jueves, 20 de abril de 2017

Los aviones fantasma de la Huerta Oriolana



De los cánticos de los brujos y chamanes con sus extrañas oraciones y sus balbuceos que pisaban esta tierra oriolana marcando los pasos de un baile imaginario que sólo en sus cabezas se guardaba se pasó alegremente a un tiempo moderno en donde la ilusión por conseguir dominar lo imposible se acrecentaba día a día.

En 1950 empiezan a aparecer las primeras publicaciones por toda la región y en las limítrofes que hablan por primera vez de los “sembradores de nubes”.

Un misterioso científico de la General Electric norteamericana, Bernard Vonnengut hace un descubrimiento de las posibles aplicaciones del nitrato y toda la prensa mundial parece hacerse eco.

En 1954, algunos periódicos locales de la región de Murcia ya hablaban de que se había descubierto “el secreto de la lluvia” asegurando que técnicos de los Estados Unidos ya eran capaces de provocarla de forma artificial, siempre que hubiese nubes por medio.

En octubre de 1955, en el parlamento inglés se hacían promesas electorales de que las lluvias aumentarían en cuanto algunos entrasen al poder.

Pero los años pasaban y hasta que no llegamos al año 1971 no se hizo en España el intento por parte de nuestro propio gobierno.

Ese año el Ministerio de Agricultura se pone manos a la obra en la realización de un proyecto piloto que empezaría a experimentar con cañones antigranizo.

En nuestra región fueron colocados estratégicamente una determinada cantidad de aparatos que pocos años después vio como aumentaban su número creemos quizás por la probada eficiencia.

Todo el mundo empezó a hablar sobre la fórmula mágica del yoduro de plata.

José Serrano Camarosa, un prestigioso investigador fue mucho más lejos al afirmar que él conocía un método mucho más efectivo y que no precisaba de agentes químicos.

Lo que proponía: “Basta con cubrir una superficie de un kilómetro de diámetro con lienzos con una cara negra hacia arriba y otra blanca hacia abajo”. Según su teoría, el negro absorbería el calor proveniente del sol, y esto haría que la parte blanca estuviese fresca y bien ventilada para que se produjera un efecto de cuña fría que haría que se elevasen las masas de aire caliente.

El caso es que con el tiempo lo que ocurrió es que se esparció el rumor de que tanto los cañones como las avionetas que aparecían por el aire con la intención de ayudar a los agricultores de la región de Murcia y el Levante, lo que estaban haciendo en realidad era espantar las nubes y sus gotas de agua que tanta falta hacían en la huerta oriolana.

Las protestas se extendieron más rápido que el propio rumor y así llegamos al episodio en que un agricultor en Lorca no se le ocurrió otra cosa que abrir fuego contra uno de esos aviones en los años 80.

El caso fue resuelto en los tribunales en 1988 declarando que era imposible que las sales de yoduro de plata tuvieran ningún poder sobre las nubes.

En 1996, las protestas volvieron a reaparecer con mucha más fuerza al jurar algunos testigos que habían sido víctimas de los efectos negativos en sus cosechas que algunas avionetas fantasma estaban causando en la región al seguir con sus prácticas ilegales.

Esto llevó a la Guardia Civil a abrir una investigación que desembocó en un nuevo caso cerrado ya que nunca se encontraron los aeródromos de las llamadas “avionetas fantasma”.

El profesor de Ciencias Físicas Gabor Vali fue reclamado como experto para que diese su opinión y resultó que afirmó que en algunos países como Israel, esas prácticas llevaban realizándose durante más de 30 años con efectos comprobados con aumentos de las precipitaciones que estaban entre un 15 % y un 40 %.

También habló de procedimientos desde tierra en los que una especie de chimeneas se utilizaban para quemar el yoduro y el vapor expulsado produciría efectos similares.

La conclusión a la que se llegó es que el exceso del yoduro en la nube lo que provoca, además de evitar el granizo es que la nube se volatilice.

El caso es que han pasado varios decenios desde entonces y todavía encontramos testimonios de agricultores que aseguran haber sido víctimas de avionetas que en tan solo 15 minutos han sido capaces de hacer desaparecer la tormenta deseada más espectacular.


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