Álbum musical destacado por la página web oficial de la Universidad Nacional de Educación Pública Estatal Española (UNED). Apartado dedicado a MIGUEL HERNÁNDEZ, "Poemas musicalizados y discografía". Incluído también en la obra literaria del escritor y colaborador de Radio Nacional de España Fernando González Lucini, "MIGUEL HERNÁNDEZ ...Y su palabra se hizo música".

jueves, 22 de enero de 2026

El Abogado de Orihuela y la Casa del Cartel: Un Crimen que Sigue Susurrando desde 1977

 


En ocasiones, los sucesos más inquietantes no nacen en callejones oscuros ni en mansiones abandonadas, sino en lugares cotidianos, casi invisibles. Así ocurrió en Orihuela, donde un crimen aparentemente sencillo se convirtió en una historia que aún hoy provoca escalofríos entre quienes la recuerdan.

La víctima era un abogado muy querido en la ciudad, un hombre respetado por su profesionalidad y su cercanía. Su vida transcurría entre expedientes, clientes y la rutina tranquila de quien jamás imaginaría que la muerte lo esperaba en una vivienda humilde, casi derruida, en las afueras.

La víctima

El escenario del crimen parecía sacado de una novela negra: una casa destartalada, con un cartel oxidado en la puerta que advertía “No entrar, el perro muerde”. Los vecinos, con el tiempo, añadirían una frase que helaba la sangre: “Y el amo mata”.

Aquel lugar, perdido entre caminos rurales y silencio, se convirtió en el último destino del abogado. Allí lo esperaba un hombre al que estaba ayudando en un proceso de separación. Un cliente. Un conocido. Alguien que, según los testimonios, llevaba días mostrando un comportamiento extraño, casi obsesivo.

El ataque fue rápido, brutal y silencioso. Un solo instante de confianza bastó para que el agresor aprovechara un descuido y hundiera un cuchillo de cocina en el abdomen del abogado. No hubo gritos. No hubo testigos. Solo la soledad de la casa y el eco de un acto irreversible.

La vecina

Cuando la noticia se extendió por Orihuela, la conmoción fue inmediata. La víctima era una figura muy apreciada, y su muerte dejó un vacío difícil de explicar. Los hijos, los vecinos, los amigos… todos coincidían en lo mismo: nadie podía imaginar un final así.

Aunque el caso se resolvió en términos policiales, muchas preguntas quedaron flotando en el aire.

¿Por qué aquel hombre decidió atacar a quien intentaba ayudarlo?

¿Fue un arrebato, una obsesión, o algo más profundo?

¿Qué ocurrió realmente dentro de aquella casa antes del ataque?

La vivienda, abandonada desde entonces, se convirtió en un punto de curiosidad para los amantes del misterio. Algunos aseguran que aún se siente una extraña pesadez al pasar cerca. Otros dicen que el cartel del perro sigue allí, oxidado, como un recordatorio silencioso de lo que ocurrió.

Hoy, el crimen del abogado de Orihuela sigue siendo una de esas historias que se cuentan en voz baja. No por miedo, sino por respeto. Porque a veces, los sucesos más oscuros no necesitan fantasmas ni leyendas: basta con la realidad.

Y en este caso, la realidad fue más que suficiente para estremecer a toda una ciudad.


ORIHUELA – Un abogado muy querido cae bajo el cuchillo de un cliente desesperado

La mañana había comenzado como tantas otras en la Vega Baja, con el sol abriéndose paso entre los huertos y el murmullo de las acequias. Nadie imaginaba que, en una casa humilde situada en las afueras de Orihuela, un drama silencioso estaba a punto de estallar.

La víctima, Francisco García Marcheño, abogado conocido por su trato afable y su disposición a ayudar incluso en los casos más enrevesados, acudió a la vivienda para tratar un asunto delicado: la separación matrimonial de su cliente. Lo que debía ser una conversación jurídica se convirtió en un encuentro mortal.

La casa del cartel

El inmueble, una construcción vieja y descuidada, mostraba ya desde la entrada un aviso inquietante:
“No entrar, el perro muerde.”
Los vecinos, al conocer después lo ocurrido, añadirían con amargura: “Y el amo mata.”

Dentro, el ambiente era tenso. El agresor —un hombre de carácter volátil, natural de La Aparecida, según confirmaron familiares— llevaba días obsesionado con la idea de que su vida se desmoronaba. El abogado intentaba explicarle los pasos legales, pero el hombre apenas escuchaba.

Un instante fatal

En un momento de descuido, mientras García-Marcheño revisaba unos documentos, el agresor tomó un cuchillo de cocina. No hubo discusión previa ni aviso. Solo un movimiento rápido, brutal, directo al vientre del abogado.

