viernes, 7 de octubre de 2016

Los ataques de los lobos en la sierra de Orihuela


Abundaron estas bestias desde el siglo XV hasta bien pasadas las primeras décadas del siglo XVIII.

Actualmente aún quedan animales peligrosos de otras especies como Zorros.

Tanto cazadores profesionales como pastores y labradores fueron en busca de la caza de este animal.

Nuestra sierra era su hábitat propicio.

Llena de cuevas y grutas en donde poder criar y proteger a sus descendientes. Salían a cazar por nuestros contornos, conejos, ratas, perdices y codornices.

Y sobre todo los rebaños de los pobres ganaderos oriolanos.

Tras la epidemia de 1648, los lobos se convirtieron en los amos de nuestra localidad al haber menguado de manera alarmante el número de habitantes. Se contrató a cazadores especializados de la región de Jumilla.

El Consell de Orihuela tuvo que entrar en acción y buscó una solución: conseguir el exterminio total.

Algunos merodeadores, pastores y ganaderos pusiéronse en marcha a la caza de estos animales.

Aquellos que conseguían traer una pieza muerta ante los ojos de los mandamases, eran premiados con suculentos premios en metálico y honoríficos.

También se contrataron a profesionales, asesinos de lobos.

Un ejemplo fue el nombrado en crónicas antiguas, Juan Ramírez, al que se le otorgó una libra y quince sueldos por haber acabado con siete lobos de camada.

Durante trescientos años estuvo el lobo acosando a los ciudadanos de Orihuela.

En 1651, un cazador de lobos de nombre Juan Marco, apareció con los cuerpos aún calientes de una loba y dos lobos cazados en el término de nuestra ciudad.

En 1654, este mismo cazador trajo consigo las pruebas de su masacre, con tres lobas, un lobo y seis crías.

Por ello recibió el honorable cargo de Cazador Oficial de Lobos de la Ilustre Ciudad de Orihuela.

Las técnicas de caza de estos cazadores consistían en el uso de la ballesta, el arcabuz y más tarde, la escopeta; trampas de lazo y cepos. También se servían de la compañía de salvajes y fieros perros de caza.

Lo oriolanos vivían espantados con la amenaza de posibles ataques del lobo.

Influenciados por cuentos y leyendas que otorgaban al animal, más poder amenazador del que fuera real. Aunque no debemos obviar las familias de desamparados que sufrieron en sus carnes los ataques nocturnos de estas fieras cuando se habían refugiado en las cuevas escavadas en la sierra de San Antón o en la parte donde estaba situada la Puerta de Murcia.

Como bestias de cuento maligno, como bestias con sed de venganza, los lobos eran vistos por nuestros antepasados como devoradores de hombres.

Cuando un cazador traía ante el Consell una de estas bichas, le cortaban las orejas, como si se tratase de una corrida de toros, las regalaban al cazador (preferiblemente la derecha) y el resto lo arrojaban al río. Así mismo con las crías estuviesen vivas o muertas.

Para el gusto de pequeños y mirones, en ocasiones se cogían a algunas de estas bestias y se les amordazaba, se les metía en una cesta atada y se les arrojaba al río.

Para hacernos una idea de la cantidad de lobos que merodeaban por nuestras tierras, les diré que un total de 1.638 fueron muertos durante 109 años, según consta en nuestros documentos.

La amenaza de los lobos fue extirpada de nuestras tierras a partir del año 1791.

Ya nunca volveríamos a sentirnos amenazados por las apariciones de los lobos por la zona de la llamada Puerta de Murcia, o por la zona del Colegio Santo Domingo, antiguamente de Predicadores.

Los términos cercanos a Orihuela también fueron acosados por estas bestias pardas.

El cabezo de Hurchillo, Rafal, Alcachofar, San Cristóbal, la Partida del Álamo, Mudamiento, San Ginés, La Murada, La Matanza, Benferri, etc.

El lobo, en suma, recorría todo el campo y se hallaba por toda la comarca del Bajo Segura.

Más poco a poco se le fue exterminando.

Pero nos quedan los ecos de sus huellas, los restos de su sombra, la sangre tanto de ellos como de sus víctimas que humeante aún caldea los fríos rincones oscuros y desafiantes de la sierra oriolana.

¿Seguro que ya no hay ningún lobo?

¿Qué es entonces este desgarrador aullido que surge de la lejanía en las horas en que la noche se cierra a nuestro paso?

FUENTE

José Ojeda Nieto. LOBOS EN LA ORIHUELA FORAL

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