Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

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sábado, 23 de julio de 2016

Leyendas de Callosa: Venancio y el Farolico


Un joven pastor de nombre Venancio viajaba con el rebaño en busca de pastos frescos por la ladera de la sierra callosita, cuando se dio cuenta de que le faltaba uno de los animales que se había encaramado en lo alto de un pico escarpado que se eleva haciendo sombra a la ciudad.

Venancio que vio que la cabrica no podía salir, acudió en su auxilio, pero tuvo tan mala fortuna que perdió pie y cayó al vacío.

En la caída, se encomendó a San Roque con toda su fe y devoción.

Y antes de que su cuerpo golpeara contra el suelo, sucedió el milagro, pues una fuerza misteriosa lo posó sobre la superficie sin sufrir daño alguno.

El pastor, se sintió tan correspondido, que le hizo una promesa al santo, como agradecimiento, acudiría cada año a colgar un farol con luminarias en lo alto de aquel lugar en donde se había producido el milagro.

Al morir Venancio, sus descendientes continuaron la tradición.

Cada 5 de agosto, subían a rememorar aquel milagro acompañados de un enorme farol que encendían para que los habitantes de la Vega Baja supieran que la novena a San Roque había dado comienzo.

Hoy en día se sigue repitiendo la tradición, una comitiva parte desde la puerta de la Iglesia.

Un niño se disfraza de pastor y hace la representación de Venancio vestido para la ocasión.





martes, 19 de julio de 2016

La Leyenda de Callosa del Segura: La Aparición de San Roque


Habíase una vez un pastorcillo que era manco del brazo derecho.

Esto no le impedía que cada mañana acudiese con su rebaño de ovejas y cabras a la ladera de la montaña en donde los animales conseguían apaciguar su gana.

Un día, al volver al aprisco con intención de encerrar al ganado, se encontró con una inesperada sorpresa. Un peregrino se protegía del sol sentado a la sombra en un lateral del corral.

El hombre le dijo al muchacho que bajase al pueblo para que avisase al cura con estas palabras.

-         Chico, acércate a donde el cura y tráelo porque aquí lo espera San Roque.

El chico con la rapidez del rayo bajó al pueblo y díjole al oído al cura lo que el otro le había mandado.

Pero como era habitual que por aquellos lares frecuentasen todo tipo de peregrinos el cura que no lo creyó, se apartó del muchacho y díjole bien claro:

-         Mejor, dile tú a San Roque que se de prisa en bajar que aquí lo espero yo.

Volvió el chico al monte para dar la noticia al Santo.

Y este contrariado no tuvo más remedio que obrar el milagro.

Tocando el muñón del muchacho hizo que este brazo dejara de ser inútil y de repente brotó ante la incredibilidad del pastorcillo el miembro que faltaba.

-         Baja otra vez al pueblo y enséñale tu brazo al descreído párroco para que siendo testigo del prodigio acuda aquí con premura.

El chico, animado por el milagro que acababa de presenciar y sentir en sus propais carnes acudió raudo y veloz como los conejos ante el sacerdote y luciendo el brazo ante sus narices le dijo entre lágrimas y gozos:

-         Acuda rápido padre que mire lo que me ha hecho. Que yo antes era manco y ahora tengo brazo nuevo. Que ese hombre que arriba le espera no puede ser más que San Roque.

El cura que conocía al pastorcillo desde niño quedó impresionado por el acontecimiento y con pies en polvorosa se dirigió a advertir a las autoridades para que acudieran con él a entrevistarse con el Santo.

Cuando llegaron al establo, todos quedaron decepcionados, pues el hombre que obraba milagros ya no estaba presente.

Entonces alguien dio aviso de que miraran a la puerta del establo y al hacerlo todos al unísono descubrieron la imagen del Santo estampada en la misma portezuela.

Entonces los del pueblo, avergonzados por que no habían sido dignos de escuchar directamente las palabras de la boca del santo decidieron construir allí mismo una ermita dedicada a San Roque.

En el Altar Mayor colocaron la puerta con la imagen del Santo que fue conservada hasta los tiempos en que la barbarie la borró del mapa. (La de ahora es una restauración).

Desde entonces, aquel peregrino que descansaba al abrigo del sol, se convirtió en el Patrón de Callosa del Segura y otros lugares cercanos, y fue su protector ante las epidemias y otros males hasta el día de hoy.