jueves, 7 de julio de 2016

¡Buenas noches Manolito!


Me alegró mucho el recibir esta interesante historia en mi buzón de correo electrónico.

Un relato de un hecho sobrenatural ocurrido a un oriolano que en principio se consideraba escéptico pero que después del susto que sufrió empezó a preguntarse por determinados sucesos y que seguidor del Blog ha querido que yo compartiera con todos vosotros su experiencia.

Es fácil declararse escéptico cuando no has sido nunca testigo de nada fuera de lo normal. Y esto es lo que me ocurría a mí. Que me tomaba a broma todos los relatos de los supuestos testigos de programas como Cuarto Milenio de los que les aseguro jamás he sido seguidor.

Bueno, por lo menos hasta el día que me ocurrió lo siguiente:

Un día llegó a mis manos un cráneo autentico con un agujero redondo perfecto en una sien (Probablemente algún fusilado de la guerra), aunque pregunté su procedencia, no me lo dijeron, seguramente en alguna obra, que para no parar y dar parte, la tiran, en este caso se encontraron 2, el amigo que me la dio, las desinfectó y la iba a usar en plan decorativo.

Por aquel entonces compartía piso con un amigo y la coloqué sobre una estantería del salón y gastaba bromas al acostarme cada noche, diciendo: ¡Buenas noches Manolito!

Cosa que a mi compañero no le gustaba, ya que él siempre fue mas miedoso... 

Al cabo de un tiempo, mi compañero salió de viaje por una semana, y el primer día en que yo me encontraba solo, la puerta de la habitación, estando cerrada, empezó a vibrar y dar golpes. Lo achaqué a que tenía algo de holgura y que cuando hay un poco de viento lo hacía ligeramente. Lo extraño es que aquel día no había nada de viento.

Decidí salir de la cama y cerrar todas las ventanas y persianas de la casa, 
Volví a la habitación y cerré la puerta asegurándome de que el ruido había cesado. 
Cuando llevaba un rato intentando volver a dormirme la cosa comenzó de nuevo. Pero siendo yo un incrédulo empedernido de los fenómenos paranormales, subí el volumen de la tele y la programé para que se apagase sola. Así puede quedarme dormido.

Al día siguiente, llegó la hora del sueñecito y fui a acostarme.
Pero me fue imposible pues los golpes y las vibraciones ya estaban hoy de nuevo para atormentarme.
Para hacer frente a ellos utilicé el viejo truco de la noche anterior y subí el volumen de la tele.

Sin embargo, no aconteció como la noche anterior, como si alguien invisible quisiese jugar conmigo, cuanto más alto subía el volumen de la televisión, mas fuerte se oían los golpes.

Le aseguro que sólo una persona que no es creyente en este tipo de fenómenos es capaz de digerirlos como yo hice y conseguir al poco tiempo el volver a quedarme dormido ignorándolos

Llegó el tercer día y fue una repetición de lo ocurrido en días anteriores.
Recuerdo que aquella noche me desperté a medianoche con ganas de ir al baño, la tele ya se había apagado y la oscuridad era casi absoluta. 

Decidí esperar unos minutos antes de levantarme para dirigirme al baño, que se encontraba dentro de la habitación, justo al lado de la puerta que daba los golpes.

Esperé aproximadamente unos 5 minutos. No conseguí escuchar ningún sonido alarmante.

Me levanté de la cama y me dirigí con paso firme al baño y justo cuando me encontraba frente a la puerta, un golpe seco sonó con tal violencia que me estremecí del susto. Les prometo que sonó como si alguien hubiese golpeado la puerta con un puño y con todas sus fuerzas.

Con el miedo en el cuerpo me dirigí a toda prisa hacía la cama y allí me quedé el resto de la noche sorprendido por un fenómeno que no acababa de entender y que en vez de remitir se intensificaba con golpes cada vez con mayor potencia.

Entonces me pareció escuchar también el sonido lejano de un cenicero de cristal que tenía sobre una mesita en el salón de la casa. 
Un registro sonoro que yo conocía bastante bien ya que yo mismo me entretenía a veces jugando con él y que conocía a la perfección.

Lo tenía tan claro que pensé que mi compañero había regresado antes, y salí a recibirlo.
Al caminar por el pasillo noté como me erizaba completamente y me daban escalofríos. 

Al llegar al salón, descubrí para mi desdicha que mí compañero no había regresado, que seguía solo en la casa. 

Intenté entonces experimentar con el fenómeno. Cerré la puerta del dormitorio y me quedé fuera, en el pasillo.
De esta forma observé que no se producía ni un golpe.

Volví a entrar al cuarto con la puerta cerrada y me quedé de pie enfrente.
Esperé sobre 5 minutos con un cigarro encendido y no se escuchó nada de nada.

Me volví a meter en la cama y al poco tiempo, otra vez los golpes en la puerta y al mismo tiempo el arrastrar del cenicero del salón.

Esta vez ya me sentí impotente ante el fenómeno y empecé a asustarme de veras.

No recuerdo cómo pero al final conseguí conciliar el sueño.

Al día siguiente vino una amiga (Un poco especial) de visita, y estando ambos en el dormitorio, después de bastante rato, otra vez comenzaron los golpes a la puerta.

Mi amiga, más miedosa que yo, preguntó el porqué de aquellos golpes y yo aún tuve tiempo de bromear diciéndole irónicamente que no era más que un fantasma.

Animado por el desconcierto de mi amiga que me aseguró que no le gustaban nada ese tipo de bromas porque ella sí era creyente, alcé la voz y dije con contundencia a lo que aquello fuera que si se trataba de un fantasma que por favor diera 3 golpes.

No pasó ni un segundo que sobre la pared contigua, la que estaba entre mi habitación y la de mi compañero de piso, 2 golpes muy seguidos sonaron poniéndome los pelos de punta. Aún no me había dado tiempo a reaccionar cuando un tercer golpe sonó con más fuerza para dar respuesta a la pregunta que yo acababa de hacer. 

Mientras yo calibraba la situación que aún no podía creer, mi amiga se enfadó porque creyó que le estábamos gastando una broma entre mi compañero y yo.

Empezó a vestirse con la intención de marcharse y quise acompañarla a la calle pues necesitaba salir para despejarme y olvidar todo lo ocurrido.

Aquella noche decidí quedarme fuera de casa y me pasé un tiempo decidiendo qué iba a hacer con aquella calavera que me estaba llevando de cabeza.

Al día siguiente saqué el cráneo de allí, y lo dejé en la casa de campo de un amigo, para posteriormente regalársela a otro amigo, que llevaba tiempo buscando una. 

Desde el día que la saqué de casa, no ha vuelto a suceder nada...

Un saludo y enhorabuena por el blog.

F.S:



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