Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".
Aunque solo es una teoría, el símbolo me recuerda al trazo final de la firma de Nicolás de Bussy. Deformado ligeramente, pues firmar en papel es más sencillo y rápido que hacerlo sobre un soporte duro. Ambos sugieren un 8 inclinado con un un círculo en la parte superior izquierda y una terminación de la firma en la misma posición en la parte inferior derecha. Pero solo es una teoría, jeje
Aquí se observa el trazo final de la firma de Nicolás de Bussy:
Aquí el símbolo de la diablesa con la posible terminación del trazo de la firma encerrada en un círculo, posiblemente para destacarla y que no pudiese ser modificada a posteriori:
En los artistas a menudo es habitual firmar sus obras por duplicado. Por ejemplo, la obra la "Metamorfosis de ángeles en mariposa" de Dalí. Esta obra representa un conjunto de dos ángeles flanqueando una figura femenina desnuda, en una composición que semeja una mariposa. La obra está firmada dos veces, una con la firma habitual de Salvador Dalí y otra con un anagrama que combina los nombres de Dalí y Gala.
Desde hace muchísimo tiempo, hay algo en la cabeza de los
alicantinos que no les deja dormir.
Se preguntan a diario si ese rostro formado de forma caprichosa
en el monte Benecantil que está originado por grandes rocas en la misma
naturaleza no es más que una mala jugada que les hace su propia mente. El autor de la naturaleza y criador del Universo, firmó una cabeza o una cara para que le sirviese de marca o señal.
Lo cierto es que en casi todas las fotos que en la
actualidad se toman de ese lugar, todos los que las ven, coinciden que es exactamente
eso, el rostro de una persona.
Hay también quien dice, que Alicante no debe su nombre a la
antigua denominación islámica (Al-Laqant), sino a una hermosa princesa árabe
cuyo padre era el caudillo de la medina musulmana. Este y su hija vivían en la
imponente fortaleza del Benacantil, rodeados de abrumadoras riquezas e
infinitos manjares traídos de recónditos lugares de todo el mundo.
Cántara, que así se llamaba la hija del califa, crecía y su
belleza empezaba a ser abrumadora.
Cientos de pretendientes surgían cada día con las
pretensiones de hacerla suya.
Su padre, observaba con paciencia desde la distancia la
actitud tanto de su hija como de aquellos futuros esposos que la deseaban.
Pronto llegaría el adecuado, el que fuera más fuerte, más rico y más apuesto.
El tiempo pasaba y no aparecía el candidato merecedor de la
mano de la muchacha.
Se determinó entonces organizar un gran banquete en el
castillo al que asistiera todo pretendiente en condiciones aceptables a
considerar.
Fue un rotundo éxito el banquete ya que el califa, se prendó
de dos de aquellos jóvenes que vinieron a conocer a la muchacha.
Ambos, adversarios en el amor por la joven, derrochaban
galanterías hacia la princesa desde el inicio mismo de la gala.
El padre se sintió satisfecho y a la vez indeciso. Y por
ello propuso una dura prueba para cada uno de los pretendientes.
A Alí se le encomendó la misión de traer el agua del Tibi al
castillo, con la construcción de una acequia tan larga y robusta como
requiriese la empresa.
A Almanzor, se le mandó viajar a las Indias para que buscara
allí las mejores especias para deleitar a la joven princesa.
Los dos jóvenes empezaron las duras pruebas con mucha
decisión, pero Alí, que era el que más cerca permanecía de la princesa, empezó
a verse con ella a escondidas.
Al poco, se sintió correspondido por la muchacha y ambos se
enamoraron.
Bajo ese amor, dejaban volar su imaginación planeando lujos
y vástagos.
Absorto estaban los enamorados que habían olvidado la tarea
que les había encomendado el califa y cuando ya creían que nada les podía
volver a separar, apareció una mañana Almazor, que venía de las Indias cargado
con todo aquello que le habían encomendado y por tanto con su tarea completada.
El padre de Cántara, obligado por la promesa que había
realizado, por no romper su palabra e ignorando los ruegos de su hija, que ya
había hecho su elección, entregó la mano de esta al competente Almanzor, para
disgusto de los amantes.
Alí se sintió afligido y desposeído de su amada y no halló
mejor remedio para su pena que quitarse la vida saltando desde lo alto de la
sierra de Tibi, creando un inmenso socavón en el lugar de su caída.
La princesa, al ver perecer a su amado, y no pudiendo
contener la pena, se dirigió al cerro de San Julián y, ensimismada en su
desdicha, saltó mortalmente al vacío.
El emir sintió entonces tal amargura por haber sido el
causante de tanta desdicha que rogó a Alá que le hiciera sufrir bajo el peor de
los castigos.
La mano ajusticiadora de Dios alcanzó al emir y desde ese
mismo día quedó petrificado bajo la fortaleza de Benicantil.
Hoy día se puede perfectamente recrear con la vista el rostro
afligido de un hombre si miramos a poniente.
Desde aquel entonces, los habitantes de Al-Laquant,
conmovidos por la trágica historia, decidieron rebautizar la ciudad con el
nuevo nombre de Alicántara, por la memoria de la princesa árabe.
Y de ahí supuestamente, procede la denominación actual de la
ciudad.
"Obra primorosa de la que debe estar siempre orgullosa
Alicante, en la que se combinaron la Naturaleza ofreciendo la materia, el sílice
de un magnífico e inexpugnable monte, los primorosos pinceles del mismo Dios dibujando
la cara de un guerrero y el arte humano fabricándole un Castillo a modo de casco."
El mismo sábado recibí una llamada de atención a través de Facebook que me puso alerta. Una ciudadana de Orihuela, Rosa María Guerra fue testigo de algo extraño en lo alto de los cielos que se elevan junto a la Cruz de la Muela. Tal y como me informa, la testigo presenció alrededor de las dos de la madrugada como un par de focos se movían desde el cielo que ondea sobre el seminario. Dicha testigo me añade que las luces se movían de forma extraña como girando la una sobre la otra y en su conjunto practicando un movimiento zigzagueante. Al llegar a la parte que está sobre la cruz de la muela, se detuvieron en seco y permanecieron así durante mas de veinte minutos. Luego desaparecieron. Recordaros que la cruz de la muela, se encontraba iluminada durante unos pocos días como marca la tradición desde el año 2010.
En un primer momento, la testigo no le dio importancia al asunto, pero unos días más tarde lo comentó con una amiga y esta la advirtió de que un suceso similar había ocurrido según cuentan los antiguos periódicos de Orihuela, a finales de abril de 1918.
Dicha información la había sacado en una lectura ocasional de este mismo blog, en la siguiente entrada:
Su sorpresa fue mayúscula al constatar que ambos eran de similares características, como si uno hubiese sido hermano gemelo del otro.
Es muy curioso la similitud que hay entre los dos casos y se observa un patrón que podría ser debido a un fenómeno atmosférico desconocido.
Pero no descartamos ninguna teoría. Ya que nos encontramos en el año 2017 y son muy populares los usos ilegales de drones.
Lamentablemente, no tenemos ninguna prueba física de lo que se vio a principios del siglo XX, excepto la noticia impresa, pero en una era en la que estamos rodeados de tecnología y cámaras en nuestros pequeños dispositivos inteligentes, sí ha resultado propicio que se disponga en esta ocasión de una prueba irrefutable.
La fotografía con la que he dado pie a esta entrada vale su peso en oro.
He marcado con una flecha el lugar exacto en donde aparecen los focos misteriosos.