Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

miércoles, 26 de agosto de 2026

¿Queríais pruebas?

 


El estudio “1-year risks of cancers associated with COVID-19 vaccination: a large population-based cohort study in South Korea” publicado en Biomarker Research (vol. 13, artículo 114, 2025) analizó datos de 8 407 849 personas del sistema nacional de salud coreano entre 2021 y 2023 para evaluar si la vacunación contra la COVID‑19 se asociaba con mayor incidencia de cáncer. El resultado confirma lo que llevábamos advirtiendo desde 2020.


DOI oficial: 10.1186/s40364-025-00765-4


miércoles, 15 de julio de 2026

El Proyecto FPS — Dossier Retroconspirativo sobre el Dopaje Social

 


Introducción: El problema de los 30 FPS humanos

A finales del siglo XX, los departamentos de productividad de las élites globales detectaron un fenómeno inquietante:

la mayoría de trabajadores funcionaban a 30 fotogramas por segundo, y una parte preocupante apenas alcanzaba 7 FPS, congelándose mentalmente como si fueran sprites mal renderizados.

Mientras la tecnología avanzaba hacia pantallas de 60, 120 y 144 Hz, el ser humano seguía atrapado en su refresco biológico prehistórico.

Los informes internos lo describían así:

“La población no puede seguir el ritmo del mundo digital. Necesitamos un método para aumentar su tasa de fotogramas sin que lo perciban.”

— Documento interno, Comité de Sincronización Global, 1991

La solución debía ser:

legal
barata
culturalmente aceptada
adictiva
y, sobre todo, voluntaria

Así nació el Proyecto FPS.



Fase 1: Occidente y el café — La droga perfecta

El café fue el primer pilar del proyecto.

Una sustancia con siglos de historia, asociada a rituales, productividad y “buen despertar”.

Los analistas descubrieron que:

subía los FPS entre +10 y +20
generaba dependencia suave
se podía vender como estilo de vida
nadie lo cuestionaría

El café se convirtió en el dopaje social estándar.

Oficinas, universidades, fábricas… todos sincronizados bajo la misma sustancia.



Fase 2: Reino Unido, Japón, China — El té como dopaje elegante

Para culturas donde el café no era dominante, se reforzó el té.

El té tenía ventajas:

apariencia calmada
tradición milenaria
consumo masivo
efecto estimulante disfrazado de ceremonia
FPS +10, pero con estética zen.

Perfecto para poblaciones que rechazan la aceleración explícita.



Fase 3: Sudamérica — El mate como dopaje social portátil

En Argentina, Uruguay y Paraguay, el problema era distinto:

la gente funcionaba a 20 FPS, pero con una fuerte cultura social.

La solución fue aprovechar el mate:

cafeína natural
ritual comunitario
termo portátil = dopaje móvil
consumo constante durante horas

El mate permitió mantener a millones en modo productivo continuo, sin que lo percibieran como droga.



Fase 4: India — Masala Chai, el estimulante disfrazado de tradición

En India, el té ya era fuerte, pero se necesitaba algo más potente.

El masala chai añadió:

azúcar
especias
calor
dopamina cultural

Resultado:

FPS +15 con sabor a cardamomo y sensación de “hogar”.



Fase 5: México y Europa — El cacao como dopaje infantil

Para sincronizar a las generaciones futuras, se introdujo el cacao y el chocolate como estimulante dulce.

Efecto:

micro‑dopaje desde la infancia
asociación emocional positiva
consumo masivo en escuelas

El proyecto FPS aseguraba así la continuidad generacional.



Fase 6: Global — Refrescos con cafeína y azúcar

Cuando el café no era suficiente, se introdujeron los refrescos con cafeína.

Ventajas:

marketing colorido
azúcar + cafeína = dopaje doble
consumo masivo en jóvenes

FPS +20 y sonrisa garantizada.



Fase 7: Siglo XXI — Bebidas energéticas, el modo turbo

La generación digital necesitaba más velocidad.

Así nacieron las bebidas energéticas:

cafeína concentrada
taurina
azúcar
branding agresivo

Efecto:

60 FPS durante 3 horas

caída posterior al abismo

dependencia funcional

El dopaje social entró en su fase final.



Epílogo: El mundo sincronizado

Hoy, millones de personas creen que “necesitan” su café, su té, su mate, su chai, su chocolate o su bebida energética.

Pero los documentos del Proyecto FPS lo dejan claro:

“El objetivo no es acelerar al ser humano hasta niveles sobrehumanos.
Solo necesitamos que no se quede atrás.”


— Informe 12‑B, 2004

Las élites no impusieron látigos ni órdenes.
Solo ofrecieron estimulantes legales que la población adoptó voluntariamente, agradecida, convencida de que era “su elección”.
Y así, sin darse cuenta, el mundo entero fue sincronizado.

lunes, 13 de julio de 2026

El negocio de las falsas conspiraciones: la fábrica de verdades prefabricadas.




Imagina la escena: un hombre camina por la calle, tranquilo, sin sospechar que el universo está a punto de recordarle que la gravedad existe.

De repente, ¡zas! Una maceta cae desde un balcón, le rompe la cabeza y muere. Un accidente trágico, simple, directo, sin misterio.

Pero entonces aparece LAC, la Liga de los Auténticos Conocedores, esos iluminados que ven señales donde los demás vemos objetos. Y anuncian solemnemente su revelación:

“Este hombre no murió por la maceta. Murió porque se puso otra dosis de la vacuna COVID. Además, en el vídeo se aprecia claramente que pasó por delante de una antena 5G, lo cual activa el protocolo de desintegración neuronal. El gobierno miente, la prensa es cómplice, y la maceta era en realidad un dron camuflado.”

Sí, un dron. Con forma de maceta. Porque, claro, si vas a encubrir un asesinato, ¿qué mejor que un dron con geranio incorporado?

Pero no acaba ahí.

Para darle “rigor científico”, citan un estudio inexistente donde se demuestra que el color rojo, combinado con ondas sinusoidales de frecuencia mística, provoca desvanecimientos prematuros.

El rojo. El color. Porque cuando ya no tienes argumentos, siempre puedes culpar al espectro electromagnético.

Y mientras tanto, la gente sigue entregando su dinero, convencida de que formar parte de LQC —La Quinta Consciencia, La Quimera Cósmica, o cualquier otro nombre que suene a secta con merchandising— les convierte en guardianes de la verdad.

Una verdad que, curiosamente, siempre requiere donaciones, cursos exclusivos, acceso premium y un canal privado donde “se revela lo que los demás no quieren que sepas”.

Y ellos, claro, prometen la salvación.

La salvación que solo puede venir de quienes han descubierto que las macetas son drones, que el rojo es mortal y que las antenas 5G son básicamente torres de control mental diseñadas por un comité secreto de reptilianos con contrato fijo.

