lunes, 3 de octubre de 2016

Unas palabras de José Ángel Grau por la Ruta del Miedo


Los hombres buenos aparecen en el mundo muy de vez en cuando. No se dejan ver, a no ser que tengas la suerte de cruzarte con ellos de manera casual. Son restos de una civilización que algún día existió y que quedó extinguida o perseguida. Tengo la vaga teoría de que cabe la posibilidad de que vivamos en una civilización donde los hombres buenos perdieron y sufren el letargo de estar en los escalones inferiores de la pirámide.

Los hombres buenos no nos gobiernan, ni son primera plana de los telediarios. Pero si te despojas de las cadenas, disfrutas de los hombres buenos y de su sabiduría.

Los primeros hombres buenos que conozco fueron Sofronisco y Fainarate. No conozco obras escritas por ellos, pero nos dejaron un gran legado: su hijo Sócrates. Debieron ser muy buenos padres para que su hijo tuviera esa enorme generosidad. Lo fácil es reflexionar, pensar y teorizar en soledad. Lo difícil es querer compartirlo con el mundo, en un ágora o paseando, pero siempre con la razón como bandera.

De allí vinieron otros hombres buenos, como Platón y Aristóteles. La libertad de la época helénica trajo sus frutos en forma de cimientos metafísicos que aún hoy perduran. Pero no solo el campo de la filosofía entiende de hombres buenos. Así lo era Homero, que nos regaló al mundo la Ilíada y la Odisea. Y desde Heródoto hasta Zósimo, que dieron su vida por la investigación de la historia antes de la historia que conocemos. Nos mandaron desde el pasado lo poco que quedaba en la literatura popular.

Jesús era un hombre bueno. Por eso estaba del lado de los pobres, las mujeres y de los discapacitados. Jesús dijo “porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Era bueno. Según mi teoría, para entonces los hombres buenos ya no gobernaban el mundo. Ya habían perdido. Pero Jesús era un hombre bueno.

Luego vinieron otros muchos hombres buenos, como Hypatia, Flavia Julia Helena, Lucrecia Tornabuoni… Bueno, en este caso, mujeres buenas que lucharon contra las adversidades de épocas pasadas que las perseguían, y aportaron su inteligencia a la historia, a nosotros.

Hijos de aquellos hombres buenos aún quedan hoy. Anoche tropecé con uno de ellos. Personas que su bendición es creer en algo, y estar pendiente de lo que otros muchos pasan por alto. Valientes que no huyen de los miedos, sino que se enfrentan a ellos e intentan comprenderlos. Catedráticos de biblioteca y mineros de la hemeroteca, que cual hormigas hurgan en las letras, descubriendo posibles respuestas a historias que el tiempo tornó en leyendas. Hombres buenos, sí, que te pasean por la Orihuela más desconocida y te hacen abrir los ojos a lo que las prisas y el materialismo te esconden. Hombres generosos, pero sobre todo, buenos.

A mi amigo Victor Navarro y su “Ruta del Miedo", uno de esos hombres buenos.



JOSÉ ÁNGEL GRAU

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