del encantamiento de los demonios.

Perico reconoció a lo lejos el cuerpo sin vida de su amada y con la rabia que eso le causó sacó su puñal y de un movimiento rápido y seco que sorprendió a Tono se lo clavó en todo el corazón.

-         Tú me quitaste a mi amada, ten de mi el fin de tus días.

Y mientras Tono caía al suelo herido de muerte por la puñalada, el joven acudió tan rápido como pudo al lugar en donde su amor yacía inerte.

Pero sólo pudo llorar desconsolado ante el cuerpo de su amada.

Si por un momento, sólo un momento no hubiese dudado por el temor, ahora ella estaría con vida.


Es paradoja:
La mentira, lleva a la muerte.

Y si el amor por un instante,
recibe un atisbo de cobardía.
seguro llegará el último día,
y la desdicha golpeará fuerte.

VÍCTOR M. NAVARRO 2016



 VERSIÓN ORIGINAL (Hace cien años):

Capítulo I

Entre el barullo de la taberna, especie de mosconeo como rum-rum de enjambre, Periquillo, solo tenía oídos para escuchar la voz de Martínez el cazador, gran embaucador que trataba de hacer pasar como artículos de fe sus enredos y las fantasías de su imaginación.

Narraba el cazador, y el muchachuelo, con tanto así de boca abierta y los ojos en blanco, sumergiéndose en el éxtasis de sus representaciones imaginativas, estaba pendiente de su boca, que decía maravillas.

La de aquel día era tal que atemorizara a los hombres más bizarros ¿cuánto no amedrentaría a los rústicos aldeanos de corazón infantil?

Decía así:

Allá en las quiebras, donde se ve aquel castillo en ruinas, ha aparecido la corneja de la muerte ¡mala bestia! Cosa de hechicería.

Viene hasta el bosque, escóndese entre las ramas, vuela de árbol en árbol y parece hecha de esmeraldas; canta, y música de los ángeles es la suya.

Otras veces parece palomica lisiada que ha caído en los caminos: cuando queréis cogerla aletea y os lleva tras ella.

Una vez tomó forma de cervatillo y se hizo perseguir por un cabrero.

Siempre toma forma de algo apetecible y el que lo ansía corre y corre hasta el castillo… El que al castillo llega nunca vuelve, porque en el castillo, tiene la corneja por permisión del Malo, poder sobre todos.

Tono, el marinero echose a reír…
Periquillo echose a temblar.
Veréis por qué.

-         Agüeros y embustes, decía Tono, leyendas para asustar chicos y viejas.

-         Jurote, decía Martínez, que es verdad.

      -    Pues yo te prometo, dijo el otro, que si es verdad pronto he de verlo, mañana iré al castillo; así se disfrace de ángel la Corneja, No le valdrán conmigo sus encantos, matárela como si fuese un mosquito.

-         Dios te libre del malo.

-         Lo dicho, matárela.


-         Guárdate, recomendó el tabernero- contra el misterio no se juega.

-         Matárela – repitió Tono.

Y Martínez a punto de salir cuando ya la reunión se disolvía dijo:

-         Presto habremos de rezar por tu ánima.

Periquillo, no dudaba, creía en la corneja y sudaba como un azogado.

Quería el mozo a una lugareña del contorno y había concertado con ella verse libre de testigos, junto a las ruinas –en mal hora lo pensó.

¿No había de temblar, al saber como su ignorancia, encaminaba a la muerte a su bien amada?

Capítulo II

Al otro día, festivo por más señas, tomó Tono la ruta del castillo, preparando, a pesar de su escepticismo contra cualquier evento, acariciando nervioso la culata de su pistola.

Cerca ya del solitario montón de ruinas necesitó de todo su corazón bien templado para  no volver grupas.

De entre las piedras surgió un bulto informe que vino a recibirle; la corneja maldita que vino a recibirle de aldeana…

Escondiose al acecho… y ella con voz humana y melodiosa gritaba:

-         No te escondas mi amor, ya te he visto.

Y corría hacia él…

Conteniendo su nerviosidad para no marrar el tiro, disparó y cayó tendida la hechicera…

Por un atajo llegaba alguien.

Lo conoció a lo lejos.

-         Corre periquillo, llega valiente que ya deshice el encanto…

Y juntos llegaron ante la muerta y al volver la cara al cielo, Periquillo que conoció sin vida a su adorada, rápido sepultó el cuchillo en la espalda de Tono.

Y a otro día rezaban por su alma.

LUIS EZCURRA 1916