Porque nada dice “despierta” como pagar una cuota mensual para que te expliquen que todo lo que ves es mentira… excepto lo que ellos te venden.

Y así funciona el negocio:

convierten accidentes en conspiraciones,

convierten coincidencias en señales,

convierten ignorancia en iluminación,

y convierten tu miedo en ingresos recurrentes.

La maceta cae, el hombre muere, y ellos ven una oportunidad.

No para entender el mundo, sino para venderte uno nuevo, más emocionante, más oscuro, más rentable.

Porque en el fondo, la conspiración no es la maceta.

La conspiración es convencerte de que sin ellos no puedes interpretar la realidad.

USA TU SENTIDO COMÚN Y NO TE FANATICES.
HAY COSAS REALES INCREÍBLES QUE FORMAN PARTE DE UNA REALIDAD QUE OTROS NO VEN.
PERO DE AHÍ A CREERTE CUALQUIER COSA...
SI HAY DINERO POR EN MEDIO, SIEMPRE DUDA.

Que la vacuna haya causado muertes es algo que aparece reflejado en los datos oficiales, que reconocen más de 600 fallecimientos asociados temporalmente a la vacunación Covid en España.
  
Que el Gobierno aprovechó la pandemia para aprobar leyes de corte totalitario y jurídicamente cuestionables es un hecho documentado.  

Y que el miedo infundido por los medios financiados, la presión social y la desesperación llevó a mucha gente a arrojarse a los brazos de una promesa salvadora envuelta en marketing y contratos opacos que generaron cantidades indecentes de dinero, es un hecho aún mayor.

Pero de ahí a creer que Michael Jackson está vivo bailando en una isla desierta con Lennon y Elvis…

sábado, 11 de julio de 2026

DIARIO DE UN INSOLENTE: Relato testimonial de la época de la censura sanitaria (2020–2022)



Nunca pensé que viviría para ver cómo un país entero se apagaba en silencio. No por una bomba, ni por una guerra, ni por un desastre natural.

Se apagó por miedo.

Y el miedo, cuando se institucionaliza, se convierte en una forma de dictadura.

Yo era uno de esos insolentes.

No porque gritara, ni porque buscara pelea, ni porque quisiera ser héroe de nada.

Era insolente simplemente porque preguntaba.

Y en 2020, preguntar se convirtió en una forma de delito social.


Capítulo 1 — El apagón de las voces

Las redes se llenaron de advertencias, etiquetas, avisos rojos, sombras.

Un comentario crítico desaparecía.

Un vídeo cuestionando la narrativa oficial se desmonetizaba.

Un canal entero amanecía cerrado sin explicación.

La sensación era clara:

había un discurso único, y todo lo que se saliera de él era castigado.

No hacía falta policía.

La censura era algorítmica, silenciosa, automática.

Y lo peor: venía acompañada de burlas, de insultos, de gente celebrando que otros fueran silenciados.

La dictadura no llevaba uniforme; llevaba mascarilla y trending topics.


Capítulo 2 — El exilio digital

Cuando hablar se volvió peligroso, la gente empezó a huir.

No a otro país, sino a otro rincón de Internet.

Telegram se convirtió en una especie de refugio clandestino, como los sótanos donde se reunían los disidentes en otras épocas.

Allí no había algoritmos vigilando cada palabra.

Allí no había etiquetas de “información peligrosa”.

Allí no había dedos señalando.

En la Vega Baja surgieron grupos como pequeñas aldeas de resistencia: (Por nombrar los más cercanos)

Vega Baja Despierta

Montesquieu

Pura Sangre

Unión de Gigantes

Acción Alicante

LQC Orihuela - Callosa - Vega Baja

Cada uno con su estilo, su tono, su gente.

Pero todos compartían lo mismo:

la necesidad de hablar sin miedo.

Entrar en esos grupos era como respirar aire fresco después de meses encerrado en una habitación sin ventanas.

La gente compartía experiencias, dudas, documentos, enlaces que en otras plataformas estaban prohibidos.

Se debatía, se discutía, se discrepaba.

Pero se hablaba.

Y eso ya era un acto de rebeldía.


Capítulo 3 — El insolente

Yo escribía cada noche.

No para convencer a nadie, sino para no perderme a mí mismo.

Anotaba:

las veces que me llamaron loco

las veces que me dijeron que era peligroso

las veces que me acusaron de querer matar abuelos

las veces que me señalaron por no obedecer

las veces que me dijeron que debía callarme “por el bien común”

Y también anotaba las veces que vi cosas que no cuadraban.

Las contradicciones.

Los cambios de protocolo.

Las normas que se aplicaban solo a algunos.

Las incoherencias que nadie quería ver.

Ser insolente era simplemente no tragar sin masticar.


Capítulo 4 — La grieta

Con el tiempo, la censura dejó de ser solo digital.

Se volvió social.

Familias divididas.

Amigos que dejaban de hablarse.

Compañeros que te miraban raro.

Gente que pedía castigos para quienes pensaban diferente.

La grieta no la abrió un virus.

La abrió el miedo.

Y el miedo, cuando se mezcla con poder, se convierte en una herramienta peligrosa.


Capítulo 5 — El refugio

Telegram fue el lugar donde muchos recuperaron la voz.

Donde se compartían noticias que no salían en televisión.

Donde se organizaban reuniones, charlas, debates.

Donde se tejían redes de apoyo.

Era un exilio, sí.

Pero también era un hogar improvisado.

Allí aprendimos que la libertad no es un derecho garantizado:

es un músculo que, si no se usa, se atrofia.


Capítulo 6 — La respuesta del insolente

La dictadura sanitaria no solo imponía normas: imponía formas de vivir.

Y nosotros, los insolentes, respondíamos con formas de sobrevivir.

Cada vez que surgía una nueva prohibición, una nueva exigencia, una nueva barrera, nosotros reaccionábamos como un organismo vivo:

creando un movimiento nuevo.

Era casi automático.

Ellos imponían; nosotros nos organizábamos.


1 — La lista de los lugares libres

Cuando llegó la época del Certificado Covid, muchos descubrimos que no podían entrar en bares, restaurantes, cafeterías, gimnasios o incluso tiendas.

La señalización era humillante:

miradas torcidas, dedos acusadores, puertas cerradas.

Pero nosotros no nos quedamos quietos.

Creamos una lista.

Una lista viva, actualizada cada día, con los lugares donde no te señalaban, donde no te pedían el carnet, donde no te trataban como un sospechoso.

Era casi clandestina, pero funcionaba como un mapa de libertad.

Gracias a esa lista teníamos acceso a:

bares donde el camarero te sonreía sin pedir nada

restaurantes donde la única condición era tener hambre

cafeterías donde la mascarilla no era un requisito para existir

Era como tener un salvoconducto, pero hecho por nosotros mismos.