El ataque fue tan inesperado que la víctima apenas pudo reaccionar. El agresor, fuera de sí, dejó caer el arma y salió tambaleándose al exterior, donde un vecino lo vio “pálido como la cal”.

El testimonio del primo hermano

Un primo hermano del homicida, entrevistado por este semanario, aseguró que el detenido “no era mala persona”, pero que llevaba semanas “hablando solo, sin dormir, diciendo que todo el mundo estaba en su contra”.
Añadió que la separación lo había “roto por dentro”.

Consternación en Orihuela

La noticia corrió como un reguero de pólvora. En el despacho del abogado, sus compañeros no daban crédito.
“Era incapaz de levantar la voz a nadie”, dijo uno de ellos.
Los hijos, visiblemente afectados, solo pudieron declarar que su padre “siempre intentaba ayudar a todos, incluso a quienes no lo merecían”.

El escenario del crimen

La Guardia Civil acordonó la vivienda, donde aún quedaban restos de muebles rotos, herramientas oxidadas y un ambiente de abandono que contrastaba con la violencia del acto.
El perro, atado en el patio, ladraba sin cesar, como si presintiera la tragedia.

Un caso cerrado, pero un eco que permanece

El agresor fue detenido sin resistencia. El juez ordenó su ingreso inmediato en prisión preventiva.
Orihuela, mientras tanto, quedó marcada por un crimen que nadie esperaba y que muchos aún recuerdan como uno de los sucesos más trágicos de aquel año.


FUENTES:



miércoles, 21 de enero de 2026

El murmullo de la nueva normalidad: una investigación sobre el sonido que nadie oye, pero todos escuchan





En los últimos años, mientras el mundo se adaptaba a lo que muchos llaman la nueva normalidad, algo más que cambios sociales y tecnológicos ha comenzado a filtrarse en nuestro día a día. No aparece en titulares, no se discute en tertulias, y sin embargo está ahí: un sonido tenue, casi imperceptible, que parece haberse infiltrado tanto en nuestras calles como en nuestras pantallas.

Lo curioso no es solo su presencia, sino su frecuencia. Donde antes podía escucharse por accidente una vez al año —un ruido lejano, un zumbido grave, un eco sin origen claro— ahora parece resonar a diario, como si se hubiera convertido en un elemento más del paisaje sonoro contemporáneo.

Esta investigación parte de una pregunta sencilla:

¿Por qué este sonido, tan familiar como inexplicable, aparece ahora en tantas producciones audiovisuales?





Un sonido que se esconde a plena vista… o a pleno oído

Quien no presta atención jamás lo detecta. Pero quien decide escucharlo, quien afina el oído y se detiene en los detalles, descubre algo inquietante:

el mismo patrón sonoro aparece en series, películas, documentales e incluso anuncios.

No es un efecto protagonista. No es un recurso narrativo.

Es un susurro grave, casi subliminal, que se mezcla con el ambiente como si quisiera pasar desapercibido.

La repetición es lo que despierta la sospecha.

¿Por qué está ahí?

¿Por qué ahora?

¿Y por qué en todas partes?



La hipótesis: normalizar lo anormal

Mi investigación plantea una posibilidad que, aunque especulativa, merece ser analizada desde un punto de vista cultural y mediático:

Si un sonido se repite lo suficiente en la ficción, el cerebro lo asimila como parte del entorno real.

Esto no es nuevo. La psicología del sonido y la teoría del condicionamiento llevan décadas estudiando cómo la exposición repetida a estímulos auditivos modifica la percepción y la tolerancia.

La hipótesis sugiere que este sonido —que en la vida real se ha vuelto sorprendentemente frecuente— podría estar siendo integrado de forma sutil en las producciones audiovisuales para que, cuando lo escuchemos en la calle, no nos resulte extraño.

No se trata de afirmar que exista una coordinación global, sino de explorar cómo la cultura audiovisual puede reflejar, amplificar o incluso anticipar fenómenos sociales y ambientales.



La ficción como espejo… o como amortiguador

El cine y las series siempre han sido herramientas poderosas para moldear la percepción colectiva.

Normalizan modas, comportamientos, estéticas… y también sonidos.

Si un ruido inquietante aparece en una película, lo interpretamos como parte de la atmósfera.

Si aparece en cien películas, deja de parecernos inquietante.

Si aparece en nuestra vida diaria, ya no lo cuestionamos.

Esa es la clave de esta investigación:

la frontera entre lo que oímos en la ficción y lo que oímos en la realidad se está difuminando.



¿Coincidencia, tendencia o síntoma?

