Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

miércoles, 21 de enero de 2026

El murmullo de la nueva normalidad: una investigación sobre el sonido que nadie oye, pero todos escuchan





En los últimos años, mientras el mundo se adaptaba a lo que muchos llaman la nueva normalidad, algo más que cambios sociales y tecnológicos ha comenzado a filtrarse en nuestro día a día. No aparece en titulares, no se discute en tertulias, y sin embargo está ahí: un sonido tenue, casi imperceptible, que parece haberse infiltrado tanto en nuestras calles como en nuestras pantallas.

Lo curioso no es solo su presencia, sino su frecuencia. Donde antes podía escucharse por accidente una vez al año —un ruido lejano, un zumbido grave, un eco sin origen claro— ahora parece resonar a diario, como si se hubiera convertido en un elemento más del paisaje sonoro contemporáneo.

Esta investigación parte de una pregunta sencilla:

¿Por qué este sonido, tan familiar como inexplicable, aparece ahora en tantas producciones audiovisuales?





Un sonido que se esconde a plena vista… o a pleno oído

Quien no presta atención jamás lo detecta. Pero quien decide escucharlo, quien afina el oído y se detiene en los detalles, descubre algo inquietante:

el mismo patrón sonoro aparece en series, películas, documentales e incluso anuncios.

No es un efecto protagonista. No es un recurso narrativo.

Es un susurro grave, casi subliminal, que se mezcla con el ambiente como si quisiera pasar desapercibido.

La repetición es lo que despierta la sospecha.

¿Por qué está ahí?

¿Por qué ahora?

¿Y por qué en todas partes?



La hipótesis: normalizar lo anormal

Mi investigación plantea una posibilidad que, aunque especulativa, merece ser analizada desde un punto de vista cultural y mediático:

Si un sonido se repite lo suficiente en la ficción, el cerebro lo asimila como parte del entorno real.

Esto no es nuevo. La psicología del sonido y la teoría del condicionamiento llevan décadas estudiando cómo la exposición repetida a estímulos auditivos modifica la percepción y la tolerancia.

La hipótesis sugiere que este sonido —que en la vida real se ha vuelto sorprendentemente frecuente— podría estar siendo integrado de forma sutil en las producciones audiovisuales para que, cuando lo escuchemos en la calle, no nos resulte extraño.

No se trata de afirmar que exista una coordinación global, sino de explorar cómo la cultura audiovisual puede reflejar, amplificar o incluso anticipar fenómenos sociales y ambientales.



La ficción como espejo… o como amortiguador

El cine y las series siempre han sido herramientas poderosas para moldear la percepción colectiva.

Normalizan modas, comportamientos, estéticas… y también sonidos.

Si un ruido inquietante aparece en una película, lo interpretamos como parte de la atmósfera.

Si aparece en cien películas, deja de parecernos inquietante.

Si aparece en nuestra vida diaria, ya no lo cuestionamos.

Esa es la clave de esta investigación:

la frontera entre lo que oímos en la ficción y lo que oímos en la realidad se está difuminando.



¿Coincidencia, tendencia o síntoma?

La presencia constante de este sonido puede interpretarse de varias maneras:

- Como una tendencia estética en la industria audiovisual.

- Como un reflejo inconsciente de un fenómeno sonoro real que se ha vuelto más común.

- Como un síntoma cultural de una época marcada por la incertidumbre y el ruido de fondo —literal y metafórico— que acompaña a la nueva normalidad.

Lo importante no es asumir conspiraciones, sino preguntarnos por qué este sonido se ha vuelto omnipresente y qué dice de nuestro tiempo.



Conclusión: escuchar lo que nadie escucha

Esta investigación no pretende ofrecer respuestas definitivas, sino abrir una puerta a la observación crítica.

En un mundo saturado de imágenes, a veces olvidamos que el sonido también construye realidades, condiciona emociones y moldea percepciones.

Quizá este susurro grave sea solo una moda sonora.

Quizá sea un reflejo de cambios ambientales.

O quizá sea un recordatorio de que, incluso en la era de la hiperconectividad, hay cosas que solo perciben quienes deciden escuchar.

Lo cierto es que está ahí.

Y ahora que lo has oído, es difícil dejar de escucharlo.



Un experimento que prueba mi teoría

Mi experimento consistió en tomar tres días consecutivos completamente al azar —7, 8 y 9 de enero— y anotar cada vez que escuchaba las sirenas de los servicios de emergencia en la calle. No buscaba nada extraordinario, solo medir algo que, en teoría, forma parte del ruido cotidiano de cualquier ciudad.

El resultado fue sorprendente: 8 sirenas en apenas 72 horas.

Ahora bien, si alguien cree que esto es normal, que “siempre ha sido así”, que forma parte del paisaje sonoro habitual… sinceramente, me cuesta aceptarlo sin más. Durante años, escuchar una sirena era un evento ocasional, algo que podía ocurrir una vez cada mucho tiempo, casi siempre por casualidad. Sin embargo, en la actualidad parece haberse convertido en un sonido diario, repetitivo, casi inevitable.

Mi intención no es imponer una conclusión, sino invitar a la reflexión. Cuando un fenómeno que antes era esporádico se vuelve constante, merece al menos que nos preguntemos por qué ocurre, qué ha cambiado y si realmente estamos normalizando algo que antes no formaba parte de nuestra rutina.

La segunda parte de mi experimento consistió en buscar sonidos semejantes en producciones audiovisuales modernas: series y películas recientes, tanto de Amazon Prime como de Netflix, especialmente aquellas más vistas y comentadas. (Evidentemente no en producciones ambientadas en épocas donde no existían). Lo que encontré fue, cuanto menos, llamativo. En prácticamente todas, sin importar el género o la temática, aparecía ese mismo sonido grave, tenue, casi imperceptible, escondido en el fondo de la mezcla sonora. En algunos episodios llegué a detectarlo hasta cuatro veces, incluso cuando la serie no tenía absolutamente nada que ver con emergencias, ambulancias o situaciones de riesgo.

Alguien podría pensar que se trata de ruido ambiental captado por casualidad, quizá un sonido de la calle que se coló durante el rodaje. Pero esa explicación, desde mi experiencia profesional, no encaja. He trabajado en producciones audiovisuales y sé perfectamente cómo se captura el sonido: micrófonos unidireccionales de alta calidad, control del entorno, repetición de tomas si algo contamina el audio. Y después viene la postproducción, donde cada pista se limpia, se ecualiza y se revisa con precisión quirúrgica. Un sonido molesto o fuera de lugar no se deja pasar “por accidente”, y desde luego no se repite de forma idéntica en decenas de producciones distintas.

¿Puede haber errores? Por supuesto. Pero un error aislado no explica un patrón tan consistente. No explica que el mismo tipo de sonido aparezca una y otra vez, en plataformas diferentes, en obras creadas por equipos distintos, en países distintos. Es difícil atribuirlo a descuidos cuando la repetición es tan sistemática.

No afirmo que exista una instrucción explícita, pero la sensación es inquietante: como si alguien hubiera decidido que ese sonido debía estar ahí, integrado en el ambiente, lo suficientemente bajo como para no llamar la atención, pero lo bastante presente como para que nuestro cerebro lo reconozca sin que nos demos cuenta.



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