2 — El grafeno y las clínicas despiertas

Luego llegó aquella historia delirante que circuló por todas partes:

que el grafeno estaba en todo, incluso en la anestesia dental.

Muchos entraron en pánico.

Otros se rieron.

Pero nosotros hicimos lo que siempre hacíamos:

organizar una respuesta.

Surgió la lista de clínicas despiertas, dentistas que aplicaban técnicas alternativas, como el uso de calor para “retener la esencia” de la anestesia y evitar aquello que se decía del grafeno.

Era una mezcla de ciencia, intuición, rumor y supervivencia.

Pero lo importante no era la técnica:

era la red.

La sensación de que no estabas solo.


3 — El bozal obligatorio y las pizzerías libres

Hubo un momento en el que para entrar a cualquier pizzería te exigían llevar el “bozal”.

No importaba si estabas sano, si estabas solo, si estabas sentado.

La norma era absurda, pero se aplicaba con fervor casi religioso.

Nosotros ya teníamos la solución:

la lista de pizzerías libres, lugares donde podías comer tranquilo, sin mascarilla, sin sermones, sin miradas de sospecha.

Cada nueva imposición generaba una nueva lista.

Cada nueva lista generaba un nuevo refugio.

Y cada refugio nos hacía más fuertes.


4 — La experiencia que nos marcó: luchar por todos

Pero hubo algo más grande que las listas, más grande que los grupos, más grande que las estrategias.

Fue la calle.

Las manifestaciones.

Aquellas marchas donde miles de personas, diferentes entre sí, con ideas distintas, con vidas que no tenían nada que ver unas con otras, se unían para gritar:

LIBERTAD.

No gritábamos solo por nosotros.

Gritábamos por todos:

por los que estaban de acuerdo, por los que no, por los que nos insultaban, por los que nos miraban con desprecio.

Gritábamos por el derecho de cada persona a decidir, a pensar, a vivir sin miedo.

Recuerdo las miradas escabrosas.

Recuerdo los insultos desde balcones.

Recuerdo a gente grabándonos como si fuéramos delincuentes.

Pero también recuerdo algo más poderoso:

éramos uno solo.  

Un punto enardecido, un corazón colectivo latiendo contra la imposición.

Una masa de insolentes defendiendo derechos que querían arrebatarnos.

Aquello nos marcó.

Nos unió.

Nos definió.


Cierre del capítulo

Cada imposición generó un movimiento.

Cada movimiento generó una comunidad.

Cada comunidad generó una resistencia.

Y esa resistencia, aunque pequeña, aunque ridiculizada, aunque perseguida, dejó una huella que todavía hoy se siente.

Porque ser insolente no era desobedecer.

Era recordar que la libertad no se mendiga: se ejerce.


Capítulo 7 — La fractura social

La pandemia no solo trajo normas, restricciones y certificados.

Trajo algo más profundo, más doloroso, más difícil de reparar:

la fractura social.

De repente, la gente empezó a dividirse en bandos.

No por ideología, no por clase, no por cultura.

Por obediencia.

Los que cumplían todo miraban con desconfianza a los que dudaban.

Los que dudaban eran señalados como peligrosos.

Los que preguntaban eran tratados como traidores.

Familias enteras se rompieron.

Amigos de toda la vida dejaron de hablarse.

Compañeros de trabajo se convertían en vigilantes improvisados.

La grieta no era visible, pero se sentía en cada conversación.

Era una tensión silenciosa, una sospecha constante, una especie de juicio moral permanente.

Y nosotros, los insolentes, vivíamos en esa grieta.

No por gusto, sino porque allí era donde nos habían empujado.


Capítulo 8 — Los que despertaron tarde

Hubo un momento, meses después de las primeras imposiciones, en el que empezaron a llegar personas nuevas a los grupos.

Gente que al principio nos había insultado, ridiculizado, despreciado.

Gente que nos había llamado irresponsables, egoístas, locos.

Pero algo cambió.

Quizá fue una contradicción demasiado grande.

Quizá fue una norma absurda que les afectó directamente.

Quizá fue un familiar que sufrió algo que no encajaba con el discurso oficial.

Quizá fue simplemente el cansancio.

Llegaban con vergüenza.

Con dudas.

Con miedo.

Con la sensación de haber vivido engañados.

Y nosotros, lejos de rechazarles, les abríamos la puerta.

Porque la insolencia no era un club exclusivo.

Era un refugio para cualquiera que quisiera pensar por sí mismo.

Los que despertaron tarde aportaron algo valioso:

la confirmación de que la duda no era un defecto, sino un síntoma de lucidez.


Capítulo 9 — El pulso en la calle

Las manifestaciones fueron el punto culminante de nuestra historia.

No eran reuniones pequeñas, ni protestas improvisadas.

Eran auténticos pulsos sociales.

Miles de personas marchando juntas.

Gente de todas las edades, profesiones, ideologías.

Unidas por una sola palabra:

LIBERTAD.

Recuerdo el sonido de los tambores.

Recuerdo las pancartas hechas a mano.

Recuerdo las voces roncas de tanto gritar.

Recuerdo el temblor en el pecho cuando miles de gargantas repetían al unísono:

LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD.

A pesar de los insultos desde balcones.

A pesar de las miradas de desprecio.

A pesar de los titulares que nos llamaban de todo.

En la calle éramos uno.

Un solo cuerpo.

Un solo pulso.

Una sola voluntad.

No luchábamos solo por nosotros.

Luchábamos por todos, incluso por quienes nos odiaban.

Porque la libertad no es un privilegio: es un derecho universal.


Capítulo 10 — El día que dejamos de tener miedo

Hubo un día, no sé exactamente cuál, en el que algo cambió dentro de nosotros.

No fue una fecha concreta, ni un evento específico.

Fue una sensación.

La sensación de que ya no teníamos miedo.

No miedo al virus.

No miedo a las normas.

No miedo a las multas.

No miedo a las miradas.

No miedo a los insultos.

Habíamos aprendido a vivir fuera del discurso oficial.

Habíamos construido nuestras propias redes, nuestras propias listas, nuestros propios refugios.

Habíamos encontrado nuestra voz.

Y cuando una comunidad encuentra su voz, deja de ser vulnerable.

Ese día entendimos que la insolencia no era rebeldía.

Era supervivencia.

Era dignidad.

Era memoria.


Capítulo 11 — Lo que quedó después

Cuando todo empezó a relajarse, cuando las normas se fueron diluyendo, cuando las mascarillas dejaron de ser obligatorias, cuando los certificados dejaron de pedirse, muchos pensaron que todo había terminado.

Pero para nosotros no terminó.

Porque lo que vivimos no se olvida.

Quedó la memoria de la censura.

Quedó la memoria de la fractura social.

Quedó la memoria de las listas clandestinas.

Quedó la memoria de las marchas.

Quedó la memoria de la insolencia.

Y quedó algo más importante:

la certeza de que la libertad es frágil.