La presencia constante de este sonido puede interpretarse de varias maneras:

- Como una tendencia estética en la industria audiovisual.

- Como un reflejo inconsciente de un fenómeno sonoro real que se ha vuelto más común.

- Como un síntoma cultural de una época marcada por la incertidumbre y el ruido de fondo —literal y metafórico— que acompaña a la nueva normalidad.

Lo importante no es asumir conspiraciones, sino preguntarnos por qué este sonido se ha vuelto omnipresente y qué dice de nuestro tiempo.



Conclusión: escuchar lo que nadie escucha

Esta investigación no pretende ofrecer respuestas definitivas, sino abrir una puerta a la observación crítica.

En un mundo saturado de imágenes, a veces olvidamos que el sonido también construye realidades, condiciona emociones y moldea percepciones.

Quizá este susurro grave sea solo una moda sonora.

Quizá sea un reflejo de cambios ambientales.

O quizá sea un recordatorio de que, incluso en la era de la hiperconectividad, hay cosas que solo perciben quienes deciden escuchar.

Lo cierto es que está ahí.

Y ahora que lo has oído, es difícil dejar de escucharlo.



Un experimento que prueba mi teoría

Mi experimento consistió en tomar tres días consecutivos completamente al azar —7, 8 y 9 de enero— y anotar cada vez que escuchaba las sirenas de los servicios de emergencia en la calle. No buscaba nada extraordinario, solo medir algo que, en teoría, forma parte del ruido cotidiano de cualquier ciudad.

El resultado fue sorprendente: 8 sirenas en apenas 72 horas.

Ahora bien, si alguien cree que esto es normal, que “siempre ha sido así”, que forma parte del paisaje sonoro habitual… sinceramente, me cuesta aceptarlo sin más. Durante años, escuchar una sirena era un evento ocasional, algo que podía ocurrir una vez cada mucho tiempo, casi siempre por casualidad. Sin embargo, en la actualidad parece haberse convertido en un sonido diario, repetitivo, casi inevitable.

Mi intención no es imponer una conclusión, sino invitar a la reflexión. Cuando un fenómeno que antes era esporádico se vuelve constante, merece al menos que nos preguntemos por qué ocurre, qué ha cambiado y si realmente estamos normalizando algo que antes no formaba parte de nuestra rutina.

La segunda parte de mi experimento consistió en buscar sonidos semejantes en producciones audiovisuales modernas: series y películas recientes, tanto de Amazon Prime como de Netflix, especialmente aquellas más vistas y comentadas. (Evidentemente no en producciones ambientadas en épocas donde no existían). Lo que encontré fue, cuanto menos, llamativo. En prácticamente todas, sin importar el género o la temática, aparecía ese mismo sonido grave, tenue, casi imperceptible, escondido en el fondo de la mezcla sonora. En algunos episodios llegué a detectarlo hasta cuatro veces, incluso cuando la serie no tenía absolutamente nada que ver con emergencias, ambulancias o situaciones de riesgo.

Alguien podría pensar que se trata de ruido ambiental captado por casualidad, quizá un sonido de la calle que se coló durante el rodaje. Pero esa explicación, desde mi experiencia profesional, no encaja. He trabajado en producciones audiovisuales y sé perfectamente cómo se captura el sonido: micrófonos unidireccionales de alta calidad, control del entorno, repetición de tomas si algo contamina el audio. Y después viene la postproducción, donde cada pista se limpia, se ecualiza y se revisa con precisión quirúrgica. Un sonido molesto o fuera de lugar no se deja pasar “por accidente”, y desde luego no se repite de forma idéntica en decenas de producciones distintas.

¿Puede haber errores? Por supuesto. Pero un error aislado no explica un patrón tan consistente. No explica que el mismo tipo de sonido aparezca una y otra vez, en plataformas diferentes, en obras creadas por equipos distintos, en países distintos. Es difícil atribuirlo a descuidos cuando la repetición es tan sistemática.

No afirmo que exista una instrucción explícita, pero la sensación es inquietante: como si alguien hubiera decidido que ese sonido debía estar ahí, integrado en el ambiente, lo suficientemente bajo como para no llamar la atención, pero lo bastante presente como para que nuestro cerebro lo reconozca sin que nos demos cuenta.



viernes, 16 de enero de 2026

40 millones de gracias a todos los que escucháis nuestra música

 

En enero de 2026, las producciones musicales creadas con cariño y pasión por los integrantes y gestores de este blog alcanzaron los 40 millones de escuchas en los servicios de streaming más importantes del mundo. Es un logro enorme que solo ha sido posible gracias a vosotros. Muchísimas gracias por estar al otro lado, por vuestro apoyo constante y por acompañarnos en este viaje.