Que puede perderse en un decreto.

Que puede diluirse en un algoritmo.

Que puede desaparecer en un trending topic.

Y que solo se recupera cuando alguien, aunque sea uno solo, decide no callarse.


Capítulo 12 — La reconstrucción

La normalidad volvió como vuelven las tormentas: sin pedir permiso y dejando charcos.

Las mascarillas desaparecieron de un día para otro, como si nunca hubieran existido.

Las señales en las puertas se arrancaron sin ceremonia.

Los certificados dejaron de ser necesarios, como si todo hubiera sido un mal sueño.

Pero nosotros sabíamos que no era un sueño.

Era una cicatriz.

En la Vega Baja, los grupos de Telegram seguían vivos.

No con la urgencia de antes, pero con una especie de nostalgia vigilante.

La gente compartía fotos de los lugares libres que habían resistido.

Otros enviaban mensajes de agradecimiento a las clínicas que habían ayudado en los momentos de miedo.

Algunos simplemente escribían para recordar que seguíamos aquí.

Yo, el insolente, caminaba por las calles de Orihuela con una sensación extraña:

la de haber sobrevivido a algo que muchos preferían olvidar.


Capítulo 13 — Los que nunca volvieron

Hubo personas que desaparecieron de los grupos.

No porque estuvieran en contra, ni porque se hubieran rendido.

Simplemente… se fueron.

Quizá cansados.

Quizá decepcionados.

Quizá porque la vida les reclamó en otros frentes.

Recuerdo a Marta, la chica que siempre enviaba audios larguísimos explicando cada decreto nuevo.

Un día dejó de escribir.

Su avatar quedó congelado en el tiempo, como una foto en una estantería.

Recuerdo a Dani, el que organizaba las listas de lugares libres.

Era meticuloso, obsesivo, casi militar.

Cuando todo terminó, dijo que necesitaba descansar.

Nunca volvió.

Recuerdo a Laura, la que lloró en una manifestación porque su familia la había llamado “asesina”.

Después de la última marcha, desapareció del mapa.

Los que nunca volvieron dejaron un hueco silencioso.

Un hueco que nadie mencionaba, pero todos sentíamos.


Capítulo 14 — La memoria del insolente

La memoria es traicionera.

A veces exagera.

A veces suaviza.

A veces borra.

Pero la mía no quería borrar nada.

Por eso empecé a escribir este diario.

No para convencer a nadie, sino para recordar.

Recordar las listas clandestinas.

Recordar las reuniones en bares escondidos.

Recordar las clínicas que nos recibían sin miedo.

Recordar las pizzerías donde podíamos respirar sin bozal.

Recordar las marchas donde gritábamos hasta quedarnos sin voz.

Recordar que fuimos insolentes.

Y que la insolencia, en aquel tiempo, fue una forma de dignidad.


Capítulo 15 — El eco que quedó

Un día, meses después de que todo se calmara, recibí un mensaje en Telegram.

Era de alguien que no conocía.

“Gracias por lo que hicisteis. Yo no me atreví a unirme, pero os seguía en silencio.”

Me quedé mirando la pantalla durante minutos.

Ese mensaje era el eco de todo lo vivido.

La prueba de que la insolencia había tenido sentido.

De que no habíamos luchado en vano.

Porque la libertad no siempre se mide en victorias.

A veces se mide en ecos.

En huellas.

En memorias que se niegan a desaparecer.


Capítulo 16 — El futuro del insolente

No sé qué vendrá después.

No sé si habrá otra crisis, otra imposición, otra fractura.

No sé si volveremos a las listas, a los grupos, a las marchas.

Pero sé algo:

no volveré a tener miedo de hablar.

La dictadura sanitaria nos enseñó que la libertad puede romperse en silencio.

Y que solo se recupera cuando alguien decide ser insolente.

Yo ya lo fui una vez.

Y si hace falta, lo seré otra vez.


Epílogo — El día después

Hoy, años después, sigo siendo insolente.

No por rebeldía, sino por memoria.

Porque sé lo que es vivir en un país donde hablar se convierte en un acto sospechoso.

Sé lo que es ver cómo se cierran canales, cómo se silencian voces, cómo se ridiculiza al disidente.

Sé lo que es refugiarse en grupos que nacieron para proteger la conversación libre.

Y sé que, si no se cuenta, se repetirá.

Por eso escribo este diario.

Para que quede constancia de que hubo un tiempo en el que la libertad se volvió frágil.

Y de que algunos, aunque pocos, decidimos seguir hablando.

viernes, 10 de julio de 2026

La disidencia como válvula de escape: El papel del movimiento antivacunas en la ingeniería social.




El caso del movimiento antivacunas es, probablemente, el ejemplo de libro de texto sobre cómo el poder gestiona la disidencia para que sea inofensiva o incluso útil.

El "permiso" o la tolerancia hacia este movimiento durante años no fue un error de cálculo, sino un mecanismo que cumplió varias funciones clave para el sistema:


1. La creación del "Otro" (La polarización necesaria)

Al permitir que el movimiento antivacunas creciera, el sistema consiguió algo vital: dividir a la población en dos trincheras irreconciliables.

Mientras una parte de la sociedad estaba ocupada defendiendo la ciencia oficial y la otra ocupada defendiendo teorías alternativas, ninguna de las dos facciones estaba cuestionando los intereses económicos de las corporaciones farmacéuticas.

El debate se centró en la "libertad individual" frente a la "salud pública". Se evitó hablar de patentes, de beneficios récord, de la falta de transparencia en los contratos públicos o de por qué el acceso a la salud es un negocio tan lucrativo.


2. El escepticismo como "Caballo de Troya"

Cuando permites un movimiento que cuestiona algo tan fundamental como la medicina (basada en el método científico), estás deslegitimando el escepticismo en general.

Al vincular "cuestionar al sistema" con "creer en teorías sin base científica", el poder logra que la gente asocie el espíritu crítico con la locura o el peligro social.

Es una estrategia de contaminación del discurso: si el ciudadano común ve que los "rebeldes" que cuestionan al poder también creen en cosas que parecen absurdas, el ciudadano común preferirá quedarse con la narrativa oficial antes que parecerse a los "disidentes".


3. La válvula de escape

Permitir que la gente "se queje" o "cuestione" sobre temas de salud es una válvula de escape perfecta.

Si la gente siente que no tiene control sobre su economía (que pierde poder adquisitivo, que el precio de la vivienda sube), el hecho de poder rebelarse contra una medida sanitaria les da una ilusión de poder y agencia.

Es un mecanismo de "cuestionamiento inofensivo": protestar por una vacuna o un pase sanitario no le cuesta ni un euro al sistema financiero; al contrario, genera un flujo de noticias que mantiene a la gente ocupada y entretenida durante años, evitando que salgan a la calle por temas que sí pondrían en riesgo los beneficios corporativos.


4. ¿Por qué se vuelve "peligroso" y entonces lo censuran?

El sistema permite el movimiento mientras este sirva para distraer o polarizar. Sin embargo, cuando el movimiento crece tanto que empieza a obstaculizar la maquinaria económica (por ejemplo, si pone en riesgo la cadena de suministro, la asistencia al trabajo o la estabilidad logística), el poder cambia el interruptor: pasa de "tolerar" a "censurar".

La censura no llega porque el mensaje sea falso, sino porque el mensaje ha dejado de ser una distracción útil y ha empezado a ser un obstáculo para la eficiencia del sistema.



Cuando el objetivo del poder es la estabilidad del sistema y la protección de sus estructuras económicas, la "verdad" pasa a ser una variable secundaria o, mejor dicho, un recurso retórico.


1. La Verdad es "lenta" y la Polarización es "rápida"

La búsqueda de la verdad requiere tiempo, estudio, análisis de datos y templanza. La polarización, en cambio, es inmediata, visceral y emocional.

Para el poder, la emoción mueve masas; la verdad las paraliza.

Si una parte de la población está ocupada indignándose por una vacuna o por una creencia histórica, están en un estado de activación constante. Esa energía emocional es muy difícil de canalizar hacia una protesta organizada contra, por ejemplo, el sistema de deuda o las leyes que favorecen a los monopolios.


2. El "Mercado de las Verdades"

El sistema permite que existan múltiples "verdades" compitiendo entre sí porque, al haber tantas, ninguna tiene la fuerza suficiente para unificar a la gente.

Tú tienes tu "verdad" (basada en el escepticismo), otros tienen la "verdad" oficial (basada en la autoridad), otros tienen la "verdad" religiosa, otros la política.

Mientras el pueblo esté debatiendo cuál de esas verdades es la "real", están ocupados peleando entre ellos y no mirando hacia arriba. La división actúa como un escudo protector para quienes están en la parte superior de la pirámide.


3. El resultado es el objetivo (El Divide y Vencerás digital)

Si el resultado es que la población esté fragmentada en clanes que no pueden dialogar, el poder ha ganado.

Si el pueblo estuviera unido por una única verdad (por ejemplo: "Las políticas económicas nos están empobreciendo a todos y vamos a cambiar esto"), entonces el poder tendría un problema real.

Por lo tanto, cualquier movimiento que surja (ya sea sobre salud, historia o cultura) es bienvenido por el sistema siempre y cuando sea divisivo. Si sirve para poner a un vecino contra otro, es una herramienta de gestión excelente.


4. La Verdad como "víctima colateral"

Al final, lo que dices es la mayor tragedia de nuestro tiempo: en esta dinámica, la verdad es la primera víctima.

La gente ya no busca la verdad para entender el mundo; busca información que confirme que "su bando" tiene la razón.

Cuando la verdad deja de ser el objetivo común, la sociedad se convierte en un grupo de tribus gritando en un estadio, mientras los dueños del estadio siguen cobrando la entrada.

Es un juego de espejos: nos hacen creer que estamos en una lucha épica por la verdad, cuando en realidad estamos en una partida de ajedrez donde el tablero se inclina para que los peones siempre choquen entre sí.


martes, 7 de julio de 2026

"CANCER Y VACUNAS" - NO LO VERÁS EN A3

 


El prestigioso oncólogo británico Angus Dalgleish, profesor de oncología en la St George’s University of London y reconocido por sus investigaciones en inmunología del cáncer, explicó en directo en la televisión que comenzó a observar un patrón preocupante, pacientes cuyos tumores habían permanecido estables durante años empezaron, a partir de 2022, a mostrar desestabilizaciones y recaídas inesperadas.

Al revisar los historiales clínicos, detectó un elemento común: muchos de estos pacientes habían recibido dosis de refuerzo contra la COVID‑19 poco antes de la progresión tumoral.

A partir de esa coincidencia, Dalgleish planteó una hipótesis inmunológica: que ciertos refuerzos podrían, en algunos casos concretos, alterar la respuesta inmunitaria y favorecer la reaparición o aceleración del cáncer previamente controlado.

Según su planteamiento, la explicación sería sencilla: a partir del tercer refuerzo, algunos pacientes podrían experimentar agotamiento o debilitamiento de las células T, un fenómeno conocido en inmunología como T‑cell exhaustion. Este agotamiento reduce la capacidad de los linfocitos T para mantener el control sobre células tumorales previamente contenidas, lo que podría favorecer la reaparición o aceleración del cáncer.




Por tanto, según la hipótesis planteada por Dalgleish, cada nueva dosis de una vacuna con características similares —ya sea contra la COVID, la gripe u otras formulaciones que actúan sobre la inmunidad adaptativa— podría contribuir, en ciertos pacientes concretos, a un agotamiento progresivo de las células T.

Ese agotamiento reduciría la capacidad natural del sistema inmunitario para mantener a raya células tumorales que normalmente permanecen controladas, favoreciendo así una pérdida de vigilancia inmunológica frente al cáncer.

Y por eso el cáncer está en valores récord jamás vistos y la propia OMS augura un futuro negro: 1 de cada 5 humanos tendrá cáncer en su vida. Y si se ha puesto alguna vacuna mucho peor (según la opinión y el estudio de este experto oncólogo).

DOCUMENTACIÓN OFICIAL:

Carta al British Medical Journal
Publicada y reproducida en varios sitios, donde afirma que vio progresiones rápidas tras refuerzos.
 
Artículo extenso en NCARC (2026) 
Describe su observación de recaídas y cánceres agresivos tras boosters. 

viernes, 8 de mayo de 2026

Todas las personas vacunadas covid tienen riesgo de morir por hantavirus

 


Una nueva prueba de que muchos de los problemas de salud que estamos teniendo fueron previstos de antemano aparece justo en esta época en la que los medios de desinformación masiva no dejan de insistir con el tema del hantavirus.

Solo hay que mirar el informe elaborado por la propia compañía farmacéutica Pfizer: el Informe de Seguridad Post‑Autorización de Pfizer (BNT162b2): Análisis de Notificaciones Adversas Globales – Febrero de 2021, donde en la página nº 33 (curioso el número, por cierto) ya se mencionaba que uno de los posibles efectos adversos era precisamente la infección pulmonar por hantavirus. Qué casualidad: el virus de moda.

Esto ya nos da una pista muy aclaratoria de que sabían lo que hacían y ya esperaban, desde 2021, lo que estaba por suceder en este año 2026, cuando cada noticiario dedica el 80 % de su tiempo a asustar a la población hablando sobre “el bicho”.

Lo preocupante es que, si entramos en una situación similar a la de 2020, no será de forma aleatoria como pareció aquella primera vez. Esta vez parece que se han encargado ellos mismos de introducir en cada persona inoculada algo que podría provocar los síntomas descritos como infección por hantavirus.

Así, miles de millones de personas vacunadas podrían morir por esa supuesta nueva enfermedad, y nadie culparía a las inyecciones.

Les dejo el enlace al documento oficial, un documento que forma parte del lote de archivos que la FDA entregó tras una demanda FOIA (Freedom of Information Act) presentada por Public Health and Medical Professionals for Transparency (PHMPT).

La FDA confirmó que los documentos entregados eran auténticos.

Y que esté precisamente en la página 33 es una declaración de intenciones.

https://phmpt.org/wp-content/uploads/2021/11/5.3.6-postmarketing-experience.pdf

viernes, 3 de abril de 2026

El libro definitivo sobre la vacuna covid

 


Cómo las vacunas Covid causaron la mayor catástrofe sanitaria de la historia. Reporte de muertes y lesiones masivas en residencias y hospitales con miles de afectados ya desde el primer mes de inicio de vacunación.

Análisis del exceso de mortalidad que produjeron en más de 40 de los principales países del mundo durante los dos primeros años de vacunación con millones de muertos y afectados. Datos de VAERS, EudraVigilance, FDA, EMA, CDC, OMS, y más. Más de 700 estudios científicos oficiales demostrando que las vacunas Covid producen daños trombóticos, hemorrágicos, cardíacos, neurológicos, oncológicos, linfáticos, inflamatorios, inmunitarios, muerte y enfermedades raras. Muestra de cómo medios de información oficiales, LaSexta, Antena3, RTVE, Tele5, DiarioAS, El Periódico Público, El Mundo, Radio Cope, El Independiente, La Vanguardia, elDiario, TheGuardian, 20 Minutos, y más, agencias de verificación de datos; Newtral, Maldita, EFE Verifica, International Fact-Checking Network, famosos televisivos; Margarita del Val, Ana Rosa Quintana, El Brujo, Susanna Griso, Enrique Cerezo, Carmen Lomana, Antonio Resines, Fabiola Martínez, Joaquín Prats, Pepa Muños, Emilio Butragueño, Belén Esteban, y más, y entidades médicas y gubernamentales; AEV, AEP, SEACV, SEIMC, ASSC, AEMP, ICMRA, SEI, SEM, SEV, Comisión Europea, Ministerio de Sanidad, OMS, EMA, FDA, CDC y más, lo ocultaron todo y siguieron promoviendo reiteradamente a la población el mantra de "las vacunas son seguras".

*Haz click en la imagen para acceder al libro en AMAZON.



miércoles, 11 de marzo de 2026

Cuando la Piedra es la Misma: Mi Despertar Tras la Estafa del Grafeno

 


El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y así quería empezar esta entrada, porque resume con bastante precisión la sensación que me ha quedado después de haber pasado —dos veces— por el mismo engaño: primero por la narrativa oficialista, y después por la supuesta “verdad revelada” que prometía liberar a la humanidad. Hoy, con más calma y distancia, puedo mirar atrás y reconocer que me equivoqué, que me dejé llevar, y que incluso llegué a difundir ideas que ahora sé que no estaban fundamentadas.


Cómo funciona el mecanismo del engaño

Lo que he vivido —y lo que han vivido miles de personas— no es un fallo individual, sino un fenómeno psicológico muy bien estudiado. Las teorías conspirativas funcionan porque:

Ofrecen explicaciones simples a problemas complejos, lo cual es muy tentador cuando el mundo parece caótico.

Generan sensación de pertenencia, como si uno formara parte de un grupo que “ve lo que otros no ven”.

Apelan a la emoción antes que a la evidencia, y la emoción siempre llega más rápido que el pensamiento crítico.

Cuando uno está dentro, todo parece coherente. Cuando sale, se da cuenta de que las piezas nunca encajaban del todo.


Qué dicen realmente los expertos sobre el “grafeno en vacunas”

La evidencia científica disponible es clara: no hay grafeno en las vacunas contra la COVID-19.

Los informes que afirmaban lo contrario procedían de personas sin formación en nanotecnología, sin métodos reproducibles y con un historial previo en pseudociencia o teorías desacreditadas. Entre los nombres más repetidos se encuentran Pablo Campra, Robert O. Young, Andreas Noack o Stefano Scoglio, todos ellos vinculados a ideas como energías sutiles, ovnis o curas milagrosas.

Ninguno de ellos ha publicado en revistas científicas revisadas por pares, ni ha presentado análisis verificables. Por eso sus documentos no tienen credibilidad dentro de la comunidad científica.

Y es lógico: si alguien asegura ver a Elvis vivo o hablar con ovnis, no es la persona más fiable para analizar un vial de laboratorio.


El proceso de salir de una creencia errónea

Reconocer que uno ha sido engañado no es un signo de debilidad, sino de madurez. Implica:

Revisar las propias creencias.

Aceptar que nos equivocamos.

Corregir el rumbo.

No todo el mundo es capaz de hacerlo. Tú sí.

Y eso tiene un valor enorme.


Mi opinión sincera tras descubrir la estafa

Lo que siento ahora es una mezcla de alivio, vergüenza y responsabilidad.

Alivio por haber salido de un relato que me estaba atrapando.

Vergüenza por haber defendido ideas sin fundamento.

Y responsabilidad porque, como antiguo seguidor de LQC, sé que mis palabras pudieron influir en otros.

Por eso quiero pedir perdón a quienes en algún momento leyeron algo que escribí sobre este tema. En aquel entonces creía estar defendiendo una causa justa; hoy sé que estaba defendiendo una ilusión.

No tengo todas las respuestas, pero sí tengo algo que antes no tenía: duda sana.

Y la duda, cuando se usa bien, es una brújula mucho más fiable que cualquier gurú.


Conclusión:

Estoy plenamente consciente de lo que viví durante la pandemia. Estoy convencido de que fue una experiencia forzada, cruel, algo que ningún ser humano debería tener que atravesar. Vi con mis propios ojos cómo se estigmatizaba, se ridiculizaba, se señalaba y se perseguía a quienes pensaban diferente. Era como una película de nazis, pero vivida en carne propia. No era ficción: lo vivimos realmente.

Las medidas eran absurdas, diseñadas para frenar algo invisible, mientras quienes nos gobernaban se enriquecían, se saltaban sus propias normas y se burlaban de nosotros. Fue tan exagerado que dudo que quienes no lo vivieron puedan juzgarlo con verdadera objetividad. Fuimos testigos del exterminio de miles de ancianos, de cómo se modificaban los criterios de edad para que todos acabaran atrapados en la red de la vacunación.

Se persiguió a quienes no se vacunaban, mientras los ya vacunados temían contagiarse. ¿Pero si estaban protegidos, a qué temían? Vivimos una época que jamás olvidaré. Esa confusión me llevó a buscar respuestas desesperadamente. Cuando encontré a La Quinta Columna (LQC), sentí que por fin alguien explicaba lo que nadie más se atrevía. Me dejé llevar. Me sectaricé.

Aunque desde el principio noté incoherencias en el discurso y en la actitud de sus líderes. Luego llegaron los mensajes de odio, las recolectas de dinero que nunca se explicaban. Prometían resultados si pagabas, pero nunca se volvía a hablar del dinero. Uno de ellos. el Dr. Sevillano, empezó a comportarse como un sacerdote con un libro sagrado en las manos en muchas de sus apariciones. Y aquella frase: "solo a través de LQC te salvarás" fue el punto de quiebre. Me separé de la secta.

Después vino el proceso judicial tan esperado. El experto que supuestamente había analizado los viales y afirmaba que contenían grafeno, Campras, reculó y desapareció. LQC cambió su discurso de "mira al microscopio" al del "Factor E". Fue tan radical que me di cuenta de que estaban huyendo de su propia narrativa. El equipo se fragmentó: uno se convirtió en gurú espiritual, el otro siguió como antes. Pero la recaudación de dinero continuaba imparable.



*Mirad en qué anda metido Sevillano ahora mismo. Su mensaje fijado en Telegram no va de salvación, ni de verdad, ni de “yo soy el elegido”, ni de seguir a su dios, ni de cualquiera de esas frases que suelta en sus vídeos. No: es un aviso para recordaros que tiene su novela a la venta, no vaya a ser que sin comprarla —y sin leerla— no haya salvación. Es que se les ve de lejos.

Aparecieron los "salvados" de primera y segunda categoría: si pagabas, accedías a mensajes y charlas exclusivas. Si no, quedabas fuera. Mientras tanto, Dani Díaz de Infovacunas seguía su labor de desprestigiar a LQC. Hizo un trabajo excelente, pero algo no cuadraba. Descubrí un video donde acaparaba protagonismo de forma injustificable y eso me encendió las alarmas. El colmo fue cuando, en una entrevista en directo, afirmó haber sido escogido por Dios para ayudar a la humanidad. Ahí entendí que era otro que buscaba lo mismo que Sevillano: captar seguidores con una teoría que sigue sin estar demostrada. dando una apariencia medio espiritual, medio científica, tal y como habían hecho los dos integrantes de LQC, pero este en solitario. También empezó a crear seguidores de primera y de segunda según pagabas la suscripción.

No puedo asegurar si sus teorías son ciertas o no, pero lo que sí sé es que no pueden demostrarlo. Los artículos que usan para justificar sus discursos están sacados de contexto, son interpretaciones. Podrían tener razón en algunas cosas, no lo sé, pero todo huele muy mal, sobre todo cuando empiezan a cobrar, a editar libros infinitos, a vender productos absurdos que la ciencia aún no puede respaldar.

Pasas de un gurú a otro porque el mensaje ya no te resuena. Probé suerte en Canal 5 Radio y me encantó su estilo y su información. Me sentía parte de ellos, pero un día volvieron a hacerlo: recomendaron beber lejía (CDS) y mirar al sol para cargarse de energía a través de los ojos. Ahí volví a sentirme utilizado.

Al final descubrí que no puedes fiarte de nadie. Lo mejor es escucharlos con indiferencia, por si dicen algo que ilumine tu camino, pero sin vincularte emocionalmente. Son personas equivocadas, algunas con buenas intenciones, pero atrapadas en un teatro del que algunos sacan dinero y otros simplemente sobreviven.

Seguramente hacen un trabajo duro recopilando entrevistas y luchadores por la verdad, pero ya no es fiable lo que dicen. Es muy duro darte cuenta de que estás solo en este camino, que eres tú quien debe vivir esta experiencia guiado por tu instinto, sabiendo que todo está manipulado y que el engaño está por todas partes.

Creo que esto es lo que Cristo nos auguró como el tiempo de Satanás, de la mentira. Apenas puedo distinguir ya la verdad de la falsedad. Espero que esta nueva actitud crítica me dé un respiro y pueda seguir con mi lucha interna. Solo quiero paz y amor. Solo quiero verdad y justicia. Y lo que vemos a diario es falsedad y degeneración. En eso sí creo: en la batalla espiritual que se está librando por nuestras almas. Solo espero contar con la bendición de Dios, si hay un Dios bueno que nos vigila. Solo quiero vivir en paz.

Gracias por leer esto. Espero que tú no vivas nada parecido. Suerte, y nos vemos algún otro día.


* Sobre lo que pensábamos de las vacunas covid, juzga por ti mismo. Párate un momento y escucha las sirenas de los servicios de emergencias que suenan todos los días. Piensa cuantas familias existen a tu alrededor sin una víctima de las mismas. Habla con algún amigo que trabaje en la policía, en la Guardia Civil o en los Bomberos y que te de su opinión basada en su propia experiencia. Revisa los diarios y encuentra la noticia pública donde la Comisión Europea admitió 12 mil muertes de repentinitis justo después de la vacunación. O el informe presentado en la Comisón Europea donde se habla de más de 26 millones de exceso de mortalidad después de la vacunación. No voy a juzgar yo si todas esas muertes son por la causa que todos pensamos pero por lo menos hay que reconocer que hay mucho silencio al respecto y que no tiene nada de normal. Y esto no me lo dice nadie, lo ves tú mismo, lo palpas, lo sientes.


Os dejo algunos enlaces:


El alarmante aumento de las muertes por repentinitis en España tras la vacunación COVID

viernes, 6 de febrero de 2026

Carlos Jesús: el hombre que vio demasiado y no tenía palabras para contarlo


Hay hombres que nacen para comprender el mundo, y otros que nacen para sentirlo.

Carlos Jesús pertenecía a la segunda estirpe: la de los que reciben un relámpago en el alma y, al no saber traducirlo, lo convierten en mito.

En la España de los 90 —esa España de neones, platós ruidosos y madrugadas de televisión barata— apareció un hombre humilde, casi analfabeto, que decía haber viajado a Ganímedes, a Orión, a un planeta llamado Raticulín. Para muchos fue un chiste. Para otros, un profeta de barrio. Para él mismo, simplemente, un mensajero.

Pero su historia es más profunda que su caricatura.





El origen del relámpago


Nadie sabe qué vivió Carlos Jesús.

Tal vez una experiencia mística.

Tal vez un episodio psicológico intenso.

Tal vez un sueño que se le quedó pegado al alma.

Lo cierto es que sintió algo que lo sobrepasaba.

Algo que no cabía en su vida cotidiana, en su barrio, en su lenguaje limitado.

Y cuando un hombre sin palabras recibe una visión, inventa un idioma nuevo.

Ese idioma fue su cosmología:

las naves, los seres de luz, los millones de almas que vendrían a salvarnos.

No era ciencia.

No era religión.

Era su manera de no volverse loco ante lo que había sentido.




El eco de una época


Su mensaje no nació en el vacío.

Los años 90 estaban llenos de voces que anunciaban cambios, despertares, revelaciones.

Había un clima de sospecha, de búsqueda, de necesidad de creer en algo más grande que la rutina.

Carlos Jesús, sin saber leer ni escribir bien, captó ese pulso colectivo.

Lo absorbió como una esponja.

Y lo devolvió convertido en un relato cósmico, ingenuo y desbordado.

Era un hombre sencillo intentando explicar un temblor espiritual que no entendía.




La televisión lo convirtió en mito


Cuando apareció en Al ataque, su mensaje se volvió espectáculo.

La audiencia se reía.

Los presentadores lo explotaban.

Pero él seguía hablando con la misma convicción, como si estuviera revelando un secreto que ardía en su pecho.

No vendía nada.

No manipulaba a nadie.

No buscaba poder.

Solo quería que alguien lo escuchara.




La capilla y los que buscaban consuelo


En su garaje-capilla de Sevilla, la gente acudía no por ciencia, sino por necesidad.

Necesidad de creer.

De sentirse acompañados.

De que alguien les dijera que el universo tenía un plan.

Carlos Jesús ofrecía lo único que tenía:

su fe torpe, su energía, su mirada encendida.

No curó cuerpos, pero sí calmó almas.

Y eso, en un mundo tan ruidoso, ya es un acto de amor.




El silencio final


Con el tiempo, el personaje se apagó.

No hubo entrevista final.

No hubo despedida.

Solo un hombre que volvió a su vida, convencido de que su misión estaba cumplida.

Sus últimas ideas eran simples, casi bíblicas:

“Mi misión está cumplida.”
“El que quiera entender, que entienda.”
“Todo llegará cuando tenga que llegar.”

Un cierre humilde para una vida marcada por un misterio que nunca supo descifrar.




El lugar que merece


Carlos Jesús no fue un loco.

No fue un farsante.

Fue un hombre que sintió algo inmenso y no tenía herramientas para explicarlo.

Un visionario sin lenguaje.

Un místico sin educación.

Un símbolo involuntario de una época que buscaba respuestas en todas partes.

Su mensaje, más allá de sus palabras, hablaba de lo mismo que hablan tantos discursos humanos cuando intentan comprender el caos:

que el mundo está cambiando, que algo se acerca, que no estamos solos en nuestra confusión.

Ese es su legado.

Ese es su lugar.

No el del ridículo, sino el del hombre que vio demasiado y no supo cómo contarlo.




Conclusión:


Hoy día, en medio de un despertar mundial propiciado por los eventos ocurridos en el año 2020, muy pocos se atreven a volver la mirada atrás para revisar la historia de este hombre que, a simple vista, debido al terrible primado negativo al que fuimos sometidos los espectadores de una televisión primitiva en la que todos los españoles poníamos nuestros ojos, no éramos conscientes de estar siendo manipulados. Tan solo disfrutábamos riéndonos y mofándonos de aquel personaje estrafalario con aires de santidad.

Un hombre que, curiosamente, visto desde los ojos de un ser del siglo XXI, con los mensajes frescos de la disidencia como LQC en la cabeza, hablaba de seres espirituales (Factor E) que vendrían por millones a invadir nuestro mundo, tal y como otros comunicadores alternativos han sugerido cuando advierten de factores que transformarían al ser humano para convertirlo en un esclavo sumiso de por vida. Hablaba también de descargas eléctricas que mataban a personas, algo que hoy se compara con el reinado de las antenas 5G de telefonía y con la idea de que, a través de campos electromagnéticos, ondas e irradiaciones, se podría afectar al corazón de ciertos individuos y causar muertes silenciosas, de pocos en pocos, para no alarmar en exceso al resto de la población.

Y hablaba de microchips, cuando tantas veces hemos escuchado a comunicadores alternativos como Ricardo Delgado y Luis Sevillano dedicar horas a explicar supuestas tecnologías insertadas en el cuerpo humano a través de innumerables inyecciones.

Si lo analizas bien, el paralelismo es evidente.

Carlos Jesús lo explicaba con el lenguaje limitado que tenía, mezclando misticismo, ciencia ficción y espiritualidad popular. Pero, en esencia, hablaba de miedos profundos, de fuerzas que escapan al ciudadano común, de poderes que actúan sin ser vistos.

Si se analiza con calma, su mensaje no era tan distinto del que, años después, otros comunicadores alternativos formularían con mayor estructura y vocabulario.

La diferencia es que Carlos Jesús carecía de herramientas, de educación, de contexto.

Era un hombre humilde intentando describir un mundo que se le quedaba grande.

Y quizá por eso su figura merece ser revisada:

no como un bufón televisivo, sino como un visionario accidental, alguien que intuyó algo que no supo comprender ni explicar, y que fue devorado por la risa de una época que no estaba preparada para escucharlo.






* En las imágenes que han sobrevivido al tiempo —esas grabaciones granuladas que hoy vemos con la distancia de décadas— no solo aparece Carlos Jesús aceptando donativos, sino también rodeado de figuras que actúan como ganchos, personas que reforzaban la atmósfera casi ritual que se generaba en su garaje‑capilla. Eran individuos que asentían con fervor, que exageraban sus reacciones, que daban testimonio de supuestas curaciones o revelaciones, y que contribuían a crear un clima emocional donde lo extraordinario parecía posible.

Aquella mezcla de aportaciones económicas y seguidores estratégicos no convierte su actividad en un delito, pero sí revela que su entorno estaba lejos de ser espontáneo. Había una coreografía invisible, una especie de teatro espiritual donde cada gesto —una lágrima, un suspiro, un “sí, maestro”— servía para sostener la figura del visionario. Los ganchos no eran necesariamente actores profesionales, sino personas que, por convicción, necesidad o simple inercia, reforzaban el relato y animaban a otros a participar.

Los donativos, por su parte, formaban parte de ese ecosistema. No eran cuotas fijas ni pagos obligatorios, sino aportaciones voluntarias que surgían en un ambiente cargado de emoción, fe y vulnerabilidad. En muchos casos, quienes daban dinero no lo hacían por obligación, sino porque sentían que estaban contribuyendo a algo que les ofrecía consuelo o esperanza. Y Carlos Jesús, hombre humilde y sin recursos, aceptaba ese dinero como parte natural de su actividad, sin la estructura ni la intención de un estafador profesional.

Lo más revelador es que él mismo parecía más arrastrado por esa dinámica que responsable de ella. No era un manipulador calculador, sino un hombre atrapado en un pequeño teatro espiritual que había crecido a su alrededor. Un escenario donde la fe, la necesidad, la ingenuidad y la puesta en escena se mezclaban sin fronteras claras, creando un fenómeno que hoy podemos analizar con más lucidez, pero que en su momento se vivió con la intensidad de lo sagrado.